La crisis social obligó al presidente a mover el tablero de asesores de primera línea. Salieron Andrés Chadwick y Felipe Larraín y la semana pasada Jorge Selume renunció a la Secom. Magdalena Díaz, jefa de gabinete, sigue en su puesto y su idea es quedarse hasta el final.

  • 16 enero, 2020

La semana pasada Magdalena Díaz (39) tocó la puerta de la oficina del presidente Sebastián Piñera, a pasos de la suya, en el segundo piso de La Moneda. Como de costumbre, se sentó a conversar unos minutos a solas con él. Aunque la jefa de gabinete tiene reuniones “bilaterales” con el mandatario los lunes y jueves, su confianza no la inhibe a entrar a su despacho si es que tiene alguna idea importante que plantearle.

Ese día le propuso un cambio en su agenda. Se acerca febrero y como ya es tradición, el presidente invita a su gabinete completo a pasar unos días a su casa en el lago Ranco. Ahí se realizan reuniones de reflexión y programación del año. Pero además hay espacio para cabalgatas, “pichangas”, deportes náuticos y buena comida. La prensa también suele estar invitada y es ya un clásico ver esos días fotos del mandatario con snorkel en el lago, andando a caballo, jugando fútbol o tenis, navegando en lancha, maniobrando arriba de la moto de agua…

El país cambió y el tono del encuentro también debe hacerlo, le planteó ella. Y Piñera coincidió. Así, la asamblea quedó fijada para la última semana de enero, en La Moneda, días antes de que el jefe de Estado parta a sus vacaciones. A los ministros ya se les comunicó que este año no habría viaje a la casa de veraneo de Piñera.

Ella comenzó entonces a elaborar una agenda que le permitiera sacar partido a su presencia en la X Región. “Serán unas vacaciones diferentes. La ‘sede’ del presidente será Ranco, pero se trasladará casi a diario a distintas ciudades, desde la VIII Región al sur”, cuentan de Palacio.

“El rol de Magdalena es ese: ejecuta las ideas del presidente”, explica un cercano. Otro agrega: “Pero, además, ella propone bastante. Sin embargo, calibra sus propias propuestas con el comité político y con Cristián Larroulet (jefe de asesores del segundo piso de La Moneda). No le gusta llegar donde Piñera con un plan sin asegurarse de que tiene piso y consistencia. Lo mismo les exige a los ministros cuando piden una bilateral: les pregunta si aquel proyecto es compartido con otros, si lo conversó con los posibles involucrados”. Con esto, lo que la trabajadora social de la Universidad Alberto Hurtado evita, cuentan quienes la conocen, es que las ideas lleguen por goteo y sin ser sociabilizadas.

Para ello, cuentan de su entorno, suele estar en contacto no sólo con políticos, sino también con actores de la sociedad civil, como el sacerdote Luis Roblero, capellán de Penitenciaría; Rodrigo Jordán, Alejandra Pizarro y Benito Baranda. “La elección de esas personas tiene que ver con el sello social que ella tiene y que la moviliza a trabajar en el gobierno”, indican.

Este es su sello.

Informada

Jorge Selume, ex director de la Secom, tomó la decisión previo al 18 de octubre, pero el estallido social postergó sus planes. A mediados del año pasado, el ex asesor de Palacio desarrolló un proyecto que era incompatible con su cargo en La Moneda y tenía todo listo para irse. Llegó a un acuerdo con el presidente y su compromiso fue quedarse con él hasta marzo. Sin embargo, su plan volvió a modificarse. La Tercera publicó datos sobre un informe de Big Data que habría encargado la ANI a la empresa española Alto Analytics (esta semana se supo que Quiñenco puso en contacto a la firma europea con autoridades del Estado). Aunque aseguró a sus cercanos que él no conocía el documento y nunca lo leyó, el episodio lo convenció de salir.

La primera en saberlo fue Magdalena Díaz (a quien todos conocen como “Maida”). “Eran una dupla muy consolidada. Funcionaban como dupla, pensaban como dupla, trabajaban como dupla. Para ella sin duda era su más cercano, y viceversa”, relatan desde La Moneda. Con todo, y para mantener el estilo de trabajo que venían desarrollando, Selume le propuso al presidente que su sucesor debía ser Christian Rendic, el entonces segundo a bordo en la Secom. Ella estuvo de acuerdo.

Lo mismo ocurrió con la llegada de Alfonso Peró, ex editor de Política y Reportajes de El Mercurio, que se instaló el lunes 13 de enero en el segundo piso –en la misma oficina de ella y del periodista Juan José Bruna– con un nuevo puesto: director de comunicaciones del presidente. Aunque ella no propuso el nombramiento –la idea viene de Piñera–, sí estuvo al tanto de las negociaciones y estuvo de acuerdo en su llegada. “Está en la primera línea. Informada de las decisiones más relevantes y confidenciales. Eso no significa que ella sea quien toma aquellas determinaciones ni quien elabora esos planes. Pero sí entrega su opinión, y esa opinión pesa harto”, grafican desde el segundo piso. Es, además, de la total confianza de Piñera, elemento clave para estos días.

Por ejemplo, para el cambio de gabinete reciente, ella no participó en el “casting”. Ahí el “cerebro” fueron Larroulet y el ex ministro del Interior Andrés Chadwick, quien aunque ya no está en La Moneda, sigue en contacto. Pero Magdalena fue a la casa del presidente ese fin de semana, donde se craneó el futuro de los ministros y tuvo espacio para opinar de las designaciones. También estuvo con el presidente en el momento, durante la ceremonia del cambio, que se filtró el nombramiento de Felipe Ward para Interior. Entonces Jorge Selume le contó al mandatario lo que estaba pasando –se le criticaba al UDI por declaraciones de Derechos Humanos– y tanto él, como Magdalena y Cecilia Morel, quienes estaban con Piñera, le recomendaron cambiar aquella nominación por Gonzalo Blumel.

Eso sí, las decisiones las toma el presidente. “Muchas veces la opinión pública hace la pregunta: ¿y dónde están los asesores? Bueno, siempre estamos. A veces erramos, y a veces no. Pero siempre estamos. Pero quien decide es él”, apuntan.

La rutina

Fue Cecilia Morel quien le recomendó a Sebastián Piñera trabajar con ella. Magdalena Díaz, quien es hija de uno de los mejores amigos del presidente, Pedro Pablo Díaz, actual embajador en Portugal, fue jefa de gabinete de la primera dama durante el primer gobierno. Y al finalizar, en 2014, Morel le sugirió a su marido reclutarla para su trabajo en Avanza Chile. Así, en 2015 se instaló en Apoquindo 3000 y fue tomando fuerza hasta convertirse en su jefa de gabinete en 2018, cuando asumió como presidente por segunda vez.

Quienes conocen el vínculo explican que es cercana al mandatario, pero no es familiar. “Tiene buena relación con sus hijas, las dos fueron invitadas a su matrimonio el año pasado, pero no son sus amigas íntimas. Y aunque su padre es amigo del presidente, nunca fue cercana por ese lado”, indican. Eso sí, ella reconoce en su entorno que “es un hecho que llegué a conocerlo por mi padre”. En lo que todos coinciden es que de todas maneras es la persona que está más horas cerca del presidente. Su oficina está a pasos del mandatario y comparte despacho con Juan José Bruna y Alfonso Peró.

Los lunes integra el comité político. Su tarea después de ello es poner en marcha los acuerdos que ahí se toman. El presidente encarga y los demás tienen ahí un espacio de deliberación. Por ejemplo, esta semana se coordinó un almuerzo con los senadores en su casa, el domingo. Ella lo gestionó. Los lunes en la tarde también asiste al comité de comunicaciones. “Es la bisagra entre el comité político y el equipo operativo”, grafican.

De ella dependen Programación, a cargo de María José Torrealba; Producción, encabezado por Rigoberto Cornejo, y Avanzada, dirigido por Claudio Pontillo. Además, supervisa el trabajo de Camilo Bravo, quien maneja las redes sociales del presidente y también conversa con Prensa. “Coordina que se materialice lo que se decide durante el comité político y la reunión de comunicaciones”, añaden. Su mano derecha es la abogada Josefina Movillo (28).

“Magdalena tiene línea directa con los ex presidentes Eduardo Frei y Ricardo Lagos. A ellos los telefonea directamente. Pero hay otras diligencias que sí puede encargar a su equipo”, explican.

El lunes tiene dos reuniones bilaterales con Piñera, y el martes, una: ven la agenda para la semana. Los miércoles hace levantamiento de información con el equipo interministerial: desde cada cartera diseñan estrategias y pautas en las que él pueda –o no– participar. O si hay que reforzar a algún ministro, y acompañarlo más en terreno. El jueves a las 12:30 es cuando se cierra la agenda con Cristián Larroulet, jefe de asesores, y Secom. Luego, hacen un almuerzo en la oficina del Ministerio del Interior con el comité político. Sin el presidente. “Ahí se conversan los puntos débiles y cómo resolverlos”, grafican. Ese mismo día a las 4 pm se junta el comité ejecutivo, es decir, el presidente, Larroulet, Blumel, Rubilar y Ward.

Su trabajo, explican, es una fusión entre la tarea que encabezaba en Piñera 1 su hija Magdalena y su sobrina María Irene Chadwick, quien dirige Programación. Es, para muchos efectos, su interlocutora. Le organiza reuniones, aterriza su agenda y le encarga a Carolina Valdés, asistente del presidente, que se encargue de la logística. Para lograr todo esto, tiene línea directa y chats con ministros: tiene uno que integran solo ella, Karla y Secom. Y listas de difusión con todos.

Llega todos los días a su oficina cerca de las 8:30 am y se organiza para irse entre 5 y 6 de la tarde. A las 9 retoma el trabajo. Eso, a no ser que haya una emergencia, por ejemplo, los días de toque de queda y de inicios de la crisis social: entonces era frecuente que se quedara hasta pasadas las 2 de la mañana. Y el martes 12 de noviembre acompañó al presidente durante todo el proceso de reflexión que terminó con el acuerdo nacional por la paz.

El viaje

Su objetivo, cuentan quienes la conocen, es que el próximo año el gobierno retome la agenda social que había dado prioridad el año pasado. Por lo mismo, en plena crisis fue ella quien le recomendó al presidente reunirse con empresarios y dirigentes de organizaciones sociales, como 3xi, para reactivar Compromiso País y encomendárselo a la primera dama, Cecilia Morel.

Estas últimas semanas, a su vez, sus consejos tienen que ver con mantenerlo en contacto con el país, con los ciudadanos, que salga a escuchar, estar con las bases. Eso no significa siempre ir a terreno. Puede ser ir al patio de La Moneda y ahí conversar con quienes llegan a Palacio.

El 1 de marzo Magdalena Díaz se va a Miami por 60 días. Parte junto a su marido, Felipe Contreras-Haye, y sus dos hijos, de 9 y 12 años, a Key Biscane por razones personales. “Sabe que tiene un rol muy importante en La Moneda. Pero su familia es su prioridad ante todo”, cuentan desde su entorno.

De hecho, contrario a lo que suelen plantearle, ella dice que su trabajo no le pasa la cuenta en la casa. Y está convencida de que el principal legado de estos años junto al presidente es precisamente su familia. En parte, porque a Contreras lo conoció en 2016, en plena campaña presidencial: él es emprendedor, vicepresidente de Asech, y desde ese rol se reunió con el entonces candidato. Con Magdalena no se dejaron de ver y se casaron el año pasado.

La jefa de gabinete está en proceso de proponer el esquema de trabajo mientras ella se ausente: no sabe si habrá reemplazante ni quién cumplirá sus tareas. Probablemente, lo hará el equipo político en conjunto con Larroulet, Bruna y Peró. Y a los que le preguntan si volverá a trabajar a La Moneda después del viaje, ella de inmediato responde que sí, que acompañará a Piñera hasta el final.