• 6 abril, 2010


No es fácil iniciar ahora una discusión exhaustiva sobre la organización del mercado de trabajo, pero algunos temas ya están en el tapete y hay que aprovechar para debatirlos a fondo.


El desempleo comenzó a crecer. El diario La Tercera tituló el día después de que se entregaran las cifras
correspondientes al primer trimestre de este año: “desempleo inicia ciclo de alza que se revertirá en segundo semestre”. La verdad que aquello ocurre desde que existe en nuestro país algo parecido a un mercado laboral.

Somos un caso clásico de desempeño cíclico, de acuerdo de las largas series estadísticas disponibles. Pero ese no es el punto.

Es el nivel de empleo el que ha sido una variable crítica en el progreso y en el bienestar de la población. El acceso a puestos de trabajo también ha constituido un aspecto capital en la lucha contra la pobreza y la indigencia.

La promesa de campaña de Piñera, el millón de empleos, número concebido antes del terremoto y ajustado de los cuatro años originales a cinco, dimensiona los puestos de trabajo necesarios para absorber a los trabajadores actualmente desempleados y para enfrentar el crecimiento vegetativo de la fuerza laboral. El problema es cómo conseguirlos.

Todos sabemos que la base es el crecimiento de la economía. Chile no sufre ninguna condición de desempleo estructural. Pero sólo ciclos largos de expansión económica tienen efectos en la creación masiva de puestos de trabajo y en la reducción del desempleo.

Ya el año pasado vivimos el impacto de la crisis mundial. Y ahora tenemos el terremoto y sus efectos. Estos, aunque inciertos, retardarán la expansión y en algunas regiones afectarán de modo relevante a vastos sectores productivos.

Es obvio que la meta no está cerca. Tampoco es fácil iniciar en este contexto de reconstrucción una discusión exhaustiva sobre la organización del mercado de trabajo, el otro aspecto que interviene en la creación y destrucción de empleos. Pero algunos temas ya están en el tapete y hay que aprovechar para debatirlos a fondo.

La nueva ministra del Trabajo planteo la idea de seguir profundizando la transformación del actual sistema de indemnizaciones en uno basado en seguros de desempleo. Actualmente una parte de las indemnizaciones ya se imputa en el seguro existente. Así su cobro se transforma en un hecho cierto para el trabajador y en un ahorro previo del empleador. Un esquema de ese tipo tiene efectos positivos en el empleo, pues facilita contratar, dado que los costos de despido se anticipan mes a mes, y le da más movilidad al trabajador, pues su uso es posible a todo evento. El sistema tiene grandes virtudes, pero su
legislación deberá superar muchos prejuicios instalados.

También se ha manifestado la necesidad de mirar el funcionamiento mismo del seguro de desempleo. Esta institución, creada en 2003, acumula en su Fondo Solidario cerca de 800 millones de dólares. Prevenciones
excesivas de orden fiscal del diseño que construimos, desafiando cualquier predicción, provocaron que el año 2009 el Fondo aumentara en más de 200 millones de dólares, pese a que la cesantía creció en relación al año previo. Es urgente intervenir el esquema y trasladar los beneficios a los trabajadores que lo necesitan. La reforma al post natal es otro tema que está sobre la mesa. El programa presidencial de Sebastián Piñera propuso su extensión a seis meses. Lo mismo planteó el Consejo de Trabajo y Equidad constituido por la presidenta Bachelet.

La iniciativa tiene innumerables aspectos positivos, que resultan de la prolongación de la relación madre hijo, tanto para la salud como para el desarrollo psicosocial del lactante. La misma medida, según estudios, reduciría también una causa muy importante de las licencias médicas maternales y su impacto presupuestario. Del lado negativo, la propuesta de extender el post natal puede congelar la baja tasa de participación laboral femenina del país y la trayectoria de ésta, en una realidad evidente de discriminación en materia de salarios y oportunidades de ascenso. Las cifras son contundentes: la tasa
de participación laboral femenina, actualmente del 41% del total de las mujeres del país, es de las más bajas de América latina y la más baja de todos los países integrantes de la OCDE.

Además, los diseños propuestos inducen a una reducción de ingresos en la fase final de los meses del beneficio, cuestión compleja en hogares donde la mujer es la fuente del sustento familiar.

Así, una medida muy avanzada en términos sociales, si no es adecuadamente calibrada, puede tener una contraparte indeseable en otros aspectos relevantes respecto de la equidad y las oportunidades.

Algunas ideas ya están, veamos ahora cómo lo hacemos.