No necesita mucha presentación. Periodista, ex director del diario La Época y de la revista Hoy, decano de periodismo de la UAI, crítico de cine –niño prodigio en la materia, según recuerdan algunos contemporáneos–, analista político de alma concertacionista, socio director de Tironi y Asociados. Autor de varios libros. Mirada aguda. Marca registrada.

  • 28 febrero, 2012

No necesita mucha presentación. Periodista, ex director del diario La Época y de la revista Hoy, decano de periodismo de la UAI, crítico de cine –niño prodigio en la materia, según recuerdan algunos contemporáneos–, analista político de alma concertacionista, socio director de Tironi y Asociados. Autor de varios libros. Mirada aguda. Marca registrada. Por María José O’Shea C.; Fotos, Gabriel Pérez.

¿Por qué te llamas Ascanio?
-Creo que mi papá lo tomó de la novela de Alejandro Dumas que se llama Ascanio. Es un príncipe, por cierto.

-¿Y te sientes un príncipe?
-No, para nada.

-¿Conoces a otro Ascanio?
-En el lugar del mundo donde he visto que hay más Ascanios es Panamá. Hay un héroe de la independencia y un héroe estudiantil.

-¿Y tampoco te sientes héroe?
-No, para nada. He sido el fracaso de los Ascanios. Ni príncipe ni héroe. Parece que en Chile hubo un jugador de Audax Italiano en los 50, que también se llamaba Ascanio, Ascanio Cortés. Yo no le puse así a ningún hijo. Con una excentricidad ya era suficiente.

-¿Qué estás leyendo?
-Harold Bloom, bastantes ensayos de cine… Estoy cada vez menos interesado en la literatura. No hay grandes cosas dando vueltas. ¿Quién podría ser hoy un Cortázar? El único vigente es Vargas Llosa.

-¿Qué te divierte?
-Ver películas. Este living es un cine (muestra el proyector enfrentado a un muro blanco) y tiene un equipo de sonido muy potente.

-¿Has visto películas pirateadas?
-Las evito. Tengo la suerte de que me llegan muchas de los distribuidores antes de que se estrenen, y las que me interesan las compro.

-¿Cuántas puedes llegar a ver en un día?
-Hartas, pero ya no hago eso. Hubo un tiempo que le compraba las películas a Lan. Entonces me instalaba en un hotel en Los Angeles a ver ocho películas diarias durante diez días.

-¿Te hubiera gustado ser director?
-Eso siempre se lo preguntan a los críticos… Como que fuéramos todos directores frustrados. No, nunca, para nada.

-¿Cómo te informas?
-Leo los diarios menos que un lector de diarios, pero supongo que los leo con más entrenamiento, con un ojo más selectivo y más rápido. Pero a cierta altura de la vida periodística, la información te llega como por osmosis. Yo no soy nada de tecnológico, no tengo ninguna red social, pero la gente me llama…

-¿Reporteas todavía?
-Sí, harto. Tengo la suerte de que, por la edad, el teléfono me funciona bien. No se demoran mucho en contestarme.

-¿Qué prefieres escribir: cine o política?
-Te puedo decir lo que me cuesta más: cine. Me demoro el doble.

-¿Se te cruzan la política y el cine? A veces se confunden realidad y ficción.
-Algo hay. Lo que se da en la política es el espectáculo humano, no en el sentido de lucirse: ahí están todas las pasiones. Es el teatro de la humanidad. Salen las vanidades, los principios, los valores, las lealtades o la traición. No sé si eso es el cine o es Shakespeare. Su obra es mi referencia en todo. Y claro, tiene mucho de política. Hasta Romeo y Julieta es política.

Cartelera electoral
Ascanio Cavallo –descendiente de italianos de la Liguria, al sur de Génova– tiene algo de taquilla. Tal cual. Puede que no lo revele su pinta, pero sí su casa. En el living guarda como reliquia uno de los primeros computadores Apple –“todavía funciona, con disquete”, aclara– y sobre los sillones de cuero rojos y negros, tiene un par de cojines de con imágenes de los Rolling Stones y Alfred Hitchcock. Su escritorio es envidiable. Estanterías llenas de películas de los, según él, 25 mejores directores de la historia. Ordenadísimas. De política, no se ve mucha literatura. Esa la lleva a flor de piel.

-Ya llegamos a marzo. ¿Cómo se viene el escenario?
-Este año empieza con la carrera presidencial, están los candidatos “en sus marcas”. Creo que eso le va ayudar al gobierno porque le va a quitar el foco, pero por otro lado también lo va a entorpecer.

-Porque tiene los competidores en su gabinete.
-Claro, y por el otro lado están los competidores en el parlamento. Eso es jodido, porque el trabajo parlamentario se tiende a menospreciar, pero en verdad el país funciona con el Congreso, no con el gobierno. Entonces, es muy complicado avanzar cuando empieza una competencia de media temporada, como es la municipal, que te abre al tiro a la presidencial.

-¿Estás de acuerdo con una reforma al sistema político chileno, que es bien presidencialista?
-Totalmente de acuerdo. Lo que ha pasado en los últimos diez años es que, dada la estructura institucional, el presidente puede ganar por un margen estrecho –como ha sido los casos de Lagos, Bachelet y Piñera–, pero por alguna razón, ellos creen que este triunfo les permite expropiar todo. Lagos, mucho más inteligente que la mayoría de los políticos chilenos, comprendió que eso no significaba ser dueño del poder. Al momento de perder la primera vuelta, dijo “he escuchado la voz del pueblo”, y cumplió con ese diagnóstico. Pero Bachelet y Piñera constituyen el gobierno sobre la base de sus ideas y de nadie más. Impusieron consignas como “nadie se repite el plato” o “la nueva forma de gobernar”, que se cayeron a los seis meses. La sociedad se desordena y los partidos no están contentos con alguien que se apropia del poder de esa manera. Un modelo que combinara un ejercicio presidencial fuerte con un parlamento fuerte sería mucho más equilibrado.

-¿Semipresidencialismo?
-O semiparlamentarismo. Un sistema que les dé más fuerza a las mayorías y al Congreso. No es posible que éste tenga las patéticas funciones que tiene hoy, demasiado secundarias. Es injusto que ese poder del Estado sea una especie de tercer o cuarto poder. Hoy son más importantes el Tribunal Constitucional o el Poder Judicial, y eso no puede ser así. Este mismo problema, a partir de Bachelet, condujo al fenómeno de los díscolos, que es muy pervertidor.

-Ignacio Walker y Carlos Larraín, presidentes de la DC y de RN, causaron gran revuelo en enero al plantear un cambio al sistema.
-A mí me pareció un documento estupendo. Discrepo totalmente con quienes lo criticaron, creo que es de los buenos documentos que se ha producido en Chile. Ahora, en la Concertación creo que hay piso para apoyarlo, pero no sé si en el caso de Carlos Larraín. RN fue, es y será una montonera.

-Pero Piñera sale perjudicado. El presidente de su partido tira una bomba sin que él haya sabido.
-Eso es un chiste, porque Piñera en verdad no tiene partido. Nunca ha sido de RN, salvo en lo formal. Imagínate que fue gente de RN la que le montó el Piñeragate.


Matiné: Todos los hombres del presidente

-¿Cómo has visto el desempeño del equipo en La Moneda?
-Cambió totalmente cuando entró Andrés Chadwick, quien pudo ordenar, pero con límites. Existe la situación anormal de que el ministro del Interior no es el jefe del equipo político y sigue siendo el jefe de la policía. Ahora está metido en la discusión de la Onemi… No todo los ministros del Interior han sido jefes de gabinete, pero sí han sido parte importante del equipo político. Ese papel lo ha sustraído un poco Andrés Chadwick.

-¿No tienes una buena evaluación de Hinzpeter?
-Más bien del modelo. Yo tengo una buena opinión de él, pero creo que el esquema que eligió Piñera es muy poco eficaz. Es malo que todos entendamos que el ministro del Interior está ahí porque es amigo del presidente. Esa es la percepción que tienen los presidentes de los partidos opositores y aliados, los parlamentarios y todos quienes se relacionan con Interior.

-El optó por ser el rostro del combate a la delincuencia.
-Si esa era su apuesta, es ingenua. No hay ninguna sociedad en que el delito disminuya.

-Pasemos al presidente. ¿Tiene posibilidades de repuntar?
-Creo que va a vivir el karma de la popularidad. En el mejor de los casos, va a terminar en los bordes del 40%. Él se le atravesó a la gente. Se le atravesó al país. No en un sentido dramático que vaya a poner en riesgo su gestión, sino que cae mal y eso es difícil de revertir. Tiene un inadecuado sentido del humor, es muy incorrecto y –sin que lo sea–, parece básico, vulgar. Siento que todavía no logra distinguir entre el presidente y el jefe de Estado. No puede hacer chistes en Bolivia o con el pisco peruano en Lima. Ahí hay algo que a los chilenos les molesta, y que era todo lo contrario con Lagos. Todo el mundo pensaba qué arrogante, pero cuando decía “hablé con Tony”, todos teníamos que entender que era Tony Blair y si no, que se joda el país no más… A la gente le gustaba que le levantara a la voz a Chávez o a Evo Morales. Y creo que eso se ajusta más a la figura del jefe de Estado que se ha dado en Chile que este modelo del jefe de gobierno que anda tirando pullas.

-Si Lagos es el padre temido, Bachelet la mamá acogedora…
-Y Piñera, el hermano chico molestoso. Creo que es una persona muy inteligente y competente para sus cosas, pero lo consume esta ansiedad de ser querido, algo muy propio de los hijos del medio. Cuando tienes un hermano grande que te ha hecho bullying toda la vida, lo lógico es que seas zurdo, un poco tartamudo, que se te mueva el cuello.

-O sea, el presidente es un hijo del bullying.
-Claro, de todas maneras. Pero no es su principal característica. Lo principal es que no ha trazado correctamente la frontera entre el jefe de Estado y el jefe gobierno o líder de una coalición. Esa confusión le ha producido una especie de pérdida de confianza en la gente. Uno no sabe cuándo está hablando en serio o cuándo es broma, o por qué hace esos chistes sexistas sobre las mujeres que ya ni los cabros chicos los hacen. No creo que aquí sea solamente un problema de ego. Él quiere ser un presidente recordado, pero también querido. Y en esa disyuntiva hay un choque.

Vermut: La amenaza fantasma

-En tus columnas a veces rescatas a Piñera y lo tiendes a separar de los líos de su coalición política. ¿Por qué?
-Es que está un poco fuera. No sé si eso está bien para sus intereses. El gobierno de Bachelet también estuvo muy fuera de sus partidos y terminó siendo destructivo para su coalición. Ella tiene un papel importante en la derrota.

-No te gusta la idea de que ella vuelva.
-Más bien la encuentro un poquito irracional, porque las condiciones del país hoy son distintas y porque este es un país que no reelige presidentes; básicamente ,porque es progresista. No hablo del progresismo en el sentido de Girardi, sino que es un país que cree mucho en su progreso: los padres creen en los hijos, los hijos en los nietos, creemos en el avance.

-Pero hoy se da una circunstancia especial. Si no es ella, ¿quién?
-Entonces es por default. Y si es por default, no está asegurado el triunfo.

-¿Crees que hay alternativa?
-Es que la alternativa no va a aparecer mientras esté el fantasma dando vueltas. Hay indicios de que ya hay alguna gente que piensa que su indecisión es excesiva y se ha tirado al ruedo. La Ximena Rincón, Andrés Velasco…

-¿Y les ves posibilidad?
-Es que ninguno tiene posibilidad en este momento. Ni en la oposición tampoco, mientras falten una municipal y dos años para la elección. Una de las enfermedades de la política mundial es la encuestocracia. Los periodistas debiéramos ser un poco más críticos de las encuestas. No puede ser que hoy el súper elector sea Roberto Méndez y el resto sean los empresarios del CEP o Carlos Huneeus. No es razonable que las encuestas sustituyan a las elecciones. Con la política pasa lo mismo que con la física. La intervención del espectador ya produce un cambio en el objeto. Cambia el momento y produce fenómenos circulares, donde los nombres se repiten en las encuestas…Y todo el mundo las lee como intención de voto, aunque no lo sean.

-Escribiste hace poco una columna que se llamó “quién quiere ser candidato”.
-Hay algunas apuestas que son como aventuras contra la razón. Como Tomás Jocelyn-Holt, que renunció a su partido de toda la vida, la DC, para irse de candidato de ChilePrimero. ¿Y qué es ChilePrimero? Un chiste fallido de Andrés Allamand. Convenció a Schaulsohn de armarlo para su idea de ampliar la coalición por el cambio. Le fue pésimo, no aportó nada.

Noche: Tiburón
-Vamos uno por uno. ¿Cómo ves a Andrés Allamand?
-Es lo más parecido que tenemos a un político clásico, en el sentido de que siempre ha sido doctrinario, muy ordenado intelectualmente, no es un gallo que pololee con el populismo. Lo más lejos que ha pololeado es con la UDI. Es un tipo estructurado, con una idea de lo que es un gobierno de la derecha. Pero la tiene difícil, porque no creo que sea un candidato de consenso.

-Él apuesta a una primaria.
-Dudo que la derecha haga primarias. Claramente, la UDI prefiere las encuestas. Pero imaginando que hubiese primarias, él sería un muy buen candidato.

-Y le gana a Golborne?
-Hoy, no.

-¿Y a Longueira?
-Él también es un político clásico, quizás un poco mesiánico. Pero diría que ellos son figuras confiables, algo que le ha faltado a la política chilena en el último tiempo. Son personas a las que se les puede creer. Pueden tener cambios de opinión, pero no hay mucha letra chica en ellos. Son gallos dedicados a la política, no están para ganar favores ni hacerse ricos.

-¿Golborne no da la misma confianza?
-Imposible, porque nadie lo conoce. Nadie tiene una idea de cuál es su trayectoria intelectual, sus posiciones históricas, qué piensa del país. No me basta con saber que votó por el No. A lo mejor desarrolla sus ideas, pero aquí y ahora, todo lo que hay de Golborne se llama 33. Si así fuera, que la derecha se prepare para tener su propia Bachelet.

-Bueno, estando todos en el gabinete, lo más probable es que corra sangre.
-Sangre va a correr igual. Como escribió una vez Marcelo Rozas, en todo candidato hay un tiburón blanco. Si uno le abre el estómago, encuentra restos de mucha gente.

-En la Concertación también va a correr sangre. Están Girardi, Lagos Weber, Ximena Rincón, Claudio Orrego…
-Lo que le pasa a la Concertación es más dramático porque sus disidentes –como Marco Enríquez o Navarro–, han desarrollado un desacuerdo fundamental, no táctico. Ellos piensan en otra forma de desarrollo del país. Y no es irrelevante que todo esto pasó durante el gobierno de Bachelet. La tensión se arrastra desde el año 98, con los flagelantes y complacientes. Lagos la administró con firmeza. Hay que acordarse de que él le quitó el saludo a Lorenzini y a éste ni se le ocurrió dejar la Concertación. Por mucho menos, Adolfo Zaldívar dejó la coalición. Nunca se había visto antes ese caso de deserción. El gobierno de Bachelet descuidó mucho la coalición, no tuvo la fuerza para evitar que se disgregara y terminó con tres candidatos presidenciales del mismo sector. Eso ha derivado en cosas que son inconciliables, como el mundo de Marco o de Navarro. Y sin un liderazgo fuerte, lo más probable es que continúe licuándose.

 

Última función: Terremoto
-Un par de meses después del 27F escribiste que el misterio que persistía era el extraño comportamiento de las FFAA. Ahora nos enteramos de que el plan de comunicaciones del Ejército nunca había dejado de funcionar. ¿Hubo aquí un “golpe blanco”?
-No tengo ninguna interpretación y, para ser franco, me han puesto varias cosas en mi boca que nunca he dicho. No he hablado de golpe blanco, ni de conspiración, ni de insubordinación, como dijo Paulsen. Lo único que he dicho es lo siguiente: ¿qué explicación tienen para dar las Fuerzas Armadas? Quiero saber por qué el cuerpo más grande del Ejército, con base en Concepción, teniendo comunicaciones, se la niega al intendente Jaime Tohá.

-¿Y cuál es tu hipótesis?
-Es que no tengo ninguna. No lo puedo entender. ¿Por qué el comandante en jefe anterior y el actual han sostenido que no tenían facultades para salir a controlar la situación? Pero los de Talca sí las tuvieron porque salvaron a unas viejas, o en Llolleo entraron a una discotheque de cabros chicos.

-Supuestamente, porque se firmó un decreto que los subordinaba a Interior.
-Esas son tinterilladas de milico. Cuando no quiere hacer algo, siempre encuentra un decreto. El general Cheyre mandó tropas en el terremoto de Andacollo sin pedir permiso a nadie. Esto (lo del 27F) se llama denegación de auxilio y es un delito grave. Me gustaría creer que el plan Torrente no se cayó.

-Supuestamente, no.
-Me encantaría creerlo, porque si no, se trata de un Ejército completamente incompetente.

-Pero si no se cayó y teniendo la información no lo dijeron, es una actitud bien mezquina.
-Es que fíjate en la explicación: “el sistema de información del Ejército no se cayó, pero no se le prestó a nadie, ni siquiera a quienes lo solicitaron”. ¿Estaría funcionando realmente? Si yo fuera general, no me gustaría que supieran que se me cayó la radio. Todos vimos los saqueos en Concepción, la total inmovilidad de las Fuerzas Armadas. Claro, después llega un general la raja, con unos tanques traídos del norte, con uniformes de desierto, y entra a la ciudad como que entrara a Roma, a controlar la situación en 48 horas. ¿Y las 72 horas anteriores?

-Pero al parecer las FFAA tenían una buena relación con Bachelet. Entonces, no se entiende la jugada.
-Lo que sí es verdad es que estaba cambiando el gobierno y es posible que instituciones verticales como estas tiendan a perderse en situaciones de esta naturaleza. Sería bastante vergonzoso llegar a la conclusión de que estaban sirviendo a dos señores, y a uno más que a otro. Pero no llego a pensar algo así.