Hasta 1.100 personas al día recorren el sendero Base Torres en temporada alta en la Patagonia. Se trata del único camino disponible para poder admirar en toda su majestuosidad las Torres del Paine, una de las grandes maravillas del mundo. Pero según un estudio de The Shuswap Trail Alliance, la senda se encuentra en pésimas condiciones y no cumple con los estándares mínimos. Para cambiar eso, Reserva Cerro Paine, junto a Conaf y la ONG AMA lanzaron Tu Mejor Huella, una campaña en la que cualquier persona o empresa puede donar un metro cuadrado de sendero por solo un dólar.

  • 8 noviembre, 2018

La tierra arcillosa es resbaladiza y el camino se hace cada vez más pesado. “Por lo menos no hace calor”, dice Cristofer, uno de los guías que acompaña la caminata desde el hotel Las Torres hasta El Chileno, uno de los refugios del clásico circuito W, y que se encuentra a un cuarto de camino hacia la base de las Torres del Paine, el sendero más célebre del parque nacional. Son un poco más de cuatro extenuantes horas de caminata para poder contemplar en todo su esplendor las tres enormes formaciones rocosas que sobresalen del macizo, a los pies de un lago color celeste que el día de esta expedición estaba cubierto de nieve. 

El trayecto es una experiencia en sí misma, especialmente porque en la Patagonia todo puede suceder. En un mismo día, el sol puede quemar bruscamente para luego dar paso a una lluvia tenue que se transforma en fuertes granizos y terminar con una suave nieve. El viento también hace de las suyas. Cuentan los guías, que en ciertas partes del trayecto a Base Torres, donde el camino se hace más angosto y una caída puede ser mortal, es necesario amarrarse al resto del grupo y caminar en filas para soportar los más de 100 kilómetros por hora, que pueden empujar hasta al más corpulento de los excursionistas. 

 

Por suerte, para esta travesía el viento está más calmado; solo el día anterior soplaba a más de 90 kilómetros por hora. 

La temporada alta recién comienza. Es en octubre cuando la Patagonia chilena se enciende y empieza a recibir cada vez más turistas. Mauricio Kusanovic, director ejecutivo de la Reserva Cerro Paine, cuenta que en épocas peak, más de 1.000 personas pueden circulan por el sendero Base Torres para contemplar las monumentales rocas. 

Parte de este sendero se encuentra en el terreno de los Kusanovic. El clan de origen croata compró la Hacienda Cerro Paine en 1979, cuando el turismo recién partía. Hoy sus 4.400 hectáreas son la única propiedad privada dentro del parque nacional. La familia primero se dedicó a la ganadería y de a poco entraron al turismo con el Hotel Las Torres. En 2014 decidieron eliminar todo el ganado de la zona y concentrar su negocio en uno de conservación y turismo sustentable. “En 1994 se crea la ONG Ama Torres del Paine y empezamos una transición desde hablar de turismo, a hablar de territorio. Y ahí vino esta transformación al concepto de Reserva Cerro Paine con un plan de manejo”, explica Mauricio Kusanovic.

Este giro los obligó a hacer un diagnóstico de las necesidades del territorio, lo que quedó de manifiesto a través de un proyecto en el que participaron con el Centro de Estudios Cequa de manejo turístico de áreas silvestres protegidas. Ahí se confirmó lo que ya todos sabían: la irremediable erosión del sendero Base Torres.

 

Sin arreglo

Todos los senderos del parque nacional primero se formaron por el ganado. Eran pasos de animales que usaban los gauchos en su minuto, pero nunca fueron pensados como sendas para trekking. “Lo sabíamos desde hace años, pero nunca le dimos la importancia, hasta que como comunidad de Puerto Natales empezamos a ver que si no hacíamos algo, existía la posibilidad de tener que limitar la cantidad de gente que hace diariamente la travesía hasta las torres”, cuenta Kusanovic.

Tras el proyecto de Cequa se pusieron ciertas regulaciones: hasta antes de 2014, la gente llegaba sin reserva y pernoctaba en cualquiera de los campamentos del parque. A veces la capacidad se sobrepasaba al doble o al triple y era imposible de controlar. Así que la primera “regla” fue decir: hagan sus reservas en línea, en Paine no puede alojar quien no tenga una reserva. 

Ahí se encendieron las alarmas. Si no se tomaban las precauciones, era cosa de tiempo para que Conaf decidiera restringir el paso de turistas por el sendero Base Torres. 

“Es una decisión compleja –confiesa Mauricio–. ¿Cómo lo haces? ¿Repartes cupos, licitas, los locales tendrán cupos preferenciales? No hay un método perfecto de cómo se administran los parques nacionales en el mundo, porque siempre hay alguien que no sale contento”, asegura. 

Así que antes que eso sucediera, decidieron hacer algo. “Si esperábamos que el Estado se hiciera cargo de los senderos, íbamos a seguir esperando”, agrega. 

Contactaron a The Shuswap Trail Alliance, una empresa canadiense que se dedica a hacer senderos multiusuario. Estuvieron una semana en las torres y su veredicto fue lapidario: “Este sendero no tiene arreglo, no vale la pena restaurarlo”. Según su informe, las pendientes no son correctas, las inclinaciones no están bien, los cruces de agua tampoco y tiene sectores tan erosionados que arreglarlo sale más caro que hacer uno nuevo. Así, propusieron un sendero nuevo que baja al río y que es mucho más amigable con la primera subida, que es un poco dura. 

El proyecto ya está diseñado en su totalidad. La propuesta incluye poner en valor un cañadón, un árbol quemado que es una atracción para hablar sobre los incendios que afectaron la zona, y están indicados también los lugares donde se harán gaviones, donde habrá pasarelas, áreas de descanso –que hoy el actual sendero casi no incluye– e información sobre las formaciones rocosas, la flora y la fauna. 

 

Según las estimaciones realizadas por Shuswap Trail Alliance, el costo total para la construcción del sendero alcanza 808.847.650 millones de pesos, o sea, aproximadamente 27.200 pesos por metro lineal.

“Creemos que con esto podemos impactar la experiencia del turista, mejorando la conservación, e incluso aumentar la gente que viene a Base Torres”, explica Mauricio. Y agrega: “De Base Torres y de los full day vive toda la ciudad de Puerto Natales. Si disminuimos a 400 las personas que pueden pasar por el sendero, hay que pensar en el impacto socioeconómico de toda la comunidad que vive del turismo”. 

 

Tu Mejor Huella

Hoy, el proyecto es apoyado por Conaf, la Asociación de Guías de Puerto Natales, Fedetur, la Subsecretaría de Turismo y los dos municipios de la zona. Eso, además de los partners del proyecto, como Torres del Paine Legacy Fund, la ONG AMA. Un rol importante en la campaña también la tiene la plataforma Preserve in Community (PIC), que financia proyectos de conservación a través de donaciones por metro cuadrado por el valor de un dólar. Así, hoy cualquier persona o empresa puede ser parte del nuevo sendero y donar su metro cuadrado por solo o 650 pesos, en la página tumejorhuella.com. 

Hasta el cierre de esta edición, ya habían 3.555 metros cuadrados donados. La meta más inmediata es llegar al 50% de la recaudación total en enero, para así empezar la construcción.  Todavía falta, pero Mauricio Kusanovic  está optimista. “Tengo confianza que en enero podamos partir construyendo, pero va a depender de cómo nos vaya con los fondos. Ojalá en algún minuto podamos mostrar un sendero de estándar mundial, que no solo la atracción sean las Torres, sino que el trayecto mismo para llegar allá: los puentes, la infraestructura, el camino. Hoy se recorre mucho mirando hacia abajo, cuidándose de no resbalarse con las piedras y creo que uno debe caminar más mirando el paisaje, para que puedas disfrutar más”, dice el director ejecutivo de Cerro Paine, mientras camina ladera abajo, antes de llegar al refugio El Chileno. Atrás quedaron las majestuosas Torres del Paine que las nubes nos dejaron contemplar por algunos minutos, mientras una suave lluvia empieza a caer en la inmensidad de la Patagonia.