Editor y crítico de Los Angeles Times, Robert Hilburn durante las últimas cuatro décadas descubrió a las grandes estrellas por venir y logró exclusivas mundiales con los mayores artistas. Todo lo cual aparece en su notable libro de memorias Desayuno con Lennon. En esta entrevista habla de sus encuentros con Elvis, Dylan y Johnny Cash, entre otros, y afirma que Internet despojó al rock de su fuerza generacional. Por Marcelo Soto

  • 8 marzo, 2011

 

Editor y crítico de Los Angeles Times, Robert Hilburn durante las últimas cuatro décadas descubrió a las grandes estrellas por venir y logró exclusivas mundiales con los mayores artistas. Todo lo cual aparece en su notable libro de memorias Desayuno con Lennon. En esta entrevista habla de sus encuentros con Elvis, Dylan y Johnny Cash, entre otros, y afirma que Internet despojó al rock de su fuerza generacional. Por Marcelo Soto

 

Debe ser el único periodista que llama “Bob” a Bob Dylan. No sólo eso. Robert Hilburn, una auténtica leyenda entre los críticos de rock, fue a quien Dylan confesó que se había vuelto cristiano, en los 80, y una década después salió de gira con él y se tomaron un café en una taberna en la madrugada, cuando la fama parecía escapársele, antes de su resurgimiento triunfal en 1997.

Con Lennon, Hilburn pasó varios días y noches en su “fin de semana perdido” en Los Angeles, cuando el ex Beatle se separó de Yoko Ono y se dedicó a ir de juerga y más tarde, en Nueva York, compartió la intimidad del músico británico mientras grababa Double fantasy, unas semanas antes de morir. Comieron cereales juntos a altas horas de la noche y Lennon le contó su gran secreto: a escondidas engullía chocolates para que Yoko no lo retara por salirse de la dieta.

A un joven Bono le aconsejó que se concentrara en hacer canciones y dejara de hacer el tonto, y a Bruce Springsteen le sugirió que cambiara el orden de sus temas en los recitales. Y el Jefe le hizo caso. Descubrió a un desconocido cantante británico llamado Elton John y estuvo con Johnny Cash cuando dio su famoso recital ante peligrosos reos en la cárcel de Folson.

Estuvo con Kurt Cobain y comprobó que el líder de Nirvana era un padre dedicado, pese a los rumores después confirmados de que seguía pinchándose heroína. Fue el primer periodista en destacar la importancia del rap como un estilo músical clave, más allá de sus connotaciones raciales y el perfil negativo con que la prensa lo asoció en sus comienzos.

Todo eso –y más– es lo que aparece en el libro Desayuno con Lennon y otras crónicas para una historia del rock, que Hilburn publicó en 2009 y que acaba de ser editado en español. Un fantástico volumen que recorre algunos de los momentos cruciales de la corriente popular más importante del siglo XX. Una especie de viaje personal que empieza en Elvis y termina en Arcade Fire, con la sensación de que la fiesta se ha acabado.

Hilburn, desde la páginas de Los Angeles Times entre 1970 y 2005, vivió la época dorada de la crítica de rock, cuando los que escribían sobre música eran tipos respetados y seguidos. Hoy, su pronóstico es sombrío: “el rock ha perdido impacto y ya no es el centro del discurso de los jóvenes como lo era en el pasado”, dice desde su casa en California. Conversar con él es como repasar la banda sonora ideal de las últimas décadas. Pónganse cómodos.

Lado A: “Lennon quería volver a reunirse con Paul”

-Usted estuvo con John Lennon en Nueva York, pocos días antes de su muerte. ¿Cómo era su estado de ánimo? ¿Temía por su seguridad o la de su familia? ¿se sentía acosado por los fans?

-John estaba de muy buen humor, muy optimista. Me dijo que en esa época se sentía más feliz que en cualquier otro momento de su vida. Se sentía feliz de estar con Yoko y Sean y además estaba haciendo música de nuevo, pensando que le quedaba mucho por delante, y muchos discos por grabar en el futuro. No parecía temer por su seguridad y disfrutaba encontrarse con los fans y que le pidieran autógrafos en la calle. Hay una historia cuando yo iba en el auto con Yoko y John desde su departamento en el edifico Dakota hacia el estudio de grabación. Estaba oscuro y un montón de gente apareció de pronto y se puso delante tomando fotos de él, apenas salió del coche. Me asusté, por cierto, debido al impacto de los flashes repentinos, y le pregunté a John si no le preocupaba su seguridad. Me dijo: “no, no puedes tener miedo; tienes que seguir adelante y vivir tu vida”. La gente, agregó, no podría hacerle daño.



-Mucho se ha dicho sobre la relación entre McCartney y Lennon. ¿Cree que se habían reconciliado antes de la muerte de John? ¿Cuáles fueron los sentimientos que expresó Lennon sobre su ex compañero?

-John dijo que estaba muy cerca de Paul durante ese período. Incluso me habló de él como de un hermano. Cuando le pregunté acerca de todas esas cosas horribles que él había dicho sobre Paul en entrevistas e incluso en las canciones, respondió algo así como: “Ah, Paul sabe que era sólo yo soltando bobadas”. Comentó que esperaba con impaciencia volver a juntarse con Paul.

-A diferencia de su relación con Lennon y McCartney, entiendo que usted no se llevaba bien con George Harrison. ¿Por qué?

-Bueno, no fui muy amable con George en las críticas que hice de sus álbumes en solitario ni sobre su gira de conciertos con Ravi Shankar y, comprensiblemente, él como respuesta no pensaba bien de mí. Puedo entender eso. Hubo una historia divertida. Un amigo mío fue el publicista jefe del sello que editaba los discos de George en EEUU y me llamó un día cuando Harrison tenía un nuevo álbum por lanzar. Mi amigo dijo: “a George le gustaría hacer una entrevista con cualquiera de Los Angeles Times, excepto tú”. Pero Harrison fue muy agradable conmigo después de eso, cuando hablamos por teléfono. Quizá fui demasiado duro con él, siempre midiendo todo lo que hizo en relación a los altos estándares que lograron los trabajos de John y Paul.

-¿Cómo debe manejar las simpatías naturales un periodista de rock cuando le toca entrevistar a uno de sus ídolos? ¿Usted trata de hacerse amigo de ellos o prefiere mantener una distancia?

-Como periodista, es importante evitar hacer amistad con los músicos de los que estás escribiendo. Debo confesar que rompí esa regla algunas veces, pero muy pocas. En el libro, hablo de todas las veces que me reuní con John Lennon y Bob Dylan, Bruce Springsteen y Bono, Johnny Cash y Kurt Cobain, pero fue casi siempre en un entorno profesional; es decir, en el ambiente de una entrevista. No era que saliéramos juntos de noche a tomar una copa y hablásemos por teléfono todo el tiempo. Pero cuando te toca entrevistar a alguien en varias ocasiones, como yo lo hice con los artistas que te mencioné, se desarrolla lo que yo llamaría una relación cordial. Te gusta verlos. Aunque prefieres no llegar a la intimidad, ya que se hace muy difícil escribir acerca de ellos de forma objetiva. Si alguna vez me sentía muy cercano a un artista, simplemente le pedía a otro miembro del departamento de música del diario que criticara su nuevo álbum o show. En el 99 por ciento de los casos, eso no fue necesario.

-En todos estos años, ¿cuál ha sido la exclusiva que le hizo sentir más orgulloso? ¿Qué piensa acerca de la obsesión por la primicia, que a menudo lleva a manipular las historias?

-Probablemente el más notable “golpe” que he logrado fue ser el primero en hablar con Yoko Ono después de la muerte de John. Fue un momento muy triste, en todo caso. Más que golpes, sin embargo, lo que yo siempre estaba buscando era descubrir a los grandes nuevos artistas y ser el primero en escribir sobre ellos. Eso era algo que podía hacer como periodista en la década de 1970 y principios de 1980, pero con el tiempo, con la llegada de Internet y la aparición de tantas publicaciones virtuales y blogs, es casi imposible ser el primero en escribir sobre un artista. Por lo tanto, llegué a la conclusión de que mi objetivo sería tratar de ser el primer escritor de un medio importante en realizar una difusión mayor sobre un nuevo artista.

Lado B: “Nadie me intimidó tanto como Elvis”


-¿Qué piensa sobre el periodismo musical de hoy? ¿Ha perdido la influencia que tuvo en los 70 y 80?

-El periodismo musical es muy diferente hoy en día. Por un lado, el poder de los críticos se ha visto reducido en gran medida debido a toda la información que está disponible en Internet. Si hubieses vivido en Los Angeles en las décadas de 1970 o de 1980, por ejemplo, tenías que leer mis artículos en Los Angeles Times si querías saber acerca de lo que estaba pasando en el mundo de la música (a menos que esperases que la revista Rolling Stone llegara a los quioscos una vez al mes o alguna otra publicación nacional). Hoy en día, basta dar una vuelta por Internet y elegir entre cientos de sitios y blogs y cientos de escritores y artículos. Por lo tanto, es más difícil para un crítico llegar a una audiencia amplia y tener un podio. Una gran historia, sin embargo, sigue siendo una gran historia. Y siguen apareciendo.

-¿Hasta dónde se puede satisfacer el interés público en la vida privada de una estrella de rock? ¿Cuál es límite?

-Buena pregunta. En teoría, todo lo que debe importar es la calidad de la obra del artista. Habida cuenta de Internet y la curiosidad inmensa del público, eso es casi imposible. Parece que la gente quiere saber todo, desde la personalidad del artista hasta sus defectos. Algunos artistas están tan ansiosos de publicidad que se ponen a disposición de los medios 24 horas al días los siete días de la semana. Otros tratan de mantener un nivel razonable de privacidad y hacen un buen trabajo.

-Usted conoció bastante a Michael Jackson. ¿Cuál es su opinión sobre las sospechas que rodean su muerte y como la prensa cubrió la noticia?

-Toda la historia de Michael Jackson me entristece y la cobertura de la prensa sólo aumenta mi desazón. Pero los medios no fueron los únicos que se aprovecharon de Michael y dejaron que cayera. Hay mucha gente que trabajaba para él y que lo hacía muy pobremente, de manera muy negativa.

-Muchas veces ha entrevistado a Bob Dylan. ¿Cuál cree que es el secreto que lo mantiene activo a los 69 años, grabando grandes discos y saliendo de gira todo el tiempo?

-Creo que Bob se dio cuenta hace un buen tiempo que la música y cantar en vivo es lo que hace y lo que le gusta hacer. Escribir otra gran canción y tocar otro show es lo que le apasiona, y por lo tanto persevera. Otros artistas empiezan con ese objetivo, pero luego piensan más en el dinero y la fama y pierden aquella hambre artística que los motivaba al principio. Se quedan adormecidos en la complacencia por el estilo de vida de los ricos y famosos. Y algunos artistas decaen debido a que simplemente no quieren trabajar lo suficientemente duro para escribir nuevas canciones de calidad. Prefieren vivir a expensas de la reputación que lograron en el pasado.

-¿Se sintió intimidado al entrevistar a Elvis Presley?

-Cuando me iba a juntar con Elvis estaba muy nervioso porque fue mi primer héroe del rock. Nunca nadie me había intimidado tanto. En la mayoría de los casos, el nerviosismo que provoca reunirse con un artista famoso viene simplemente de la ansiedad por salir de la entrevista con una buena historia.

-¿Le pareció que Presley estaba al mando de su carrera o ya había perdido el dominio debido a las manipulaciones de su manager, el coronel Parker?

-Efectivamente, una de las tragedias de la vida de Elvis es que él no tuvo mayor control de su carrera. Su manager fue quien hizo las cosas a su manera y Elvis lo aceptó porque quería un lujoso estilo de vida. Hizo lo que Parker decía que debía hacer, porque de esa forma conseguía la mayor cantidad de dinero.

Bonus tracks: “el rock no ha muerto”

-Usted descubrió a artistas como Elton John y U2. Fue el primero en destacarlos, antes de que se convirtieran en grandes estrellas. ¿Qué claves debe tener un artista para llegar a las masas?

-Siempre es difícil predecir quién va a ser una estrella masiva. Me di cuenta rápidamente en el periódico que mi trabajo consistía en descubrir la maestría de un artista desconocido y escribir sobre sus shows, se convirtieran o no en grandes estrellas. Lograr canciones que pueden convertirse en éxitos es una cuestión de trabajo duro y también de suerte. Hacer buena música es un asunto totalmente distinto. Algunos artistas pueden hacer buena música y tener hits, como Springsteen y U2. Eso es lo que yo siempre estaba buscando: un artista que tuviera ambas cualidades.

-¿Cuál es la próxima gran banda?

-Mis favoritos de la última década han sido los White Stripes y The Arcade Fire.

-¿Leyó las memorias de Keith Richards?

-Sí y las disfruté mucho. Pienso que son muy reveladoras y tienen incluso un tono tierno.

-¿Cuál es su opinión sobre él como músico y personaje del rock?

-Keith es una gran entrevistado y un notable creador de música. Me encanta el sonido de su guitarra en los discos y shows de los Stones. Su estilo de vida, bueno, no me gustaría usarlo como modelo para nadie. Es increíble que sobreviviera a todos esos años de consumo drogas… pero me alegro de que lo hiciera.

-Usted le dijo a Bono en los 80 que debía dedicarse a escribir canciones y no a cambiar el mundo.

-No le dije que no cambiara el mundo. Lo que le dije fue que él estaba tratando de hacer demasiadas cosas como artista, escribiendo películas, obras de teatro, etc. Le dije que tenía que concentrarse en escribir más y mejores canciones. Yo pensaba que esas canciones sí podían cambiar el mundo. Esto fue justo antes de la época de Joshua tree. Me encanta lo que ha sido capaz de lograr. Escribió canciones más grandes y su ejemplo ha hecho cambiar el mundo en cierta manera, en ámbitos que van más allá de la música.

-En los 90 pasó mucho tiempo con Kurt Cobain, cuando era adicto a la heroína. ¿Cómo fue la experiencia?

-Nunca imaginé lo frágil que era Kurt. Pensé que superaría sus dificultades y se convertiría en una persona más entera, pero no fue así desgraciadamente.

-Al recordar a la cantante Janis Joplin, en su libro usted dice que para convertirse en una estrella se necesita carisma y estar obsesionado con el éxito artístico. ¿Piensa que Kurt Cobain cumplía estas condiciones?

-Oh, sí. Kurt era increíblemente carismático en el escenario. Uno no podía dejar de mirarlo. Nirvana fue una gran banda, sin duda la mejor de la era grunge.

-¿Por qué las drogas son tan poderosas entre las estrellas de rock?

-Nunca he experimentado con drogas, así que realmente no puedo explicar su influencia sobre tantas estrellas de rock.

-¿Cuáles son sus recuerdos de Johnny Cash? ¿Cree que la película con Joaquin Phoenix le hizo justicia?

-Pienso que Phoenix estuvo magnífico como Cash, pero la película era como un cómic. Estuvo lejos de ser un retrato concienzudo de la vida de John. En lo absoluto. Por un lado, creo que la película lo presentó como a un bobalicón, cuando él era un hombre muy, muy inteligente, con una fuerte visión de su música y la necesidad de ayudar a la gente a levantarse. Él era una persona mucho más compleja de lo que vimos en la película. Pasé mucho tiempo con John. Yo estaba con él en el famoso concierto que dio en la cárcel de Folsom. De hecho, él va a ser el motivo de mi próximo libro. Voy a escribir la que espero sea su biografía definitiva.

-¿Cuál es la película que mejor captura el espíritu del rock ?

-A hard day’s night, con Los Beatles, que fue muy divertida. Pero mi favorita es Don’t look back, el documental sobre Bob Dylan en sus inicios como estrella. La película captura lo que es estar en el centro absoluto de la atención pública. Brillante.

-¿Por qué decidió convertirse en un crítico de rock y no en un músico como los que admiraba?

-Simple: yo no podía escribir canciones, no podía tocar la guitarra ni el piano de oído y no podía cantar. Descubrí muy pronto que no tenía esos talentos. Pero en la escuela me di cuenta que sí podía escribir, así que decidí escribir sobre música.

-Muchas veces se ha dicho que el rock ha muerto. Con la crisis de la industria discográfica, ¿cree que llegó definitivamente la hora de su defunción?

-El rock no ha muerto porque hay demasiadas buenas bandas alrededor, incluyendo cualquier cosa que Jack White esté haciendo. También están Arcade Fire, Bright Eyes, Black Keys, The National, Radiohead, The Avett Brothers y así sucesivamente. Pero el impacto del rock ‘n ‘roll en nuestra cultura ha disminuido y es mucho menor a lo que solía ser. El rock ya no es el centro del discurso entre los jóvenes en la forma en que lo fue en los años 60, 70, 80 y hasta principios de los 90. La música es hoy dominada por cosas como American Idol, y eso significa que la música es vista más como entretenimiento que como arte. Y mientras los jóvenes no recuperen el hambre por la música como una forma de arte, la música pop seguirá siendo una especie de entidad sin rumbo. El rock fue una vez una fuerza de unión. Hoy en día, ese papel ha sido tomado por Internet. El rock habló una vez por todos nosotros. Ahora, su poder se asemeja a un culto más bien marginal. Como dice Jack White en mi libro, hoy es el peor momento en la historia para cualquiera que quiera hacer música seria y sincera y llegar a una gran audiencia con ella.