Las referencias de los precios en Venezuela a estas alturas son algo esquizofrénicas: una taza de café puede costar más que un medicamento y una lata de atún cuesta el salario de todo un mes. La entrada en hiperinflación se decretó (por la Asamblea Nacional opositora a Nicolás Maduro) en noviembre de 2017. El país […]

  • 30 julio, 2018

Las referencias de los precios en Venezuela a estas alturas son algo esquizofrénicas: una taza de café puede costar más que un medicamento y una lata de atún cuesta el salario de todo un mes.

La entrada en hiperinflación se decretó (por la Asamblea Nacional opositora a Nicolás Maduro) en noviembre de 2017. El país cumple nueve meses en este devastador proceso: según el FMI, la inflación podría llegar al 1.000.000% este año.

El billete de 100.000 bolívares, el de más alta denominación en Venezuela, alcanza para comprar muy pocas cosas. Por ejemplo:

-Una fotocopia.

-Un caramelo.

– Un bollo de pan dulce.

– 20 viajes en autobús dentro de Caracas.

-Un huevo.

-16.000 litros de gasolina de 95 octanos (para cargar el tanque de un coche pequeño más de 450 veces).

-Un mes del móvil o del servicio de internet, pues la mayoría de los servicios tiene las tarifas congeladas por el gobierno, lo que a su vez ha llevado a un deterioro por la imposibilidad de los proveedores de hacer mantenimiento e inversiones.

El salario mínimo actual son 5.196.000 bolívares (1,40 dólares al cambio), que en billetes de 100.000 serían 52 piezas. En diciembre de 2017 con 100.000 bolívares se compraba 1 kilo de detergente, que hoy, ocho meses después, cuesta 12.000.000 de bolívares (120 billetes). En marzo de 2018 un litro de leche costaba 140.000 bolívares. Hoy cuesta 1.750.000 de bolívares, un poco menos que una taza de café en una panadería que está por el orden de los 2.000.000 bolívares (20 billetes).

Para el 20 de agosto se espera la entrada de un nuevo sistema monetario al que se le restarán 5 ceros a la moneda. Se trata de la segunda reconversión en 10 años (en 2008 ya se habían restado tres ceros). Esta medida contribuye a hacer más manejables las cuentas cotidianas, pero que no resuelve el problema de fondo de la hiperinflación.

Sin embargo, los billetes en Venezuela también escasean y como todo lo escaso se hace más costoso. Frente a una inmensa masa monetaria, producto de las emisiones sin respaldo que ha hecho el gobierno para dar bonificaciones y aumentar el salario casi cada dos meses, la disponibilidad de piezas de efectivo es bajísima en medio de tanta liquidez, lo que dificulta las transacciones diarias.

De todo el dinero que circula apenas 2,4% son billetes. Los cajeros automáticos solo dispensan 10.000 bolívares diarios. La escasez hace que, cuando tienen dinero, haya colas larguísimas para hacer la transacción. La recarga que hacen los bancos en sus bóvedas dura apenas unas horas. El efectivo, que se necesita para pagar pasajes de transporte, dar propinas, pagar estacionamientos, gasolina y en el interior del país con más frecuencia para adquirir bienes, mucha gente tiene que comprarlo.

Esto ha estimulado un mercado negro de billetes que produce estas paradojas: un billete de 100.000 bolívares cuesta 300.000 bolívares. El dinero en efectivo se vende al 300% de su valor.

Fuente: Verne, El País.