El 27 de marzo el Establecimiento de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM) Cordillera de Puente Alto fue el primer centro afectado por un brote de Covid-19: se contagiaron 79 de los 95 adultos mayores que vivían allí. En esto la kinesióloga Cecilia Salinas, jugó un rol silencioso y preciso. Sobre su trabajo Cecilia Morel dice: «Muchos arriesgan su vida y las de sus familias todos los días para que las personas mayores reciban la atención y tratamientos adecuados durante esta pandemia».

  • 22 mayo, 2020

El domingo 30 de marzo a las 22:30 la kinesióloga y supervisora técnica del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) de la Región Metropolitana, Cecilia Salinas (57) recibió un llamado inesperado. Al otro lado de la línea, Pablo Pizarro -director(s) del establecimiento de mayores- le relataba angustiado la compleja situación que se había desatado en el ELEAM Cordillera de Puente Alto el fin de semana. El viernes 27, un brote de Covid-19 había contagiado a 3 residentes y una manipuladora de alimentos. Esto amenazaba la vida de los 95 adultos mayores que en esos momentos habitaban las instalaciones. Todos los funcionarios a cargo del cuidado de los ancianos se fueron a sus casas a guardar cuarentena.

Pizarro fue al grano: “Cecilia, te necesitamos, eres la persona, tienes expertise en el tema y no tenemos manos para enfrentar esto. Se nos van a morir. Tenemos que salvarlos a todos”. Esa noche no durmió. A ratos dudó si tomar el desafío. Ella es viuda y madre de tres hijos. Pero aceptó.

Un escenario dantesco

Octavio Vergara, director del Senama, había acudido al establecimiento el sábado 28 a primera hora de la mañana tras conocer la noticia. Como jefe a cargo del programa “Ahora es nuestro turno” -alianza público privada entre el gobierno y la CPC para protección de los adultos mayores más vulnerables y bajo el liderazgo de la Primera Dama y la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS)- fue a verificar junto a su equipo la veracidad del brote. En terreno comprobó que la situación era límite y que necesitaban un líder que gestionara los protocolos de emergencia que el Senama había elaborado para hacer frente al desastre que se presentaba ante sus ojos. Para el director del servicio, Cecilia Salinas tenía la experiencia en cuidado de adultos mayores que se necesitaba. Juntos habían trabajado en la fundación Oportunidad Mayor y había gestionado 10 ELEAM a lo largo del país. Era la candidata idónea para liderar la tarea.

El lunes 30 de marzo a las 10:30 de la mañana Cecilia llegó en su auto al Eleam Cordillera ubicado en plena comuna de Puente Alto. Afuera del edificio de tres pisos no se veía nadie, ni funcionarios ni familiares. Parado en la entrada del recinto la esperaba Pablo Pizarro con todas las medidas sanitarias de autocuidado y con un semblante de preocupación. “Tuvimos una breve conversación sobre el estado de los residentes (que en ese momento eran 93 porque 2 habían sido trasladados a un centro hospitalario). Me puse la pechera, las antiparras y la máscara de protección. De ahí no salí por tres semanas”, recuerda Salinas.

Cuando entró al edificio de amplios recibos, salas de recreación y de kinesiología y más de 20 habitaciones con capacidad para alojar entre 4 a 5 adultos mayores, la kinesióloga no podía creer lo que veía.

Sin saber por dónde partir y sin un equipo que conociera el funcionamiento de la residencia, lo primero que hizo fue organizar a los adultos mayores a modo de triage según el estado de salud de cada uno. “Con la ayuda de Wilmer, un kinesiólogo que había trabajado allí y una técnico en enfermería voluntaria, lo primero que hicimos fue hidratarlos con jeringas para que empezaran a despertar y les preparamos el almuerzo,” relata Salinas. Y añade: “No sabíamos los nombres, ni cuántos estaban contagiados. El escenario era dantesco”.

Realizaron una atención express a cada uno de los residentes y los sentaron en las camas para que se incorporaran y evitar escaras en los cuerpos. Luego, entre todos realizaron una higienización profunda del lugar y separaron por pisos a los residentes según el estado de salud de cada uno. En las primeras horas determinaron un flujograma de tránsito dentro del recinto. Delimitaron zonas limpias, zonas infectadas, zonas de extremo cuidado, salidas y entradas, todas ellas decisiones fundamentales para la circulación del equipo que se iba sumando.

Se puso en contacto con los centros asistenciales y de la comuna: junto al alcalde de Puente Alto, Germán Codina, y los directores del Hospital de Puente Alto, La Florida y Sótero del Río trasladaron los residentes que estaban en peores condiciones.

Pero el problema no terminaba ahí. Cecilia y su equipo no sabían cuántos más estaban en proceso de incubación y cuántos de ellos eran asintomáticos. Quienes la ayudaban tampoco eran expertos en cuidado de enfermos por lo que el diagnóstico que podían proporcionarles ellos no era preciso. “Ahora que lo veo con distancia, ese equipo de aproximadamente 10 personas que me ayudó, fueron valientes y les dieron dignidad a esos abuelitos”, confiesa la directora a cargo de 20 ELEAM y 3 residencias transitorias.

Residencias espejos

Durante tres semanas -desde el 30 de marzo hasta el 15 de abril- Cecilia llegó todos los días a las 7 de la mañana a su trabajo y retornaba a su casa a las 11 de la noche. Recuerda que la primera semana no almorzó y que no tuvo un minuto para sentarse a tomar un café. “Todo era hacer, decidir, limpiar, organizar”, relata la kinesióloga.

En términos de cuidado, se auto impuso una exigente rutina. Cuando salía del hospital, en la llamada “zona sucia”, se quitaba la indumentaria desechable y los envolvía en dos bolsas negras que iban directo a un basurero fuera del edificio. El uniforme con su nombre grabado -que no tenía contacto directo con los pacientes- lo dejaba colgado en una “zona limpia” para poder usarlo al día siguiente. Se lavaba las manos, la cara y tomaba el taxi. Al llegar a su casa se duchaba y toda la ropa se iba directo a la lavadora. “Pienso que fui capaz de mantener ese ritmo y en esas condiciones por tres semanas porque tengo fe en Dios. Nunca sentí miedo, al revés, tuve entusiasmo y una gran templanza. Sentí que estaba haciendo lo correcto”. La mujer confiesa que fue crucial la actitud de los adultos mayores. “Nunca percibí en ellos un temor a morir, no había pánico pese a que nos veían como astronautas. Fuimos muy didácticos y cariñosos al explicarle lo que estaba pasando y que tenían que hacernos caso en tomar agua, mucha agua”.

Mientras pasaban los días el estado de avance de la pandemia al interior de ELEAM era cada vez menos auspicioso. De 20 contagiados que arrojó la primera ronda de PCR llegaron a tener hasta 43 infectados al mismo tiempo y 29 hospitalizados.

La solución de las “residencias espejos” -parte del programa “Ahora es nuestro turno”- que habilitó casas de retiro y centros de convenciones para pacientes Covid-19 fue fundamental. El viernes de esa primera semana se trasladó a 21 pacientes que estaban en mejores condiciones a una casa de retiro que la congregación se Schoenstatt tiene en La Florida. “Gracias a este sistema contamos con 1.400 camas para trasladar a adultos mayores y actualmente sólo tenemos 50 en uso”, señala Octavio Vergara.

Tres semanas más tarde, Cecilia Salinas dejó de gestionar de manera directa esa residencia. Antes de despedirse, junto a un grupo de amigas realizó una campaña de “mañanitas” tejidas por unas religiosas de Curicó para todos los adultos mayores de la residencia. Fue tal el cariño y apego que forjó con ellos que la señora Elsa Arratia, quien estuvo hospitalizada y con ventilación mecánica por 15 días, al ser dada de alta le regaló un cuadro hecho por ella.

De los 95 adultos mayores que Cecilia Salinas se encontró el primer día, en un lapso de dos semanas 79 se contagiaron, 29 estuvieron hospitalizados y 10 fallecieron. De los contagiados, más del 70% se recuperaron y otros están a la espera que los den de alta.

El turno de la Primera Dama

En Chile hay 24.214 adultos mayores que residen en 994 Establecimientos de Larga Estadía (ELEAM) con permiso para funcionar en el país.

Frente a esta situación, el fondo de Emergencia de la CPC y el gobierno, a través de una alianza público-privada, diseñó un programa de protección a los adultos mayores más vulnerables del país. A los 5.500 millones de pesos más la entrega de exámenes y elementos de protección personal de parte de la CPC sumados a los 8.000 millones por parte del Senama, el liderazgo de la Primera Dama, Cecilia Morel y del gerente general de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), Cristóbal Prado, han implementado con éxito el plan enfocado en disminuir los contagios.

Todas las semanas, Cecilia Morel se reúne vía Zoom con los representantes de los organismos involucrados en “Ahora es nuestro turno” para mantener actualizada la gestión respecto al Covid-19. “Es un programa que desde un inicio de gobierno me pareció muy interesante, pero que bajo el contexto de la crisis social lo trasladamos a presidencia, para fortalecerlo y ponerlo en el corazón de esta administrsación. Nos hemos enfocado fuertemente en la prevención y estrategia de acción frente a casos de Covid en los hogares de personas mayores. Aquí hemos puesto la gran mayoría de nuestros recursos y esfuerzos dada la vulnerabilidad de este grupo”, comenta Cecilia Morel. A la fecha se han entregado con esos recursos cerca de 900 mil guantes, más de 500 mil mascarillas, más de 5 mil escudos faciales, se han contratado más de 220 personas como personal de reemplazo en las residencias de adultos mayores, han hecho PCR en hogares, se han activado 3 residencias transitorias y otras 29 más reservadas en caso de necesitar activarlas por contagios, entre otras materias.  “Hemos fortalecido el acompañamiento a personas mayores que viven solas o no tienen redes de apoyo. Me preocupa mucho que no los dejemos solos y abandonados”, añade la Primera Dama.

Sobre la historia de Cecilia Salinas y todos quienes están en la primera línea de esta crisis sanitaria, Cecilia Morel dice: “Antes que nada, quiero agradecerles. El trabajo que hacen ellos es de una vocación sin límites. Estamos frente a algo desconocido en el mundo y ellos se han esforzado más que nunca desde el inicio de esta pandemia y muchos arriesgan su vida y las de sus familias todos los días para que las personas mayores reciban la atención y tratamientos adecuados durante esta pandemia, para protegerlos y entregarles el cariño que se merecen. Y les pido que por favor sigan así y que no se rindan, hoy más que nunca los necesitamos”.