Economista

Evo: de futbolista a actor

El reality de La Haya nunca deja de sorprender. Evo entendió hace mucho tiempo que es un tema comunicacional, no legal, y en ese camino nos sigue dando paliza tras paliza. Poco a poco gana la simpatía mundial, lo que tarde o temprano redituará. El presidente boliviano ya entendió que es el tiempo de la posverdad, no de los hechos.

Chile, por su lado, sigue creyendo que es un asunto netamente jurídico, perdiendo así la brújula todo el rato. Evo en esta cruzada no reclama mar, tampoco imputa el Tratado de 1904. Es notable: solo reclama sentarse a conversar, sin que sea vinculante, algo difícil que le sea rechazado. Si eso que demanda es concedido de alguna manera, reclamará la victoria (inexistente) de la “causa boliviana” en las “cortes internacionales” y sobre esa base seguirá creando la posverdad. Es pura pantalla internacional para esconder sus aspiraciones y problemas internos.

Los bolivianos creen que Evo ha demandado a Chile por el mar, y no es así. Dice que la pobreza altiplánica es culpa de Chile. Que lo invadieron así como de repente y de mala gana. Felicita públicamente a parlamentarios chilenos que apoyan su causa, generando una tormenta en los medios y redes sociales de nuestro país. Más aún, dijo que su aspiración era nada menos que Antofagasta, lo que significaría partir a Chile en dos. Solo quiere provocar y buscar un error nuestro. Logró un apoyo indirecto de Guillier y Pizarro, así como del Frente Amplio, el PC y otros movimientos. Nada menos que un ex presidente, Eduardo Frei, dijo que no aceptarían un fallo “creativo”, si no nos gustaba, lo que no debe haber caído muy bien en los jueces. En fin, nadie con dos dedos de frente puede dejar de percibir que Evo está ganando su pelea comunicacional.

Chile ha cometido muchos desaciertos; basta acordarse de la designación de Insulza, que usó esa plataforma para ser candidato presidencial, para el deleite de Evo. Piñera por cierto no debe caer al inframundo de Morales, pero debe dirigir estratégicamente la campaña comunicacional a nivel internacional. Estamos peleando en la cancha de Evo, y ahí estamos perdiendo.

El affaire Facebook

La consultora británica Cambridge Analytica ha hecho noticia, con carácter de escándalo, por el uso de información de Facebook en la política. El mundo se alarma, se indigna como si fuese una gran novedad. Estamos en la era de la computación cognitiva de la mano del big data. De una u otra manera, lo mismo que hizo la consultora, se hace día tras día con los cerebros artificiales de Google, IBM, Amazon, Netflix, Twitter, y tantos otros que no conocemos.

El tema está tratado en infinidad de películas y series. Es objeto de incontables libros, de paneles de debate, de reportajes. Pero curiosamente ahora todos se sorprenden. Bienvenidos al siglo XXI. Por cierto empezarán los legisladores a tratar de regular frente a la “emergencia”, pero es demasiado tarde. Su tarea era anticiparse. La pregunta es más bien de qué otras cosas nos debemos preocupar antes de que sea tarde. En Chile, nuestro Congreso es del siglo XVIII y siempre va atrás, muy atrás. Están preocupados de las jaulas de animales en los autos, de la violencia en el pololeo (un vínculo que no es de derecho), siendo que toda forma de violencia es detestable.
Hablamos de la libertad, que está en jaque por muchos costados en esta era. El Leviatán despertó y es mejor saberlo.

Carabineros

Finalmente, no solo cayó Villalobos, sino prácticamente todo su alto mando. El remezón ha sido tremendo, el tan mentado legado, en este (como en otros) caso es desastroso. La institución tenía gangrena en su cabeza. Piñera ha actuado con firmeza, pero el juego recién comienza. La policía del siglo XXI no puede seguir siendo como la del siglo XX. En Chile, finalmente, la gran política pública al respecto se limita a tener más carabineros y automóviles. Cuando dan la cuenta pública sobre el orden interno y el combate a la delincuencia, dicen que han hecho “un gran esfuerzo” y aumentaron la dotación en tantos miles. Eso es como usar una calculadora en la era de la computación.

El presidente ha dado un rumbo para partir: inteligencia y respeto a la autoridad. Dos grandes elementos que se deterioraron en los gobiernos de izquierda. El tema de la inteligencia en Carabineros es muy delicado políticamente. Inteligencia es poder. Solo la fuerza militar y la de Carabineros son eventuales candidatos a controlar por la fuerza un país. Ahí está la alerta. Ni la aviación ni la marina pueden controlar un territorio nacional. Invertir en inteligencia policíaca sin duda es el camino correcto para prevenir el delito, pero eso le da un poder enorme a la policía. Ese es el dilema. ¿Cómo se equilibra ello en democracia? Un problema complejo que no admite la ideologización.

Los migrantes masivos

A un país de 17 millones han llegado, sin regulación alguna, alrededor de un millón de inmigrantes en cuatro años (aunque no hay claridad sobre la cifra exacta). Chile, pienso yo, es un país mayoritariamente proinmigración, pero no de esta manera. En el largo plazo serán un aporte. En el corto y mediano plazo, un problema no menor. La xenofobia ya partió y eso genera odios, delincuencia y violencia.

Todo ha sido muy mal hecho. La clave para el manejo de esta situación, que es la información, no existe. Imposible hacer seguimiento y evaluación, menos proyectar las dificultades. Habrá que construir esa información. Crucial será el papel de Carabineros, las reparticiones que administran programas sociales, el Registro Civil, las redes sociales, los colegios, hospitales etc. Nos demoraremos mucho porque nuestro Estado está absolutamente obsoleto.

Combinando los temas

Estos cuatro aspectos, que parecían aislados, vemos que no lo son. Tienen su columna vertebral en la nueva tecnología digital y la educación apropiada para este siglo. Lo de Facebook es un tema de inteligencia, y bien podría ser un delito. La disputa con Bolivia es comunicacional, por ende, de inteligencia para destapar alcantarillas. Tendremos que construir una base de datos inteligente para enfrentar adecuadamente la inmigración.

En suma, necesitamos no solo un gobernante que entienda estos temas, y se anticipe, sino un Congreso que lo acompañe para legislar adecuadamente y a tiempo. De Bachelet no se podía esperar mucho; la evidencia así lo demostró. De Piñera no solo podemos, sino que debemos esperar mucho más, pero el Parlamento es un zapato chino del que será difícil salir. Es preciso dejar atrás los molinos de viento de nuestra política sobreideologizada y empezar a resolver los problemas del siglo XXI. Todos, como los mencionados, tienen que ver con tecnología y futuro, y por lo tanto, es preciso dejar de manejar al país mirando por el retrovisor.