La publicación en español de Nada a la vista, del alemán Jens Rehn, permite descubrir una de las novelas más poderosas inspiradas en el conflicto bélico mundial de entre 1939 y 1945. Por Marcelo Soto.

  • 1 julio, 2011

La publicación en español de Nada a la vista, del alemán Jens Rehn, permite descubrir una de las novelas más poderosas inspiradas en el conflicto bélico mundial de entre 1939 y 1945. Por Marcelo Soto.

Si han tenido la oportunidad de ver en el Louvre el inmenso y magistral óleo La balsa de la Medusa, de Géricault, habrán alcanzado a intuir la escalofriante realidad a la que quedan condenados los náufragos perdidos en el mar. Un cuadro que de verdad quita el aliento.

La literatura también ha sabido rozar la locura y el delirio de personajes extraviados en los confines del océano, y no vamos a descubrir aquí las alturas a las que llega Defoe en Robinson Crusoe –una de las cimas de la novela- o, por nombrar un caso reciente, García Márquez en Relato de un náufrago, un reportaje que supera a algunas de sus ficciones.

Pero la lectura de Nada a la vista, de Jens Rehn, nos lleva a un lugar al que no sospechábamos poder ingresar. Prácticamente desconocida para el lector español, la novela fue publicada en 1953 pero vivió un largo destierro, hasta ser recientemente redescubierta. El eminente crítico Marcel Reich-Ranicki lo dejó en claro con su contundencia acostumbrada: “Nunca insistiremos lo suficiente en que Nada a la vista no debería, no puede ser olvidada: no sólo como documento de la historia contemporánea, sino como obra de arte”.

Según nos cuenta la contraportada de la edición –sencilla, pero estupenda-, Rehn (1918-1983), hijo del músico de cámara Paul Luther, abandonó el conservatorio en 1937 para entrar en la Marina alemana. Comandaba un submarino cuando fue capturado por los aliados y estuvo prisionero hasta 1947, año en que volvería a Berlín para trabajar en una radio en el sector norteamericano. También publicó una novela de ciencia ficción expresionista, Los niños de Saturno.

No sabemos mucho más y en Internet circula poco y nada de información, al menos en español o inglés, del autor de Nada a la vista, un relato casi aséptico, de una prosa totalmente ausente de afectación, en el que la sed que sufren los dos protagonistas –un alemán y un estadounidense a la deriva en un bote neumático en el Atlántico- se traspasa al estilo del narrador. Con la garganta seca, sedienta, el lector va conociendo a la pareja inusual, hasta hace poco enemigos y ahora unidos en un viaje hacia la muerte.

Nada a la vista. Jens Rehn. Antonio Machado Libros, 2010. 158 páginas.

El “otro” es el norteamericano, quien ha perdido un brazo que se va pudriendo, extendiendo el mal en su cuerpo y cabeza. El pobre tipo sabe de medicina y se da cuenta de que está irremediablemente frito. Su compañero esquiva la mirada del muñón y contiene las náuseas, mientras ambos esperan el milagro de la aparición de ayuda. Y entretanto van recordando el pasado, aferrándose a él como a una copa de agua.

Pocas novelas entregan una mirada de la guerra tan ajena al melodrama y a la vez tan desoladora. “Giraban lentos como lunas alrededor de sus botes neumáticos. Pero ninguno de los hombres que allí flotaban sabía de los demás. Ninguno sabía que allí flotaban otros como él. Y ningún muerto sabía de los demás, no sabían que había otros muertos con miembros amputados por un disparo y rostros descompuestos por el agua. Cada uno, muerto o vivo, flotaba en su pequeña soledad y sólo sabía de sí mismo”.

La muerte del americano es inminente y ambos van cayendo en el pozo de la desesperación alucinada. “Qué lejos ha llegado la situación. Te mueres y ves tonterías. Ves cosas que no existen en absoluto. Qué locura, gente muerta subiendo a bordo. Ellos están en otro sitio completamente diferente. La única realidad aquí soy yo. Al otro ya no le divertía la palabra “realidad”, la situación había llegado demasiado lejos. El otro seguía teniendo miedo de lo que pudiera ocurrirle. Sabía perfectamente que allí, en el rincón, estaban las sombras acechándolo”.