Pacto de fuga narra cómo 49 presos políticos -miembros del FPMR y de la Juventud Comunista- escaparon de la ex Cárcel Pública de Santiago, luego de construir un túnel de ochenta metros de largo utilizando un desatornillador y tarros de café. Su director, David Albala, protagonizó un accidente en el año 2002 que lo dejó parapléjico. Aquí, habla del desafío tras esta superproducción cinematográfica -cuyo estreno aún no ha sido reagendado-, de su accidente y de cómo este le cambió la vida.
Fotos: Fotos José Miguel Méndez y FOX.

  • 14 noviembre, 2019

En una calurosa mañana de un jueves primaveral -justo un día antes del estallido de las manifestaciones sociales en Chile y sin imaginar que el estreno de su película sería pospuesto- David Albala (47) llega en su silla de ruedas a las oficinas de FOX. Viste un chaleco negro, pantalones oscuros y usa guantes. “Soy friolento”, dice. El director habla, gesticula y mueve sus brazos rápidamente. Sus piernas, en cambio, se mantienen inmóviles.

La silla del director

David Albala estudió Periodismo en la Universidad Andrés Bello, y tras asistir a una charla de la beca FulBright, decidió que su meta sería estudiar en el extranjero. “En segundo año comencé a hacerme mateo”, cuenta Albala. Tras graduarse trabajó en el diario La Nación, luego en el programa de TVN Patiperros y después en una serie para SkyTV. El 2002 decidió independizarse, motivado por la idea de dedicarse al cine y de crear su propia productora. Al endeudarse, vendió su auto y compró una moto: todo para poder seguir su sueño. Nueve meses después, a las 17:15 de un viernes 27 de diciembre su vida cambió para siempre. Manejando esa misma moto fue protagonista de un choque que dañó su médula espinal a la altura del pecho y lo dejó parapléjico. Un auto se pasó una luz roja, rozó la rueda trasera y dañó una de sus vértebras de manera irreversible. Tras salir de riesgo vital, en el Hospital del Trabajador, una amiga le propuso comenzar a grabarlo. “¡Un proyecto para el Fondart!”, pensó él, a lo que ella le respondió sorprendida:

“¿Cómo se te ocurre pensar en eso? La idea solo es ver cómo avanza tu rehabilitación”.

Él pensaba en una película documental, de la cual sería director y personaje principal. Más tarde, ese sueño se transformó en una serie llamada PersPecPlejia, que se emitió en Canal 13. Luego la compró Turner, la emitió el conglomerado de medios estadounidense Comcast Corporation y fue transmitida en Europa.

A medida que la rehabilitación avanzaba, sus brazos se volvían más fuertes y entre varias reuniones con otras personas en situación de discapacidad, Albala nunca olvidó que quería estudiar en Estados Unidos. Tenía la calificación más alta de su promoción en la Universidad Andrés Bello y postuló tres veces a una beca FulBright para estudiar en Austin, Estados Unidos, hasta que la consiguió en el año 2008. Vivió tres años, donde realizó un Master of  Fine Artes, el que le permitió hacer clases al mismo tiempo. Albala tiene una profunda crítica al sueño americano: “Eso no existe realmente allá. Tienes que trabajar mucho para salir adelante. Es verdad que puede haber mayores oportunidades en ciertos ámbitos, pero en otros no”.

Ni el Chapo Guzmán

En los años que vivió en el país norteamericano, la idea de dirigir la película Pacto de fuga ya se gestaba en su cabeza. La historia le había llamado la atención desde que la vio en la prensa en 1990, cuando tenía solo 18 años. No es spoiler porque se trató de un hito del retorno a la democracia. Se le llamó “Operación éxito” a la fuga de medio centenar de carcelarios -algunos de ellos cumplían condena por el atentado a Augusto Pinochet en la cuesta Las Achupallas y por la frustrada internación de armas en Carrizal Bajo-. El plan de escape comenzó a gestarse a mediados de 1988, en el pabellón de prisioneros políticos de la ex cárcel pública de Santiago. Había muchas interrogantes que rondaban: ¿cómo lograr construir un túnel de 80 metros de largo y esconder 56 toneladas de tierra sin ser descubiertos? ¿Qué harían al salir a la Estación Mapocho?

“Es una fuga extraordinaria, una obra de ingeniería magistral. Ni el Chapo Guzmán hubiese podido hacer esto. Cuando yo estaba en Estados Unidos, me preguntaba si alguien había hecho esta película… y cuando la busqué en Google para verla, no estaba. Siempre digo que la hice para poder verla”, asegura.

«Pacto de Fuga» aún no tiene una fecha de estreno, tras la cancelación de éste por la crisis social en el país.

Al regresar a Chile presentó el proyecto a un fondo Corfo, que ganó el 2014. El plan se concretó. Luego de 25 versiones de guion, proceso en el que participó el líder de la fuga, Raúl Blanchet -quien hace poco murió producto de un cáncer-, el libreto estaba armado. “Con él trabajamos codo a codo, analizamos la historia, el tipo de conflicto, los diálogos, las palabras, la forma de expresarse, los perfiles de los personajes, cómo debían construirse en función de vivencias reales… Todo”, dice. Y aclara que la película no es basada en hechos reales, sino inspirada en ellos. Finalmente, tras cuatro meses de preproducción y preparación, el rodaje comenzó en noviembre de 2017.

En Pacto de fuga, los personajes están construidos con motivaciones colectivas: escapar y demostrar que no son perdedores. Por otro lado, hay motivaciones individuales; no todos se quieren fugar por las mismas razones. En lo primero, prima el reencuentro, la reconstrucción de la vida y sentir que la lucha valió la pena. “Si yo me fugo, logro demostrar que mis razones para estar preso eran válidas, pueden decir los personajes”, comenta Albala. En cuanto a las motivaciones personales, la historia es algo más compleja. De hecho, lo habló varias veces con Raúl Blanchet. “Nosotros dos nos parecemos”, le dijo Albala. “Tú construiste un túnel para fugarte de la cárcel, y yo construí una manera de reconquistar mi libertad todos los días a través -o a pesar- de mi discapacidad”.

-¿Crees que todos buscamos una fuga?

-Más bien te lo planteo, te lo propongo y te lo recomiendo. Cuando enfrentes problemas que crees insalvables, recuerda esta fuga. Ellos hicieron un plan que parecía imposible y tuvieron éxito. Por lo tanto, si ellos lo lograron, tú puedes resolver un montón de problemas que tienes en la vida diaria. Entonces, yo decía: ¿qué es más difícil? ¿Hacer la fuga que ellos hicieron y que lograron o conseguir la plata y hacer esta película? Si ellos hicieron un plan imposible y lo convirtieron en una obra de ingeniería magistral, ¿cómo nosotros no vamos a conseguir los recursos para hacer esta película? Y aquí estamos.

Fanático del cine desde niño, el director cuenta que su mamá le apagaba la televisión. “Veía demasiada, pero yo ahora le digo: si tu hubieras sabido que yo me iba a dedicar a esto, ¿me habrías prohibido ver tele?”. Admirador de las series -como Friends– y las historias norteamericanas, considera que nuestra narrativa local tiene muchísimo potencial. “Si yo agarro los diarios de una semana y los despliego todos en una pared, tengo siete películas”, señala. “Cuando la gente critica ‘¡ay siempre hablan de la dictadura!’, bueno, es nuestro Vietnam. ¿Cuántas películas de Vietnam existen en Estados Unidos? O del Holocausto… Uno recurre a puntos de vista distintos y es legítimo que se cuenten, no estás obligado a verla. Lo importante es que reflexionemos y aprendamos de lo que nos ha pasado”.

Pacto de fuga es un filme que se tilda como superproducción. Esto tiene que ver con el presupuesto en relación con películas locales, porque el presupuesto es bastante pequeño comparado con una independiente norteamericana. Aquellas -es decir, las que no son de Hollywood- se mueven entre los 7 y 20 millones de dólares. Esta producción, por su parte, tuvo un costo de US$ 2,8 millones. “El presupuesto tiene que ver con la historia, no con el deseo de hacer algo porque sí. Si mañana uno hace una historia más pequeña, el presupuesto será menor. Y si la historia requiere de mayor presupuesto, el presupuesto será mayor”, asegura David.

Su próximo proyecto es Viento blanco, la tragedia de Antuco. De ello, no dice nada más: no le gusta hablar del futuro, porque se disipa la energía, según él.

Operación éxito

Benjamín Vicuña, uno de los protagonistas de Pacto de fuga, cuenta detalles de cómo se prepararon para esta producción. “Tuvimos una especie de retiro en Catapilco. Ahí trabajamos con algunos de los personajes reales de esta historia para entenderlos desde la ideología, su formación militar, la mentalidad de hacinamiento en la cárcel, de cofradía, de solidaridad y de lucha”, señala el actor. “También hubo un trabajo físico para entender la claustrofobia, el esfuerzo y la dinámica del escape”.

-¿Existió tu personaje realmente?

-Es como lo que hicimos con Karadima. Son personajes que se funden, aunque fueron reales. León Vargas, a quien yo interpreto, es ingeniero y el cerebro que da forma al plan. Es un tipo que perdió a su familia. De alguna manera, todos los otros tienen el motor de ver a sus seres queridos para salir y conseguir su libertad, en cambio, para mi personaje es uno más bien ideológico.

-¿Recuerdas la “Operación éxito”?

-Yo era chico, no entendía el contexto político y lo simbólico que fue hacer esto en plena democracia con Patricio Aylwin. Justamente esta es una película que da la posibilidad para que la vean nuevas generaciones y los que solo recuerdan a lo lejos.

Lo que encuentro lindo de esta historia, es que acá fueron 49 presos los que escaparon. Se dio todo un trabajo orquestado, una pseudo cofradía de reos que tenían luchas y pugnas ideológicas. Los tipos en todo momento pensaron en el otro. Hubo solidaridad.