Uno de los grandes estrenos del año se llama Gravas del Maipo 2007, de Concha y Toro. Un syrah profundo y elegante, orgulloso de su origen en Buin y con la marca inobjetable de su autor, Enrique Tirado. POR Marcelo Soto

  • 19 octubre, 2010

 

Uno de los grandes estrenos del año se llama Gravas del Maipo 2007, de Concha y Toro. Un syrah profundo y elegante, orgulloso de su origen en Buin y con la marca inobjetable de su autor, Enrique Tirado. Por Marcelo Soto

 

 

Estamos en el hotel W y Enrique Tirado presenta su nueva joyita: un syrah de lujo, que viene en una impecable botella negra, de bella y austera etiqueta, llamado Gravas del Maipo. En la pantalla de alta definición que el enólogo usa para ilustrar su charla se ven imágenes del viñedo Quinta de Maipo, en la ribera sur del río que da nombre al valle, en Buin, muy cerca de donde nace Don Melchor, el otro gran vino que elabora Tirado desde 1999.

“Es una zona ventosa”, dice Enrique, y los paisajes que señala son realmente preciosos. “Hay una gran influencia del río y de los Andes, por supuesto, cuyos picos nevados alcanzan a verse desde el viñedo. Pero lo que nos interesaba de esta zona eran los suelos….”, continúa el enólogo y –justo en ese momento– la tierra se mueve. Dos o tres sacudidas fuertes. Una réplica nada desdeñable que a varios de los presentes pone nerviosos. El terremoto todavía está en la memoria y al principio cunde la inquietud, pero pasado el susto alguien exclama: “¡excelente la producción de Concha y Toro, hasta incluyó temblor!”

Fuera de bromas, pocos vinos lanzados recientemente son tan fieles a su origen, tan conscientes de la fuerza del lugar en que nacen. Se podría decir incluso que este es un vino telúrico, en el que se siente la profundidad de la tierra: una cuenca milenaria dominada por la cordillera de los Andes, donde el río Maipo baja desde las alturas, erosionando los suelos, transportando material pedregoso, rocas volcánicas, cenizas y sedimentos.

Ese trabajo de miles de años se expresa en el viñedo Quinta de Maipo. A un metro de profundidad hay gravas, por donde se aventuran la raíces buscando alimento para dar vida a las parras en la superficie, que de ese modo logran una concentración y un equilibrio naturales. Todo en el vino, o casi todo, tiene que ver con lo que pasa bajo tierra. Las uvas son apenas la punta del iceberg. Algo de eso es lo que trata de explicar Tirado, quien se dedicó a buscar orígenes para elaborar un súper syrah desde 2005. Con tal objetivo hizo vinos en el Maule, Limarí, etc. Se dio una vuelta por casi todo el país vinícola para llegar adonde estaba, donde había empezado. “Muchos dicen que soy un hombre del Maipo y quizá sea verdad. Es un tema personal. Aquí encontré el equilibrio natural que andaba buscando. Traté de salirme del valle, hice lo imposible por ir a otros lados que están de moda, pero no pude y volví”, confiesa entre risas.

Siempre que se habla de syrah se termina hablando de Francia o de Australia, los modelos más conocidos de la variedad; el primero, marcado por la elegancia; el segundo, por la corpulencia. Tirado reconoce que, por un asunto de estilo y personalidad, se ubica en el lado galo de la polémica, y que prefiere sin dudar los syrah del Ródano, “pero no me gusta comparar. Si me preguntas si este Gravas es Viejo o Nuevo Mundo, yo dijo que es un syrah de Buin. Lo que busco es frescura de fruta, madurez de taninos, complejidad, profundidad, equilibrio. Llámenlo como quieran: es mi estilo, mi personalidad”.

Tiene razón el enólogo. Gravas del Maipo 2007 exuda vivacidad y es difícil pensar que lo podría haber hecho otra persona. Los 15 grados de alcohol apenan se notan, gracias a una fruta fresca, jugosa, que llena la boca. Lo primero que llama la atención es su carácter a ceniza, humo y tierra. Hay guindas secas, mora, frambuesa, cassis y notas de chocolate de muy buena calidad gracias a los 18 meses de barrica. Tiene una acidez viva y taninos firmes, pero elegantes, redondos. Las notas cárnicas clásicas del syrah –como a salameson finas y sabrosas. La textura es suave, sumamente distintiva. Uno de los mejores tintos que le he probado a Enrique Tirado, lo que es mucho decir teniendo en cuenta su trayectoria.

Si el cabernet sauvignon es la cepa que mayores glorias ha dado al país, así como el carménère aporta un factor diferenciador, este Gravas del Maipo demuestra que Chile también puede –y debe- producir syrah de primer nivel. Gran noticia.