El “yo no soy candidato a nada y no tengo ninguna preocupación de serlo” de Laurence Golborne sería suficiente como para descartar una estrategia electoral. Pero con un 90% de conocimiento, 85% de respaldo popular y encuestas que lo posicionan como el único representante de la centroderecha capaz de impedir el retorno de Bachelet, esa opción parece inviable. Así lo han entendido el propio biministro y un equipo que cuida mejor sus pasos y analiza las rutas a seguir. Por María José O’Shea C.; fotos, Verónica Ortiz.

 

 

  • 17 mayo, 2011

 

El “yo no soy candidato a nada y no tengo ninguna preocupación de serlo” de Laurence Golborne sería suficiente como para descartar una estrategia electoral. Pero con un 90% de conocimiento, 85% de respaldo popular y encuestas que lo posicionan como el único representante de la centroderecha capaz de impedir el retorno de Bachelet, esa opción parece inviable. Así lo han entendido el propio biministro y un equipo que cuida mejor sus pasos y analiza las rutas a seguir. Por María José O’Shea C.; fotos, Verónica Ortiz.

 

La mañana del 11 de mayo de 2010, apremiada por la orden presidencial de aumentar el nivel de conocimiento del ministro, una periodista del equipo de Laurence Golborne llamó a los medios para ofrecer la siguiente información: los asesores le proponían al secretario de Estado castellanizar su nombre. Es decir, hacerse llamar Lorenzo; quien, además, es el patrono de los mineros. Para ellos, parte del problema de conocimiento del ministro –además de encabezar una cartera por entonces muy poco glamorosa– era que un nombre tan gringo era difícil de pronunciar, recordar y escribir.

Desde ese día han pasado doce meses y ahora a nadie parece importar si se llama Laurence, Lorenzo o Juanito. El es Golborne, y pronunciado de cualquier manera. El 89% de la población dice identificar perfectamente a esta especie de superstar que aterrizó de paracaidista en el cuadro presidencial de la derecha, para bien de algunos y molestia de varios otros.

El origen de la historia lo saben hasta en Tombuctú: sacó a los 33 mineros atrapados en el yacimiento San José. Y la misma cápsula que los traía uno a uno desde bajo tierra le llevó de regalo hasta un 91% de aprobación popular. Bastó que un minero pusiera un pie en el suelo para que el cartel de candidato presidencial no saliera nunca más de la frente de Golborne.

Y ahí está. Dando pequeños pasos. Sutiles señales.

En su entorno se empeñan en asegurar que no. Que él no está en carrera ni nada que se le parezca. Que Golborne vino al gobierno para ser ministro, y punto. Y la verdad es que eso nadie se lo discute. El repite en privado que su hija le dijo: “te presto por cuatro años. Sólo por cuatro”. Otra cosa es que el hombre se ha ido dando cuenta de que del 85% de respaldo no baja. Pensaba que con el paso del tiempo el efecto minero iba a quedar atrás y dejaría de ser la novedad del gabinete. Pero no ha ocurrido.

Después, en su entorno apostaban a que perdería cerca de 20 puntos cuando planteó –tras el desastre de Fukushima– que Chile igual debe estudiar la energía nuclear. Y nada.

Es que, sin siquiera ponerlo en palabras, con su actitud Golborne ha ido mostrando un giro. De pasar a decir “por ningún motivo seré candidato”, hoy ha asumido que quizás sí tiene que hacerse cargo de la popularidad… En el fondo, el biministro vive estos días el terrible duelo entre el querer y el deber. Y al parecer, esa dicotomía se ha ido diluyendo.

Las señales

Probablemente, a un ojo menos entrenado en las artimañas de las comunicaciones, no le llama para nada la atención. Pero a aquellos que estudian cómo se mueve la gente para lograr determinados efectos mediáticos, la aparición de Laurence Golborne a principios de mes en un programa de TV que denunciaba cobros abusivos en las cuentas de la luz, vaya que les hizo sentido.

“Está actuando como candidato. Este mono –como se le dice a la imagen en la televisión en jerga periodística– no es en vano. Aquí hay un cambio, un click. Nunca un ministro de Energía había salido en esto, esa es pega del director del Sernac”, fue la conclusión.

Si bien no tiene un equipo dedicado especialmente a diseñar una estrategia política y se maneja con el mismo grupo con que llegó al gobierno –su jefa de gabinete, Luz Granier, más sus asesores Juan Pablo Koljatic y el equipo de prensa, encabezado por Carolina Lathrop–, dicen que se ha dedicado a escuchar más consejos y a transitar por la política con más cuidado. Que habla con los diarios “lo justo y necesario” y que en televisión sale “sólo cuando es bueno el mono”. Por estos días, está focalizando mejor sus pautas e intensificando sus salidas a terreno, una pega que para cualquier ministro de Minería y Energía no es nada fácil. En otras palabras, las carteras son bastante poco sexy y no es fácil agarrar cámara… salvo que se trate de HydroAysén. Y ahí viene el segundo botón de muestra: en la derecha dicen que será “la” prueba de fuego para su popularidad y el propio Golborne está consciente de ello. Por algo comentan que, una vez aprobada la central, revisaba su Twitter –donde tiene más de 135 mil seguidores– para enterarse de los insultos que le propinaban en las redes sociales. El poder no le está siendo indiferente.

Pero más allá de lo que digan las encuestas, sus apariciones en la prensa hablando del asunto también fueron estratégicamente pensadas. A diferencia del ministro del Interior –otra carta en carrera presidencial–, quien horas antes de la decisiva votación del lunes 9 de mayo dijo que la central es buena para el país, él guardó silencio hasta después del finalizada la sesión. Sólo los días anteriores había manifestado su preocupación por la matriz energética y siempre poniendo acento en el respeto a la institucionalidad y la relación entre energía a menor costo y superación de la pobreza. Y al día siguiente de la votación, cuando comenzó a hablar públicamente del tema, se quedó en ese mismo discurso. Lo más avezado fue repetir una frase dicha en un anterior seminario: que “la ciudadanía está empoderada, pero no bien informada respecto de nuestro sistema energético y pide acciones que no están en las facultades del gobierno”.

¿Por qué no habló el mismo día de la votación? Fue la pregunta que rondaba el ámbito político. Tanto, que el senador DC Jorge Pizarro –buen conocedor de hacia dónde deben ir los tiros– salió a decir que “tenemos un ministro de Energía y Minería que no opina de nada, que a todo dice que sí, que nunca se juega por nada y que lo único que hace es sonreír, y ahora tendrá que poner la huella y ahí lo queremos ver”.

En el gobierno hay dos versiones: la primera sostiene que Golborne y su equipo consideraron que era mejor cuidar su imagen y no exponerse al ánimo caliente de ese día. Y atribuyen justamente a esa razón el hecho que el ministro haya partido de vacaciones a Miami cuando todavía se organizan cacerolazos por todo el país, lo que ha llevado a recordar que cuando a fines de febrero se aprobó la central Castilla, el ministro estaba por esos días en París firmando convenios energéticos con Francia. Sin embargo, desde el ministerio refutan esta tesis y afirman que Golborne debió viajar porque era un compromiso que había suscrito su antecesor, Ricardo Rainieri. Y que fueron sólo tres días.

La segunda versión sobre su performance en HidroAysén dice que todo obedeció a un diseño establecido, que señalaba que como el tema de impacto ambiental es resorte de Medioambiente, correspondía que ese día fuera la ministra María Ignacia Benítez la cara visible de la impopular noticia. Como sea, ya las versiones cruzadas muestran que hay una tensión al interior de La Moneda entre los que apoyan a Golborne –grupos más cercanos a la UDI y sobre todo a la vocera Ena von Baer– y aquellos que están jugados por levantar al jefe de gabinete, Rodrigo Hinzpeter, como el legítimo sucesor de Piñera.

Así, mientras en el primer grupo algunos sostenían furiosos que el Segundo Piso –cargado al titular de Interior– quiere que Golborne asuma el costo de HidroAysén, aunque sea para medir cuán blindado está–, el equipo más cercano al RN sostenía que el biministro fue “cobarde” al no salir a hablar de inmediato.

La tercera señal, coinciden varios en el mundo político, es de carácter más social. El hito fue el matrimonio de su hija Daniela, el 30 de abril pasado, al que el ministro convidó al gabinete en pleno, más un grupo de parlamentarios. Algunos lo vieron como parte de la simpatía que se le reconoce al ex gerente de Cencosud; otros, con el ojo más afinado, vieron allí una suerte de debut del nuevo Laurence. Más público, menos privado. Comentario obligado fue el gesto que el ministro tuvo en la fiesta hacia la ex ministra Magdalena Matte, quien un par de semanas antes había renunciado al gabinete por el escándalo del caso Kodama: Golborne, con quien Matte hizo buenas migas durante su gestión, la sentó a ella y a su marido, el senador Hernán Larraín, junto al presidente Sebastián Piñera. Bueno para la fiesta, el ministro-padrino bailó toda la noche, en una pista que juntaba varios de sus mundos: el familiar, el empresarial, el de los amigos y el político.

Los consejeros

Es que es ahí donde para muchos radica la combinación perfecta: Golborne tiene la preparación del técnico exitoso, se mueve como pez en el agua en el mundo empresarial, es representante puro de la meritocracia –creció en Maipú, donde su familia tenía una ferretería y estudió en el Instituto Nacional-, es empático, canchero y, de a poco, ha aprendido las artes de la política. Sin embargo, está consciente de que aún no tiene el cuero lo suficientemente duro para entrar a las competencias de este descarnado mundo.

El tema lo comparte con muy pocas personas. Además de sus clásicos amigos, como Juan Antonio Guzmán y José Pedro Undurraga, el ministro habla de su situación con contadas figuras del mundo político. Entre ellos, conversa mucho con Pablo Longueira –de quien es vecino en San Damián–, con el subsecretario Rodrigo Alvarez, el embajador ante la OEA, Darío Paya, y el vicepresidente de la Enami, William Díaz, quien tiene conocimientos en el mundo de las comunicaciones. También se apoya en Vasco Moulián, a quien conoció apenas llegó al gobierno. El actor, cuentan, le ha enseñado ciertos trucos –como no mirar hacia abajo mientras piensa, cuando está en la televisión– pero además han entablado cierto grado de amistad.

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Moulián se hizo conocido como asesor de políticos a raíz de la ayuda que prestó a Joaquín Lavín en su candidatura presidencial y, de hecho, no sería el único asesor que comparten. El propio ministro de Educación se ha convertido en un buen consejero de Golborne. Según comentan, el biministro tiene claro que el ex candidato (con un 98% de conocimiento popular y un 78% de aprobación a su gestión) corre con ventaja para repostular, pero estima que genuinamente lo está ayudando en sus movimientos políticos. De hecho, cuentan que Golborne –quien no es creyente– atribuye la actitud leal de Lavín casi a un asunto de fe. “Piensa que esto tiene que ver con la voluntad de Dios, lo que le ayuda a aceptar las cosas como se van dando”, señalan. Con Lavín, así como con Ena Von Baer, ha forjado una estrecha relación. También con la ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, quien siendo todavía senadora fue una de las primeras en advertir el carácter presidenciable del titular de Energía. Con Hinzpeter, las versiones son más contradictorias. Mientras en el mundo del ministro señalan que tienen una buena relación, exenta de problemas, otros observadores del cuadro cuentan que no tienen buen feeling y que su relación es “lo justo y necesario” –al igual que con el presidente Piñera. Aseguran que con el mandatario tienen un trato cordial, pero que a la hora de los quiubos, “Piñera sólo saldría a apoyarlo cuando esté clarísimo que ninguno de los otros candidatos gana”. Golborne, en todo caso, cuida las lealtades y no se le conoce exposición donde no mencione explícitamente que su tarea es apoyar, desde las veredas de Energía y Minería, la meta del presidente de erradicar la pobreza.

Si bien en La Moneda tienen claro que la popularidad de Golborne es un activo para el gobierno –y estratégicamente el propio ministro se ha encargado de reforzar esa idea–, su aterrizaje político no ha dejado de generar incomodidades. A ojos de varios en el mundo de la derecha –partiendo por Pablo Longueira–, haberlo puesto en la cartera de Energía equivalía a mandarlo al pelotón de fusilamiento. Al día siguiente, tuvo que partir a Magallanes a solucionar la crisis del gas, la cual se veía color de hormiga. Pero finalmente salió airoso. Y, cuentan quienes quieren llevarlo de candidato, en La Moneda le habrían jugado una mala pasada: el día en que llegó a acuerdo con la comunidad y apareció comunicándolo en directo desde la región austral, en Palacio montaron rápidamente un punto de prensa en que apareció el mandatario junto a Hinzpeter anunciado el triunfo del gobierno. Los golbornistas –algún nombre habrá que empezar a ponerle- lo interpretaron como una jugarreta para quitarle el punto. Pero en la vereda de enfrente lo desmienten categóricamente y señalan que correspondía también a Interior hacer el anuncio puesto que el subsecretario Rodrigo Ubilla había jugado un rol fundamental en la solución de la crisis.

Dónde me pongo

Le sale más fácil la UDI que RN. Paradójicamente, se siente más cómodo en ese partido, a pesar de que intelectualmente podría encajar mejor en el ala más liberal de Renovación Nacional. Pero siente que RN no quiere nada con él, mientras que la UDI mata por ponerlo a canturrear con su guitarra en los congresos que realiza un par de veces al año. Y cómo no, si RN tiene en carpeta dos candidatos militantes en carrera –Rodrigo Hinzpeter y Andrés Allamand–, mientras la UDI cuenta con Joaquín Lavín y Evelyn Matthei, pero sin demasiado convencimiento.

¿Y cómo entra él en este cuadro? Una cosa es convertirse en presidenciable de la noche a la mañana, pero otra distinta es hacerlo sin ninguna base política. El es independiente y no piensa dejar de serlo, algo que repite sin problemas mientras en la Alianza se intensifica el gallito entre quienes quieren primarias y los que se inclinan por el poder de las encuestas. En el primer grupo están los RN, sobre todo el ministro de Defensa, Andrés Allamand, quienes ven en las bases de los partidos la mayor posibilidad de convertirse en candidatos. De ahí que digan que la derecha debe hacer una primaria abierta, en la que vote quienquiera –menos los militantes de la Concertación u otros partidos– y en la que compita Golborne como independiente. La apuesta es ganarle en ese terreno. En la UDI – donde tienen hartas ganas de apoyar al biministro– la mayoría prefiere que el candidato se imponga por lo que dicen las encuestas, que es lo que finalmente ha pasado en todas las ocasiones. Por lo mismo, están en la línea de aceptar ir a una primaria para no generar un conflicto con sus socios, apostando a que en la hora de los qiubos las cifras van a hablar solas y hacer una primaria será solo pérdida de tiempo y de plata.

A Golborne la idea de primarias no le gusta. Según comentan, ya ha dicho que para ese juego él no está. Menos, con las cifras que tiene. Según los sondeos que manejan en La Moneda, es el único nombre de la Alianza que al menos empata con Michelle Bachelet. Al resto “le saca la mugre”, dicen. Con ella fuera del cuadro, la situación cambia: los nombres que hoy baraja la derecha le ganan a todos los de la Concertación. Pero el fantasma de Bachelet está latente. Y hoy Golborne le da garantías a La Moneda de que ella no volverá. Al menos, por un tiempo.

“No tengo aspiración, veremos lo que pasa en el futuro”
-¿Qué le pasa cuando oye que es el “único capaz de ganar a Bachelet” y que es el candidato presidencial con más opciones?
-No le doy ninguna importancia. El foco hoy tiene que ser desarrollar de la mejor manera posible los dos ministerios que el presidente Piñera me ha encargado, que son Minería y Energía. Mi único quehacer está en tratar de responder a esa confianza que él ha depositado en mí.

-¿Qué hace entonces con el 90% de aprobación ciudadana, si su único quehacer es responderle a Piñera?
-85% no más… Esa aprobación es el reflejo del trabajo que hemos conducido en los ministerios, y que están al servicio del gobierno. En la medida en que la gente perciba que estos ministerios están bien conducidos y que se está haciendo lo mejor por el bien del país, va a beneficiar al gobierno del presidente y esa es la forma más razonable de aprovechar esa oportunidad.

-Muchos dicen que usted es una mezcla de Piñera y Bachelet. La eficiencia y gestión del primero, con la empatía y la calidez de la ex mandataria.
-Creo que es malo compararse en la vida. Yo soy Laurence Golborne, tengo mis virtudes, mis defectos… Soy yo mismo.

-¿Cuáles son sus virtudes?
-Trato de ser transparente y de ser bien directo. Y digo trato, porque la vida obviamente tiene altos y bajos, uno no siempre puede, ni debe, como me han dicho en algunos cosas… Y soy bastante leal.

-Y en ese ser directo, ¿puede decir derechamente “no quiero ser candidato presidencial”?
-Lo he dicho directamente: no tengo ninguna aspiración presidencial.

-¿Y si el futuro le impone otra cosa?
-El futuro hay que transitarlo. Y hay que estar en las circunstancias para poder opinar directamente. Creo que no hay que cazarse porque el futuro nadie lo tiene clavado en ninguna parte. Yo no tengo ninguna aspiración, veremos lo que pasa en el futuro.

-Hoy los partidos de la Alianza están discutiendo si ir a una primaria para elegir el candidato. ¿Usted iría?
-Yo no soy candidato a nada y no tengo ninguna preocupación de serlo, así es que me parece muy razonable que los partidos determinen cuál es la mejor forma de definir su candidato. Yo observo la situación desde lejos, pero no soy militante ni pretendo serlo, ni pretendo participar en esa discusión.

-¿Le preocupa caer en las encuestas por HidroAysén?
-No, para nada. A mí lo que me preocupa es hacer un buen trabajo y hacer lo que para el país es conveniente. Y si eso no tiene el beneficio de la popularidad, es una lástima y por supuesto no es deseable, pero es lo que hay que hacer. El país necesita que se tomen decisiones que son relevantes para el largo plazo y para todos los chilenos, no en virtud de las encuestas o de la opinión pública. Hay elementos técnicos que hay que tomar en consideración, y en carteras como Energía y Minería, esos elementos deben prevalecer.

-Usted fue un ejecutivo destacado del mundo empresarial, en el cual también hay mucho poder. ¿Cuánto se parecen ambos mundos?
-Tiene ciertas similitudes, pero no tantas. En la empresa privada, la principal motivación está dada por la obtención de beneficios económicos y de realizar un buen trabajo. Acá el asunto económico no es tema, por lo que la motivación tiene que estar en hacer un trabajo bien hecho y en el servicio público, y en algunos casos, por el ejercicio del poder en sí mismo. Entonces, digo que para ser un buen político hay que tener una combinación entre afán de poder y de servicio público. Algunos tendrán más cargado para un lado y otros, para el otro.

-¿Se le subió el ego con tanta popularidad?
-Esa pregunta mejor que la responda otro. Hablar de uno mismo, decir “no, yo sigo siendo el mismo”, creo que tiene poco valor. Quienes me conocen poco ven una máscara, una imagen y posiblemente muchos pueden ver que en algún minuto uno anda apurado, con miles de problemas, y no saludó adecuadamente, entonces piensa: “se le subieron los humos a la cabeza, entonces ya no saluda”. Pero la gente que de verdad te conoce es capaz de percibir cómo estás en realidad.

-¿Le ha cambiado mucho el mundo?
-Mi vida ha cambiado muchísimo. En 2009 tenía seis directorios remunerados, no tenía responsabilidades de horarios, no tenía que responder directamente a ningún jefe, administraba mi tiempo… Era una persona anónima, como lo demostraban las encuestas (se ríe) y, por lo tanto, no tenía que estar bajo la observación de la opinión pública. Una vida distinta a la de hoy, que tiene elementos de dulce y de agraz.

-¿Está leyendo algún libro?
-Sí, uno que se llama When genious failed , sobre el auge y caída del Long-Term Capital Management, el fondo que durante los 90 formaron gente de las principales universidades de Estados Unidos, con dos premios Nobel incluidos, y tuvo un tremendo éxito entre el 94 y el 98. Si invertías un dólar ahí, en cuatro años tenías 4,5 dólares…

-Podría ser una analogía. Usted invirtió un dólar en marzo del 2010 y va a ganar 4 en 2014.

-Nooo. Esto no es una inversión, esto tiene que ver con algo completamente distinto. Bueno, además el final de esta historia es muy malo porque a fines del 98 este fondo se fue al suelo y esos 4,5 dólares se convirtieron en nada. Cero. Este libro analiza toda esta historia; cómo se van construyendo los mitos, su desarrollo, y como a veces la teoría no se condice con la práctica…. Es muy interesante.

 

Y votó por el No
Embalados con levantar su candidatura ya hay varios. Y se encargan de resaltar la serie de condiciones que el ministro tiene para ser un buen presidenciable: le saca el jugo a su meritocracia, es ejecutivo, les gusta a las mujeres, es liberal y “no le va a faltar un peso en su campaña”. Además, las encuestas que manejan revelan dos atributos clave: se dispara en identificación y cercanía; sobre todo, en los sectores más populares, donde la historia de vida es determinante para su adhesión.

Y hay otro punto que se convierte en un plus: Laurence Golborne votó por el No. Tiene a su haber uno de los factores que en determinados segmentos fueron clave para apoyar a Piñera. Pero, a diferencia del presidente, a Golborne no le gusta hablar del pasado y justamente –dice un cercano suyo- puede convertir en un eje de su discurso el “qué importa dónde estuve antes. El es puro futuro. No es político tradicional, es una cara nueva, fresca y aunque no les guste en La Moneda, es el más fiel representante de la nueva derecha. Si Golborne gana, va a jubilar a toda una generación de la derecha y, por fin, esta chimenea va a tener tiraje”. La misma fuente comenta que la estrategia perfecta sería que él dejara el gobierno a mediados de 2012 para convertirse en el rostro de la campaña municipal. Y de ahí, derechito a la presidencial.

Habrá que ver cómo se va develando el plan de este ingeniero, a quien no le gusta andar por la vida dejando las cosas al azar. Tiene planes A, B y C para todo. Tanto así, que una de sus frases favoritas es la del coronel John “Aníbal” Smith –el cerebro de Los magníficos– quien dice “me encanta cuando un plan se concreta”, mientras prende un puro.

La dijo Golborne cuando los mineros salieron a la luz. Veremos si la repite.