En momentos en que los paladares andan un poco amargados por esto de la crisis, el chocolate se levanta como un antídoto de primera. Diversas marcas dicen estar observando una interesante alza, cuestión que, de más está decirlo, han percibido con creces en la Fête Chocolat.

  • 17 marzo, 2009

En momentos en que los paladares andan un poco amargados por esto de la crisis, el chocolate se levanta como un antídoto de primera. Diversas marcas dicen estar observando una interesante alza, cuestión que, de más está decirlo, han percibido con creces en la Fête Chocolat. Por Paula Vargas; foto, Verónica Ortiz.

Pasar por una de estas tiendas cubiertas de madera y con vitrinas llenas de exquisitos bombones es una fiesta para los ojos, y mucho más para el paladar. Un bocado es suficiente para confirmar por qué La Fête Chocolat hoy es uno de esos lugares imposibles de esquivar cuando se trata de darse un gusto.

Uno de los responsables de esta verdadera adicción por el chocolate es Jorge McKay, quien sin duda heredó este gusto por los dulces de sus antepasados, fundadores hace más de cien años de la fábrica de galletas McKay.

A poco más de dos años de este emprendimiento, uno de los gestores de La Fête revela la receta de su éxito. A su juicio, son cuatro los pilares que sustentan el negocio. El primero, la construcción de una marca potente y con mucho valor, tema que lograron con creces de la mano de sus amigos y colaboradores Dittborn & Unzueta. Luego vino dar con una arquitectura de locales, una comunicación eficiente y, por cierto, con los técnicos chocolateros, que en conjunto constituyeron en la mezcla ideal para posicionar a La Fête como “el” referente criollo en este dulce negocio.

A la fecha ya cuentan con seis establecimientos repartidos entre La Dehesa, Parque Arauco, Alto Las Condes, venida Luis Pasteur, un corner en Falabella y un local en Zapallar. Pero la fiesta continúa este año y McKay adelanta nuevas aperturas para el primer semestre. ¿Dónde?, le preguntamos. En La Reina, Los Dominicos, en el casino Monticello y, por supuesto, en el exclusivo circuito de tiendas que albergará el proyecto Territoria 3000, en Isidora Goyenechea.

Y aunque suene insólito, la apuesta hace mucho más sentido en tiempos de crisis. Es más, el horizonte de Jorge McKay y sus socios (la familia Fantoni) está puesto más allá de las fronteras, para lo cual cuentan con partners internacionales para exportar el negocio a Perú y Estados Unidos. Eso por ahora, ya que por precaución o superstición prefieren dejar guardados otros destinos que están ad portas de cerrarse.

Si hablamos de expectativas para el resto del año, finalmente dimos con un empresario al cual la palabra crisis no lo asusta. Es más, parece ser una palabra que desterró de su vocabulario. ¡Cómo no!, si durante estos primeros tres meses del año la firma ha logrado crecimientos de dos dígitos en sus ventas y para el 2009 como un todo espera alcanzar una facturación superior a los tres millones de dólares. Es decir, un 35% más que el año anterior.

El desafío ahora está en lograr exportar la misma calidad y calidez del negocio fuera del país. Al menos el espíritu y las ganas están, dice McKay. Pero no será nada fácil, ya que cuenta que al tratarse de una fábrica donde cada chocolate se hace en forma artesanal y a una temperatura determinada (no mayor a los 18º Celsius), en cada exportación hay que tener el cuidado necesario para que el producto mantenga sus cualidades originales.

Ahora, todos los ojos están puestos en el equipo que está detrás de La Fête, en un 95% compuesto por mujeres (madres e hijas vecinas de la comuna de Quilicura, donde está la fábrica). Son ellas, afirma, quienes han logrado un alto grado de expertise y son las responsables de transformar la materia prima proveniente de Suiza, Alemania, Bélgica y España en apetecidos bombones y galletas.