Las aguas calipso del río de la X Región se han convertido en la verdadera joyita de la Patagonia. Sus precios se dispararon y su desarrollo preocupa a algunos colonos. “No me gustaría que se sobrepoblara. Hasta el momento los santiaguinos han sido respetuosos, pero esto va para mucho más”, dice uno de ellos.
Por: María José Gutiérrez y María José López

  • 1 marzo, 2018
Foto: María José Gutiérrez

Hace 30 años el cantante John Denver clavó sus ojos en un paisaje en el fin del mundo. Un buen amigo, el norteamericano Terry Kohler, lo invitó a un lodge que había levantado en el valle del Puelo, X Región. Ubicado a 145 kilómetros al sureste de Puerto Varas, este río que nace en Argentina y que da forma al lago Tagua Tagua cautivó a varias celebridades que llegaban con máximo sigilo en sus jet y helicópteros y se instalaban por días a pescar. Entre ellos, Denver –quien dijo haber atrapado ahí la trucha más grande de su vida–, Robert Redford y Jane Fonda.

El lodge de Kohler era la primera construcción turística de la zona, pero se dice que la fiesta, la mala administración y los excesos que ahí se vivieron, pasaron la cuenta a los dueños.

Uno de los chilenos que conoció el lugar en esa época fue Jaime Fernández. A principios de los 90, el economista de la UC viajaba en su avión a Bariloche. Nevaba, y quedó atrapado en el lago Vidal Gormaz. Eran las 6 de la tarde, se oscurecía, y pidió ayuda por radio. Alguien que pasaba por ahí lo orientó: le dijo que siguiera el Río Manso hasta el final. “Al llegar ahí me encontré con el Puelo. Nunca me olvidé de ese color turquesa”, asegura. Se propuso crear un proyecto turístico en esa zona hasta entonces desconocida.

Cuando en 1996 se enteró que el estadounidense subastaría su centro turístico, llegó con una oferta: 1,5 millones de dólares. Pero el inmueble quedó en manos de otros inversionistas chilenos que lo bautizaron como Mítico Puelo Lodge. Al lado, Fernández, encontró un terreno donde creó su propio negocio, el Barraco Lodge. “Este es un lugar que pillamos por pura suerte, y hasta entonces era muy poco concurrido”, dice.

Sin embargo, los que conocen la zona, aseguran que faltaba descubrir lo mejor.

Se corre la voz

20 años después, los poleros Martín y José Rafael Zegers llegaron a la zona. También por accidente. Mientras pescaban en el bajo Puelo –como se conoce el lugar entre el Barraco y la desembocadura del río en el estuario de Reloncaví– un guía turístico les contó que tenía a la venta un campo en Primer Corral, una zona a poco más de 50 kilómetros al sur del lago Tagua Tagua, prácticamente virgen y al que se llegaba solo a caballo o en avioneta.

Tras terminar el recorrido, se enteraron que había otro campo que se vendía en el Lago Azul y que prometía ser “aún más lindo”. El paisaje y el color del agua los impactó. Así cerraron la compra de 120 hectáreas de bosques y aguas cristalinas, donde el biólogo Andrés Couve y el empresario Ricardo Walker ya habían clavado sus banderas.

De a poco la voz se empezó a correr. Varios santiaguinos escucharon hablar de este “paraíso” que había en el Valle del Puelo (lagos Azul, Las Rocas, Inferior, Blanco y Totoral y Puerto Urrutia en la ribera del río) y en 2006 decidieron constatarlo con sus propios ojos. Algunos querían escapar de los clásicos lugares del sur de Chile y formar un nuevo centro de veraneo más tranquilo; otros, lo vieron como una buena ficha para invertir. “El mismo hecho de que fuera difícil llegar, era un atractivo”, asegura el director de la corredora de propiedades SurRealista, José Claro. Además de él, también compró el abogado socio del estudio Barros y Errázuriz, Sergio Eguiguren; los publicistas Cristóbal y Sebastián Zegers; el corredor de propiedades Óscar Greene; y el emprendedor y dueño de Instagis, Ignacio Canals. Todos ellos se instalaron en Puerto Urrutia. Los precios en esa época bordeaban los 3 millones de pesos por hectárea. Las hermanas Anita y Loreto Briones compraron también un campo en Primer Corral.

Pero la joyita del valle era el lago Azul, 40 kilómetros río arriba del Tagua Tagua. “Está en súper pocas manos y nadie quería vender”, cuenta un propietario de la zona. Hasta que Blanca Eggers, colona cuya familia llegó a estas tierras a comienzos de siglo, se animó a hacerlo: se deshizo de 60 hectáreas con 1,5 kms de costa, a cambio de 300 millones de pesos. Ahí compró un grupo de 12 personas entre los que están el abogado Julio Pellegrini, José Claro, Arturo Costabal, Mauricio Franzani, Hernán Fleischman, José Antonio Labbé y Juan Luis Bulnes. Óscar Greene, Sergio Eguiguren y los mellizos Zegers decidieron doblar su apuesta y también compraron. Al mismo tiempo, en la ladera del frente llegó Jaime Fernández con un grupo de amigos, entre ellos Patricio Lüders y familiares de éste.

Varios de ellos construyeron las primeras casas de veraneo –todas de madera y con paneles solares o turbinas de pasada para abastecerse de luz– y así fueron tentando a otros a sumarse.

Sin moto de agua

No hay camino para llegar al borde del lago Azul. El que está construyendo el Cuerpo Militar del Trabajo (CMT) pasa por fuera y continúa hasta el lago Inferior para conectar con Argentina. Por eso es que algunos privados han construido su propia ruta para acercarse a sus casas. Y los que aún no tienen acceso deben subirse a la lancha de Gerardo Hunter, un colono alto, con pañuelo en el cuello y pinta de gaucho, dueño del lugar de embarque, o de Miguel Gallardo, poseedor de la otra punta del lago, para que los cruce hasta su costa.

Fuera de un par de botes a motor, no hay grandes lanchas en el lugar. “Afortunadamente somos todos conocidos y nos preocupa el cuidado al medioambiente. Acordamos qué tipo de embarcación se puede meter para no convertir a esto en un futuro Colico, ni Pucón”, dice Jaime Fernández, dueño de El Barraco. De hecho, los santiaguinos que tienen ahí sus tierras interrogan a sus potenciales clientes para saber qué tipo de inversión quieren hacer antes de vender: les aseguran que acá no hay esquí acuático ni motos de agua.

“Estamos conscientes de la suerte de habernos encontrado con una joya de la naturaleza como el lago Azul, conlleva la responsabilidad de permitir que las futuras generaciones conozcan este pedazo de la Patagonia tal como lo han sabido preservar los colonos que llegaron hace casi un siglo”, reza el sitio web de Río Huemul SpA, sociedad que tiene un loteo de 50 hectáreas a la venta en la ribera oriente del lago Azul.

“Son lagos muy sensibles, delicados, que hay que cuidar”, dice Cristián Maturana, ex dueño de Portalinmobiliario, quien tiene 20 hectáreas en el Azul. “Hay una visión cercana de las necesidades de cuidarlo, de lo delicado que es y no hemos llegado a un reglamento concreto, pero hay una buena base para ser más cuidadosos, tomar conciencia de desarrollar cosas con la gente de la zona y ser respetuosos”, agrega.

Lo que viene

De 2010 a 2015 el turismo en el sector aumentó 25% según un estudio que realizó Rodrigo Condeza, director de la fundación Puelo Patagonia, tras pedir información al Ministerio de Obras Públicas que medía el flujo de visitantes en temporada estival del único ferry que cruza el lago Tagua Tagua.

Para atender esta demanda se están desarrollando distintos proyectos. Uno de ellos está en manos de José Claro, quien en 2013 conoció Rincón Bonito, un campo con dos casas que entonces tenía Douglas Tompkins en el borde del río Ventisquero, afluente del Puelo que nace en los glaciares de las altas cumbres a espaldas de Hornopirén junto al mar y corre en dirección poniente. Lo que el ecologista gringo armó ahí es un campo con animales y con capacidad para alojar a 10 personas. La idea de Claro es crear un lodge de montaña en un par de años como una alternativa de sendero menos saturado que el del valle de Cochamó.

Los ex dueños de Portalinmobiliario quieren hacer algo similar: compraron un terreno con cascadas a ocho kilómetros de Llanada Grande, en el lago Totoral –frente al lodge Sendero Andino–, para desarrollar un parque. “Queremos conservar y dar a conocer el lugar. Pero hay que ir haciendo bien las cosas”, dice.

En Puerto Urrutia, el 16 de enero José Rafael Zegers inauguró una pizzería que además será hostal para mochileros, el primero de la zona. Esa noche, entre cervezas y pizzas, todos terminaron bailando a la luz de la luna. La idea surgió porque no existe ningún lugar donde juntarse a comer para los veraneantes ni para la gente local. “Siempre que llegan me preguntan por paseos. Y con esto queremos hacer un punto de encuentro para guiarlos hacia el turismo local”, asegura.

En el Tagua Tagua también hay planes: Juan Carlos Edwards, socio de Groundchile, está vendiendo en conjunto con Inmobiliaria EBCO 37 lotes en 90 hectáreas, en la única parte plana y con acceso vehicular del lago. Cinco mil metros cuestan entre 2 mil y 10 mil UF.

¿Burbuja?

“Esto se ha convertido en un polo de atracción. Y que Endesa (Enel) haya renunciado a los derechos de agua que tenía ahí y que la empresa que quería construir la Central Mediterráneo haya perdido los permisos ambientales (RCA) en la Corte Suprema, ha hecho subir los precios. Los valores se han disparado”, indica Condeza.

Asegura que en 2010, la hectárea en Puerto Urrutia tenía un valor de 2,5 millones de pesos y que hoy el mismo paño alcanza los 25 millones de pesos. “Asimismo, en el lago Las Rocas hace cinco años compramos con un grupo varias hectáreas con orilla de lago, cada una a 3 millones de pesos. Hace un par de días las vendimos en 15 millones cada una”, indica.

José Claro cree que en la zona hay precios que no se ajustan a la realidad. “Es como lo que ha pasado en Matanzas, donde la moda ha hecho que los inversionistas sobrevaloren los sitios”, ejemplifica.
El valdiviano Sergio Díaz, casado hace 37 años con Blanca Eggers y propietario de varios campos, asegura que hoy no se vende la orilla de lago o río a menos de 70 millones de pesos la hectárea.

“Hay una inflación en el barrio que es bien divertida. Ha llegado una cantidad impresionante de turistas, pero finalmente los que compran no son tantos. Muchos esperan comprar en 10 y vender en 100 y eso no es así. Tampoco es una mina de oro”, señala Juan Carlos Edwards, de Groundchile. “No hay que olvidar que son campos difíciles de acceder, en la cordillera, que requieren hacer planos nuevos, donde muchas veces los deslindes no son claros”, explica.

A pesar de esto y de que los loteos han crecido en armonía con los antiguos habitantes de la zona, hay algunos colonos que temen que la expansión les pase la cuenta. Díaz dice: “No me gustaría que se sobrepoblara. Hasta el momento han sido respetuosos, pero esto va para mucho más. Antes para abastecernos de provisiones tenían que cruzar a caballo a Argentina, la llegada de visitantes hace que en la embarcación para atravesar el Tagua Tagua se hagan tacos de varias horas”.

Una opinión similar tiene Darío Urrutia, cuya familia llegó al lugar en 1940, época en que su padre, Juan Urrutia, trasladaba a sus vecinos con un bote a remo por el puerto que hoy lleva su nombre: “No le hago el quite a que personas de Santiago vengan a comprar. La preocupación es con qué intenciones nos visitan. No ha habido grandes problemas, pero se ven situaciones muy mercantilistas, de dinero, y eso en el valle no va a llegar a buen término, porque el Puelo es para disfrutarlo, no para ganar dinero ni pensar con el billete por delante”.

______________________________________________

La otra joya

Algunos dicen que es el primer gran negocio que hizo PatagonLand. Lo cierto es que en 2011, la empresa ligada a Jaime Iglesis y José Antonio Rabat, encontró un paño de 680 hectáreas en el lago Las Rocas, con 3,5 kilómetros de borde, dos lagunas y salida al río Puelo. Lo compraron con el objeto de urbanizarlo y armar un proyecto. En eso se cruzaron con Sebastián Eyzaguirre, socio del estudio Claro y Compañía, que buscaba un sitio único para ir con su familia.

La inmobiliaria levantó en el lugar un parque y diseñó los senderos para recorrerlo, con ayuda de biólogos y paisajistas. “Había todo un tema de encontrar la constructora porque no llegaba la electricidad, había que cruzar por dos campos para entrar, que eran privados, etc.”, cuenta Juan Carlos Edwards, ex socio de la compañía y quien lideró el proyecto. En total demoraron dos años y medio en terminar toda la gestión.

Ese fue uno de los cuatro terrenos que ha comprado la compañía en el valle del Puelo, y el más grande.

____________________________________________

Los pinot noir del Puelo

La familia de Álvaro Villaseñor, dueño del Mítico Lodge, decidió expandir el negocio turístico. En 2012, los también dueños de Villaseñor Wines, crearon el Parque Tagua, una extensión de 3 mil hectáreas situada justo frente a ellos. Mientras recorrían la zona, miembros de su equipo divisaron una parra que creía en forma vertical. “Después de eso, quisimos experimentar. Probamos distintas cepas y la que mejor se dio fue el pinot noir. De ahí obtuvimos un vino con características muy similares a la zona central cuyos aromas, obtenidos por estar cerca de zona volcánica, los diferencia”, indica Sergio Subiabre, director comercial de la viña. En un principio plantaron 5 hectáreas: invirtieron 300 mil dólares y obtuvieron 1.500 botellas que se vendieron a 120 dólares en Asia. Este año iniciarán la tercera cosecha: desembolsarán otros 600 mil dólares para plantar 30 hectáreas más.

En la punta sur del lago Azul, Cristián Maturana tiene un proyecto similar: hace un año plantó media hectárea de la misma cepa. “Vamos a ver primero qué resulta”, dice el empresario, “y según eso iremos viendo cómo seguimos. Tenemos la posibilidad de plantar más porque tenemos más superficie en el lago”, cuenta.