Tras seis años sin un torneo ATP 250 en Chile, la descendencia de Jaime Fillol logró repatriar el certamen. ASÍ, se definió que el próximo 24 de febrero Santiago dará la bienvenida al Chile Open. Tras conocerse una acusación de doping en su contra, la participación de Nicolás Jarry, miembro del clan, está en suspenso.
Fotos: Rodolfo Jara

  • 17 enero, 2020
El martes 14 de enero un balde de agua fría cayó sobre la familia Fillol. Nicolás Jarry, segunda raqueta nacional y el menor del clan -y nieto del ex tenista Jaime Fillol- fue suspendido provisionalmente por la Federación Internacional de Tenis (ITF) tras arrojar positivo en un control antidopaje al que fue sometido en la última Copa Davis de Madrid en noviembre. En el mejor escenario, podría volver a jugar el segundo semestre, lo que significaría perderse el ATP de Santiago -recién repatriado a Chile por su familia-, su desaparición del ranking y la imposibilidad de disputar los Juegos de Tokio en junio. A través de un comunicado el tenista se declaró inocente y con ello empezó un proceso judicial para desestimar lo dictaminado por el entidad fiscalizadora. Esta tarea lidera Paul Green, del estudio Global Sports Advocates de Estados Unidos. “Como familia estamos muy afectados por lo sucedido, pero apoyamos y confiamos en Nico”, dice Catalina Fillol, directora del torneo ATP en Chile.
Esta es la historia de la principal familia tenista del país.

Romance en el court

Desde 1993 hasta 2014, los hermanos Álvaro y Jaime Fillol Durán realizaron el abierto de tenis más importante hecho alguna vez en Chile. De manera directa, sus familias también participaron en la organización del certamen y frente a ellos vieron pasar a varias de las raquetas más reconocidas de élite mundial de los noventa. Gastón Gaudio, Carlos Moyá, Gustavo “Guga” Kuerten, Rafael Nadal y, en el peak de sus carreras, los chilenos Fernando González, Nicolás Massú y Marcelo “Chino” Ríos dejaban todo en la tierra batida del court central de San Carlos de Apoquindo, de Santa Rosa o Viña del Mar, dependiendo la versión del campeonato para quedarse con la copa.

Mindy Haggstrom –la mujer de Jaime– era la encargada del hospitality. Su rol era coordinar el recibimiento de los jugadores y las estadías en los hoteles de los deportistas, entre otras cosas. A las hijas de Jaime y de Álvaro les encantaba apoyar a Mindy en esta tarea y en dar consejos sobre la organización del evento. Varias fueron las anécdotas que entre primas compartieron en los torneos. Uno que otro amor de verano se dio en esas temporadas. El más concreto: el matrimonio que se formó entre Natalia, la tercera del clan, con el extenista argentino Martín Rodríguez y que, hasta diciembre pasado, fue entrenador por diez años de Nicolás Jarry, segunda raqueta nacional e hijo de Cecilia Fillol Haggstrom.

En 2014, sin embargo, el torneo dejó de ser rentable. La “generación dorada” del tenis chileno liderada por Ríos, González y Massú ya no estaba en su peak y el interés por financiar un evento que competía con el Festival de Viña era cada vez menor. Por esta razón, en julio de ese año se confirmó que no habría una edición para el 2015. Chile se quedaba sin torneo ATP.

Sisters, amigos, cuñados y socios

“¿Qué vamos a hacer ahora?”, se preguntaban por esa época todos los hijos y cónyuges de clan Fillol Haggstrom. Sentían un vacío muy grande. ¿No habría más tenis en Chile?, se cuestionaban.

Corría principios de 2015, y las 64 fechas que el ATP dispone al año –las cuales son de propiedad privada– ya habían sido vendidas o arrendadas a diferentes ciudades, como se usa en el negocio del tenis. Tras conversaciones con el directorio, supieron que la fecha ATP 250 para realizar un campeonato en el mes de febrero –que por más de una década había sido arrendada por Chile– había sido negociada con Quito para 2015. El futuro se veía negro. 

Fue en ese momento cuando Martín Rodríguez, quien en su rol de entrenador estaba muy involucrado en el circuito propuso: “Bueno, pero ¿qué pasa si traemos un Challenger –torneo de menor categoría del ATP y que otorga 90 puntos– organizamos el evento y así logramos traer de vuelta un ATP 250?”. Todos se miraron y asintieron. Esa era la clave. Fue así como en 2015 inscribieron la sociedad SACS, por la sigla de Sisters, Amigos, Cuñados y Socios, que reúne a los cinco hijos Fillol Haggstrom y sus cónyuges.

Cada cual tendría su rol. Cecilia, quedó a cargo de conseguir los recursos para el dinero que se reparte en premios (prime money) y su marido Allan a la cabeza del área comercial y los contratos. Jaime y su señora, Renata Terán, desde Nicaragua están a cargo de las finanzas; Natalia, en tanto, asumió la responsabilidad del hospitality y su marido, Martín Rodríguez, es el responsable de toda el área de canchas y standard deportivo del encuentro. Catalina es la directora del torneo y la vocera de SACS y su marido Rodrigo Contreras está a cargo de asuntos corporativos y comerciales; mientras que Ángela dirige los eventos asociados al certamen, como las clínicas de tenis, la relación con las fundaciones que participan en el evento: su marido Diego García se ha encargado de conseguir los principales auspiciadores del torneo. El objetivo era organizarse como productora profesional, seguir la tradición familiar y traer de vuelta el tenis a Chile. Y así lo hicieron.

A través de SACS se acercaron al directorio del ATP para pedir la fecha de un Challenger en 2015. Tras una votación, recibieron la aprobación dada por la confianza que le generaba el grupo organizador ligado a la leyenda del tenis nacional, la experiencia que tenían en la realización de este tipo de eventos y porque simultáneamente empezaban a surgir dos jóvenes promesas chilenas del tenis nacional: Nicolás Jarry y Christian Garín, elemento clave para el éxito de un evento de esta envergadura.

Fue tal el éxito del primer Challenger Santiago, realizado en el Club de Polo de Santiago, que el ATP les cedió los derechos para realizarlo en 2016 y 2017. Este último fue, para los Fillol, un evento muy especial: Nicolás Jarry ganó el campeonato y los 90 puntos obtenidos fueron suficientes para que quedara por primera vez dentro de los Top 100 del mundo. “Todos llorábamos cuando le entregamos el premio al Nico”, recuerda Catalina.

El renombre de la gestión del evento y el buen desempeño que iban logrando Garín y Jarry convencieron a los socios de SACS de dar un nuevo salto, e insistieron al directorio del ATP sus ganas de traer de vuelta un torneo ATP 250 a Chile.

Las negociaciones

Cuando a fines de 2018 los ejecutivos de Octagon –multinacional de gestión y management deportivo–, propietaria de los derechos del torneo ATP 250 que se realizaba en Sao Paulo y representante de Christian Garín, supieron del interés de SACS por repatriar el torneo a Chile tomaron contacto con sus representantes. Jorge Salkeld, vicepresidente de la multinacional, se reunió con Allan Jarry y Martín Rodríguez para ver qué tan factible podía ser trasladar la fecha a Santiago. 

Para eso se requería contar con el respaldo del gobierno, ya que un evento de esa envergadura tiene un costo de US$ 2 millones, considerando que solo en premios se reparten US$ 600 mil. Fue así como la entonces ministra del Deporte, Pauline Kantor, se cuadró con el proyecto y apoyó plenamente la idea y comprometiendo un aporte de 500 mil dólares.

Se daba la coincidencia de que la máxima estrella histórica del tenis brasileño, Guga Kuerten, estaba en retirada y Brasil no contaba con muchas figuras locales para albergar dos torneos (tienen el ATP 500 de Río de Janeiro y el ATP 250 de Sao Paulo). Por su parte, Jarry y Garín iban en ascenso, manteniéndose firmes en el Top 50. Fue así como como Octagon se dio cuenta de que realizar un ATP 250 en Chile era un buen negocio y a SACS le daría la oportunidad de mostrar la gran plaza que es Chile dentro del tenis mundial, y al mundo entero de ver esta competencia durante la gira latinoamericana que se desarrolla en Córdoba, Buenos Aires, Río y Santiago en el mes de febrero.

La alianza entre Octagon y SACS se selló. La productora TGA –la misma que se encargó de la visita del papa Francisco a Chile– se hizo cargo de los detalles operativos del torneo. Sin embargo, el estallido social que comenzó el 18 de octubre pasado obligó a todos los ministerios a recortar sus presupuestos para hacer frente a la crisis social. Hubo cambio de gabinete, entre ellos en el Ministerio del Deporte, y se les informó a SACS que ya no podrían contar con el dinero comprometido. “Nosotros entendimos las razones y de cierta forma las apoyamos, y el gobierno fue correcto en la manera de explicárnoslo”, comenta Catalina.

Pese a que hubo momentos de tensión y dudas de si llevar a cabo o no el evento, considerando que paralelamente se suspendió la COP25, la APEC y se terminó anticipadamente el campeonato nacional de fútbol, los socios de SACS decidieron llevar adelante el proyecto. Requirió un doble esfuerzo de parte del equipo comercial, porque ya no contaban con el apoyo monetario del gobierno y había algo de temor por parte de las delegaciones extranjeras, las que en un primer momento cuestionaron la seguridad de sus jugadores. Sin embargo, el clan Fillol se cuadró y vio el estallido como una oportunidad para hacer un aporte positivo al ánimo del país.

El acomodo post estallido

En un principio, el torneo se iba a realizar en el court central del Estadio Nacional, pero problemas de timming del recinto obstaculizaron su concreción. Finalmente se decidió trasladar el evento a San Carlos de Apoquindo.

La postura de Octagon frente a esta situación de inestabilidad fue de total apoyo, pese a que aún no se han conseguido los dos millones de dólares en su totalidad. Tanto ellos como SACS están confiados en que el evento resultará espectacular. “Este año no pretendemos ganar nada, nuestro fin es seguir siendo sede del ATP Chile”, agrega la directora del evento. Obviamente, para los próximos años esperan que sea un negocio rentable.

Tenían el presupuesto para traer a un top ten, pero las circunstancias financieras complicaron estas aspiraciones. En concreto, hoy la nómina oficial de las mejores raquetas son: Christian Garín (33°), Nicolás Jarry (77°) como cartas nacionales en el cuadro principal, y el argentino Diego Schwartzman (14°).

Esta semana firmaron contrato con el main sponsor, que dará el nombre al campeonato: Chile Open Dove Men+Care. Diego García, el marido de Ángela, con ayuda de Jarry y Rodríguez, realizó los contactos con la marca que auspició la venida de Roger Federer a Chile y les ofreció este evento. “Creo que el secreto del éxito fue transmitir la pasión que nos mueve este deporte y que entendíamos que esta era una oportunidad única”, comenta García. Además, cuentan con otros siete patrocinadores, entre ellos, Alemana Sport, Kia, Cachantún, Gatorade, Emirates, BCI seguros, Concha y Toro y Corpbanca.

Todo está preparado para recibir a 3.500 personas diarias durante los nueve días que durará el torneo y todo lo recaudado con las entradas –que van entre los 10 mil y 100 mil pesos– está destinado a pagar el evento. Los 28 partidos serán televisados y trasmitidos en vivo por las principales cadenas de televisión internacionales deportiva. Por el momento, ningún canal nacional ha mostrado interés en transmitir en vivo, lo que de alguna manera ha decepcionado al círculo del tenis.

Al cierre de esta edición, Nicolás Jarry fue suspendido provisionalmente por la Federación Internacional de Tenis (ITF) tras arrojar positivo en un control antidopaje al que fue sometido en la última Copa Davis disputada en Madrid, en noviembre. El asunto le fue notificado el 4 de diciembre. A través de un comunicado el tenista se declaró inocente y con ello empieza un proceso judicial para desestimar lo dictaminado por el ITF en el que lo defenderá Paul Green, del estudio Global Sports Advocates de EstadosUnidos. “Como familia estamos muy afectados por lo sucedido, pero apoyamos y confiamos en Nico. Como SACS estamos seguros de que el campeonato será un éxito”.


La relación con las leyendas

-¡Hola, Cata!

-¡Hola, Rafa!

Con esa familiaridad, Rafael Nadal, la raqueta N° 1 del ranking ATP, saludó en medio de las graderías del torneo Máster 1000 de Madrid en mayo pasado a Catalina, la cuarta hija de Jaime Fillol. El mismo desplante que demuestra desde que es muy joven. Ya en 1997, y cuando tenía apenas 16 años, Catalina se robó todas las miradas en la comida de honor realizada por la organización de Wimbledon para los ganadores de esa edición del tradicional torneo. En esa oportunidad compartió mesa con Pete Sampras y Martina Hingis: su padre había ganado la categoría seniors.

Ni para ella, ni para ninguno de los cinco hijos de la leyenda del tenis nacional, ese de tipo de situaciones con los grandes del tenis internacional es algo tan particular. Con esa naturalidad, Catalina y todos los miembros del clan Fillol Haggstrom se mueven en el circuito ATP. Una familiaridad que les ha sido clave para concretar proyectos importantes en esta cancha. El último: traer de regreso a las arcillas chilenas un torneo ATP 250.