El último descubrimiento en torno a la falta de sueño es que empeora el funcionamiento de algo tan fundamental para el cuerpo como las células madre. En concreto, se probó en ratones que los trasplantes de médula ósea rinden peor si el donante duerme poco. El estudio, publicado en Nature, demostró que las células madre hematopoyéticas […]

  • 19 octubre, 2015

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El último descubrimiento en torno a la falta de sueño es que empeora el funcionamiento de algo tan fundamental para el cuerpo como las células madre. En concreto, se probó en ratones que los trasplantes de médula ósea rinden peor si el donante duerme poco.

El estudio, publicado en Nature, demostró que las células madre hematopoyéticas (las que generan glóbulos rojos y plaquetas) no se adaptan tan bien a una nueva médula ósea como la de los ratones sanos. La falta de sueño del donante reduce su capacidad para injertarse y reconstituirse en el cuerpo del recipiente.

Sin embargo, recuperar el sueño perdido puede restaurar esta capacidad. Con solo dos horas de sueño, las células madre de los ratones restablecieron el potencial habitual de adaptación a una nueva médula.

Lo importante ahora es estudiar las implicaciones en humanos: los hospitales no tienen en cuenta el sueño de los donantes a la hora de realizar un trasplante de médula, y si lo que hemos visto con ratones ocurre con humanos entonces deberíamos empezar a considerarlo.

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