Por Francisco Ortega, escritor
Año: 2041

  • 19 agosto, 2019

Falta un mes para que se cumplan quince años desde aquel día en que el movimiento islámico Allah al-Maslūl dejó caer un viejo avión Hercules cargado con una bomba de combustión oxígeno sobre El Vaticano cambiando la historia de occidente. La iglesia católica, afectada por escándalos sexuales desde la década de 2010 se extinguía para siempre y las viejas catedrales pasaron a ser pirámides de una civilización que con suerte aun interesa a turistas e historiadores. En septiembre se cumple también otro aniversario del nacimiento del primer niño marciano[1], del último hundimiento de la costa pacífica de América del Sur[2] y del decreto que convirtió al castellano en el idioma occidental, aunque los cada vez menos angloparlantes aun reclamen. Pero nada de eso pareció importar en el recién inaugurado Sexto Congreso de las Artes y la Cultura del Wallmapu, que comenzó ayer en la noche en el recinto ferial de la ciudad de Mallolafken, capital de la región autónoma del Wallmapu en el centro sur de los Estados Unidos Patagónicos de Argentina y Chile[3]. El debate que encendió la polémica en la ciudad, que por trescientos años fue conocida como Villarrica, apuntó a la controvertida eternidad de los artistas. Que en 2041 el escritor más leído sea Stephen King, el cineasta más exitoso Steven Spielberg y los Beatles, Madonna y Queen continuen acaparando las preferencias entre los usuarios y habitantes de RITA[4] dice mucho del estado de las cosas. Ningún artista en ninguna disciplina, menor de 60 años ha logrado entrar en las preferencias masivas y desde la década del 30 se ha hecho imposible la profesionalización en el mundo de las arte y la cultura. La gente prefiere a los fantasmas, reclamaba un dibujante de manga indochino, hablando de fantasmas, porque es más cómodo que decir eternos o referirse con nombre y apellido a las inteligencias artificiales que siguen produciendo como sus difuntos originales de carbono. ¿Para qué ver a un músico que nadie conoce si puedes desdoblarte virtualmente a la Ópera de París para ver y escuchar a Mozart interpretando sus viejas y nuevas creaciones? se preguntaba otro participante del debate, un musicólogo alemán participante desde Berlín. En absoluto el debate va a continuar en los próximos días y se entiende lo encendido. Que pilotos de aviones, militares, contadores, médicos, dentistas, traductores y profesores entre otras actividades pasaran a mejor vida en la última década ya había sido alertado; mas muchos —me incluyo— descansamos en el hecho de que artistas y creadores jamás seríamos reemplazados por una máquina. Nos equivocamos, hoy el público prefiere a los artistas eternos aunque ello, paradógicamente, signifique la extinción de las artes. A la larga escribir poesía o novelas, pintar, realizar esculturas o tocar un instrumento terminará siendo tan excéntrico como hoy nos parece aprender idiomas o a conducir. Claro, no faltan las voces extremas como la de un poeta moscovita que llamó al empresariado a regular la actividad de los eternos para asegurar el derecho a expresión y lucro de los nuevos artistas. En la comodidad de alguien acostumbrado al autoritarismo de los neocomunistas de la Nueva Unión Soviética cabe la idea de la obligación, en el resto del planeta, al menos en nuestro lado occidental, suena a atropello a libertad civil. Impensable como si de un día para otro la omnipresente MetCorp o el funcional gobierno federal decidieran restringir la cantidad de cambios de sexo que podemos realizar en nuestra vida. O en mi caso personal, invalidaran mi decisión y opción de estar casado y tener familia con alguien a quien no conozco ni jamás conoceré en persona y que vive a un oceano de distancia de mi departamento acá, en la desértico y caluroso caos del vidrio y cemento de AMAR[5]. La próxima semana, de seguro, alguien reclamará acerca de la tenencia responsable de dinosaurios bonsai o nos pondremos serios ante las exigencias de derecho a agua dulce patagónica que ha venido subrayando Washington, amenazando con enviar portaaviones a los canales australes; pero eso, claro, son otros temas. Y descancen habitantes de RITA, donde quiera que estén.

[1] Ares Martínez, nacido el 21 de septiembre del 2035 en Cydonia.

[2] 11 de septiembre de 2029, cuando la zona de Concepción fue finalmente cubierta por el agua de los deshielos antárticos.

[3] EUP, establecidos el 2032, según la constitución unida del 2030

[4] Red InTeligente Autómata

[5] Área Metropolitana Andes Rancagua. Capital del la zona Pacífico de los EUP.