La artista y poeta chilena, pionera de las performances y voz activa del feminismo desde la década de los 60, Cecilia vicuña, está cerrando un año de importantes reconocimientos: recibió el Premio Velázquez de Artes Plásticas y sus obras hoy forman parte de las colecciones del nuevo Moma, del Guggenheim, de la Tate Modern Gallery y del Museum of fine arts de Boston, entre otros. En medio de sus propias novedades, es el estallido social chileno lo que la tiene más emocionada y atenta: “Este momento está exigiendo que surja una inteligencia profunda y colectiva, cuanto antes”.
Retrato: Daniel Dorsa

  • 5 diciembre, 2019

De repente se dio cuenta de cómo cada objeto y acción en el universo estaban conectados. Tomó un palo, lo giró verticalmente y lo metió en la arena. Fue en ese momento cuando comenzó su arte”, narra una nota publicada esta semana en The New York Times a propósito de los inicios de la artista chilena. Efectivamente ese instante tuvo lugar en 1966, cuando Cecilia Vicuña (71) era una adolescente de 17 años parada en una playa de Concón. Medio siglo después, la escultora y poeta vive en Nueva York, aunque por estos días se encuentra en Miami presentando dos exposiciones en el marco de la feria Art Basel. Una es About to Happen, muestra itinerante que ha recorrido distintas ciudades estadounidenses y que ahora cierra en el Museum of  Contemporary Art of North Miami. Se trata de una completa investigación que abarca las obras multidisciplinarias que Vicuña ha desarrollado en sus más de 40 años de carrera y que incluyen performance, esculturas, instalaciones, video y dibujos. Destacan sus precarios: esculturas hechas con palitos, piedritas, plumas, hilos, redes plásticas, y también sus quipus, instrumento de recordación de información usado por civilizaciones andinas, que han recorrido el mundo impregnados de colores.

Además del importante Premio Velázquez, concedido por el gobierno español, Cecilia Vicuña está nominada al galardón Hugo Boss Prize que se otorga en 2020, y tres de sus obras -“Pantera Negra y yo” (1978), “¿Qué es para usted la poesía?” (1980) y “Sabor a mí” (1973)- son parte de la exposición The New MoMA en Nueva York. Otra de sus piezas se exhibe en la muestra colectiva A year in art: 1973 actualmente abierta en la Tate Modern en Londres. Se trata de la pintura primitiva Violeta Parra (1973) que fue parte del movimiento Artists for Democracy, del cual la artista fue fundadora. Vicuña estaba estudiando becada en Londres cuando en septiembre de 1973 recibió la noticia del golpe militar. Antes, durante la Unidad Popular, tuvo dos exposiciones individuales en el Museo Nacional de Bellas Artes: Otoño y Poemas, pinturas y explicaciones. La segunda se volvió a montar en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres en 1972, luego de que la joven artista llegara a estudiar ahí. “Esa muestra que en Santiago había tenido mucho éxito y llegada popular, en Londres fue recibida como algo detestable. Esa dicotomía me dio una gigantesca libertad porque entendí que formaba parte de la dinámica del arte”, cuenta la poeta y documentalista.

 

“Tu rabia es tu oro”

-¿Qué significa el reconocimiento para una artista de su trayectoria?

-Desde mi perspectiva el arte no está relacionado con el ego, es todo lo contrario, porque tiene existencia propia. En la cultura occidental tú haces arte y por lo tanto eres un genio o un mal artista, pero esa no es mi visión y nunca ha sido. El verdadero arte existe como una realidad que es simultáneamente individual y colectiva. Al nacer uno entra en un universo compartido y sin embargo es un ser único y diferente de los demás. Esa extraordinaria dualidad hace que el arte sea algo tan profundo e inabarcable. Entonces, cuando el arte es reconocido, pertenece a todos. En mi caso, pasar de la marginación prácticamente absoluta, a esto, es una especie de salto cuántico.

-¿Lo siente como una reivindicación? La escena internacional ha sido más receptiva con su obra que su propio país.

-La historia chilena siempre ha sido así, porque somos un país colonizado. Es muy raro que un pensador o creador chileno sea reconocido primero en su tierra, siempre sucede al revés. El artista, el filósofo o el científico nacional, tiene que salir de ese apocamiento que consiste en no poder apreciarse ni a uno mismo ni al otro. Es como lo que está pasando ahora: Chile está cerrado a una teoría económica que el mundo ya sabe que no funciona. El país va atrasado en relación con su propio pueblo, hay un desfase ahí. A lo mejor este movimiento consiga zanjar esa distancia.

-Se ha dicho, por estos días, que el supuesto oasis en realidad era un espejismo, ¿le hace sentido?

-Sí, y es fantástico que se rompa esa ilusión porque entonces queda la posibilidad de ver que la realidad potencial, que es la que está siendo creada por todos nosotros, y que puede ser esplendente. Pero si frente a ese rompimiento viene la represión, entonces estamos perdidos.

-Cuando estuvo de visita en Chile, el pasado mes de agosto, dio una entrevista donde describía a los chilenos como seres esclavizados y opacos. En estos meses el país ha experimentado cambios importantes, ¿cómo ha vivido la noticia de este despertar social?

-A mí me parece una maravilla inconcebible. Para mí es la prueba de lo que los seres humanos realmente somos. El ser humano exige, desea y sueña con la justicia. No se trata solo de una idea política. Agarra dos niños, y dale algo uno a uno, y no al otro. Ese inmediatamente se va a resentir. Eso es constitutivo del ser vivo; existe también entre los monos. En los documentales, cuando un mono acapara algo sin compartir con otros, lo condenan a la muerte. Lo echan de la comunidad y no puede sobrevivir solo. Ese sentido ético constituyente de lo vivo es lo que ha aflorado ahora en Chile. Es un llamado a volver al compás moral que el país ha perdido. La idea de un bien común.

-¿Usted cree que de esto puede salir una comunidad más conectada?

-No sabemos. Lo que yo observo es que en este momento la fuerza está puesta en la expresión. La gente salió a la calle para decir: queremos cambios, queremos transformación, queremos justicia, queremos igualdad. Pero ese llamado legítimo se ha encontrado con respuestas de una violencia excepcional. Entonces estamos frente a una nueva realidad, en la cual se puede manifestar lo peor y lo mejor de nosotros. Esa definición todavía no se ha dado.

-¿Estamos en un momento vital?

-Es un momento decisivo para el futuro. Yo creo que todo el mundo lo sabe. Entonces, realmente este momento está exigiendo que surja una inteligencia profunda y colectiva, cuanto antes. Que este movimiento no sea contra algo, sino hacia algo.

-¿Y cómo se puede apaciguar la violencia?

-Primero hay una violencia sistémica que tiene que ser reconocida. Luego tiene que haber una reflexión respecto de cuál es el verdadero motor de esa violencia. La ira es destructora, a menos que se transmute. Hay uno de mis poemas que he visto en la calle, dice: “tu rabia es tu oro”. Eso significa que la rabia se convierte en oro a través del autoconocimiento y de la reflexión. La rabia quiere mostrar algo, pero si actúas y reaccionas con la misma rabia, evidentemente te vas a autodestruir y vas a destruir a tu alrededor. Esa rabia es lo que hay que pensar juntos, para que se transmute.

-En los 70 usted creó las “palabrarmas”: palabras como armas. Cuando la poesía sale a la calle, ¿adquiere un valor distinto?

-Por supuesto, esa una de las cosas más maravillosas de este movimiento. Las palabrarmas fue una imagen que apareció en mi vida a raíz del golpe militar: cuando la palabra es el arma permitida. La poesía en Chile es constitutiva y fundamental, y eso está en evidencia en este momento.

Esta performance coreográfica de Las Tesis es una belleza. Es una vibración que todo el mundo reconoce. Eso es ira transmutada. Ahí está la rabia convertida en oro”

-Como veterana de la performance y el feminismo, ¿cómo está viendo a esta nueva generación? 

-Esta performance coreográfica de Las Tesis es una belleza. Es una vibración que todo el mundo reconoce. Eso es ira transmutada. Ahí está la rabia convertida en oro. Es el ejemplo viviente de lo que estoy diciendo. En todo el mundo son las mujeres las que están transformando la realidad.

-¿Hay algo de catarsis en el canto de Las Tesis?

-Exactamente. ¿Por qué han tenido respuesta en todo el planeta? Porque es algo primordial y eso es hermoso. Es como el primer acto de reconocimiento de una verdad que viene dañando a la humanidad hace miles de años; la institución de la violación. En Estados Unidos se escogió a un violador como juez de la Corte Suprema, y quien lo defendió fue una mujer. Entonces, esa legitimación de la violación es algo constitutivo de la sociedad en la que nosotros estamos. La performance lo dice con todas sus letras.

Distorsión

-Pronto vendrá a Chile, ¿le da curiosidad presenciar este momento?

-Es más que curiosidad. La idea de los chilenos que estamos afuera y los que están dentro, como si fueran cosas diferentes, con este estallido se ha borrado. No creo que haya alguien que esté afuera que no haya sentido que esto es algo fundamental. Es la necesidad de sentir, de estar, de ser parte. En Nueva York de inmediato se armó asamblea y yo hice cuatro performances a partir de este tema. Lo extraño de vivir afuera es que uno no se va nunca, pero tampoco regresa nunca.

-¿De qué manera el ser chilena la determina como artista?

-Es que la definición de ser chilena es muy relativa. Desde niña, por el hecho de ser un animal andino, así me defino a mí misma, por haber crecido en esas cordilleras y en esos ríos, yo estoy atravesada hasta el tuétano. Eso es inapelable, y cuando regreso a Chile, dos o tres veces por año, lo siento espontáneamente. Hay un goce en el cuerpo y en el alma, una emoción indescriptible que espero no perder nunca. ¿Soy chilena como Chile se entiende a sí mismo? Lo dudo. Soy una indígena mestiza, de línea materna indígena y línea paterna vasco irlandesa que llegó a Chile hace casi cuatro siglos, entonces se han ancestralizado en el territorio. Esa condición mía es la del 99% de los chilenos.

-Usted apunta al agua como elemento de amor, y resulta muy evidente pensar en este país que se está secando.

-Exacto. Yo escribí hace décadas un poema que dice: “el ruego es el riego”. Somos agua, entonces la idea de esta separación del cuerpo y el agua, de uno y el cosmos, lo que hace es secarnos. Lo que está matando la Tierra no son ni las máquinas ni el sistema, sino la idea de que nosotros somos algo separado de la vida. Algo separado de todo lo que existe; de las bacterias e insectos, de la oscuridad y las luces. 

-¿Tiene que ver con esta superioridad que se creó el hombre por sobre las otras especies?

-Eso es un invento de cierta cultura occidental. De hecho, es el tema de uno de los libros que estoy escribiendo junto a mi pareja: la historia de ese quiebre que empieza entre 10 y 5 mil años atrás, en el mundo de Mesopotamia, y que de ahí se ha ido distribuyendo a todo el planeta. El mismo cristianismo parte de la idea de que la Tierra ha sido creada para el servicio del hombre. Y eso es totalmente falso. Es un concepto equivocado que ha generado lo que está pasando ahora: la muerte del oxígeno, de los bosques, de los mares. La época en la que estamos ahora yo la llamo la era de la distorsión, porque ya no es ni siquiera capitalismo o socialismo. Esas eran posibilidades que han sido distorsionadas. Pero eso no quiere decir que cualquier forma no se pueda convertir en algo benéfico.

La consciencia transformada

-¿Diría que a través de sus quipus y precarios se comunica de manera emocional? 

-Indudablemente, porque el quipu es una forma de arte que existió en América precolombina durante unos cinco mil años, entonces, es una forma de arte tan profundamente compleja que se comunica visceralmente. El arte es multidimensional por definición, porque los seres humanos somos seres multidimensionales. Yo digo que la consciencia es el arte. No es solamente lo que haces, sino como tú ves lo que haces, cómo lo nombras, cómo lo sientes. Imagínate que yo he hecho performances con quipus en Grecia, Alemania, Inglaterra, lugares donde la gente no sabe nada de cultura indígena, pero ni lo más mínimo, pero sienten el despertar en otras dimensiones. Eso es algo profundamente transformador y revelador.

El arte es un reconocimiento a la belleza de la vida, a lo incomprensible, a lo indecible. Ese deseo de estar en comunicación con la realidad es infinitamente hermoso. Con todo: con el dolor, con la muerte, con el sufrimiento”.

-Ha hablado de la transformación de la consciencia humana, ¿a qué se refiere?

-El arte es un reconocimiento a la belleza de la vida, a lo incomprensible, a lo indecible. Ese deseo de estar en comunicación con la realidad es infinitamente hermoso. Con todo: con el dolor, con la muerte, con el sufrimiento. Todo se transforma siempre en más posibilidades de creación. Acabar con la educación pública ha reducido la imaginación y la escala de lo que es posible concebir porque los niños se han reducido a ser receptáculos de información absurda, ridícula, que contradice su infinita creatividad. El niño nace con posibilidades sensoriales e hipertextuales que nuestra cultura corta.

-¿Nacemos libres y luego dejamos de serlo?

-Nacemos libres y multidimensionales. Tú estás viendo el celular, y sabes perfectamente que vas en el metro, y a la vez sabes que tienes una relación con otra persona, y a la vez te acuerdas de algo que ha sucedido hace años. Esa capacidad de estar en muchas realidades la tenemos todos, pero no la nombramos. Y no por eso dejas de estar presente, de hecho estás más presente cuando estás frente a más realidades, esa es la evolución humana. Hemos evolucionado hacia captar, sentir y pensar infinitamente. La gracia que tiene el arte, la filosofía y el pensar, es que aterrizan esas facultades que hemos recibido como un don de todo el universo ancestral.