Nunca había estado en Chile, pero le habían comentado que era muy parecido a Nueva Zelanda, su país natal. Era quizás uno de los pocos lugares del mundo que no conocía, porque Ngaire Woods se la pasa viajando. Como decana de la debutante Escuela de Gobierno de la Universidad de Oxford, por estos días está […]

  • 9 septiembre, 2013

Ngaire Woods

Nunca había estado en Chile, pero le habían comentado que era muy parecido a Nueva Zelanda, su país natal. Era quizás uno de los pocos lugares del mundo que no conocía, porque Ngaire Woods se la pasa viajando. Como decana de la debutante Escuela de Gobierno de la Universidad de Oxford, por estos días está aquí presentando la facultad que dirige. Reclutando jóvenes que quieran estudiar en sus prestigiosas aulas. Entusiasmándolos para que se conviertan en líderes. Para que contribuyan a mejorar el mundo.

“Estamos encantados de que nuestros estudiantes vengan de más de 90 países, desde el continente africano hasta de los Estados Unidos. No pretendemos enseñarles cómo funciona el gobierno británico o el americano, sino que desde la experiencia de sus propios países y de otros de la región, los motivamos a repensar internacionalmente con la mente más abierta para mejorar los gobiernos”, cuenta ella desde Inglaterra.

Esta neozelandesa sabe de lo que habla. Tiene experiencia de sobra y un currículum que la ha convertido en una líder de opinión en UK. Doctorada en Relaciones Internacionales, ha asesorado al FMI, a los gobiernos de la Commonwealth y a Naciones Unidas en el Informe sobre Desarrollo Humano. Ha escrito varios papers y libros sobre sus temas preferidos: los cambios de la globalización y el rol de las instituciones internacionales.

Buena parte de su vida la ha pasado en la universidad. De hecho, fue profesora en Harvard, donde conoció a Andrés Velasco, con quien años más tarde coincidió cuando era ministro de Hacienda. Hoy son amigos: de hecho, Velasco coordinó el comité asesor que formó la escuela que hoy dirige Woods y es también profesor. Otro de los chilenos involucrados en el proyecto es Andrónico Luksic, quien forma parte del directorio internacional de la Blavatnik School of Government, que abrió sus puertas el año 2012 tras la donación de 120 millones de dólares del filántropo americano-ruso Leonard Blavatnik.

-¿Por qué una persona dona un monto así a una escuela?

-Sus padres fueron académicos e investigadores, él tiene mucho respeto por las instituciones académicas y ha sido un generoso filántropo de Harvard y otras universidades americanas. Leonard Blavatnik es un empresario global y decidió entregar este regalo porque piensa que los gobiernos deben ser más efectivos en muchos lugares del mundo, y que una educación profesional para gente que quiere trabajar en el gobierno sería una buena forma de mejorar la institución.

-¿Usted piensa que los gobiernos están fallando?

– No sé si en realidad estén fallando, pero cada comunidad en el mundo, no importa dónde esté, quiere que los gobiernos mejoren. En parte eso es positivo, porque significa que han aumentado las expectativas de la gente, que espera que el gobierno se comporte honestamente, sea responsable y satisfaga sus necesidades. Eso automáticamente eleva los desafíos que los gobiernos enfrentan.

-En Chile, la discusión se ha centrado en la desigualdad, ¿es ése el mal de los países que ya están alcanzando el desarrollo?

– Ése es un tema que está en todas las agendas de los gobiernos, desde el chino hasta los europeos, que se han tenido que focalizar en combatir el aumento del desempleo.

-¿Cómo se resuelve la inequidad? Muchos creen que la mejor herramienta es crear más empleo…

-Lo que sabemos de todos los research que se han hecho –incluido el Informe de Desarrollo Humano– es que la inequidad tiene muchas dimensiones. No se trata sólo de encontrar trabajo, sino que también involucra educación, salud, acceso a la red social, cosas que muchas veces se consiguen cuando alguien encuentra un trabajo, pero el desafío de todos los países es cómo lograr asegurar las condiciones para que la gente pueda acceder a empleos y también pueda emprender.

-En Chile, la tasa de desempleo está en sus mínimos históricos, aún así la gente no está feliz…

-No hay un solo camino para combatir la desigualdad, pero me parece bien que la gente quiera más para sus familias y su comunidad. En vez de reprimir eso, los gobiernos debieran responder mejor a esa necesidad, trabajando en conjunto con el sector privado y no contra él.

-Hablando de liderazgo, ¿quién es para Ud. un buen ejemplo?

– (Risas)…

-¿Hay alguno?

– Creo que hay líderes que han logrado importantes logros, la respuesta cliché que todo el mundo te daría es Nelson Mandela, pero a lo que la gente se refiere es a su habilidad para ser un presidente sanador. También hay líderes europeos que lucharon por unificar Europa después de la guerra, que perdonaron la deuda alemana para permitirle al país germano tener una base para crecer. Ése es un buen ejemplo que los líderes de hoy debieran considerar cuando piensan en Grecia, Portugal o Irlanda.

-De los actuales, ¿qué nombres se le vienen a la cabeza?

– Angela Merkel ha sido una líder impresionante para Alemania y me gustaría ver su liderazgo en lograr que el problema de Europa sea resuelto en forma más colaborativa. De otro modo, el asunto queda reducido a la Europa mala del sur.

-En Chile tenemos 9 candidatos a la presidencia, ¿no es eso una señal de debilidad de liderazgo?

-Al contrario, creo que es una señal de que el servicio público es algo a lo que la gente aspira, y eso es muy bueno.

-Esta elección es única a nivel mundial, las dos cartas más poderosas son mujeres, ¿qué piensa de Michelle Bachelet y de Evelyn Matthei?

-Obviamente, Bachelet tiene una reputación internacional por su desempeño en Naciones Unidas, por lo cual es muy respetada. Es fantástico que haya dos candidatas mujeres y espero interiorizarme más sobre Matthei.

Los pecados de la Globalización

En su visita a Chile, Woods dictó una cátedra en la Universidad Diego Portales titulada “The Backlash against Globalisation” (La reacción contra la globalización). Según explica, “en la década de los 90, los líderes planteaban que la globalización tenía que ser más inclusiva, pero ha fallado”, sentencia la académica.

“Una de las cosas que han mostrado las crisis financieras –y que vimos después de la subprime– es que la globalización ha utilizado satisfactoriamente las reglas del libre mercado, pero no las relativas a la regulación”, agrega.

-¿A qué se refiere?

-Los bancos, por ejemplo, tenían una absoluta libertad para funcionar, pero ¡ninguna responsabilidad legal para asegurar que podrían asumir sus propias pérdidas! Por esa razón sucedió la crisis: sobreendeudamiento y exceso de préstamos y por eso muchas comunidades sufrieron. Esto no es una crítica a los bancos, sino que a los gobiernos por no ser responsables y por no saber responder a la población. El problema central es que la globalización, hasta ahora, no ha tenido un balance correcto entre la apertura del mercado y  las reglas, que deben convivir. Por eso, ha habido una verdadera lucha política para rebalancear la globalización.

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Desde el punto de vista positivo, en los últimos 5 años hemos visto aparecer la transformación de la capacidad regional; hay un nivel de fragmentación, una desglobalización en los gobiernos y las finanzas.

-¿Ud. no suscribe la tesis de un mundo unipolar, dominado por Estados Unidos?

-No; creo que el mundo está dejando de ser unipolar. Estados Unidos ya no puede actuar sin consultarle al resto, como vimos en 2009.

-¿Cree que China le puede arrebatar el poder a Estados Unidos?

-No, no creo. Lo vimos el 2008: aunque fue una crisis que empezó en Estados Unidos, muchos capitales se fueron a resguardar a Estados Unidos. China está creciendo normalmente, ha evolucionado en materia internacional, pero tiene muchos problemas domésticos que dificultan su capacidad de convertirse en hegemónico.

-¿Sigue siendo el capitalismo el mejor sistema económico?

-El principal problema del capitalismo es su relación con la democracia. La razón por la cual necesitas gobiernos responsables para que ésta sobreviva, es porque no hay competencia perfecta. El deseo de todas las compañías es ser monopólicas, y para eso necesitas –incluso en el sistema más capitalista del mundo– que los gobiernos los prevengan. Lo anterior es difícil, porque los monopolios y oligopolios tienen un gran poder sobre el sistema político: financian campañas y, por ende, al gobierno. El principal problema es que debiera haber un nuevo trazado de los límites entre las empresas y el gobierno. Esta relación debe ser con mucho cuidado, porque si las empresas capturan al gobierno, dejas de tener competencia, porque las más poderosas no quieren competir, sino que ser monopólicas. Eso lo logras separando el sistema político –que regula– y las compañías, que tienen que mantenerse competitivas. •••