Colombia está de moda, y no sólo por las producciones dramáticas que en Chile se trasmiten por varios canales de televisión y que se han afianzado en la audiencia chilena. También lo está porque hacer negocios allá hoy es un must para los empresarios chilenos. Bien lo saben más de una veintena de empresas locales […]

  • 29 julio, 2013

Carlos, Teresa y Piero Solari

Colombia está de moda, y no sólo por las producciones dramáticas que en Chile se trasmiten por varios canales de televisión y que se han afianzado en la audiencia chilena. También lo está porque hacer negocios allá hoy es un must para los empresarios chilenos.

Bien lo saben más de una veintena de empresas locales que han invertido –según datos del Banco Mundial– casi 9 mil millones de dólares en el país cafetero en los últimos 20 años. Corpbanca, Banmédica, Gasco, Cencosud, Forus, Masisa, Rosen, Ripley y Parque Arauco son algunas de las compañías que han apostado por ese mercado.

Y con razón, 46 millones de potenciales clientes e industrias en franco crecimiento atraen a los chilenos. Es el caso de Falabella, que apostó tempranamente por debutar allí en 2005. Pero los socios de la cadena no se conformaron con eso y hoy sus controladores están yendo por más, aunque apostando por un mercado absolutamente diferente: la energía.

En Colombia, a través de los family office Megeve y Corso, los Solari son dueños de una planta de generación térmica y se preparan para doblar su capacidad en ese mercado. En el proyecto invertirán 350 millones de dólares y esperan que sea el empujón definitivo que los convierta en un actor de peso en la industria colombiana de la energía en el mediano plazo.

Alto voltaje

A través de los brazos de inversión que administran los dineros de Reinaldo y Teresa Solari, la exploración en esta industria comenzó en 2007. Falabella ya era un player conocido en el retail en Colombia, cuando el dueño del banco de inversiones Correval, Álvaro Hernán Mejía, se acercó a proponerles un negocio: ingresar a la propiedad de Termotasajero.

Ubicada en el departamento Norte de Santander –a poca distancia de la frontera con Venezuela– la planta de carbón, privatizada en 1996 y en manos de la firma norteamericana Durinding (81%) y de la Empresa Colombiana de Petróleos (18%), estaba a la venta y Correval quería quedarse con el activo.

“Era una inversión que Correval identificó justo cuando en Colombia la ley abrió la posibilidad a los fondos de pensiones (a través de fondos de inversión privada) destinaran recursos a proyectos rentables”, recuerda uno de los colaboradores del banco de inversiones y director de Termotasajero, Jaime Maldonado.

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Pero pese a que sus informes hablaban de retornos favorables y a que reclutaron a cuatro fondos de pensiones para apoyarlos, reunir los más de 150 millones de dólares que valía la empresa no fue fácil, agrega el ejecutivo.

Mejía se acordó entonces de la gente de Falabella y les comentó de la oportunidad. Inmediatamente el equipo de Megeve –la oficina de Reinaldo Solari y sus hijos Carlo y Piero– respondió al llamado. Justamente, relatan, estaban buscando invertir en energía en Sudamérica sin dar con el activo adecuado. Habían mirado Perú, pero Colombia –aún un destino incipiente en 2007– les abría la puerta.

Acudieron a la operación, pero decidieron invitar a otra de las ramas de la familia y sumaron a Corso, el brazo de inversiones de su tía Liliana Solari. Así, a mediados de 2007 y en una subasta organizada por un banco de inversión extranjero, cerraron el deal por el que pagaron en conjunto 160 millones de dólares. La empresa no tenía deuda y los chilenos además ostentarían el control de la operación, con el 54% de las acciones.

A Colombia los pasajes

Termotasajero era una unidad que al momento de ser adquirida por los chilenos funcionaba bien, pero que tenía espacios importantes para mejorar. Desde Megeve, recuerdan que los norteamericanos –sus ex controladores– hacían una administración a distancia de la planta, un estilo que quisieron cambiar.

Por eso, literalmente, un equipo chileno se mudó a Colombia para conocer en detalle la operación. El elegido para partir a terreno fue Nicolás Bañados, MBA de la Universidad de Pensilvania y ejecutivo de Megeve desde 2003, quien vivió por 6 meses en ese país para identificar las oportunidades de crecimiento.

Para ser lo más profesionales en la apuesta, reclutaron además a un equipo técnico que los acompañó en el viaje. Optaron por asesorarse por la consultora de ingeniería Altimec, fundada por dos ex Gener: Patricio Monsalve y Rolando Bustamante. “En general, funcionaba técnicamente muy bien, se recomendaron algunas mejoras, pero era una planta bien operada”, relatan sus asesores.

Tras el diagnóstico, el equipo realizó algunos ajustes menores y se dio cuenta que una de las principales mejoras podía ejecutarse en sus relaciones comerciales con los proveedores de carbón de la planta. Éstos son, de hecho, los principales aliados de la operación, la que es abastecida por pequeños y medianos mineros que entregan a Termotasajero unas 250 mil toneladas de carbón al año.

Cabe recordar que Colombia es un productor natural de carbón, característica que es una de las más importantes ventajas comparativas de Termotasajero, pues el costo del mineral alcanza casi la mitad del valor al que se importa a Chile. En ese contexto, y como forma de fortalecer su relación con esos “stakeholders”, fue que crearon una fundación que los asesorara y entregara recursos para mejorar los protocolos de extracción y tratamiento del carbón.

Con todo, recuerda Jaime Maldonado, los chilenos fueron tomando un rol protagónico en la administración que les acomodó a todos los socios y también a los trabajadores. De hecho, pese a que la plana ejecutiva está hoy en manos colombianas, Nicolás Bañados y Dieter Hauser (CEO de Megeve) son parte del directorio de la firma. La mesa, por parte de los locales, se completa con el abogado Álvaro Bofill y Elizabeth Lehman en representación de Corso.

Se busca proyecto

Pero los Solari no querían quedarse sólo con Termotasajero y en paralelo a su arribo a Colombia, los ejecutivos de Megeve comenzaron a buscar nuevas oportunidades. La instrucción de los controladores era clara: crecer en generación térmica en el país cafetero. Y hubo que salir a buscar.

La empresa había cobijado a Termotasajero bajo Colgener, una sociedad anónima que crearon con la idea de seguir invirtiendo. “Si nos manteníamos sólo con el proyecto que adquirimos, éramos un jugador muy chico y la idea era comprar otros activos o bien construirlos”, explican desde Corso.

Así entonces, y luego de analizar la venta de algunos proyectos, recurrieron a un as bajo la manga. Cuando compraron la planta, existía la opción de desarrollar una segunda unidad que contaba con su licencia ambiental aprobada. Se trataba de una planta vecina a la instalación y de características similares (160 MW).

Pero para ponerla en marcha no sólo bastaban las buenas intenciones. En Colombia, es el gobierno el que licita los proyectos de energía y debían esperar que eso ocurriera para “ofrecer” su iniciativa. Lo que hace el Ministerio de Energía es que calcula la cantidad de MW que requiere inyectar al sistema para cubrir el crecimiento de la demanda y eso se llena con propuestas de privados, las que deben estar previamente diseñadas.

El riesgo que corrían era alto, pues podía que no les adjudicaran la subasta y tuvieran que congelar la idea. Pero la compañía confiaba en que la estructura de costos presentada en el concurso y las proyecciones del precio de la energía que estimaron jugarían a su favor. Y así fue. A fines de 2011 la Comisión Reguladora de Energía y Gas los autorizó a construir la nueva planta.

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“Fue una apuesta positiva. Se lograron muy buenos contratos para la construcción y el financiamiento que contó con el respaldo de los socios. Además, el Estado colombiano ve el proyecto con muy buenos ojos por dos beneficios. Uno, el derrame de inversión en la zona, y dos, el respaldo a la capacidad energética de la región”, comenta Jaime Maldonado.
Para el asesoramiento técnico también reclutaron a Altimec. Esta última firma tiene un equipo dedicado especialmente al proyecto que viaja constantemente a Colombia, y que tuvo como desafío no sólo respetar los niveles de emisión establecidos en la licencia ambiental, sino que cumplir con protocolos adicionales establecidos por el Banco Mundial (Protocolos de Ecuador).

La razón de contestar a estas exigencias extraordinarias, fue que era una condicionante relevante para los bancos que apoyaron el financiamiento de la obra. El pool estuvo liderado por Itaú, al que se sumó Corpbanca y el Banco de Bogotá.
“Lo encontramos un excelente activo, tanto el que está operativo como el proyecto de expansión, world class. Y lo consideramos una excelente oportunidad de expandir nuestra franquicia en Colombia. Decidimos liderar el financiamiento por lo bueno del activo, el excelente grupo de accionistas y porque la estructura que ofrecimos a Termotasajero agregaba mucha flexibilidad operacional, lo que fue fundamental”, añade Pedro Pablo Álamo, Head of Structure Finance Latam de Itaú.

En paralelo, durante 2012, se dedicaron a realizar la ingeniería en profundidad del proyecto y en abril de este año comenzaron su construcción asociados a Hyundai. Siete ejecutivos de Altimec trabajan full en su puesta en marcha y han viajado personalmente a Corea del Sur para supervisar los aspectos técnicos de la misma, todo con miras a cumplir los plazos establecidos por el concurso público que indican que la planta debe estar operativa en diciembre de 2015.

El derrame de la inversión

En Cucutá la noticia de la construcción de la nueva planta de energía tiene a todos de buen ánimo. No sólo generará más empleos para los mineros de la zona, que verán duplicada su demanda por carbón (hasta las 600 mil toneladas aproximadamente), sino que su construcción significa generar más de mil empleos en la localidad fronteriza.

No es todo; desde Megeve explican que el gobierno colombiano ha apostado por motivar el desarrollo de proyectos en este sector y que con ese fin pudieron postular a que la unidad opere como zona franca, que les brinda ciertos beneficios y así tener un mejor retorno de la inversión. “Localmente es una empresa importante que sirve como un elemento de desarrollo, no sólo para Cucutá, sino para ciudades aledañas con todo lo que implica su construcción y el movimiento de servicios que eso le da a la zona”, añaden desde Corso.

Pero éste no es el único “derrame” de la inversión que se ha generado, pues los buenos resultados financieros de la operación de Termotasajero I tienen decididos a los socios de Colgener a invertir en nuevas oportunidades en Colombia. “Hemos tenido una buena relación entre los socios y estamos contentos con el desempeño. Siempre hay desafíos y espacios para mejorar, pero si se mira la inversión, la fiabilidad del proyecto, el desempeño y la relación con la gente, ha sido algo muy positivo para Corso y por supuesto que queremos crecer”, aseguran desde el family office.

Por ahora se encuentran haciendo estudios en diferentes cuencas de Colombia –con la idea de ingresar a la generación hídrica– y de proyectos de otros desarrolladores en los que pudieran sumarse a la propiedad. No descartan que algunos de ellos puedan desarrollarse en paralelo a la construcción de la nueva planta.•••