Por: Marcelo Soto Claudio Naranjo (nacido en Valparaíso, en 1932) es uno de los intelectuales chilenos de mayor alcance internacional. No es fácil resumir su trayectoria, que partió en la medicina para desembocar en la antropología y la siquiatría, codeándose con algunas de las figuras e instituciones más rutilantes de su época. Fue amigo de […]

  • 29 septiembre, 2016

Por: Marcelo Soto

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Claudio Naranjo (nacido en Valparaíso, en 1932) es uno de los intelectuales chilenos de mayor alcance internacional. No es fácil resumir su trayectoria, que partió en la medicina para desembocar en la antropología y la siquiatría, codeándose con algunas de las figuras e instituciones más rutilantes de su época. Fue amigo de Carlos Castaneda y discípulo de Fritz Perls; estudió con Leo Zeff y vivió los años de la psicodelia en Berkeley. Ha desarrollado modelos para entender el funcionamiento de la mente humana, así como ha desafiado el predominio de la cultura del patriarcado.

En 1970, sufrió un quiebre, como él mismo explica: “La muerte en un accidente de mi único hijo, la víspera de la Pascua, pareció ponerle un punto final a una etapa, y la siguiente comenzó con una peregrinación bajo la dirección del maestro espiritual Óscar Ichazo, que incluyó un período de aislamiento en el desierto cerca de Arica, con el que comenzó para mí el acceso a la vida contemplativa”.

Luego de esa experiencia –y recogiendo varias de las lecciones de su desarrollo intelectual–, creó el programa SAT, una escuela que define como “un espacio donde se aprende a ser más verdadero” y que lo ha llevado a recorrer el mundo impartiendo talleres. En los últimos años su principal foco ha sido la educación, que considera, por así decirlo, la madre de todas las batallas. Naranjo no suele dar entrevistas, pero aceptó contestar algunas preguntas a Capital, haciendo un paréntesis en su agenda de conferencias.

-¿Por qué la educación está en crisis?

-Por la obsolescencia de un sistema formativo que se creó a comienzo de la era industrial, que tuvo como función muy importante la orientación de la fuerza del trabajo. Acertadamente se ha observado que la educación es la más obsoleta de nuestras instituciones y la más resistente al cambio, y poco se ha comprendido la medida en que la educación debería ser todo lo contrario: una fuerza cultural de avanzada, un órgano de desarrollo de la sociedad y una ayuda a la evolución colectiva. También es oportuno decir que la educación que tenemos es un fraude, puesto que sólo instruye y no educa.

-¿De qué forma se expresa esa diferencia?

-La palabra educación deriva de e-ducare, tirar fuera, en vista de su propósito de ayudar a la expresión del potencial intrínseco de las personas (más que inyectarles a las personas algo, y menos aún conocimientos). Está bien que haya un componente de instrucción en la educación, pero no está bien que se pretenda que instruir es educar; y menos bien está en nuestro tiempo, la llamada “era de la información”, cuando no es prioritario llenarle a la gente la cabeza de datos que están a mano prácticamente en cualquier teléfono móvil.

-¿A qué se debe esta desconexión?

-Está en crisis principalmente la educación porque hoy en día necesitamos personas más conscientes que en el pasado. Pues se está desmoronando lo que podríamos llamar el “sistema patriarcal”, de naturaleza autoritaria. Tenemos por ahora una falsa democracia; es decir, una democracia manipulada, en que se engaña al pueblo haciéndolo imaginar que es libre, cuando apenas se reduce su libertad a la de elegir entre uno u otro candidato (y cuando los mismos candidatos son elegidos por un sistema político en que influyen en gran medida el dinero y los medios de comunicación).

-¿Cuán central es esta crisis en la sociedad contemporánea?

-Es fundamental, porque estoy convencido de que tenemos el mundo que tenemos como resultado de no tener otra educación que la que tenemos. Nuestra educación es robotizante, les roba a las personas la oportunidad de una formación humana durante la juventud, al encerrarlas en escuelas que tienen el carácter de prisiones disimuladas, donde se las somete a un lavado cerebral cuyo verdadero currículo no es el de las materias aparentes que se enseñan, sino el de la obediencia y una moralidad represiva también bastante obsoleta.

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-¿Qué principios deberían guiar una reforma auténtica?

-Las bases de un verdadero cambio en la educación no han de considerarse simplemente una cuestión curricular, sino que comenzar por una reconsideración del propósito de la educación. No debemos buscar ya una educación para el condicionamiento de las personas, sino para su crecimiento y para su liberación; en otros términos, su desarrollo psico espiritual. Para ello, más que los programas, será importante una nueva forma de educar a los educadores.

Los límites del modelo

-En Chile y en el mundo hay un cuestionamiento del orden económico. ¿Cuáles son las causas de este descontento?

-No se puede concebir que sea sostenible un sistema que intrínsecamente deba siempre continuar creciendo. En este sentido, me parece que tienen razón los del movimiento “la decrescita felice” (o el descrecimiento feliz) en Italia, aunque tampoco constituye una respuesta al problema del desempleo. En síntesis, la situación es que vivimos en un ecosistema limitado, de modo que es obvio que no puede continuar una explotación ilimitada de los recursos. Independientemente de la insostenibilidad ecológica de este modelo (como fue señalado ya en los años 60 por un famoso estudio encargado por el Club de Roma), está el problema de la felicidad. El capitalismo con su carácter explotador no ha conducido a una sociedad feliz, ni tampoco a una sociedad justa.

-¿Por qué lo cree así?

-En el mundo actual, el lucro es una fuerza muy poderosa, que a su vez sirve a la pasión de la codicia, que es algo así como un hambre generalizada de bienes con los que se quiere llenar un vacío interior. Y no me parece que sea una buena decisión la de seguir permitiéndole al lucro ser el motor de la vida sobre la tierra, cuando más bien nos convendría liberar el potencial humano de las presiones excesivas del sistema económico.

Patriarcado y razón

-Usted ha planteado la idea de los tres cerebros (razón, emoción, instinto). ¿Podría explicarnos cómo la preponderancia de uno sobre otro ha sido negativa?

-Efectivamente, me parece que estamos viviendo desde hace mucho tiempo en una era en que predomina la razón sobre la emoción y sobre el instinto. Todo el mundo civilizado ha sido controlado a través de la razón, y así como hoy en día se nos educa para que pensemos de una manera determinada (no sólo a través de la escolarización sino que a través de la televisión), también en el Medioevo, cuando dominaba la Iglesia.

-Hay una polémica sobre este tema. ¿Cree que la visión patriarcal ha sido la constante?

-No todos los académicos están de acuerdo, pero antes del mundo racional, masculino, competitivo y violento, hubo una época matrística en que predominaron no las mujeres, pero sí el espíritu materno, que es un espíritu solidario, tribal o comunitario, de cooperación. También me parece más que probable que en la época anterior al Neolítico (en que se instituyó la agricultura), cuando nuestros antecesores eran cazadores y recolectores, se vivió una vida mucho más guiada por el instinto, como en los animales; y podríamos decir que esto constituyó un implícito régimen anárquico o autárquico, en que cada individuo, pese a vivir en grupo, era dueño de sí mismo.

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-¿Cómo analiza este proceso?

-Podemos interpretar el desarrollo histórico como uno que empezó por el aspecto infantil o animal de la mente; es decir, el régimen político implícito (anterior a las leyes) fue uno en que dominó el principio instintivo; luego se evolucionó, con el advenimiento de las sociedades sedentarias, a una posición más adulta en que fue la mujer el cemento que unió a las personas en comunidades colaborativas. Y por último, hemos llegado al sistema político, en que una autoridad central ejerce un poder violento (supuestamente para impedir la violencia de los miembros de la sociedad en pugna individualista de unos contra otros).

-¿Ve en el futuro la posibilidad de llegar a un equilibrio?

-Mi interpretación de la sociedad feliz que pudiéramos un día llegar a tener es que ésta se corresponderá con el equilibrio de nuestros tres cerebros, que a su vez son algo así como tres personas interiores que constituyen nuestra mente individual (el padre, la madre y el hijo).

-Hay un aumento de enfermedades como depresión y estrés. ¿Cree que nuestro modo de vida es insano?

-Lo que llamamos “salud” es justamente la recuperación de una sana vida instintiva, y también la recuperación de una sana vida amorosa; en tanto que la neurosis universal es una condición no sólo de pobreza interna, sino que también una condición de gran sed de plenitud que no sabe cómo llenarse salvo con cosas o sustitutos simbólicos como dinero o poder.

El país lento

-Usted viaja cada cierto tiempo a Chile, donde hoy se evidencia un gran desafecto con la política y las instituciones. ¿Cómo puede superarse la desconfianza?

-Debo comenzar por responder que no le he dedicado tiempo a intentar desenredar los líos de mi país que requerirían no sólo de mucha atención, sino que de una verdadera dedicación. No lo he hecho, y no por falta de interés en mis conciudadanos, sino porque la vida me ha enseñado a no meterme allí donde no se me invita, y así he preferido ponerles atención prioritaria a las personas e instituciones de otros países, especialmente la ciudad de Udine, cuyo alcalde me insta a que considere la ciudad entera como mi paciente colectivo.

-¿No lo han invitado?

-Mucho me hubiera gustado que años atrás Chile me hubiese pedido lo que alguna vez le encomendó el gobierno francés a Edgar Morin; pues creo que aunque Morin no logró arreglar el sistema de la educación en Francia, creo que yo hubiera logrado hacerlo en Chile cuando más joven. Hoy en día tal vez pudieran lograrlo mis discípulos, ya que estoy demasiado viejo para tal tarea.

-¿Cómo observa al país?

-Hasta ahora, Chile me ha impresionado como un país muy lento en su evolución. Ya en los años sesenta, cuando viajé a California y comencé a volverme un ciudadano internacional, sentía que Chile era un país paralizado. Luego la parálisis se agravó durante la dictadura, y el espíritu de la dictadura no ha desaparecido del todo.

El legado

-Usted ha dicho que es importante vivir con la muerte al lado. ¿Cómo se siente?

-Muy satisfecho. Trabajo muchísimo, he multiplicado mis viajes, mucho más allá de lo que hacen otros octogenarios, y me mueve a ello el estar convencido de que voy dejando un gran legado que el mundo apenas comienza a reconocer, y que el sistema que he desarrollado para el desarrollo psicoespiritual (a través de un método de trabajo con grupos que se ha llamado la escuela SAT), es lo que se necesita para cambiar no sólo la educación, sino que otras instituciones.

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-¿Qué espera de los años que vienen?

-Imagino que ya me tocará un tiempo en que vuelva a la vida contemplativa, que fue el ámbito en que se originaron mi capacidad de ayuda, mi visión del trabajo personal y de la sociedad.

-A propósito de esto, me gustaría hablar brevemente de su camino personal. ¿Quiénes fueron sus principales maestros?

-Partí de una condición muy semejante al autismo, fui un niño muy tímido. Mi primer gran maestro fue un visionario chileno que siempre consideré más un profeta que un simple artista, Totila Albert. Después de él me ayudó mucho Fritz Perls, el creador de la Gestalt, y también el mejor exponente de la terapia psicodélica durante los años sesenta en California, Leo Zeff. Posteriormente conocí al famoso Oscar Ichazo, que se decía heredero del cristianismo esotérico del cual había emergido Gurdjieff, y luego a varios maestros tibetanos entre los cuales el más conocido fue su Santidad el Karmapa numero XIV, y principalmente mi “maestro raíz” Tarthang Tulku Rinpoche.

-¿A qué lugares llegó tras este largo viaje?

-Llegué al cielo y vi que no tenía sentido quedarme ahí sin bajar a la tierra y encarnar eso que había conocido del espíritu. El descenso (el proceso de “vuelta a casa”) me tomó muchos años. Desde años atrás he llegado a eso que en el budismo tibetano se llama “la etapa de fruición” en que se cogen los frutos del trayecto místico, tanto interiormente como en un sentido objetivo, y con ello me he vuelto un sembrador muy fecundo.

-¿Cómo resumiría lo aprendido?

-He desarrollado un poco más la comprensión que recibí de las tradiciones espirituales acerca del proceso de transformación, la naturaleza del “viaje interior”, y me ha tocado también entender algo más el patriarcado, que fue por primera vez señalado por Totila Albert como el enemigo común de la humanidad, mucho antes de que el feminismo lo redescubriera como problema social fundamental. Me he dedicado últimamente a especificar la naturaleza de la mente patriarcal, porque no creo que se pueda cambiar la educación mientras sus autoridades no comprendan que es esta mente patriarcal la que nos detiene en nuestro desarrollo como personas. •••