Aparte de una reflexión sobre la vejez, Sale el espectro es una diatriba contra el periodismo cultural. Philip Roth en estado salvaje.

  • 17 abril, 2008

Aparte de una reflexión sobre la vejez, Sale el espectro es una diatriba contra el periodismo cultural. Philip Roth en estado salvaje. Por Marcelo Soto

La última novela de Philip Roth es una montaña rusa que sobrecoge y sorprende, nos deja pasmados y al borde del pánico, para terminar medio confundidos y algo descompuestos. Su protagonista no es otro que Nathan Zuckerman, el mismo personaje que apareció por primera vez en La visita al maestro (1979) y al que muchos consideran el alter ego del escritor estadounidense nacido en 1933.

Nathan protagonizó muchas novelas de Roth de los 80 y 90, pero nunca su aparición había sido tan sombría y fantasmal como en Sale el espectro. Tiene 71 años y ha sufrido un cáncer a la próstata, que lo ha dejado con penosas secuelas. Derrotado y lleno de rencor, vuelve a Nueva York luego de vivir más de una década aislado en una casa campestre, donde apenas hizo otra cosa que escribir.

Al recorrer la ciudad, con la esperanza de hacerse un tratamiento salvador, todo lo que creía muerto renace dolorosamente. Conoce a una guapa escritora 40 años menor de quien se enamora, justo en el momento en que George W. Bush gana la presidencia por un segundo mandato. “¡De vuelta al drama, de vuelta al torbellino de los acontecimientos!”. La conclusión es amarga.

Son varias las conexiones entre Sale el espectro y La visita al maestro, donde un joven Zuckerman llegaba a la casa de su ídolo E.I. Lonoff, escritor brillante pero poco conocido que, se dice, estaría inspirado en Bernard Malamud. En dicha obra Lonoff dejaba a su esposa por una joven llamada Amy, quien para Nathan era la personificación de la belleza. Medio siglo después se encuentran en Nueva York y ella se ha convertido en una anciana andrajosa sumida en la miseria.

Extremadamente vulnerable debido a un tumor en el cerebro, Amy es acechada por un aprendiz de biógrafo decidido a destapar “el gran secreto” que ocultaba Lonoff, un turbio episodio de su juventud. Nathan intentará detener por todos los medios la investigación, porque le repelen las prácticas del periodismo cultural.

En Sale el espectro, Philip Roth realiza una defensa de la intimidad del escritor, quizá previendo lo que puede depararle la posteridad. Como un toro viejo pero aún salvaje, da golpes a diestra y siniestra, y no pocas veces parece presa del resentimiento, de la ira, de la nostalgia. Pese a los baches en el camino, su novela está poseída de una rabiosa energía que a menudo quita el aliento.