Con Andrés Concha en la Sofofa y Rafael Guilisasti en la CPC, el empresariado dio vida a su propia versión de la dupla Sa-Za. No sabemos cómo son para el fútbol, pero en trayectoria, capacidad negociadora y acceso a los círculos de poder, constituyen todo un referente. Una dirigencia poderosa para enfrentar los difíciles tiempos que se avecinan.

  • 27 mayo, 2009

 

Con Andrés Concha en la Sofofa y Rafael Guilisasti en la CPC, el empresariado dio vida a su propia versión de la dupla Sa-Za. No sabemos cómo son para el fútbol, pero en trayectoria, capacidad negociadora y acceso a los círculos de poder, constituyen todo un referente. Una dirigencia poderosa para enfrentar los difíciles tiempos que se avecinan. Por Guillermo Turner.

El ciclo se completó. Luego de 13 años a cargo del manejo administrativo –y paulatinamente, también del estratégico– acompañando y asesorando a cuatro presidentes sucesivos, Andrés Concha se posicionó como el nuevo titular de la Sofofa. El hito, más que una gesta personal (algo que poco calzaría con el bajo perfil y posicionamiento del ex secretario general), marca la consolidación definitiva de un estilo de dirigencia distinto, moderno y negociador, inaugurado por Felipe Lamarca el 97 y profundizado por las administraciones Claro y Philippi.

Pero eso no es todo. Como pocas veces en el pasado, al mando de las instituciones gremiales más relevantes del país –la propia Sofofa y la Confederación de la Producción y del Comercio– coinciden ahora dos fieles exponentes de esa corriente que logró contrarrestar la intransigencia de los sectores más duros del empresariado, abrir puertas en los gobiernos de la Concertación y convertirse en referente obligado para la negociación de todo tipo de reformas económicas.

Sí. Andrés Concha y Rafael Guilisasti tienen experiencia en esos terrenos. Se conocen y comparten el oficio gremial desde los años de Lamarca en la Sofofa, aunque con mayor profundidad a partir de 2005, cuando el accionista de Concha y Toro asumió como vicepresidente de los industriales.

Dicen que el fuerte del actual líder de la Sofofa se encuentra en Teatinos 120, donde ostenta un gran respeto entre los equipos técnicos del ministerio de Hacienda. Por cierto, la imagen coincide con el perfil estudioso y extremadamente meticuloso que caracteriza a Andrés Concha. “Cada vez que te pregunta sobre el estado de avance de algún proyecto es como pasar un examen de grado en la universidad. Pregunta lo que ya investigó y conoce las respuestas con anticipación. Tiene una permanente política de puertas abiertas, tanto para temas laborales como personales. Es muy cercano con nosotros, pero –al mismo tiempo– es tremendamente exigente”, cuenta uno de sus colaboradores en el edificio de Andrés Bello.

Con varios directorios en el cuerpo, negocios propios y una envidiable red de contactos, Concha maneja valiosa información transversal que potencia con estudio y lectura. Suele llegar a las oficinas antes de las 8:00 y retirarse pasadas las 22:00 horas, y no son pocos los sábados en que se la ha visto concurrir a la sede gremial. Un agitado ritmo de vida que –aunque parezca lo contrario– comentan que pretende reducir como presidente del gremio, siempre que encuentre un secretario general que logre equilibrar su evidente omnipresencia.

A su partner de la CPC le reconocen una buena llegada en La Moneda y, particularmente, con la presidenta Bachelet, a quien acompañó en la reciente gira por Holanda y Francia. Dicen que contribuyen su pasado por el MAPU, su vocación humanista y su vinculación con una empresa ejemplar en materia de innovación y apertura al mundo. Como sea, en sus casi seis meses al frente de la CPC, Rafael Guilisasti ha mostrado buen dribbling y un acuerdo laboral tripartito (gobierno-empresarios-sindicatos) que podría sentar las bases para futuras conversaciones en pro de la anhelada flexibilización. Eso, si es que el escenario político lo permite, porque los tiempos que vienen para estos representantes no son nada fáciles.

Vientos de cambio

Aunque cueste reconocerlo, la crisis económica internacional tuvo un efecto positivo en nuestras tierras, al menos desde la óptica empresarial: ordenó la agenda del gobierno, consolidando el poder de Andrés Velasco y dejando de lado la estrategia más confrontacional que representaba el entonces ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade. Su sucesora en el cargo, Claudia Serrano, ha hecho buenas migas con el propio Guilisasti y, por el momento, la amenaza del proyecto de fortalecimiento sindical no tiene indicios de concretarse. Salvo que el clima político empeore y las fuerzas concertacionistas presionen para convertirlo en una herramienta electoral con miras a la elección presidencial.

Los dirigentes empresariales le han preguntado a la propia presidenta su opinión al respecto, pero la respuesta no alcanza a disipar la incertidumbre. “Tengo que analizarlo”, les habría dicho. El asunto es que, independiente de si la iniciativa alcanza o no a ser impulsada por este gobierno, de seguro será la bandera de lucha de la bancada de diputados sindicalistas que amenaza con conformarse a partir del pacto Concertación-Juntos Podemos Más.

La eventual llegada de un gobierno de centro derecha tampoco es sinónimo de tranquilidad para el empresariado. “Con Piñera tenemos relaciones más naturales y conocemos a mucha gente que trabaja en su comando, pero ellos están en una lógica de campaña, con un discurso que no siempre nos favorece, y si ganan no creo que quieran aparecer como el gobierno de los empresarios”, afirma un representante.

La clave política

Si hay algo que ha diferenciado a Concha y Guilisasti, al menos en el plano más público, es su diferente inclinación por los temas políticos. Mientras el titular de la CPC ha planteado abiertamente su disposición a tratar reformas de envergadura –como el sistema presidencial– al nuevo líder de la Sofofa casi no se le conocen pronunciamientos políticos.

Pero da lo mismo. Ambos saben que la agenda que se les viene estará muy marcada por los cambios en esta materia. Cualquiera sea la coalición derrotada en la próxima elección presidencial, será sucedida por una más que segura reestructuración interna, modificando el ordenamiento que ha caracterizado al país desde el retorno de la democracia. Asimismo, cualquiera sea el presidente electo, será diferente al estilo delegativo de Bachelet (el mismo que ha permitido a Velasco manejarse con alta independencia). Al menos, no es la imagen que caracteriza a Piñera ni tampoco responde al cambio experimentado por Frei en relación a su anterior mandato.

En definitiva, escenarios inciertos que –como tales– siempre han incomodado a los empresarios. Por eso que quizás, una vez más, la estrategia de Concha prevalecerá ante las voces más duras del gremio. Esa que se limita a “atajar goles” (control de daños, como le llama), mantener el diálogo y buscar todos los espacios posibles para ayudar al desarrollo de los negocios.