La primera es la controvertida pieza del abogado Axel Kaiser, donde plan- tea que la educación no es un derecho

que pueda ser exigido por los ciudadanos, porque para hacerlo efectivo el Estado se ve siempre obligado a meter la mano en el bolsillo de personas que han ganado legítimamente su patrimonio. Kaiser agrega que la idea de derechos sociales es un espejismo de moda pero que debemos rechazar por sus impli- cancias normativas. El objetivo de cualquier gobierno, según el columnista, sería proteger a los gobernados en el goce de sus libertades individuales negativas, es decir, aquéllas que se garantizan con la no-interferencia de terceros.

Días antes, en el mismo periódico, Her- nán Larraín Matte y Felipe Kast publicaron en conjunto una reflexión titulada “La otra cara de la libertad”. En ella, los autores se muestran conformes con los avances de nuestro país en materia de libertades indi- viduales, pero disconformes con el grado de libertad social de los chilenos. Según el texto, ésta se manifiesta en una demanda por espacios públicos y comunes de encuentro, así como en la incorporación de las capaci- dades y oportunidades efectivas en la medi- ción de la propia libertad. Más aún, Larraín y Kast hacen sinónimos la idea de sociedad justa con la idea de sociedad libre.

El contraste es evidente y se da en dos di- mensiones.

La primera es conceptual. Kaiser escribe desde la tradición liberal clásica que utiliza la definición hobbesiana de libertad: “Libertad

significa, propiamente hablando, la ausencia de oposición”. Dicha ausencia la hace acreedo- ra del apellido “negativa”. Es el mismo punto de partida lingüístico de las teorías de Ben- tham, Mill, Berlin, Hayek o Rawls. Para este enfoque, todos los ciudadanos de la república son igualmente libres en la medida que no son impedidos de realizar una determinada acción, por ejemplo, sostener un culto religio- so, expresar una opinión o comprar una casa.

Larraín y Kast, en cambio, expanden el ámbito de la libertad más allá de lo puramen- te negativo y se comprometen, siguiendo al economista Amartya Sen, con un concepto que incorpora las capacidades efectivas para ejercer ciertas acciones. Un ciudadano sin posibilidades reales de expresar públicamente su opinión porque sencillamente la pobreza lo tiene agobiado, no es libre desde esta pers- pectiva, aunque la Constitución le consagre una garantía de no-interferencia. Por lo de- más, Kaiser rechazaría la coherencia de una idea de libertad que no fuera esencialmente individual, como lo es la “libertad social” que introducen Larraín y Kast.

La segunda diferencia es normativa. Kai- ser cree que el objetivo primordial del Estado es la protección de las libertades individua- les. Cualquier pretensión que sobrepase esta esfera es, desde la mirada libertaria, moral- mente ilegítima. Larraín y Kast sostienen una afirmación muy distinta. Para ellos, la comunidad política tiene el imperativo de asegurar a todos sus miembros una cier- ta igualdad de oportunidades para que las

posiciones de partida de los individuos no afecten radicalmente sus expectativas vitales. Eso se hace a través de políticas públicas que se financian, en parte, por vía redistributiva. Esta posición los acerca al ideal que la teoría política conoce como liberal-igualitario y los aleja fuertemente de la visión libertaria.

Por cierto, existen matices y combina- ciones posibles entre ambas posiciones. Es perfectamente plausible entender la libertad como un concepto meramente negativo y, aun así, considerar que las funciones del Es- tado exceden la protección de las garantías individuales. “La libertad no es la primera ne- cesidad de todo el mundo” señalaba sir Isaiah Berlin. El mismo John Rawls construyó su teoría de justicia defendiendo la existencia de instituciones fuertemente igualitarias.

Aunque los candidatos presidenciales de la Alianza hayan mostrado pocas diferencias en los debates, los contrastes filosóficos –con- ceptuales y normativos– existen en la gran familia de la derecha chilena. Desde distintos centros de pensamiento (Kaiser dirige la Fun- dación para el Progreso, mientras Larraín y Kast son fundadores del think tank Horizon- tal) emergen contribuciones valiosas al debate interno. El tiempo dirá cuál se impone. •••