El debut de la derecha en elecciones primarias ha tenido un mérito. Contra todo pronóstico, ni se dañaron ni afecta- ron su unidad. La competencia, que de- bería haber sido ardua por la equivalencia electoral de los contrincantes y su historia de disputas, se transformó en el lugar para sanar viejas heridas.

La breve carrera electoral mostró dos candidatos con propuestas similares, inte- resados en resaltar su comunidad política e intelectual. Las diferencias de estilos y tra- yectorias fueron más subrayadas por los acó- litos que por las protagonistas principales de la elección. Mientras la oposición apuntaba a la diversidad, refrescaba su marca (Nueva Mayoría) y procuraba una compleja y re- novada síntesis, la derecha volvía sobre sus fundamentos. Es evidente que la unidad del sector es un bien a proteger en el proceso de juntar fuerzas para enfrentar una eventual presidencia de Michelle Bachelet.

Esta coyuntura de probable derrota, además, ocurre en medio de una discusión programática donde la oposición tiene plan- teos más radicales. La defensa del modelo exige entonces tomar riesgos, abandonar lo políticamente correcto y concentrarse en las viejas convicciones, para consolidar una base sólida, ya no para ganar, pero sí para procu- rar la máxima movilización electoral posible. En un contexto de voto voluntario, este es- fuerzo puede maximizar el rendimiento que

obtiene la segunda coalición más votada en el sistema binominal.

Conseguir la fortaleza parlamentaria necesaria para resistir la dinámica reformista de la “nueva mayoría” en construcción es la gran tarea. Lo que está en juego y que tiene un alto contenido estratégico, será la corre- lación de fuerzas del sector, la composición de sus bancadas y la fortaleza del liderazgo que emerja el 30 de junio.

La elección parlamentaria es muy de- safiante para los partidos UDI y RN, pero particularmente para la UDI que sufre el retiro de varios senadores fundamentales y fundacionales. Dejan la bancada personajes importantes como Jovino Novoa y Andrés Chadwick, y el propio Longueira, que han tenido la capacidad de articular la unidad del partido y transformarlo en la principal fuerza política del país.

Si Longueira gana las primarias, por su propia imagen negativa, tiene menos mar- gen para disputarle electores a la oposición. Probablemente por eso, se concentrará en dar una gran batalla por el voto popular, tarea difícil si tiene enfrente a Michelle Ba- chelet, pero que fortalecerá a la UDI para lo que viene. No en vano la tesis original del ex ministro era llegar a la primera vuelta con dos candidatos, poniendo nuevamente por delante la construcción partidaria propia como el prisma desde el cual él sigue miran- do la política chilena.