Que haya gente con platas no declaradas podría no sorprender a nadie. Lo que sí ha llamado la atención es la transversalidad política que ha concitado el lobby para sacar adelante una ley de registro de capitales en el extranjero. Aquí, los pasos del gobierno y del Congreso por el proyecto de amnistía fiscal.

 

  • 28 junio, 2011

 

Que haya gente con platas no declaradas podría no sorprender a nadie. Lo que sí ha llamado la atención es la transversalidad política que ha concitado el lobby para sacar adelante una ley de registro de capitales en el extranjero. Aquí, los pasos del gobierno y del Congreso por el proyecto de amnistía fiscal.

Son más de 30 mil millones de dólares, de los cuales se estima que no menos del 60% ya estaría circulando en Chile. Platas que salieron del país, la mayoría en forma legítima –sobre todo, en los 70 y a inicios de los 80, cuando huyeron despavoridas por el clima político–, pero que con uno que otro arreglo han entrado de vuelta a Chile, o bien descansan y se multiplican bajo estructuras jurídicas en Panamá, Delaware, Luxemburgo, las Islas Vírgenes…

Son los famosos capitales extranjeros. Pero en su mayoría, en manos de empresarios o familias de altos ingresos locales, que todavía andan por el mundo sin registrarse. A fin de cuentas, platas negras que llevan más de 20 años en cuentas corrientes, fideicomisos o fondos en el exterior, o que han regresado acogidas a distintas normas de inversiones extranjeras. La vía clásica consiste en armar una sociedad en diversos paraísos fiscales y que, por ejemplo, compra una casa en la playa en la que el verdadero dueño –el mismo chileno– aparece como el mandatario de la sociedad. Igual fórmula se aplica para las grandes inversiones, en cuyos casos se acogen al DL 600 para incentivar el ingreso de industrias a Chile.

Todo, porque el costo actual de un ingreso formal no deja de ser desincentivo: tendría que declararse en el Servicio de Impuestos Internos y, como no tiene justificación, la persona natural deberá pagar el global complementario –proporcional al monto y progresivo– de hasta 40% del total; o bien, un impuesto de primera categoría en el caso de ser una persona jurídica; cuya tasa, por este año, es del 20%.

Hasta ahí, nada nuevo. El ingrediente que vuelve a poner estos capitales sobre la mesa es la idea –trabajada por un grupo transversal de políticos más el ministerio de Hacienda– de elaborar una ley de amnistía fiscal para que los dueños de esas platas puedan finalmente entrar al sistema, pagando un impuesto que incentive a hacerlo.

La imagen es todo

La idea de poner en marcha esta suerte de perdonazo viene rondando en La Moneda a partir del estudio de fórmulas de financiamiento para la reconstrucción post terremoto. Cuentan que entonces el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, estaba entusiasmado con el asunto. Después de todo, algo similar se había aplicado tras el terremoto del año 60 y formaría parte de una tendencia mundial que se inició en la década pasada y que ha sido tan exitosa en algunos países como desastrosa en otros.

A lo anterior se sumó un elemento clave: apenas este gobierno se instaló en La Moneda, se desató un intenso lobby para sacar adelante esta ley. Una presión ejercida con fuerza por parlamentarios de todos los colores políticos, por abogados tributaristas y, obvio, por los mismos dueños de las platas. Entre los argumentos que rondan es que varios de los que tienen estos dineros necesitan gastarlos o, de no ingresarlos, podrían tener problemas con sus respectivas herencias. Además, tras el atentado a las Torres Gemelas, Estados Unidos emprendió una cruzada contra los paraísos fiscales que ha vuelto más restrictivo el manejo de recursos y, según muchos proyectan, se traducirá pronto en una completa revelación de las identidades tras estas cuentas.

Medio en serio medio en broma
, en el gobierno cuentan que no hay matrimonio al que asista Felipe Larraín en que no se le acerque un conocido a pedirle que apure la ley. Pero Hacienda ha sondeado el piso político y encontrado poco respaldo… en la misma derecha. La lectura es simple: marcaría el debut del “gobierno de los empresarios, haciendo una ley del mono para sus amigos”.

Incluso el presidente Piñera, quien en un principio estaba abierto a la fórmula, advirtió a Larraín que no era conveniente presentarla como una iniciativa de La Moneda. Lo mismo, cuentan, habrían hecho el titular de Interior, Rodrigo Hinzpeter, más asesores internos de Teatinos 120, quienes apuntaron, además, a que esto golpearía fuerte el tipo de cambio; e hicieron ver que los organismos internacionales estiman que esta fórmula es mejor evitarla; pero que si eso ya es imposible, hay que tomar extremos resguardos para controlar el lavado de dinero y el ingreso de platas mal habidas.

Hubo entonces que cambiar de estrategia. Y ahí es donde el socialista Juan Pablo Letelier entró en escena, convirtiéndose sorpresivamente en el adalid de la repatriación de capitales.

Mi nuevo mejor amigo

“¿Por qué tanto entusiasmo?”, es la duda que ronda en los círculos políticos. Las sospechas apuntan a que, al igual que otras figuras del Congreso, el vicepresidente del Senado tendría cercanos en el mundo empresarial a quienes beneficia esta ley.

Por otro lado, para el gobierno es mucho mejor que aparezca un senador socialista impulsando el proyecto, y lo patrocinará una vez que Letelier haya juntado suficiente masa crítica en el Congreso.

Letelier asegura que su actuación no obedece a ninguna de las sospechas que le apuntan. Su respuesta es una sola: levantar fondos para la reconstrucción patrimonial. “Si registrar los capitales permite recaudar dinero para el patrimonio, yo estoy de acuerdo”, dice.

Ha recorrido todas las bancadas de diputados y senadores buscando apoyo; organizado seminarios sobre restauración patrimonial y hasta un libro publicó con un catastro del terremoto, cifras, costos, gráficos, fotos, etc… Ha conversado el asunto con Piñera varias veces. Un trabajo personalizado que, por ahora, rindió frutos: logró que 25 de 48 senadores y 57 de 120 diputados firmaran la iniciativa. Ley que crea el fondo para la reconstrucción y preservación del patrimonio de valor histórico y de la vivienda rural y mecanismo de regularización tributaria de inversiones, se llama. El documento señala que hoy “existe una cantidad muy importante de inversiones, de chilenos o residentes en Chile, en el exterior sea en el mercado de capitales, en instituciones bancarias o financieras y en acciones de sociedades anónimas con acciones al portador o nominativas, constituidas en los llamados paraísos tributarios, sociedades que son a su vez dueñas de acciones o derechos de sociedades constituidas en Chile o dueñas de bienes raíces o muebles situados en el país”. Por eso, plantea que es necesario “establecer algún mecanismo que logre regularizar las inversiones, utilidades e intereses y otros incrementos patrimoniales que se han mantenido al margen total o parcialmente de la legislación tributaria y/o cambiaria de aplicación general”. A ello, añade que esta sería una oportunidad atractiva para las personas para “declarar y regularizar, de forma voluntaria y sin presiones ni sanciones, los capitales que mantengan en el extranjero sin haber tributado”.

En el texto –de siete páginas– se describe, entre otras propuestas, que a esta ley sólo podrán acogerse quienes sean contribuyentes domiciliados o residentes en Chile con anterioridad al 1 de enero del 2010 y propone que el SII debe mantener en reserva la información sobre quiénes se acogieron a esta ley. O sea, nadie sabría si usted tenía platas negras.

Ni mucho ni muy poco

El proyecto no habla de ninguna tasa en específico, pero la idea de Letelier –a quien se han sumado activamente senadores como Andrés Zaldívar (DC) y Ricardo Lagos Weber (PPD), más diputados como Nicolás Monckeberg (RN) y Edmundo Eluchans (UDI)– va en torno al 6%. Su argumento es que con esa cifra la cosa se vuelve atractiva para los dueños de los capitales y para el país, pues sube la base tributaria. Sin embargo, en Hacienda señalan que si esta ley llega a ver la luz, por ningún motivo la tasa será tan baja.

El pasado 9 de junio, el senador Letelier envió una carta al ministro Larraín. “Dando cumplimiento a lo acordado en la reunión sostenida en su despacho, el pasado 2 de junio del año en curso, le hago llegar el proyecto de ley…” con el listado de todos los parlamentarios firmantes. El 16 de junio le envió otra, contándole que se sumaban más nombres a la petición del proyecto.

Algunos, ya casi los menos, no han querido suscribir. No quieren ser la cara del costo político que puede conllevar aparecer legislando para los empresarios cuando se discute si el salario mínimo puede tener mil pesos más. Las cosas tienen su oportunidad, es su conclusión. Y esta no parece ser la más adecuada.

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ENTREVISTA
Letelier: "Nadie me ha dicho hazme este favor"

 

Juan Pablo Letelier insiste en que toda su cruzada por la repatriación es, básicamente, por amor al arte. “Mi mayor preocupación es la reconstrucción patrimonial. Este tema no está en la agenda del gobierno, pero tampoco ha estado en de los anteriores. En la sociedad chilena nunca ha habido una política sobre patrimonio”, explica Juan Pablo Letelier.

Con todos los papeles y documentos sobre la mesa de su oficina, puntualiza que para reconstruir el patrimonio que se vio afectado por el terremoto se requieren entre 1.200 y 1.400 millones de dólares. A la cifra llegó tras un largo catastro de la situación, en el que detectó que, por ejemplo, sólo para reparar las iglesias de religión católica se requieren 300 millones de dólares.

“Frente a eso, empezamos a pensar en cómo crear un financiamiento sin meternos en la discusión tributaria. Es decir, sin generar una carga adicional”. Y así llegó a los capitales extranjeros, asegura.

-Planteamos que ante lo que fue la crisis financiera del 2009 y al hecho de que Chile entró a la OCDE y, por tanto, hay ciertas normas que cumplir, un registro de estos capitales puede ser muy útil. Se calcula que hay poco más de 30 mil millones de dólares que no están registrados como base tributaria en Chile, que muchos de esos capitales ya están en Chile, porque han entrado por las normas de inversión extranjeras; que hay muchas sociedades que están armadas en Panamá –y no solamente ahí- y que las usaron personas individuales y empresas, cuyos capitales están en Chile, pero bajo otra bandera. Hay también chilenos que tienen su plata afuera.

-¿Cuánto se podría recaudar?
-Depende de la tasa, pero serían cerca de 2.400 millones de dólares, con una tasa de alrededor del 6%. Y además, al aumentar la base tributaria del país se podrían recaudar entre unos 250 y 300 millones de dólares adicionales anuales.

Toda nuestra lógica es usar este instrumento y que una parte de esa recaudación vaya al patrimonio.

-¿Pero cuánta plata de esos más de 30 mil millones de dólares ya está en Chile?
-No sé. Hay estimaciones que son más del 60%. Grandes grupos económicos tienen su plata en Chile como inversión extranjera. Los que tienen forestales, por ejemplo, pero en los que parte del holding aparece como inversión extranjera. Es el mismo grupo, pero con sociedades de afuera. Esa es parte de una práctica que mucha gente la usó. Y la usaron también empresarios medianos.

-¿Pero esa plata está en una infracción tributaria?
-No necesariamente. Aquí hay tres mitos y ese es precisamente el primero.

El problema es que la ley permitía todas estas sociedades afuera y que trajeran la plata como inversiones extranjeras. Otra cosa es que uno lo considere no equivalente. Pero puede ser tan no equivalente como ir al supermercado y hacer las compras de la casa con factura.

Una cosa es que la ley no guste, pero está permitido.

Entre el grupo de detractores, también están los que dicen: por qué si yo he pagado todos mis impuestos, otro va a poder regularizar sus registros pagando una tasa más baja, cuando además ha tenido privilegios todos estos años. Cualquier acción de normalización siempre genera esa reacción.

El segundo mito tiene que ver con las platas mal habidas. No faltan los más vinculados a la seguridad, al ministerio del Interior, que te dicen que aquí van a blanquear las platas del narcotráfico, del crimen organizado. La verdad es que eso es subestimar nuestra economía. Es decir, para lavar la magnitud de negocios que tienen nuestro país no les sirve.

Además, la unidad de inteligencia financiera del SII es bastante eficaz. Pero al margen de eso, en el proyecto de ley establecemos muchas barreras de entrada como, por ejemplo, que esto se aplique sólo a quienes han sido contribuyentes antes de diciembre de 2010, de forma tal que no puedan surgir contribuyentes nuevos.

-Pero se puede blanquear plata a empresarios que sean contribuyentes por otros recursos, pero que entran dinero en forma ilegítima.
-¿Ilegítima es que entraron a través de sociedades establecidas en Panamá, en el capítulo de inversiones extranjeras aprobado por el Banco Central? Puede que no sea lo más estético, pero no es ilegítimo.

-¿Y la gente que va al Redbanc y saca 400 lucas todos los días porque no puede tenerlos en la cuenta?

-Puede haber situaciones de irregularidades, de personas que les remiten plata de afuera constantemente como remesas y no pagan ingresos. Pero esas cosas no ocurren por la ley.

El tercer mito es el impacto que pueda ejercer en el tipo de cambio. Yo represento a una zona exportadora por excelencia y tengo la convicción, y lo hemos corroborado con el ministerio de Hacienda y con el SII, que la mayoría de ese capital ya está aquí. No menos del 60%. Entonces, se están tomando los resguardos para ello también, como tener tasas diferenciadas de registro y de repatriación.

Es evidente que hay una cosa peculiar en este proyecto: que sea un PS como yo el que esté impulsando la repatriación de capitales.

-¿Usted tiene plata afuera?
-No, me encantaría. Lo único que tengo afuera son dos hermanos.

-¿Y por qué se involucra en esto?
-Por el patrimonio. Yo soy matemático y economista por formación; entonces, tengo perfectamente claro qué es lo que hay detrás de una ley de repatriación de capital. Entiendo perfectamente a quién puede beneficiar, y entiendo perfectamente que hay incentivos. Yo tengo la impresión de que si se logra hacer una norma que permita registrar y normalizar capitales en el siglo 21, me parece muy útil. Si parte de esos ingresos se destina a reconstrucción patrimonial, me apasiona. Claro que esto se pudo haber hecho antes, perfectamente.

Con este cuadro, el senador piensa convencer que la mejor tasa sería de un 6%.

-¿Cómo se gestó esta idea, el hecho de que estén usted y el ministro Larraín unidos por este proyecto?
-El es el ministro, pero cuando se planteó esto, diría que fue muy cauto. Hay una percepción de algunos de que a quienes más les interesa este proyecto es a gente vinculada a la derecha económica y al gobierno. Se puede decir que esta es una ley de intereses creados, y esa es la razón por la que, creo, se ha demorado tanto.

-Se dice que esto es un traje a la medida…

-de las personas que apoyan al gobierno de la alianza.

-O que financian campañas de parlamentarios.
-Yo creo que el resquemor de algunos en la derecha es que si ellos presentan esta ley, les van a sacar la cresta. Tengo la convicción de que, por la estrechez financiera y el ingreso a la OCDE, esto hay que hacerlo sí o sí. De lo contrario, estos capitales se van a radicar en otro país y nos vamos a perder la oportunidad de generar recursos.

-¿Y usted cree que es el momento político para hacerlo?
-Yo creo que el tema de la reconstrucción está mal. Me he mordido la lengua en exceso, porque no he sido partidario de politizar el tema.

-¿Pero a quién se le va a hacer el favor aquí?
-¿Quiénes son los que tienen capitales afuera? Familias de altos ingresos, emprendedores de tamaño medio… La pregunta es quién gana más.

-Pero esa pregunta da para todo. Hay quienes piensan que usted está haciendo esto para Carlos Cardoen, empresario de su zona.

-Con todo respeto, Carlos Cardoen es un empresario mediano para lo que estamos hablando. Segundo, la Interpol y los gringos hipócritas son quienes han permitido que él impulse el turismo interno en la zona. Probablemente no habrían estado el museo de Colchagua ni las viñas que ha hecho… Eso es gracias a que los gringos no los han dejado salir.

-Entonces no lo está haciendo para Cardoen.
-Yo no sé si él tiene plata afuera. No tengo idea. No tengo razón para decir de antemano que no, pero intuyo que si tuviera capitales afuera le habrían congelado los fondos. Yo no he tenido contacto con ningún empresario que tenga capitales afuera y me diga “hazme este favor”.