En medio de la crisis mundial de la industria discográfica, algunos daban por muerta a la música clásica en CD. Pero está más viva que nunca. Por Joel Poblete

  • 22 septiembre, 2011

En medio de la crisis mundial de la industria discográfica, algunos daban por muerta a la música clásica en CD. Pero está más viva que nunca. Por Joel Poblete

Los alarmistas balances a raíz de la crisis de la industria discográfica coincidían en que una de las áreas más afectadas sería el de la música docta. Las voces agoreras predijeron una pronta e implacable debacle de ese segmento. Pero no fue así.

La lógica indicaba que se acercaba el ocaso de los discos clásicos. Y sin embargo, no sólo han logrado sobrevivir a pesar del auge de la piratería, las descargas -legales e ilegales- y las nuevas tecnologías que permiten acceder a más y mejor música desde distintas plataformas. Sucede que los catálogos están en permanente expansión, incorporando no sólo enésimas versiones de piezas que ya cuentan con una generosa discografía, sino además agregando nuevos autores y obras que son un arma contra la indiferencia del público.

Hay señales y variables que se pueden identificar. Por ejemplo, constatar que en lo que se refiere a los registros de música clásica, a la hora de adoptar los avances tecnológicos, lejos de ser conservadores o anticuados como dicta el lugar común sobre los consumidores de este tipo de música, suelen abrazar con entusiasmo y rapidez los nuevos formatos.

Así como siempre habrá quienes sólo quieran escuchar sus discos antiguos o los primeros CD que compraron hace ya décadas, cada vez más adeptos optan por DVD y blu-ray de óperas y conciertos. A nivel local, es posible comprobarlo directamente al visitar tiendas como la zona clásica de Feria Mix –en su tradicional sede de Ahumada– o Todoclásico.

Para reducir costos y enfrentar una crisis que prometía ser avasalladora, una de las primeras medidas de los grandes sellos fue anunciar que dejarían de grabarse óperas completas en estudio, y en el futuro todos los registros serían en vivo, tanto en discos como en DVD. Así fue en un comienzo, pero lo interesante es que las grabaciones en estudio no han desaparecido por completo, coexistiendo armónicamente con las otras.

Esto va en beneficio de la posibilidad de conocer nuevos títulos. Basta con revisar los lanzamientos del último año para comprobar que el panorama es muy estimulante y variado: se sigue explorando el repertorio de Handel con grabaciones de obras como Ariodante, Farnace, Agrippina y Germanico, pero también hay lugar para el elogiado Fidelio de Beethoven dirigido por Abbado en vivo, protagonizado por Jonas Kaufmann y Nina Stemme, o el recientemente aparecido Guillermo Tell de Rossini que dirigiera Pappano en exitosos conciertos frente a sus huestes de la Academia de Santa Cecilia en Roma.

O el Don Giovanni mozartiano que la Deutsche Grammophon registró durante conciertos en vivo con un elenco de lujo dirigido por el ascendente Yannick Nézet-Séguin, e integrado por algunas de las voces más cotizadas del momento, encabezadas por Ildebrando D’Arcangelo, Diana Damrau, Joyce DiDonato, Luca Pisaroni y al fin recuperado Rolando Villazón, entre otros.

En materia de conciertos, la situación es muy similar. Si se pensaba que esto marcaría la desaparición de las reediciones, sucedió lo contrario: no sólo se siguen vendiendo clásicos imperecederos, sino también se están revisando permanentemente los archivos de teatros y sellos, para rescatar algunos registros que incluso no se habían publicado previamente. A estas alturas, aunque parezca increíble, aún queda bastante por explorar.

¿Y qué ha pasado con los sellos más pequeños e independientes? Nombres como Harmonia Mundi, Hyperion o Chandos fueron parte importante de la revolución de la industria discográfica clásica en las últimas décadas, pero ante la amenaza de la crisis, se predecía que serían los más damnificados por los vaivenes económicos, por lo que no sería de extrañar que varios desaparecieran o fueran absorbidos por las multinacionales.

Sin embargo, no sólo continúan en pie, sino además siguen incrementando sus archivos, incorporando nuevos trabajos y compositores y sirviendo siempre de alternativa a una enésima Novena de Beethoven o Requiem de Mozart.
No se puede dejar de mencionar al estandarte de los sellos especializados que irrumpieron en los años 80, Naxos, que ha sabido reinventarse en diversas oportunidades. Según han comentado sus ejecutivos, el secreto está en irse adaptando a los cambios de manera dinámica y oportuna, entendiendo que la demanda continúa.

Nuevas formas de venta

Hace mucho que no son las tiendas los epicentros para vender discos al público: a medida que van desapareciendo los lugares físicos donde comercializar las grabaciones, las ventas online se han convertido en una opción importante, pero no la única, ya que cada vez tienen más importancia las tiendas que se instalan en teatros y salas de concierto.

Es increíble cómo se puede aprovechar el entusiasmo del momento en los espectadores que asisten a una representación y quieren aprovechar de comprar la obra de inmediato. La venta in situ es una tendencia en expansión, y en Santiago esto se puede ver en funciones del Teatro Municipal, del Teatro Universidad de Chile o del Teatro Nescafé, por sólo mencionar tres ejemplos.

Lo que ha descendido es el nivel de coleccionismo en el seguidor promedio de la música docta. Por ejemplo, no hay nada comparable al revival que en el último tiempo han tenido los vinilos en la música popular. Es cierto que existen nostálgicos que sólo escuchan sus antiguos LPs de hace medio siglo y también hay otros que recorren ferias, tiendas de anticuarios y mercados persa buscando las viejas ediciones en vinilo.

Pero la mayoría, al parecer, no resiste los chirridos de fondo o no se resigna a escuchar una ópera completa o una sinfonía muy extensa teniendo que cambiar de lado el disco de turno. Al mismo tiempo, los modernos y sofisticados equipos de audio digital permiten escuchar casi tan bien como si se estuviera en la sala de conciertos, y a veces tan cómodamente como en ésta. Lo que sí está claro es que, lejos de estar agonizando, la industria discográfica clásica ha sabido jugar bien sus cartas y, tras las adaptaciones de rigor, goza de buena salud. Al menos, para los tiempos que corren.