En la compañía reconocen sus dificultades, pero advierten que están tomando las medidaspara responder a los acreedores y remontar el vuelo

  • 1 abril, 2009

 

La cadena de tiendas de Marcelo Calderon lidia por estos día con una deuda que supera los 300 millones de dólares y un déficit de caja que la ha enfrentado, al menos en los rumores, al temido fantasma de la bancarrota. Mientras se negocia con la Banca, al interior de la empresa aseguran que están tomando las medidas para revitalizar su negocio. Por Paula Vargas.

Nerviosismo es la palabra que mejor refleja el estado de ánimo de los trabajadores de Johnson´s, la cadena minorista de Marcelo Calderón, y aunque a nivel ejecutivo hoy dicen estar más unidos que nunca, la incertidumbre se acrecienta a medida que pasan los días y no llegan a acuerdo con las 10 entidades bancarias de las que depende su continuidad financiera. Pero, como dicen por ahí: el show debe continuar y mientras se resuelve el odioso asunto de las garantías para obtener el crédito sindicado por 250 millones de dólares, al interior de la cadena están en una real y, a ratos, obsesiva cruzada por “la caja”.

En la compañía nadie duda que atraviesan por la peor crisis de su historia, la que de forma inédita, incluso, ha sido reconocida públicamente por el mismísimo Marcelo Calderón. Es que el apretón sacudió a toda la organización, a la que no le quedó más alternativa que tomar estrictas medidas de ahorro de costos para seguir operando, al menos, en el corto plazo.

Medidas que en ningún caso se limitaron a ahorrar “la chaucha”, porque se trata más bien de metas significativas y que, de paso, han comprometido en su negociación con los bancos. Son estas mismas entidades las que hablan de ahorros de costo por más de 45 millones de dólares sólo para este período, mediante medidas de shock a cargo de la administración de Max de la Sotta, el hombre fuerte de Calderón en la compañía. De mayor a menor, los ajustes comenzaron con la masiva reducción de personal de fines del año pasado, cuando la empresa desvinculó a cerca de mil trabajadores.

Para los que se quedaron, el panorama no fue simple. La austeridad también tocó a sus puertas. Se eliminaron los incentivos y bonos y no hubo reajustes de sueldo por IPC, prácticas que eran comunes en la compañía año a año. Los procesos también se racionalizaron y para qué hablar de las compras. “Hoy sólo compramos lo que vamos a vender, por ningún motivo nos sobrestockeamos”, asegura un ejecutivo de la compañía.

Los presupuestos de todas las áreas cayeron de igual manera y en algunas, el ajuste fue de hasta un 45%. Las holguras y las épocas de bonanza se acabaron y dentro de la compañía está restringida hasta la duración de las llamadas telefónicas y los planes de celulares. Eso es lo que se llama racionalizar.

Problemas de caja

Aunque se trata de ajustes que ya se están evidenciando en los resultados de la compañía, los problemas de caja siguen estando presentes. De ahí que hoy en Johnson´s, más que nunca, estén apostando a un régimen de liquidación casi permanente en vestuario y zapatos, sus principales fuentes de ingresos (60%), incluso en pleno inicio de temporada. “Sabemos que estamos sacrificando márgenes, pero en este momento lo que importa es tener liquidez, sobre todo para ir cumpliendo nuestros compromisos con los proveedores”, admiten.

La medida, según dicen en la firma, ha contado con la respuesta del público. En las últimas semanas las ventas en vestuario se han incrementado un 40% con relación al año pasado. Pero aún así, la facturación de los primeros tres meses está más baja en relación a igual período del año anterior. ¿Cuánto? Es un misterio, pero al igual que todos los retailers también han acusado una importante caída en el consumo, principalmente en los bienes durables.

Caso aparte es lo que sucede con la tarjeta de crédito de la compañía, cuyos índices de morosidad se empinaron desde un 17% durante el primer trimestre de 2008 a 22% en diciembre pasado, los mayores de la industria. No muy buenas noticias; menos, en un escenario en que la empresa a mediados del año pasado, previendo que se le venía encima esta avalancha de morosidad, endureció fuertemente las políticas de crédito para resguardarse de la tormenta.

El cambio fue drástico. De su enfoque histórico a un segmento de edad sobre los 21 años de los grupos socioeconómicos C2, C3 y D, con una fuente de ingresos acreditable no inferior a los 120 mil pesos mensuales, la compañía pasó a una política de crédito que sólo incluye a personas mayores de 30 años y con una renta exigible superior a 150 mil pesos.

Con todo, nada fue suficiente para que los bancos bajaran la guardia. Los activos de respaldo ya no valían lo mismo para sus acreedores y cuando llegó la hora de pagar sus compromisos, los que suman más de 300 millones de dólares en pasivos de corto y largo plazo, Marcelo Calderón no sólo se encontró sin liquidez, sino sin las garantías suficientes para renegociar la deuda.


Y el huracán llegó

Ahí radica, precisamente, la gran piedra de tope: las garantías que los bancos de la plaza exigen para otorgar el crédito sindicado por 250 millones de dólares que requiere para volver a la vida. En esto, las entidades financieras no quieren dar su brazo a torcer y exigen que provengan de la venta de una parte del patrimonio accionario de Calderón en Ripley Corp –el 20% que comprometió vender en el plazo de un año– o de un aumento en el porcentaje de las acciones ya prendadas.

 

El gallito no es menor y quien lleva la batuta en esta negociación es el Banco de Chile, el principal acreedor de la cadena, con cerca de la mitad de la deuda. Pero el resto de las entidades (Santander, BCI, BancoEstado, BICE, HSBC, Corpbanca, Internacional, RBS, Scotiabank e Itaú) no están al mar gen, y para ellas otra condición esencial para otorgar el crédito es la inyección de capital prometido por Calderón, la que –anunció– será de unos 105 millones de dólares. Todo ello bajo el supuesto de la venta de sus acciones en Ripley una vez que mejoren las condiciones de mercado. Tema relevante, considerando que el precio de estos papeles pasó de 470 pesos cuando se abrió en bolsa a unos 270 en los últimos días.

Los bancos involucrados también son de la idea de aumentar las garantías vía venta de activos; es decir, con la enajenación de propiedades e inmuebles del retailer, en la eventualidad de que la compañía presente a fin de año números rojos, tal como sucedió en 2008, cuando las pérdidas superaron los 60 millones de dólares.

¿Qué produjo esta caída? Aumento en los intereses asociados a las deudas, mayores provisiones, mayores gastos operacionales y la baja del negocio financiero, por las nuevas exigencias de acceso al crédito y el aumento de la morosidad. La salvación, en ese momento, fue el crédito puente otorgado por el Banco de Chile por unos 40 millones de dólares, dineros con los cuales se pusieron al día con los proveedores y evitaron las amenazas de quiebra. “El 30 de diciembre nos depositaron la plata, al otro día cancelamos las deudas y el 2 de enero ya no debíamos nada”, recuerda un ejecutivo de la empresa.

Las fallas

La falta de liquidez, según algunos de sus acreedores, se debió al excesivo endeudamiento que sumó la firma en los últimos años, producto de su plan de expansión, que entre otros aspectos contempló el crecimiento de la superficie de sus locales (73) muchos de los cuales pasaron de 1.000 a 3.000 metros cuadrados, y la incorporación de nuevos formatos. “Todo ello, sin que la empresa pusiera un peso de capital propio, ahí estuvo el riesgo”, acusan ejecutivos de la banca.

Al interior de Johnson´s este diagnóstico lo tienen claro desde hace tiempo. Un ex ejecutivos afirma que si no tuviesen ese nivel de deuda serían “muchísimo más rentables, pero ese tipo de decisiones finalmente pasaban por manos de Marcelo Calderón, quien nunca capitalizó la compañía”.

También ha sido blanco de críticas lo que algunos ven como la falta de una propuesta de valor clara por parte de la cadena, la que dice estar orientada a estratos más bien medios y bajos de la población (C2, C3 y D) y, sin embargo, posee locales en espacios de nivel más alto, como el Parque Arauco.

A ello se suma que en la cadena no todos los locales cuentan con el mix de productos que se ofrecen. “Hay tiendas como Parque Arauco, donde no podemos llegar con muebles ni vestuario infantil por el metraje disponible, y así hay varias otras en la misma situación”, detallan en la compañía.

Lo que sí ha sido un acierto es la incorporación de las tiendas de ropa juvenil FES, dirigida por uno de los nietos de Calderón, Marcelo Konitzki, la que representa cerca del 3% de las ventas totales de la cadena (que suman unos 500 millones de dólares). Caso contrario sucede con la fábrica textil, la consentida de Calderón, pero que en la banca advierten que no genera “ninguna ganancia”.

Con todo, los acreedores están seguros de que Marcelo Calderón por ningún motivo dejará caer a la fi rma y que de todas maneras pondrá las garantías sufi cientes para sacarla a flote. “A diferencia de La Polar, que estuvo al borde de la quiebra a fines de los 90, Johnson´s o, más bien, su dueño, tiene las ganas y las espaldas para sacar la empresa adelante, pero tiene mucha tarea pendiente si quiere mejorar su situación”, advierte un alto ejecutivo de un banco local.

En la banca, hablan de una reestructuración total del negocio, la que debiera comprender la venta de activos prescindibles, como la fábrica, y el cierre de algunos locales, mientras en Johnson´s tienen claro que algo de eso habrá que concretar para dar continuidad a la empresa. Cuentan que ya tienen defi nido cuántos y cuáles locales cerrarán tras este período, mientras seguirán a firme con la propuesta de aplicar un sólo formato para todos los locales. ¿Será suficiente?