A fines de 2012, la cuenta Facebook del escritor Dan Brown empezó a liberar una serie de pistas. Brown, quien vendiera más de 81 millones de ejemplares de su novela El Código Da Vinci y que desde la publicación de El Símbolo Perdido en 2009 estaba en absoluto silencio, rompía su claustro voluntario anunciando lo […]

  • 25 enero, 2013
"El código Da Vinci" de Dan Brown

"El código Da Vinci" de Dan Brown

A fines de 2012, la cuenta Facebook del escritor Dan Brown empezó a liberar una serie de pistas. Brown, quien vendiera más de 81 millones de ejemplares de su novela El Código Da Vinci y que desde la publicación de El Símbolo Perdido en 2009 estaba en absoluto silencio, rompía su claustro voluntario anunciando lo que sus seguidores hace años esperaban: una nueva novela. Es probable que todo formara parte de la aritmética diseñada por Doubleday, editorial norteamericana que cuida con seguridad papal todo lo que dice y hace su rey Midas.

Como en un juego de enigmas y misterios, las primeras señas fueron falsas y hablaban de temas como el Arca de la Alianza, el Vaticano y el Área-51; pero lo único seguro es que el autor traería de regreso a Robert Langdon, su improbable profesor de historia religiosa, experto en simbología antigua y galán.

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El martes 15 de enero de 2013, Doubleday confirmó que el escritor más exitoso de la década volvería a estanterías el 14 de mayo con Inferno, cuarta novela de la serie de aventuras de Langdon, esta vez ambientada en Florencia en un enigma relacionado con sociedades secretas, la iglesia católica y La Divina Comedia del Dante. En menos de 24 horas la red de fanáticos comenzó a trabajar y al día de hoy ya son varias las hipótesis que los “Brownfilos” manejan. La más popular es que el libro confirmaría la existencia real del infierno, pero como un estado o lugar muy distinto del que apuntan las sagradas escrituras. También que será el mejor volumen de la “saga”, muy superior a El Código Da Vinci, exactamente lo mismo que se dijo antes de la salida de El Símbolo Perdido, que si bien tuvo números comerciales siderales, no consiguió el impacto mediático que sus antecesoras.

Sin embargo, lo más relevante del regreso de Brown va por otro lado: el futuro de la industria del libro. O si vamos a ser más específicos, la industria del best seller o literatura comercial.

Doubleday apuesta a lo grande con su chico de oro. La primera edición de Inferno será de 4 millones de ejemplares y saldrá en ebook y libro de audio, maniobra hasta ahora inédita y que recuerda a la nueva estrategia de los canales de televisión que estrenan sus series de manera simultánea en todo el mundo para evitar la piratería. ¿Pero es la piratería lo que quiere evitar Doubleday? No. Lo que la editorial con sede en Nueva York busca es darle un golpe definitivo a su competencia, Vintage Books, dueños de la imbatible trilogía de “las sombras de Grey” y salvar el alicaído negocio del best seller que el 2012 pasó por su peor racha en años.

La fórmula

El llamado best seller es un invento norteamericano originado en 1970 con el impacto mediático que tuvo la novela Love Story de Erich Segal. Si bien literatura comercial y popular ha existido desde siempre y es válido catalogar las obras de Dumas o Dickens como best sellers de su época, el término como lo entendemos surge con esa novela llevada al cine ese mismo año con Ryan O’Neal y Ali Mac Graw como protagonistas.

Esta clase de libros deben cumplir con varios requisitos, el más importante desde luego es vender mucho y permanecer meses en el top de las listas. No es un género en sí, aunque sus autores escriben con una fórmula común y probada: capítulos cortos, mucho diálogo, personajes recordables (por detalles físicos o enfermedades), estructura de thriller de suspenso aunque se escriba de romance y erotismo y la técnica del “cliffhanger”, es decir episodios terminados en alto que obligan al lector a seguir leyendo para ver –o descubrir– qué pasa, lo que se resuelve no en el capítulo siguiente sino mucho más adelante. Es pura matemática aplicada a la ficción y funciona. De hecho no son pocos los cultores de este tipo de literatura que han publicado manuales de cómo narrar en una forma comercial y pop (el más recomendable es por lejos Mientras escribo, de Stephen King).

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El best seller no está diseñado para las librerías, sino para las cadenas de grandes tiendas y aeropuertos, para convertirse en un rumor de boca a boca, para crear clubes de lectura (muy populares en EE UU e Inglaterra) y si se tiene suerte llegar a Hollywood convirtiendo a sus autores en millonarios.

Pero ojo: al igual que en la llamada “literatura artística” en el best seller hay tantas joyas como material desechable. No es malo escribir para las masas, y no es nada fácil hacerlo. Aunque año tras año se publiquen miles de obras de clones de King o Brown, lo cierto es que es muy difícil igualar a los originales. Nos guste o no, hoy los “bestselleristas” son tan autores como Philip Roth o Cormac McCarthy y lo que hacen, por mucho sabor a hamburguesa con papas fritas que tenga, a veces está muy bien preparado y con frecuencia es delicioso y adictivo.

Superventas en problemas

El 2012 dentro de la industria editorial tuvo nombre propio: E.L. James, autora británica con experiencia en guiones de televisión, responsable de la trilogía de Cincuenta sombras de Grey, serie de novelas eróticas que ha disparado una moda de soft porno alrededor del mundo y de paso se ha coronado como el título más vendido de la historia, con cifras que Vintage Books ha apuntado cercanas a los 110 millones de ejemplares. La competencia no ha demorado en cuestionar el récord, sosteniendo que tal cifra corresponde a la suma de los tres libros y que los 61 millones del primer tomo, el más requerido de los tres, están bastante por abajo de los 81 millones de El Código Da Vinci y de los 74 de Harry Potter y la Piedra Filosofal de J.K.Rowling. Fuera de la polémica, el asunto de fondo es que, salvo Cincuenta sombras, ningún otro título ha conseguido números siquiera cercanos a los suyos en los últimos dos años.

En la edición de diciembre de Forbes hay un par de páginas dedicadas a la llamada crisis del best seller. El artículo sostiene que en los recientes tres años, el negocio del sector editorial ha experimentado una baja en sus ventas de al menos un 20%, sólo en Estados Unidos, situándose hoy en los mismos niveles que en 2003. De hecho si uno saca a E.L.James y su “soft porno” de la ecuación, el panorama se ve aún más negro.

Un ejemplo: a pesar de estar en los primeros lugares en las listas de todo el planeta, El Invierno del Mundo de Ken Follett es la novela que ha vendido más lento en la trayectoria del poderoso bestsellerista inglés. En igual cantidad de meses (siete), El Invierno ha vendido un 30% menos de ejemplares que Los Pilares de la Tierra, su obra más reconocida. Misma situación que reportan otros titanes del superventas como James Patterson o el propio Stephen King. Y la baja de estos autores incluye el libro electrónico, formato que en el pasado no era parte de la ecuación.

The Casual Vacancy, la novela adulta de J.K.Rowling, recién aparecida en español, tuvo una auspiciosa preventa en internet de más de un millón de ejemplares y a la fecha ha vendido cerca de 25 millones, buenos números, pero en un 35% inferiores a lo que se esperaba de ella.

Desde España la revista Que Leer hace caso a la crisis usando de ejemplo a nuestra Isabel Allende, autora que siempre ha gozado de buenas ventas en la madre patria pero que registra sólo 2.108 ejemplares vendidos de Amor, su último libro, desde noviembre pasado. Situación extraña para una escritora que en igual tiempo vendía unas 15 mil copias de sus libros. Claro, está el factor de la crisis española, que ha tocado con especial fuerza las áreas de la cultura y el espectáculo, pero la baja en las ventas de Allende se ha repetido en otras latitudes. Buscando una razón, puede argumentarse que Amor no es una novela, sino una antología de escenas amorosas de su literatura, lo que puede haber alejado a sus incondicionales que esperaban lo que se le pide a un novelista: una nueva novela.

¿Hay un cambio de temas de interés en los lectores? Todos quieren su nueva fantasía porno soft como se han apresurado algunos editores que no han tardado en encargar su propia versión de Cincuenta Sombras de Grey, tal como hace años pidieron las respectivas clonaciones de Crepúsculo y El Código da Vinci. Hay harto de eso, pero en lo concreto la literatura masiva no está alcanzando sus metas y lo más probable es que el fenómeno de las “sombras” no pase del 2013 y ahí veremos qué ocurre. Entretanto, a los fanáticos del género en español no les queda otra que esperar hasta julio-agosto, cuando Inferno, la nueva entrega de Dan Brown, aparezca por Planeta. •••

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El caso chileno

Guardando las distancias, el 2012 tampoco fue un buen año para la ficción chilena. Salvo El Ultimo Tango de Salvador Allende de Roberto Ampuero, ningún otro novelista chileno tuvo una larga permanencia en los rankings de este lado del planeta, que al igual que otras latitudes fueron copados por la trilogía de Cincuenta sombras de Grey y lo nuevo de Ken Follet. El asunto acá es si podemos hablar de crisis de superventas en un mercado tan chico como el chileno, donde un autor que supera los 5 mil ejemplares vendidos ya es una especie de versión local de Stephen King.

Un interesante fenómeno es el que se dio hace un año con La semana en que se juntan los siglos de El Autor, un anónimo escritor que usando sólo el boca a boca y la difusión a través de internet logró, sin apoyo editorial de por medio, que su voluminoso thriller (a medio camino entre Dan Brown y Tom Clancy) lograra boletear cerca de 17 mil ejemplares, una cifra muy por encima de cualquier otro narrador local. El Autor también anuncia para el 2013 su segunda novela. Habrá que esperar a ver si se repite el impacto de la primera.