Sin grandes figuras como Alone o Ignacio Valente, el comentario reflexivo ha ido perdiendo espacio e influencia. Se ha producido una farandulización de la reseña, ya sea literaria, de cine u otros ámbitos, reduciendo su campo de acción y relevancia. ¿Cuán grave es el declive del género? Cuatro voces destacadas entregan distintas miradas al problema.

 

  • 14 diciembre, 2010

 

Sin grandes figuras como Alone o Ignacio Valente, el comentario reflexivo ha ido perdiendo espacio e influencia. Se ha producido una farandulización de la reseña, ya sea literaria, de cine u otros ámbitos, reduciendo su campo de acción y relevancia. ¿Cuán grave es el declive del género? Cuatro voces destacadas entregan distintas miradas al problema. Por Marcelo Soto

 

La crítica ha muerto, ¿viva la crítica? La frase que abre esta nota puede parecer exagerada, pero sin duda es sintomática de unos tiempos en que la fi gura del crítico respetado e infl uyente, capaz de moldear el gusto de su época, ha ido desapareciendo hasta casi extinguirse. Ya no hay grandes refl exiones en los medios, sino reseñas cada vez más pequeñas, cada vez más frívolas y superfi ciales.

Guillermo Zapata, crítico y guionista español, advirtió hace un tiempo: “la generalización del acceso a la información, pero especialmente la posibilidad generalizada de producir información pone en crisis la concepción clásica sobre el conocimiento, sobre su producción y distribución. Esto afecta lógicamente a la fi gura del crítico, al igual pone en cuestión todas las demás fi guras académicas. La crisis de la crítica en términos comunicativos es la crisis de la hegemonía de producción cultural entendida en términos de súper-estructura”.

En un mundo en que todos pueden ser críticos, la crítica pierde valor. Y junto a esto, se ha producido una especie de vulgarización del ofi cio, que se ha visto contagiado por algunos de los modos del periodismo de farándula. Así, la crítica, mientras más despiadada sea, mayor audiencia obtiene. Si el crítico demuele una obra y de paso ironiza sobre aspectos personales del autor, logrará impacto. No hace falta decir que uno de los mayores triunfos del crítico es dejar manifi esta la ignorancia del autor que comenta.

Volvamos a Zapata: “hasta hace unos años, la importancia de la crítica venía determinada por su capacidad de intervención en el imaginario colectivo, de determinar (en cierta medida) las pautas generales de la producción cultural, o al menos del consumo. Lamentablemente, mucha de la crítica seria pasó de ser una herramienta para abrir la cultura (a la gente) a una herramienta para distinguir la cultura (la buena de la mala, la interesante de la no interesante, etc.) Este poder relativo, como decíamos, está en crisis. Hoy en día, cualquiera puede ser a la vez creador, espectador y crítico”.

Un caso revelador fue la salida de Ignacio Echevarría –para muchos, uno de los mejores críticos de España– de El País hace algunos años, a causa de una reseña negativa que escribió de un libro publicado por Alfaguara, editorial que pertenece al Grupo Prisa, también propietaria del medio hispano.

Echevarría vino a Chile hace un tiempo y realizó un mini taller en el que explicó que lo que hay ahora no son críticos, sino reseñadores: la crítica se ha refugiado en la academia, perdiendo ese contacto vital con los lectores. En una entrevista reciente comentó: “el reseñismo literario en los diarios es un residuo. De hecho, lo es también el concepto mismo de suplemento cultural. Cumple una función de escaparate y de prestigio que cada vez más es absorbida por el punto de vista ornamental… Tal y como yo lo he pretendido hacer, creo que ya no puedo ejercer el tipo de reseñismo que me gusta hacer en ningún periódico español”.

En Chile, el panorama es particularmente preocupante. No hay grandes nombres, el nivel de la prosa ha decaído y las críticas no influyen en los lectores. Lo más grave es que se ha perdido el espacio para un diálogo. Si antes uno podía ver una película o leer una novela y luego de eso leer la crítica de alguien respetable, se producía una especie de conversación. Hoy la crítica apenas sobrevive en la pretensión de señalar lo que vale o no la pena. Y de esa forma reduce su papel al de un simple barómetro.

Matías Rivas
Director de Ediciones Universidad Diego Portales, columnista.
-Sin nombres como Alone o Valente, ¿cuál es el momento de la crítica?

-Pienso que la crítica no está pasando por ninguna crisis. Sí han cambiado las escenas. Antes había menos crítica y más lectores, por eso sonaba más el nombre del crítico. Pero si de verdad fueran tan importantes esas figuras de la crítica pasada, como Valente, entonces tendrían un lugar de honor en el mundo del ensayo, pero en esa esfera no existen ni él ni varios otros. Alone me parece admirable, pero no más. La crítica -no hay que olvidarlo- es un género literario; por lo tanto, debe ser observada contemplando esa variable más que su eventual infl uencia en el mercado. Eso del crítico único y poderoso es un mito de la dictadura. Por lo demás, en esa época, las mejores reseñas las hizo Enrique Lihn en medios marginales. El descubrió a muchos poetas que Valente luego vino a ponderar. Incluso la crítica de hoy está tan saludable que poco tiempo atrás vivió una prueba de fuego en la que se vio la lucidez de varios, entre los que menciono a Zambra y a Bisama, que apostaron por Bolaño antes que los escritores nacionales y los editores que lo pelaban. Hoy sigo y me interesa el trabajo de Pedro Gandolfo, Tal Pinto, Patricia Espinosa y Juan Manuel Vial, que sostienen con tesón la difícil tarea de leer y escribir sobre libros semana a semana.

-¿Por qué la crítica ha perdido espacio?

-Hay poco espacio en los medios para la refl exión, lo cual no es un problema de la crítica, sino de la concepción de los medios por parte de quienes los dirigen. Ellos parecen ser los que no están interesados en las voces críticas que no aplauden la moda ni son manipulables. Cada vez los espacios culturales son más reducidos, lo que va produciendo que algunos críticos salgan del ruedo cansados. Otros se hastían del bajo nivel de lo que les toca evaluar. Pero por cada crítico que se va hay una fi la de aspirantes, que mientras tanto escriben en blogs o en revistas on line. Por supuesto que lamento que haya dejado de escribir crítica Héctor Soto, pero quizás vuelva. Nunca se sabe. Eso espero. Me gustaba la crítica de cine de Fuguet también, y tal vez se anime de nuevo; y leo las de Ascanio Cavallo y las de Antonio Martínez. No veo vacíos. Tampoco veo que estemos como sociedad dispuestos a escuchar voces de mando que nos guíen como antes. Sí veo que hay una multiplicación de las perspectivas, nuevas voces críticas quizás aún inexpertas, pero eso no es malo, sino que es un fenómeno que está en pleno desarrollo.

Héctor Soto
Crítico de cine, autor de Una vida crítica
-¿Vive la crítica una fase terminal?

-No creo -o no quiero creer- que la crítica esté en una fase terminal. Pero no tengo la menor duda respecto a que cambió el entorno, cambiaron los soportes y cambiaron sus potestades.

Me explico. Algo parece haberse roto desde el momento en que la crítica dejó de ser una instancia orientadora a partir de las complicidades, afinidades y rechazos que generaba. Hoy la oferta es tan abierta que todo vale. Y porque todo vale, nada vale. Si antes un crítico era capaz de salvar una película, ponerle la pista difícil a un libro o sacar del anonimato una obra, eso ya pasó. Hoy día resulta poco menos que impensable. Pero sí se podría lograr (me han dicho) a través de las llamadas redes sociales. No lo descarto.

La crítica existe en la medida en que haya un pacto de confi anza (aunque también puede ser de oposición) entre alguien que escribe (o, más en general, que analiza y enjuicia) y un público receptivo a esos análisis. Si ese pacto no existe, sea porque el crítico no se la cree, sea porque dejó de ser un referente para su audiencia, alguien va a quedar pedaleando en banda y me temo que en la actualidad hay demasiados críticos pedaleando en banda.

Los cambios han sido dramáticos. No todo es culpa del entorno a lo mejor. Quizas la propia crítica no supo adaptarse a las nuevas circunstancias. Se aisló, se quedó pegada, no se retroalimentó. Puede ser. Lo cierto es que hoy la crítica pareciera en gran parte confi scada por la opinología en el caso de internet, por la superfi cialidad en los medios escritos y por el temor a jerarquizar en funcion de un canon. Por eso es que al final todo vale. Lo cual remite al peor de todos los escenarios de la crítica.

Para qué negarlo: Andamos todos muy confundidos. El éxito en muchos casos ha pasado a ser juicio de valor. La linea entre la crítica y la publicidad no siempre está clara. Argumentos tipo “a mí me gustó, lo pasé bien” ya no se escuchan sólo en la micro, lo cual está muy bien, sino que tambien se leen en el diario, lo cual está muy mal.. Y estamos más doblegados que nunca a las ondas, a las modas, a los circuitos de la movida.

La crítica, si quiere salvarse, va a tener que volver a las catacumbas del texto largo, del texto inteligible, del texto analítico de las estructuras de relato. Si insiste en seguir apegándose a la moral twitter, que es a donde está avanzando, irá directo al naufragio.

-¿Por qué abandonaste la crítica constante, sistemática?

-Yo dejé de hacer crítica porque arriba del 80% de los títulos que llegan a la cartelera me importa un rábano. Y yo siempre entendí la crítica desde la republica del entusiasmo. Para mi esa es la labor de un crítico: Instar a otros a descubrir la riqueza y las verdades que encierran las buenas películas.

Hoy es muy difícil que una buena película entre a la conversación de la tribu. Son muy pocas. Lo normal ahora es que las buenas películas circulen informalmente en DVD piratas o estén disponibles en Internet. Pero eso impide que puedan ser socializadas. Ya no vemos todos lo mismo. Y hace tiempo que la conversación, por decirlo así, dejó de ser general y parte de lo que tenemos en comunidad.

Rafael Gumucio
Escritor, autor de La deuda
-¿Crees que la figura del gran crítico ha desaparecido en Chile?

-Esto de la nostalgia por Alone y Valente lo vengo escuchando desde niño. Creo que Alejandro Zambra, cuando ejercia la crítica, lo hacía mucho mejor que Valente. Creo que Bisama es mejor y Tal Pinto está empezando a mostrar las garras. Juan Manuel Vial también tiene lo suyo aunque su prosa es deficiente y es a veces un poco gratuito. Valente era un buen critico de poesia y de ensayo pero no muy bueno en narrativa (todo eso que le dio con Tolkien era abobinable). En cuanto a Alone fue un crítico fuera de serie dentro de un contexto critico también extraño en la historia literaria del país (pienso en Loyola, DeLuigi, Espinoza y tantos otros críticos del periodo). Cuando la literatura discutía sobre el orden del mundo había críticos para discutir esa discusión. Cuando la literatura es un asunto de posicionamiento y mercado lo que hay es posicionadores y reponedores de supermercado.

– Hay una disociación entre los lectores y los críticos. Pueden hacer pedazos un libro y de todos modos se empina en las encuestas.

-Eso siempre ha sido así y no tiene nada de malo o raro que así sea. El crítico está justamente llamado a comprender qué dicen o qué no dicen los libros, cómo esto se relaciona con su época, cómo eso se entronca o no con una tradicción. No está para educar al pueblo, ni el pueblo está para educar al crítico, sino para destacar lo que no esta a la vista en una obra y denunciar los fraudes demasiado evidentes.

-Por último, ¿notas que entre los críticos ya no hay grandes prosistas?

-Hay de todo. Algunos críticos escriben de manera correcta y no dicen nada, otros tienen cosas que decir pero se enredan. Alone no es un buen ejemplo, porque pertenece a un mundo letrado en que en general se escribía mejor de lo que se escribe hoy. El nivel de diario, o la revista, en que estos críticos ejercen es el que ha bajado sensiblemente. No pocas veces los editores son los que, con desmedido afán, intentan rebajar el nivel de la prosa de sus críticos para que la gente los entienda.

 

Ernesto Ayala
Crítico de cine, escritor
-Ya no hay críticos que influyan. Lo que hay es una sobredosis de información, de opiniones, en blogs, internet, etc. ¿La crítica vive una crisis profunda?

-Creo que la crítica vive una crisis, no sé si profunda o no, pero real. Y el problema no está en los blogs y opiniones superficiales, que siempre han existido, sino en el abismo que se ha abierto entre medios y academia. Los medios hoy publican comentarios cada vez más breves y poco analíticos, ya que consideran que la gente no está dispuesta a leer textos analiticos, sino que sólo quiere informarse respecto a si la novela o pelicula es “buena o mala”. El mismo Artes y Letras, hace 20 años, podía publicar un comentario de una pelicula que tuviera dos páginas enteras del El Mercurio antiguo, que tenía paginas más grandes que las actuales. Hoy publica criticas de media página, o menos. El análisis se movió a la academia, con nefastas consecuencias: textos farragosos, escritos para satisfacer a la propia academia, donde las referencias teóricas son mas importantes que la obra analizada, donde consideraciones de orden básico, de orden tradicional en la crítica –personajes, trama, lecturas políticas o sociales–, son menores y despreciadas frente a los “hechos de lenguaje”. En otra palabras, esa crítica, la académica, es una lata que sólo le interesa a los propias personas que la escriben. Entre ambos puntos, academia y medios, se abrió un abismo y esa es la crisis de la crítica hoy.

-¿Es significativo que gente como Ignacio Valente en literatura o Hector Soto en cine hayan abandonado la critica regular, sistemática? ¿Hay un vacío de reflexión en los medios?

-Distingamos. Que Valente no publique no es nada de grave. Nunca fue más que un crítico autoritario, pedagógico, bastante pedestre en su lenguaje y en su mirada. Lo de Soto sí es una pérdida mayúscula, pero también es cierto que escribe cuando cree que una película merece la pena. Sería bueno verlo de manera regular también, que es la manera en que los críticos muestran su templanza y sus matices. Creo que lo que hace Gandolfo en libros es interesante, aunque uno desearía un poco más pasión en su análisis. Pero sus comentarios son ponderados y reflexivos. También Juan Manuel Vial, con sus prejuicios y arbitrariedades, le pone color al panorama. Y Cavallo persiste en el análisis, y a veces brilla con lujos. Yo creo que pueden aparecer críticos canónicos a medida que los medios les den espacio y afirmación, a medida que los medios dejen de tratar a su público como si no tuviera tiempo. La gente en Chile pasa un promedio de tres horas al día viendo televisión. Pensar que no tiene tiempo para leer un análisis bien escrito, divertido, analítico, sobre lo que está pasando a su alrededor es tratar a su gente como a niños. Yo tengo fe en que la moral de las cápsulas, del comentario rápido y superficial, va terminar por caer o por ceder espacios.