La elección anual de un Emperador, estatutos que ya no se pueden cambiar y la “Comisión de las discusiones bizantinas”, forman parte de la sagrada pasión que mantiene unidos a 14 ilustres abogados, entre quienes se encuentran el ex presidente de Metro, Clemente Pérez; el socio de RCZ Abogados, Ciro Colombara y el presidente de Cruzados, Juan Tagle. La Corpo se llama el grupo de amigos que no perdona al menos un asado mensual desde que se formó hace 31 años, cuando empezaron a estudiar Derecho en la Universidad Católica.
Por: Patricio Abarca

  • 4 octubre, 2018

La convocatoria es una vez al mes, pero también puede ser de súbito. Al igual que otros 13 abogados de renombre y prestigio, Juan Tagle se mantiene especialmente atento y vigilante, porque apenas La Corpo se activa, su corazón vibra, asoma la risa y los mensajes en el celular son incesantes.

El presidente de Cruzados S.A. y socio del estudio Prieto Abogados es un fanático más en esta cofradía que se formó en 1987, en el primer año de Derecho en la Universidad Católica. Con la amistad férrea y sagrada como inspiración y mandamiento, el AMO (asado mensual obligatorio), se definió solemnemente como un encuentro regular, y el ASO (asado súbito obligatorio), como una prueba extrema.

La lista de miembros la forman reconocidos abogados, como Clemente Pérez o Ciro Colombara; autoridades de talla, como Jean Pierre Matus, integrante de la Corte Suprema; Juan José Romero, ministro del Tribunal Constitucional o Mauricio Fernández, director de  la Unidad Lavado de Dinero, Delitos Económicos, Medioambientales y Crimen Organizado. Todos tienen un rol, y entre muchos deberes y derechos, lo que le importa particularmente a Tagle es su liderazgo en una de las áreas más chispeantes, la “Comisión de discusiones bizantinas”. Porque la organización de La Corpo es a toda prueba y, de hecho, ha llegado más lejos de lo que cualquiera de sus creadores podía imaginar, como repara Clemente Pérez.

“Empezamos como novatos, estudiando, saliendo, jugando fútbol. Entonces se fue armando como un grupo de carrete y cada vez se veía que lo pasábamos mejor. De pronto, se instaló, y cuando uno lo piensa, es sorprendente cómo se ha mantenido”, cuenta.

Como escena primigenia de este grupo aparece una mesa cualquiera del restaurante “Donde Bahamondes”, cuando un grupo de alumnos de primer año de Derecho de la Universidad Católica descubrió que, a pocos meses de haberse conocido, ya habían disfrutado las suficientes pichangas, que habían brindado demasiadas veces, pero, sobre todo, que podían estar conversando juntos durante una eternidad. Entonces asomó la lucidez y la determinación: había que consagrar esta amistad, y qué mejor que apegarse al derecho y establecer los estatutos para regular el ingreso a la posteridad.

Los estatutos de La Corpo son sorprendentes. Un cuerpo de 40 artículos con derechos y deberes. El resultado fue perfecto porque ahora, simplemente no se puede cambiar, como explica Claudio Guerra, de Grant Abogados.

“Establecimos que para cambiar los estatutos había que cumplir con muchas cosas. Una de ellas podía ser acompañar a una culebra con orejas. Pero hay otra que lo hace imposible. En ese momento establecimos que cualquier cambio tenía que ser leído por Julio Martínez. Se nos ocurrió, simplemente, a finales de los años 80. Y ahora que Julito murió, ya nunca se podrán cambiar los estatutos”, dice.

El emperador

La expectativa de La Corpo fue tan grande que paradójicamente eso definió su nombre. Primero se llamó La Corporación, y así se empezaron a proponer alternativas para acompañarla. Nada fue suficiente, y con el paso del tiempo, simplemente quedó el diminutivo.

Eso no quita que la grandeza sea un sello en la cofradía, lo que demuestra claramente su tipo de gobierno. Quien manda en La Corpo es un emperador, una autoridad elegida y que dura un año. Aunque ya han pasado 31 desde su creación, no todos los integrantes han tenido este honor.

“Es que para ser elegido emperador hay votaciones. Hay que hacer campaña, registrar servicios relevantes según la organización. Es una lucha intensa y entretenida”, aclara Pérez.

El emperador actual es Héctor Hernández, director del Doctorado en Derecho UDP y miembro del directorio del Instituto de Ciencias Penales de Chile. El asunto es tan selecto que varios nunca alcanzaron el sitial. Y todavía hay un a escalón más arriba, si se considera que hay también un grupo de emperadores retirados.

Existe, en todo caso, un nivel especial, como ocurre con Claudio Morgado, quien falleció en 2015 y fue nombrado como emperador eterno. Desde Nueva York, Ciro Colombara, recuerda que junto a Álvaro Leal, son dos pérdidas muy importantes para el grupo.

“La Corpo es un grupo maravilloso. Desde hace unos años, sin embargo, en todas las actividades hay momentos de tristeza porque se recuerda a dos miembros que fallecieron. Claudio Morgado, de Ovalle, y Álvaro Leal, de Panguipulli. Los dos viajaban sagradamente a Santiago o a dónde fuera para todas las actividades. Eran muy queridos y sus familias valoraban mucho esta amistad”, confiesa.

Yunque de recia virtud

Las actividades de La Corpo son incontables a través del tiempo. Pero hay eventos fijos, como La Corpo Familia, que es un asado con la señora y los hijos. A eso se suma de manera especial la Pesca Tour, que se hace una vez al año cuando empieza la temporada y el grupo se traslada al sur. Ahí todo queda en manos de Ignacio Melo, que es de Temuco y se encarga de la parte logística, seleccionando la ruta, los boteros y el alojamiento.

Melo extiende su influencia en otro arte de gran calado, pues es el asador oficial del grupo. Los demás integrantes son Alejandro Gómez, Ricardo Retamal, José Francisco Suárez, Carlos Parada, Felipe Echaiz y Juan Pablo Glasinovic.

Las responsabilidades se van abriendo sin límite cuando uno se asoma, pues hay comisiones activas de todo, como “Comisión de cánticos”, “Comisión de medición y precisiones políticas” y la popular “Comisión de discusiones bizantinas”.

“Imagina que se discute ahí. Todo. Cualquier cosa. Y como si fuera lo más importante. El whatsapp queda corto cuando esto se anima”, explica Pérez.

Ahí es donde dos compañeros de kinder disputan su liderazgo en un juego de ajedrez microscópico. “El encargado de la comisión soy yo, pero puede que Juan (Tagle) crea que es él. Nos conocemos desde que entramos al San Gaspar a los 5 años, nos encontramos en Derecho en la Católica después, así que es una disputa muy en confianza”, revela Claudio Guerra.

Las similitudes y los cruces entre los integrantes son muchos más que los que encontraron en la sala de clases de Derecho. El fútbol los hace entrar en un espacio candente, como hinchas, y como protagonistas. La Corpo se divide entre los que jugaron en Justiniano o River Maipo, dos legendarios equipos de la competencia de la Liga San Joaquín, en la Universidad Católica.

Las divergencias existen en lo político desde el inicio, considerando que los compañeros, ya en segundo año vivieron el plebiscito de 1988. Había de ambos lados y por eso La Corpo es definida como una agrupación pluralista en sus orígenes.

Los recuerdos apelan a mil detalles, como la canción que se dedicó al bar donde nació todo. “En Holanda quedaba Bahamondes”, es la primera línea.

Pero mejor y más contundente es la que creó Claudio Morgado, con una apelación que resuena buscando la eternidad en cada reunión, cada vez que viene un AMO, que sale un ASO o cuando opera la comisión de “Discusiones bizantinas”: “Ser un yunque de recia virtud, que a pedazos no ha de caer…”.