Tras el término de la guerra fría, el mundo del espionaje ha perdido algo de glamour y misterio. En ese cuadro, la CIA ha debido reinventarse, enfocando su business plan en el combate al terrorismo, aunque su reingeniería no ha sido fácil.

  • 27 julio, 2007

Tras el término de la guerra fría, el mundo del espionaje ha perdido algo de glamour y misterio. En ese cuadro, la CIA ha debido reinventarse, enfocando su business plan en el combate al terrorismo, aunque su reingeniería no ha sido fácil.

Desde que fuera creada en 1947, por decreto del presidente Harry Truman, “La Compañía” (como la llaman los agentes) básicamente buscó frenar la extensión del comunismo, valiéndose para ello de un amplio menú de herramientas, entre las cuales por cierto estaba matar a mandatarios y funcionarios gubernamentales. Si bien suena políticamente incorrecto, la verdad es que con la desclasificación de documentos, ya nadie niega esto. De hecho, en una reunión en 1975 entre el ex director de la agencia William Colby y el entonces el presidente Gerald Ford, aquel le admite al mandatario: “creo que hemos dirigido operaciones para asesinar a líderes extranjeros. Pero nunca hemos tenido éxito”.

Como sea, en los últimos años la agencia se ha visto obligada a reinventarse tras el término de la guerra fría, abocándose en la actualidad a combatir el terrorismo. Y pese a la reinvención, hay que decirlo… la CIA ya no es la de antes.

Para hacerse una idea se dice que su plantilla pasó de tener 7 mil agentes a algo así como 5 mil, una disminución que se achaca completamente al fin de la guerra fría, ya que muchos de los agentes de antaño optaron por irse a trabajar al sector privado en condiciones bastante más lucrativas.

Pero el tema no se reduce a un asunto de números. Durante años la CIA reclutó a sus agentes de las más prestigiosas universidades estadounidenses (los alumnos de Yale figuraban entre los preferidos). Solían ser los mejores. Pero en los últimos años, ha tenido que poner avisos de reclutamiento en publicaciones como la revista inglesa, The Economist, y hasta ha intentado atraer a jóvenes talentos por intermedio de comerciales de televisión. Uno de los últimos se transmitió en 2004. Ese año Jennifer Garner, la actriz que interpretó a Sydney Bristow, la intrépida y camaleónica agente de la CIA en la serie Alias, grabó un comercial en forma gratuita invitando a norteamericanos “valientes y honestos” a ofrecer sus servicios a las agencias de espionaje.

Tal vez ha influido en el menor appeal de la agencia, el pobre incremento de sus presupuestos, el que hoy asciende a unos 44 mil millones de dólares y que debe compartir con otras 15 agencias.

Con todo, hay que concederle a La Compañía que no parará nunca de hacer noticia. Hace pocas semanas, sin ir más lejos, se desclasificaron una serie de documentos, los que fueron catalogados por el actual director de la agencia Michael V. Hayden como las “joyas de la familia”. Dichos archivos dan cuenta del accionar de la CIA entre 1953 y 1973 (pueden ser leídos en la página web del organismo) y en ellos se encuentran revelaciones que, por decirlo eufemísticamente, son bastante crudas. Si un día de estos tiene tiempo, écheles un vistazo. Se entretendrá tanto como con una novela de espionaje.