¿Puede un vino chileno del 2000 estar en su mejor momento hoy? Claro. Si no lo creen, prueben el finísimo Villard Esencia Grand Reserve Cabernet Sauvignon-Merlot del Maipo. POR M.S. El mes pasado tuve la oportunidad de conocer tres vinos chilenos notables, los tres tintos, muy distintos entre sí, cada uno apostando a un segmento […]

  • 20 abril, 2007

¿Puede un vino chileno del 2000 estar en su mejor momento hoy? Claro. Si no lo creen, prueben el finísimo Villard Esencia Grand Reserve Cabernet Sauvignon-Merlot del Maipo.
POR M.S.

El mes pasado tuve la oportunidad de conocer tres vinos chilenos notables, los tres tintos, muy distintos entre sí, cada uno apostando a un segmento de público diferente, cada uno con un carácter y una mano enológica reconocibles.

Esto habla bien de Chile, habla de que su industria tiene algo que ofrecer, más allá de las necesidades comerciales, a menudo obvias, de una nación productora del nuevo mundo.

El primero es uno de los mejores vinos que he probado el último año, un lujo de fi neza y expresión de tierra, quizá el más exquisito ejemplo de aquel matrimonio, siempre difícil, entre fruta y madera que haya dado la producción local reciente.

¡Y ojo, que es un vino del 2000! Se trata del Villard Esencia Grand Reserve Cabernet Sauvignon-Merlot, nacido en el Maipo hace siete años, pero todavía con un par de temporadas por delante.

Si vieron La comezón del séptimo año, esa película de Billy Wilder con Marilyn Monroe, tendrán una idea de la clase de vino de la que hablo: un vino que ya tiene cierta edad, pero que, pese a todo, mantiene una vitalidad secreta, íntima. Bébanlo junto a su mujer o esposo y les aseguro que volverán a enamorarse.

Su enólogo es Thierry Villard, un tipo inimitable en la enología local, a quien llamé un miércoles ya bastante tarde, cerca de las 20 horas, y me contestó de muy buena gana, pese a que estaba en plena faena de vendimia, y me contó que “lo único que puedo decir es que mientras más sabes y mientras más trabajas, mejor vino haces. Así de simple”.

No pretendo ser un experto, pero esta mezcla de cabernet y merlot a mí me recuerda a los buenos vinos de Burdeos. Y le pregunto a Thierry por el parecido: “Por supuesto”, me dice con ese acento encantador de los franceses cuando hablan español.

“Es un vino inspirado en la manera bordelesa de hacer vinos, específi camente de la zona de Saint-Estéphe”. Cuesta apenas $7.900 y es una edición limitada, pero pueden conseguirlo en el teléfono 235 7857. Ojalá tengan suerte.

El segundo tinto, una mezcla de cabernet sauvignon (67 %), cabernet franc (17 %), carménère (10%) y carignan (6%), lo bebí junto a una amiga que ama el vino como nadie, la persona que probablemente sea la gran responsable de que esté escribiendo de este tema. Pero esa es otra historia. El vino del que hablo es House of Morandé 2003, también del Maipo y tiene una nariz que recuerda a los bosques del sur, húmedo, terroso, con mucha fruta roja y negra, bien madura, y al mismo tiempo un toque ahumado que alucina. Súper bebible, súper armónico. Me lo imagino perfecto, si buscamos un maridaje campestre, con un guiso de cerdo con higos secos o una plateada con puré de zapallo.

Puede que sea rebuscado, pero para mí este vino es como una tarde de otoño antes de que llueva. Y tiene la mano ineludible de un tremendo enólogo, como es Pablo Morandé. Pruébenlo y se darán cuenta.

El tercer vino es un vino que quizá poco tenga que ver con los anteriores. No es de una viña garage –como el Villard– ni tiene una ambición por estar entre lo mejor que puede ofrecer un valle, como el House of Morandé, pero igualmente posee un carácter distinguible.

Se trata de una etiqueta ultra comercial, que sin embargo nunca defrauda y tiene detrás el sello de Marcelo Papa, otro de los buenos “wine makers” nacionales.

Me refiero al Casillero del Diablo que ahora lanza una versión “recargada”, para usar una expresión de moda: una mezcla de cabernet sauvignon del Maipo y syrah del Peumo, que se llama Reserva Privada. Pertenece a la cosecha 2005, una de las mejores del último tiempo, pero siendo muy recomendable, lo veo todavía joven. Le falta tiempo en botella, aunque si tienen un decantador mostrará toda su expresión frutal, con un buen potencial de guarda, luego de unos diez minutos. Para su precio (alrededor de $ 6 mil), resulta inmejorable.,