Por Iván Poduje, urbanista
Foto: Verónica Ortíz
Año: 2050

  • 18 agosto, 2019

Luego de tanta promesa y fecha corrida, en 2050 llegamos al ansiado desarrollo medido por ingreso o calidad de vida. Aun cuando la economía creció a tasas modestas, la pobreza se redujo a menos de 5%, la clase media se amplió y los déficits que creíamos imposibles de cubrir en los 90 en vivienda, transporte o cobertura sanitaria se resolvieron.

Hoy la mitad de los capitalinos viven a cinco cuadras de una estación de metro, así que se pueden ir caminando a sus trabajos, localizados en un centro alargado entre Las Rejas y Estoril, con una renovada Estación Central con trenes soterrados y un enorme parque que cruza la Alameda, también verde y sin buses ni autos, ya que sus tres líneas de metro, paseos y tranvías resuelven la movilidad sin ruido ni congestión.

Los trenes eléctricos se consolidaron como el principal sistema de transporte masivo de pasajeros y de carga, pese a las protestas de los camioneros y busistas. Además de las quince líneas de metro, tenemos cuatro ferrocarriles para conectar las ciudades dormitorio de Melipilla, Rancagua, Los Andes y Viña del Mar, que trasformó su borde costero en el principal espacio público de los nueve millones de capitalinos.

Pudahuel es la comuna más dinámica: una ciudad aeroportuaria con decenas de hoteles y centros de distribución logística conectados por un segundo anillo concéntrico a Vespucio, que tiene estaciones de intercambio con los trenes y dos portaviones de drones para distribuir las mercancías hacia los malls, que con el comercio electrónico mutaron a centros de entretención con parques y zoológicos.

No se cumplió ninguno de los apocalípticos pronósticos de sequía. En 2030 los costos de energía bajaron, permitiendo la construcción de tres megacentrales de desalinización de agua en las costas de Valparaíso y O’ Higgins, además de 52 plantas para tratar aguas grises y servidas. Gracias a ello, tenemos una ciudad rodeada de bosques que entran a la ciudad por ríos y canales como el Mapocho, Las Perdices o la Aguada.

Sin embargo, los santiaguinos no estamos conformes. Nos quejamos por la excesiva distancia para llegar a los autos autónomos de las autopistas o por las 18 líneas de metro que faltan para que el 100% de los capitalinos pueda vivir a cinco cuadras de una estación. Otro foco de conflicto es el acceso inequitativo a bienes públicos entre el sector de mayores ingresos y las comunas de clase media, la nueva pobreza a revertir.

Pero el principal desafío de hoy es demoler medio millón de viviendas sociales y departamentos en guetos horizontales y verticales, que luego de llegar a niveles de deterioro severos, fueron gravemente dañados por el terremoto de 2036. La demolición será lenta y compleja, al igual que la reutilización de los suelos. Los ministerios tienen dificultad para coordinarse con los municipios y el Gobernador está pidiendo más recursos y atribuciones para ser, de una vez por todas, el Alcalde Mayor que Santiago necesita.