En La Moneda hay total conciencia de que existe molestia en el mundo empresarial. Altas fuentes del gobierno sostienen que esas críticas las reciben permanentemente de manera informal, en conversaciones y encuentros privados. La inquietud que ha expresado un sector del empresariado no solo dice relación con el ajuste de expectativas económicas y frustración con […]

  • 28 septiembre, 2019

En La Moneda hay total conciencia de que existe molestia en el mundo empresarial. Altas fuentes del gobierno sostienen que esas críticas las reciben permanentemente de manera informal, en conversaciones y encuentros privados. La inquietud que ha expresado un sector del empresariado no solo dice relación con el ajuste de expectativas económicas y frustración con algunos proyectos que no han salido. También porque da vueltas una sensación de que en algunos temas la segunda administración de Sebastián Piñera perdió el control de la agenda.

Un alto funcionario de Palacio reconoce que sí, que efectivamente se han cometido errores y autogoles, pero señala que “el mensaje aquí es que estamos haciendo la pega”. Agrega que lo que sucede es que a algunos empresarios les está costando hacer una lectura política más aguda del escenario político actual. “Cambió la realidad política. Y aquí hay un tema de diagnóstico que es difícil de entender para personas que están acostumbradas a tener el mando”, dice la misma fuente.

Explica que desde lo privado no logran aquilatar lo que implica no tener mayoría en el Congreso y, al frente, una oposición disgregada y más dura. Pero, además, existe una clase media que procesa el clima de opinión pública sin pasar por ninguna estructura formal, como eran antes los partidos.  El argumento central está encarnado en la radiografía de los sectores medios: más liberales, más desconfiados de la política y de las instituciones en general. Es una ciudadanía que confía más en sí misma y en sus propias decisiones.

Es aquí donde aparece la estrategia que está siguiendo el gobierno: anclarse en su programa y desplegar todos sus esfuerzos para conectar con la gran clase media, en el entendido de que no lo lograron en Piñera I. “Tenemos que pasar de ser una mayoría electoral a una mayoría política”, dice un influyente asesor de gobierno.

¿Por qué? ¿Cuál es la estrategia política de fondo?

El objetivo es mantenerse tres períodos consecutivos en el gobierno. Y eso pasa por anclar su agenda en las inquietudes y miedos de esos sectores medios que viven en permanente sensación de vulnerabilidad. De ahí que el 70 por ciento de la agenda del Presidente –dice un consejero cercano a él– apunta a actividades que tengan que ver con seguridad, empleo y salarios. Los temas que gravitan en la clase media. Por eso, en el gobierno se señala crudamente que “estamos aquí para hacer política y no para gestionar inversiones”.

Y si bien hay quienes dicen que el círculo de hierro de Piñera está un poco encapsulado y no se está haciendo cargo de los problemas que enfrenta para sacar adelante sus reformas y cumplir con las ilusiones de la ciudadanía (cristalizada en la baja aprobación en las encuestas), en La Moneda se comenta que esa es una mirada cortoplacista. La proyección de largo plazo es que la actual generación de centroderecha lleve a Chile al desarrollo, y eso implica conquistar la simpatía ciudadana con una agenda social y no empresarial.

Dicen que la política se ha polarizado e ideologizado a tal punto, que ya no se puede apostar por los acuerdos. “De alguna manera, el sector empresarial tiene que entender que la izquierda se izquierdizó demasiado. Y ese es un problema y una oportunidad porque la gente sigue queriendo protección social y seguridad, y eso lo encarnamos más nosotros que ellos. En la medida que la izquierda siga habitando en los extremos, el próximo gobierno va a ser de derecha”, dice el mismo asesor.

De ahí que el paso político tenga otra variable. La obsesión presidencial de que Chile Vamos funcione como una coalición política con todos los ingredientes que eso requiere: unidad, obviamente, pero también máxima diversidad. No solo requiere abandonar ropaje conservador para sintonizar con esa mayoría ciudadana que es más liberal. También implica abrirse a nuevos sectores sociales y ahí una figura como el actual ministro de Desarrollo Social, Sebastián Sichel, es fundamental. “Y eso no lo puede hacer la derecha tradicional. Por eso es tan esencial inclinarse hacia el centro”, dice un dirigente de Chile Vamos.