Escritor

Alejandro Guillier aparece en las encuestas muy bien evaluado. Tanto que está pensando ser candidato presidencial. Y si bien no me sorprende su posición expectante, ya que a fin de cuestas es una figura del espectáculo que pasa al senado gracias a la popularidad adquirida en la pantalla, me parece preocupante que se olvide quién es en verdad este sujeto, qué tipo de acciones periodísticas lo convirtieron en el rostro televisivo más confiable del país durante años.

Leyó las noticias en Chilevisión y, como jefe de prensa de ese canal, logró liderar la audiencia a través de un noticiero lleno de historias de dolor incurable. También fue panelista de varios programas, entre otros el sobrevalorado Tolerancia Cero. Sus dichos contra los políticos y contra la justicia le dieron fama de hombre sincero, independiente, aunque sus palabras eran ramplonas. En su caso eso da lo mismo, pues su activo reside en su tono, paternalista y más o menos horizontal.

Guillier sabe cómo hablarle a los televidentes y a los periodistas, sabe cómo tratarlos y mostrar su poder sin subir la voz. Su lenguaje es simple: representa a un hombre de clase media educado y meritocrático, está más cerca del ciudadano, se le puede decir Alejandro y uno se lo imagina preparando un asado con delantal sin perder autoridad. Trata a los que lo entrevistan de colega y a los otros de amigos. Guillier, que estudió sociología y fue académico, hace décadas descubrió que el poder reside en la cercanía y en el manejo de información más que en los modales palaciegos o el tono autoritario. De ahí que sea una eventual amenaza para los ex presidentes (o actuales candidatos).

Lo espectacular es hasta dónde lo llevó su necesidad de conseguir información, es decir, de saber de los otros para así obtener poder. Hace un año que la Justicia ordenó indemnizar a Daniel Calvo con una importante suma de dinero. La razón: el 4 de noviembre de 2003 mientras, investigaba el bullado “caso Spiniak” en su calidad de juez, se lo grabó conversando en su oficina de tribunales con el administrador de un sauna gay. Los elementos de la grabación oculta fueron facilitados por profesionales de Chilevisón. La exhibición de este encuentro fue un día después, en el noticiero del mediodía del canal, por orden de Guillier, entonces director del departamento de prensa del canal.

Cómo olvidar al entonces juez Calvo dando la cara en una conferencia de prensa junto a su familia. Cómo olvidar la felonía que fue hacer pública su vida sexual con la finalidad de sacarlo del caso que investigaba. Aún no se sabe qué motivó a Guillier a violar la intimidad de una persona. Cuánto, en verdad, cuánta homofobia hay en esta acción. Es una de las vilezas más impactantes que he visto en la televisión posterior a la dictadura.

Alejandro Guillier curiosamente fue absuelto en esta causa al concluirse que en una conversación previa con Daniel Calvo, éste consintió la divulgación del material pero con ciertas limitaciones. En el fallo de la Corte Suprema, se dice que en este caso el máximo tribunal consideró que la difusión de la grabación también provocó daño moral a la esposa e hijos del juez.

Es raro que el Movilh y la Fundación Iguales todavía no muestren su rechazo hacia Guillier, más aún ahora que es un senador con expectativas presidenciales. El olvido no puede sepultar lo que hizo contra el juez Calvo y su familia. El nivel moral que debe tener un político debería estar por sobre acusaciones que, a ojos de la propia justicia, sobrepasaron el deber que tienen los medios de informar sobre el accionar de los jueces y demás autoridades públicas. •••