Con la telenovela Río Oscuro entrando en su recta final, el foco de Amparo Noguera hoy está en el montaje Mano de obra, que dirigirá Alfredo Castro en el Teatro UC. La actriz habla de ese y otros proyectos actorales, también de su carrera lejos de TVN y de su miedo a la absoluta independencia: “Me cuesta soltarme, no tener una mano que siempre esté cuidándome”.

  • 26 septiembre, 2019

Los últimos meses han sido algo conflictivos para Amparo Noguera (54), sobre todo en lo mediático. En junio se reveló la millonaria demanda que interpuso contra su ex casa televisiva, TVN. Y en agosto enfrentó un cruce de declaraciones con la panelista del matinal Mucho Gusto (Mega), Patricia Maldonado, quien se burló de la poca sintonía de la teleserie Río Oscuro, producción protagonizada por la actriz. Esto luego de que, en un acto del Museo de la Memoria, la artista lanzara la siguiente frase en el escenario: “No a la Paty Maldonado en Megavisión. Sí a los Alejandro Goic”.

Sin embargo, en este periodo la actriz ha centrado su tiempo a otras actividades más vinculadas a su carrera como actriz. En junio participó en el montaje Mano de obra (dirigida por Alfredo Castro), una adaptación de la novela homónima escrita por Diamela Eltit. Y pronto la obra tendrá funciones nuevamente desde el 16 al 26 de octubre en el Teatro UC. Es la historia de un grupo de empleados de supermercado que se desenvuelven en un espacio laboral hostil, amenazados por la cesantía, con vínculos fraternos rotos y en condiciones de hacinamiento. En este escenario se narran las dificultades de los protagonistas, entregando al espectador ocasionales respiros cómicos.

Sonia es el nombre del personaje que interpreta Amparo. Mano de obra tiene un significado importante para la actriz. Ha participado en distintas ediciones que se han montado de la obra (2003, 2007 y 2019). Ella valora esta nueva puesta en escena por dos razones. Primero, le permite volver a trabajar con su amigo y maestro, Alfredo Castro. Eso en lo afectivo y, por otra parte, porque considera que es un montaje que refleja la visión que el director tiene del teatro. “Ese nivel de denuncia, puesto en un espacio que no es el imaginario tradicional, sino que una metaforización de las cosas”, explica.

-¿Cómo vives tu personaje en la obra? ¿Te sientes como “Sonia”?

-Me siento súper Sonia. Cada vez que no quedo en un trabajo o en una serie, o cuando me ofrecen el mínimo que me pueden pagar. Me siento una Sonia privilegiada. Vivo bien: tengo una casa y como todos los días. No sé si ella come lo mismo que yo, o si va al Jumbo. No hay que perder la dimensión de las cosas. Pero sí siento la avidez de pertenecer a un lugar en que se valide mi trabajo. Y sí me siento Sonia cuando se le recorta el presupuesto al cine chileno.

-La obra por momentos es graciosa, pero, a la vez, angustiante.

-Terrible. Lo que pasa es que cuando estamos en el escenario nos resulta más chistoso. Como en la vida, uno no dice: “Ay, qué terrible de mí”, uno no se victimiza mucho; bueno, algunos sí… Nosotros nos reímos bastante, lo pasamos bien haciéndola. También creo que Mano de obra tiene un espacio político espantosamente vigente. Las cosas parece que no cambian.

-¿En qué cosas concretas?

-La explotación permanente de los trabajadores. Y sobre todo la esclavitud que uno tiene frente a la sociedad de libre mercado, a la que nadie es capaz de renunciar, y para ser parte de eso te transformas en una especie de “barata” que vive a cualquier precio.

La actriz también cuenta que hay algo interesante planteado por Diamela Eltit en la novela, traducido en el montaje: el uso insistente de garabatos. Pero no con un afán soez, sino que con un sentido claro. “Es la falta de lenguaje para establecer un discurso”, dice. Amparo recuerda que Diamela y Alfredo les hablaban a los actores de que tanto la clase alta como los sectores marginales poseen ciertas posiciones claras. En cambio, existen enormes sectores medios que ocupan una posición difusa. La actriz explica que eso se traduce en una falta de palabras que lleva a los garabatos, “que implican todo tu sentir, pero a la vez no establecen ideológicamente una argumentación que defienda”.

El pasado mes de julio, la Asociación de Productores de Cine y Televisión (APCT) anunció que BancoEstado pondría fin a su programa de apoyo a la cinematografía nacional, el cual consistía en la entrega de 200 millones de pesos anuales para producciones en desarrollo. La actriz también menciona el reportaje que a principios de mes hizo Canal 13 sobre la puntualidad y asistencia de los diputados a la Cámara. Le llamó la atención una frase de la periodista sobre el parlamentario Gonzalo Fuenzalida: “Es miembro permanente de la Comisión de Cultura, pero también de la Investigadora de Fuerzas Armadas”. La actriz hace su interpretación sobre esa frase y se pregunta por qué usan ese “pero”: “Es como decir que ‘ve cultura, pero en realidad hace esto (FF.AA.)’. Es algo del lenguaje. Siento como si estuvieran haciendo un favor por que en la Cámara exista un espacio con relación a la cultura en Chile.

Pertenecer

El pasado 7 de septiembre, Amparo publicó en Instagram una foto anunciando el fin de las grabaciones de la teleserie emitida por Canal 13, Río Oscuro. Estrenada en mayo tras el éxito de Pacto de sangre, no ha logrado un buen rating, lo que motivó dos modificaciones en su horario de transmisión.

-No dejo de decir que fue fatal el cambio de horario que hicieron con la teleserie. Tenía su público. Es verdad que no tenía tanto rating, pero uno en redes sociales se daba cuenta de que había gente que la veía. Creo que no dejaron que esa teleserie respirara. Es cierto que la gente puede verla por internet…

-Pero hay que rebuscárselas.

-A la gente le gusta echarse en la cama y ver la tele, o mientras come con la familia. Son teleseries, tienen un contexto familiar por muy tétricas que sean. Creo que no le dieron tiempo. Era una teleserie distinta, con una trama compleja. Probaron un lenguaje en que no se entrega toda la información de una, sino paulatinamente.

-¿Qué echas de menos de tu etapa en TVN?

-La fuerza que tenían las teleseries, los equipos de trabajo y el pertenecer a un lugar durante mucho tiempo y reconocer todo, cada puerta, director e idea de qué se quiere lograr en cada teleserie. Eso, pertenecer.

-¿Has encontrado ese espacio de pertenencia en otro lado?

-No todavía.

-¿Cómo ves el presente de tu carrera?

-No me siento en el mejor momento, para nada.

Aun así, ve la parte buena: está con varios proyectos. Viene Santiago a Mil en enero y ahí tendrá hartos montajes. También estrenará la película Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, dirigida por José Luis Torres Leiva, en la competencia oficial del Festival de San Sebastián.

Además, el 24 de octubre se estrenará en cines nacionales Pacto de fuga (dirigida por David Abdala). Ella solo actúa en un par de escenas en el filme, aunque cruciales en la trama. Basada en el escape de 1990 de la Cárcel Pública de Santiago, es la historia de un grupo de presos políticos que hace un túnel para fugarse usando solo un destornillador. Ahí interpreta a una abogada en Derechos Humanos que intenta liberar a los reos por el camino legal, pero al no ver avances, comienza a colaborar en la construcción del túnel.

Noguera está particularmente entusiasmada por empezar un nuevo proyecto sobre las tablas. Se trata del exitoso monólogo inglés, Girls and boys, dirigido por Marcelo Alonso, pareja de la actriz. Su personaje es el único en escena, una mujer que reconstruye la relación con su marido y las consecuencias de los nacimientos de sus hijos.

-Ahí solo actúas tú y Marcelo (Alonso) dirige.

-Difícil. Uff, terrible. Pero lo hemos logrado, siempre salimos airosos. No son procesos fáciles ni románticos. No es así. Hay mucho en juego, mucha confianza, intimidad y conocimiento del otro. Es pura entrega, es un juego complicado.

-¿Ensayan en la casa?

-Para nada. La gracia está en tratar de no mezclar las cosas, aunque igual ocurre. Cuando paseas al perro intentas no hablar sobre la escena. Pero cuesta.

Corazón y teatro

En el teatro, a diferencia del cine o las teleseries, no es donde más cómoda se siente, porque le requiere mucha energía y esfuerzo sostener una obra. “Pero es parte de mi vida, es lo que me hace sentirme actriz”, dice. Cree que puede ser producto de la educación que recibió de su padre, el actor y director Héctor Noguera. A él lo ha visto toda su vida sobre las tablas, obsesionándose por cada montaje y “dando la vida” por cada uno. “Quizás lo tengo como una herencia que ni siquiera elegí”, supone.

-Una vez dijiste que no habías superado casi ningún miedo de infancia. ¿Cuáles son?

-La absoluta independencia. Me da vergüenza decirlo, soy súper tonta. Por ejemplo, quedarme sola en mi casa me da miedo. Largarme a viajar sola también. Me cuesta soltarme, no tener una mano que siempre esté cuidándome.

-¿Cómo es ser dirigida por personas tan cercanas como tu padre o pareja?

-Me encanta, es un alivio. Ir a trabajar y estar con tu familia. Pero es duro, porque hay un exceso de conocimiento y confianza. Ahí hago todas las pataletas que no me permito con otros directores.

Cuando le toca actuar con su padre, tiene que luchar contra el pudor; por ejemplo, cuando participó en el montaje El padre (2017). “No me sirve decir que es mi papá, al contrario, quiero alejarlo lo más posible”, explica. Había escenas dolorosas que le costaba hacer solo porque era su papá a quien tenía enfrente:

-Es super íntima la actuación y pudorosa. Es fuerte mostrar el alma, y más aún cuando es gente que te conoce mucho. Esa mirada fija a los ojos no es fácil.

-¿Nunca te ha interesado incursionar como directora?

-Sí, pero hay que tener tanto en la cabeza: un punto de vista claro en cuanto a qué se quiere contar, lo estético, manejar tanta gente y tantas cosas… Pero lo he pensado. Creo que no me he atrevido porque tengo mucho director cerca. Muy cerca. Eso me ha quitado un poco el espacio para intentar. No le echo la culpa a nadie, pero los papeles en la familia están super delimitados. Yo soy la actriz y otros son los directores. Y cuesta mucho romper eso.

-¿Te sientes muy trabajólica?

-Estoy acostumbrada a trabajar mucho, generalmente teatro y televisión al mismo tiempo. Así se me ha dado afortunadamente. Me interesa que las cosas salgan bien. Soy estudiosa y pienso en los personajes que debo hacer. No es que haga desgloses escritos, no es mi sistema. Pero lo tengo todo el tiempo en mi cabeza, asociándolo a cosas que veo. Es más instintivo mi método, sin lápiz y papel.

-¿Crees que se puede trabajar el teatro de manera “más teórica”?

-Se puede. Creo que lo único que uno no puede hacer es dejar de “estar en la situación”. Y “estar en la situación” es así de simple y difícil. Hay algo que uno debe abandonar de sí mismo para entender una perspectiva que no te pertenece y hacerla propia. Uno ve a muchos actores que “están” y da envidia cómo lo hacen. Esa capacidad diferencia a un gran actor.

-¿Con quiénes te pasa eso?

-(Piensa) Con muchos, pero para no casarme con ningún chileno… Estoy viendo una serie que se llama El puntero, ahí el protagónico lo hace Julio Chávez. Uno lo ve y dice: “Es esa persona”. También me pasa con Daniel Muñoz… Me da lata nombrar chilenos, porque voy a nombrar a Marcelo (Alonso) antes que todo. Dejémoslo en Julio Chávez.

-¿Y contigo? ¿Crees que pasa eso?

-No, no.

-¿No?

-A veces sí. Pero, en general, me  cuesta más interpretar a personas comunes y corrientes. Esa oficinista que anda arriba de los tacos. Esa me gustaría hacer, pero bien.