A diferencia de las otras reformas que impulsa el Gobierno, en la educacional el consenso que existe respecto de su necesidad es literalmente unanimidad. Pocos cuestionan que el país requiere dar un salto sustantivo en el proceso de formación de sus niños y jóvenes. Nadie discute que es allí donde se puede lograr simultáneamente asentar en bases sólidas el crecimiento de largo plazo del país y dar herramientas para que las personas forjen un capital humano valioso y valorado, que no sólo les daría para vivir, sino que para vivir dignamente.

Desde la marcha de los pingüinos de hace cerca de una década, la política en el país ha girado fundamentalmente en torno al tema educacional. Las expectativas son altas y el recorrido es inevitable.

Se trata de un recorrido que no estará exento de turbulencias, muchas de las cuales ya se manifiestan en ocupaciones de establecimientos, marchas de estudiantes y, ahora último, paros de profesores, grupo que intuye que la atención de gran parte de la sociedad está puesta en ellos y que, por algo, acaba de convocar a una paralización nacional para el 25 de junio.

Y es que, si bien hasta ahora el debate sobre la reforma ha girado en torno al lucro, el copago, la selección y sobre si el Mineduc se transformará en un gestor inmobiliario, es evidente que es imposible pensar en una reforma exitosa si no se modifica profundamente lo que pasa en la sala de clases. Porque la educación es sobre todo un proceso, uno que si bien ocurre en un establecimiento físico, esencialmente se produce dentro de la cabeza de los alumnos.

Y es en ese proceso donde se sospecha que hay dificultades de marca mayor. En esta edición de Capital publicamos un reportaje que da cuenta de esa problemática y en donde los expertos aportan abundante evidencia que confirma que gran parte de la solución tiene que ver con la formación de nuestros profesores.

Es una visión de consenso que a futuro, la calidad de nuestro sistema educacional pasa por una reformulación radical al currículum de Pedagogía en las universidades, mayores exigencias para la acreditación de las carreras y evaluaciones de egreso obligatorias.

Como ha dicho el experto Sergio Urzúa, Chile necesita más y mejores profesores. Necesita poner término a la paradoja educacional que hoy se expresa en que la profesión más trascendente para el desarrollo está mal remunerada, tiene poca respetabilidad y no es percibida como una opción por los jóvenes a la hora de elegir su carrera profesional. En palabras de Urzúa en una reciente columna: “Para ofrecer educación de calidad a quienes más lo necesitan, vamos a tener que encontrar (producir y capacitar) superprofesores: personas con vocación para operar en condiciones complejas, con capacidad para educar (pero de verdad) y que no pierdan las esperanzas, sino que las difundan”. •••