Saskia de Rothschild estudió y se dedicó al periodismo durante algunos años, pero el mundo del vino y la tradición de su familia fueron más fuertes. Aquí cuenta su historia y sus planes, que tienen también que ver con Chile.
Fotos: gentileza de Matt Wilson, www.mattwilson.cl

  • 14 marzo, 2019

Contrario a lo que pudiese pensarse, conversar con Saskia de Rothschild (31) resulta una experiencia cordial y relajada. Esto, a pesar de que desde abril del año pasado es la CEO de Domaines Barons de Rothschild (Lafite), uno de los conglomerados vitivinícolas más importantes del mundo, con más de 150 años de historia y con 1.200 hectáreas de viñedos –y casi quinientos empleados– repartidas por todo el mundo.

La viña Los Vascos, en Peralillo,  (donde es socia con Viña Santa Rita, ligada a Grupo DF) fue la razón que la trajo la semana pasada a Chile junto a su padre –el barón Éric de Rothschild (86)– para celebrar los treinta años de trabajo en el país y, de paso, presentar a Saskia en Chile como la nueva CEO.

Tras un extenso almuerzo, con cóctel previo y varios discursos, nos sentamos tranquilos en un rincón para conversar con Saskia. “Perdóname por este acento argentino”, me dice en un muy buen español, para luego explicarme que vivió en Buenos Aires mientras trabajaba en el diario La Nación –también se desempeñó como corresponsal del New York Times en París– cubriendo cultura y educación. “Fue una gran experiencia profesional y personal. Me tocó incluso cubrir varios paros docentes”, explica, agregando que “además lo pasé muy bien en Buenos Aires, es una gran ciudad”.

En su estadía de un poco más de un año en la capital argentina, Saskia pudo conocer también buena parte del norte de Chile y algo de Bolivia como turista. Además, casi como secreto “porque yo bebo prácticamente solamente vino”, cuenta que descubrió las bondades del fernet argentino, “aunque jamás con Coca-Cola”, sostiene tajantemente. Pero ahora las cosas han cambiado: viene a Chile por lo menos una vez al año y también visita otros viñedos que posee la empresa familiar fuera de Francia. El resto del tiempo lo distribuye entre su casa en París y los viñedos y bodegas de Pauillac, en la región de Aquitania. Y mientras Saskia se mantiene en movimiento por sus obligaciones como CEO de la empresa familiar, en Francia queda su novio, “que también tiene mucho trabajo, por lo que no es un gran problema que esté tan ocupada”, cuenta sin muchas ganas de explayarse más en temas personales. “Prefiero hablar del vino, que es el tema que me gusta”, dice directamente.

-¿El hacerte cargo de la compañía a los 31 años era parte de un plan en tu vida o algo así?

-No, para nada. La verdad es que iba completamente por otro lado, aunque igual siempre permanecí ligada al lugar donde hemos hecho nuestros vinos y a su gente, que la conozco muy bien porque desde niña pasaba mucho tiempo en el viñedo en Burdeos.

-Pero no tenías un acercamiento, por decirlo así, profesional al mundo del vino.

-No, aunque mi padre desde que yo era bastante pequeña me hizo probar muchos vinos y realizar distintos ejercicios.

-¿Ejercicios?

-Sí, me hacía probar vinos a ojos cerrados y debía tratar de identificar las diferencias y características que cada uno tenía. Así fui aprendiendo bien de qué se trataba cada tipo de vino. Además, pienso que con ese entrenamiento que tuve con mi padre pude entender mejor cómo se hacía, que fue algo que siempre me interesó y que es clave para comprender luego, en una posición como la que tengo ahora, el negocio del vino.

-Entonces, a pesar de tu etapa en el periodismo, nunca estuviste totalmente alejada de los vinos de tu familia.

-Claro, porque sin tener –como te decía antes– un plan a futuro, siempre volvía cada año a la viña. No importaba dónde estuviera viviendo, regresaba cada enero a hacer junto a mi padre el ensamblaje final del vino. Podía estar viviendo en India o Argentina, pero siempre volvía a Burdeos. Entonces, mirando todo eso desde el presente, me doy cuenta de que fue un aprendizaje constante a lo largo de los años.

-¿Con el paso del tiempo y con ese training no comenzaste a sentir que la empresa familiar te estaba llamando?

-La verdad es que a mí siempre me interesó proteger a Lafite y su desarrollo. Entonces sí, a medida que iba pasando el tiempo, fui imaginando que el ingresar al negocio familiar podía ser una posibilidad. Y cuando mi padre comenzó a ponerse ya un poco más viejo, me di cuenta de que había llegado el momento de tomar la decisión.

-¿Fue muy difícil?

-Más que difícil, lo que implicó fue un esfuerzo porque volví a la universidad a estudiar viticultura y enología. Porque más allá de los conocimientos sobre el vino que ya tenía, si iba meterme con todo en este asunto, tenía que estar bien preparada.

-Entonces adiós al periodismo y bienvenida al mundo del vino.

-Fíjate que no fue tan así como tú lo describes, porque el hecho de ser periodista me ayudó mucho en esta etapa de volver a estudiar.

 

-¿En qué sentido?

-En que al estudiar con cabeza de periodista uno pone atención a todos los detalles, a la precisión de todo el proceso y no solamente al producto final. Entonces con eso, claro, uno luego entiende mucho mejor a sus equipos, porque conoce lo que cada uno hace en el largo proceso que tiene el vino. Es decir, si conoces bien los detalles, entiendes a tu equipo y sus distintas responsabilidades. Y lo más importante, entiendes el producto. Y es eso lo que te da legitimidad frente a tus colaboradores.

-¿Y nada más con el periodismo, se acabó para siempre?

-(Ríe) La verdad es que el periodismo me encanta y escribir es una de mis pasiones. Escribir para contar historias. Afortunadamente, el vino también me permite contar historias. Cada vino, cada cosecha es una historia. Una historia de la gente que lo hace y del lugar en que se hace. Además, al tener viñedos en distintas partes conocemos gente y conocemos sus historias, lo que luego de alguna manera traspasamos a nuestros vinos. Entonces sigo contando historias, lo que me da un equilibrio para dedicarme a esto sin olvidarme de lo que hacía cuando era periodista. Además, en este trabajo está la historia de mi familia, que es la que seguimos contando después de 150 años.

Vino, mujeres y más

-El mundo del vino es aún un territorio con muchos hombres, probablemente con algo de machismo. ¿Cuál es tu visión del tema?

-Para mí el mundo del vino no es más machista que las sociedades en las que se desarrolla. ¿Me entiendes? Es decir, tiene más menos los mismos problemas que se ven en otras industrias o trabajos en los que uno se pueda desarrollar.

-¿Y cómo se mueve una mujer joven como tú en un ambiente así?

-Es simple. Si uno sabe de lo que está hablando, siempre te van a respetar. Y por otro lado, cuando no sabes algo, si te ubicas en una posición humilde y haces las preguntas que necesitas, también te van a respetar.

-Pero en los tiempos actuales, en la época del “Me Too”, ¿se ven cambios en ese sentido en el mundo del vino?

-Sí, desde luego. Y el mejor ejemplo de esto es que cada día hay más presencia de mujeres en todos los sectores de la industria. Hay muchas enólogas, pero también hay mujeres con puestos de responsabilidad en las bodegas, en las áreas de venta y en tareas más ejecutivas. Y me parece muy bien que pase todo esto, porque de alguna manera también las mujeres aportamos otra visión y otro tipo de liderazgos en esta industria.

 

-¿Cuál es tu misión o tus desafíos con la empresa de aquí en adelante?

-Bueno, cada época tiene sus desafíos. Por ejemplo, cuando mi padre entró a la compañía en 1976 el desafío era más bien científico, de desarrollo técnico e investigación para ver cómo podíamos proteger de mejor manera nuestras uvas. En cambio, a mí ahora me toca prácticamente lo contrario, porque lo que estamos buscando es hacer las cosas de la manera más natural posible, usar muy pocos productos que no sean naturales y así proteger la naturaleza, pero también a quienes trabajan con nosotros y a quienes consumen nuestros vinos. Y, obviamente, a nuestros viñedos y suelos. Ese es nuestro desafío en todo el mundo: cómo darle el mejor cuidado a nuestra viña, porque la naturaleza está en el corazón de lo que hacemos y hoy más que nunca es necesario cuidarla y protegerla.

-El cambio climático es una realidad y se supone que el trabajar la tierra y hacer vinos será cada vez más difícil.

-Sí, más en Francia que acá por el momento, porque en Chile todavía se notan menos los cambios. Pero aún así nosotros somos discípulos del clima, siempre trabajaremos en función de los desafíos que nos ponga por delante. Y todo indica que los extremos se van a exacerbar, con lo que tendremos lluvias y períodos de calor más intensos, heladas, lluvias torrenciales… Entonces, no queda otra que cambiar. De hecho, en Burdeos ya hemos tenido que adaptarnos a estas nuevas condiciones, vendimiando más temprano por el calor, podando de cierta manera que no se quemen nuestras uvas y muchas cosas más. Pero no solo nosotros en el vino tenemos que hacer cosas, sino que la gente en general, tomando conciencia de los residuos que genera, disminuyendo sus consumos y todo eso. Es una tarea global, de todos y en todo el mundo.

Aquí Chile

-Antes de que existiera el valle de Colchagua como lo conocemos hoy, ustedes se instalaron acá en 1989 comprando esta propiedad, ¿qué significa eso ahora, mirado con la perspectiva de los años?

-Mira, nosotros siempre nos preocupamos de entender los lugares donde estamos haciendo vino. Nunca ha sido nuestra intención llegar a un sitio y empezar a hacer las cosas a nuestra manera sin escuchar a nadie. No, queremos sacar en el vino la esencia del territorio donde se produce. Es decir, obviamente traemos conocimiento, pero también aprendemos de la gente que está acá, de los que llegaron antes. Entonces, claro, hemos sido testigos y protagonistas al mismo tiempo de todo lo que ha pasado en el valle de Colchagua en estos treinta años que llevamos en Chile. Y nos sentimos parte del crecimiento que ha tenido, lo que nos tiene muy contentos.

-¿Qué es lo más difícil de hacer vino acá en Chile?

-Además de lo lejos (ríe), lo principal es lo grande de nuestra propiedad (700 hectáreas). Es el terreno más grande que tenemos y además en Europa no se estilan estas extensiones. Entonces, la logística de trabajo acá es totalmente distinta. Y bueno, seguimos buscando complejidad en nuestros vinos, porque no solo es un tema de volumen. Y por eso es que estamos plantando ahora en algunas laderas de cerro.

-Y como lo ha dicho tu padre, la idea es siempre hacer vinos chilenos, no franceses o afrancesados.

-Exactamente. Porque se trata de vinos totalmente distintos, aunque se repitan las cepas. Y no nos interesa hacer vinos de estilo francés acá. Somos franceses haciendo vinos en Chile, que es muy distinto.

-¿Cómo te sientes frente a los vinos más frescos que cada vez se ven más por acá y en muchas otras partes?

-Bien, me gustan. Es que nosotros nunca fuimos en la dirección de (Robert) Parker, buscando madera, porque siempre hemos buscado el equilibrio. Entonces, ahora tenemos que hacer solo algunos pequeños ajustes, sobre todo en el uso de la madera y en el de algunas cepas en los ensamblajes finales. Creo que vamos por buen camino.

-¿Piensas que ya no te moverás más del mundo del vino o podrías cambiar de rumbo más adelante?

-No, en nuestra familia cuando se toma una decisión hay que hacerlo y seguir hasta el final. Así que ya no me muevo de esto.