• 3 noviembre, 2010


Para lograr mejoras en educación, mercado laboral e innovación, se necesita un acuerdo entre los distintos actores de la sociedad. Para ello, la receta perfecta no existe.


a creencia popular nos dice que para matar al hombre lobo y a otros monstruos debemos emplear una bala de plata. Cada vez que se reúne un grupo de expertos para hablar de los monstruos que tenemos como sociedad, lo primero que hacen es dar recetas para combatir contra ellos. Se busca la anhelada bala de plata. La pesquisa por encontrarla, y así combatir nuestros problemas en educación, empleo e innovación, llevó a la Sofofa, al ministerio de Hacienda y a la universidad Adolfo Ibáñez a realizar un seminario sobre esos tres ejes. La gran conclusión fue que los problemas en estas áreas son complejos y que la bala de plata no existe. Por lo tanto, deben ser abordados desde distintos frentes y por distintos cazadores (gobierno, empresarios, trabajadores, etcétera), pero siempre con buena puntería.

En educación, sabemos que el blanco está en mejorar la calidad. Nada nuevo nos diría el conejo de la suerte. Aparentemente hay ciertos tiros que se están acercando y pareciera haber consenso en algunas medidas que son relevantes para combatir esta epidemia. Entre muchas otras se destacan: (i) la importancia de los docentes en un escenario donde la oferta está marcada por bajos sueldos y por estar estratificados, (ii) la importancia que tienen los directores de escuela y que en la actualidad presentan falencias en su capacidad formativa, (iii) lo crucial que es la educación pre escolar. Sigue siendo algo poco novedoso, pensarán ustedes, y estoy de acuerdo. Lo relevante entonces está en dos cosas. Lo primero, reconocer que la bala de plata no existe. Lo segundo, que las políticas educacionales necesitan de consistencia en varios frentes. El presidente ha dicho que uno de sus pilares es la educación. El ministro Lavín dijo estar dispuesto a gastarse su capital político para llevar a cabo reformas. Si existen consenso y supuestamente voluntad política, ¿por qué no le damos al blanco? Buena pregunta, pero quizás sea mejor pedir explicaciones de a poco. ¿Por qué en la ley de presupuestos que actualmente se discute en el Congreso el aumento de presupuesto destinado a cobertura pre escolar es de 0%? ¿Por qué el aumento en honorarios para la subsecretaría es de más de un 500%? ¿Por qué los recursos en subvención, una vez corregidos por el efecto reconstrucción, suben menos de un 5%?

En empleo debemos reconocer que el mercado del trabajo no es el mercado de las salsas de tomate, por lo que el equilibrio deja de ser trivial. Dado lo anterior, estamos frente a un mercado complejo. Además de lo indicado, tenemos a los empresarios con tolerancia cero respecto a las rigideces en contratación y despido. Utilizando los resultados del informe de competitividad 2010-2011, podemos concluir en que Chile está muy mal evaluado. Los países situados alrededor de la posición 60 en el año 2007 (Chile estaba en el lugar 62) en general han mantenido su posición relativa. Pero Chile ha empeorado, cayendo al puesto 111. Visto de otra forma, hoy tenemos diferencias significativas con aquellas naciones que pertenecen al 25% de más rápido crecimiento en los últimos años. La ley laboral en este tema no ha cambiado desde hace 15. El Ejecutivo ha mostrado, al menos en el discurso, buena voluntad para llegar a acuerdos transversales entre gobierno, trabajadores y empresarios. La necesidad del pacto social tripartito es evidente. En este sentido no hay que tenerles miedo a viejos paradigmas, como sentarse en la mesa a conversar, a tener sindicatos, etcétera. Explorar y generar nuevas ideas es importante, ya que la bala de plata para mejorar el mercado laboral tampoco existe.

En innovación tampoco encontramos la bala de plata. Para transitar a niveles mayores de desarrollo, sin duda debemos mejorar nuestra puntería y así alcanzar nuestro objetivo con distintos instrumentos. El diagnóstico es claro: se requiere de un trabajo conjunto entre una multiplicidad de actores, tanto de mercado como de no mercado. La capacidad para innovar es baja y las empresas que lo hacen no están a la altura de los parámetros internacionales. Tenemos una concentración alta de empresas en algunos sectores y algunos sectores que se muestran reacios a competir. Los roles del mercado y de las empresas no están en duda, como tampoco lo está el rol que debe jugar el Estado en un mercado con asimetrías de información y altos costos de transacción. Reconocer la necesidad de abarcar este tema con muchas balas de distintos metales es una necesidad si queremos transitar hacia el desarrollo.