Iván Navarro es, con seguridad, el artista visual chileno más importante de la escena contemporánea. Sus obras son sumamente cotizadas y han sido exhibidas en las mejores galerías y bienales del mundo. Pero su talento creativo va mucho más allá. Es todo un emprendedor, inmerso en numerosos proyectos, uno de los cuales es Hueso Records, […]

  • 22 febrero, 2013
Iván Navarro

Iván Navarro

Iván Navarro es, con seguridad, el artista visual chileno más importante de la escena contemporánea. Sus obras son sumamente cotizadas y han sido exhibidas en las mejores galerías y bienales del mundo. Pero su talento creativo va mucho más allá. Es todo un emprendedor, inmerso en numerosos proyectos, uno de los cuales es Hueso Records, un destacado sello musical independiente que ha merecido elogios por sus lanzamientos discográficos.

Es así como la última encuesta realizada por el sitio musicapopular.cl, el recuento anual más importante de discos chilenos, destacó varios de los trabajos editados por el sello que dirige Navarro en Nueva York junto a la productora Y Productions. El nuevo LP de la banda Pánico, Resonancia, el registro histórico –y homónimo– del grupo de punk de los 80 Pinochet Boys y Deja Vu, aventura solista de Carlos Cabezas, se situaron entre los álbumes mejor evaluados por la crítica durante el año 2012. Aparte de discos como Waitecas, de El Gran Chufle, Playa Futuro de Makaroni y LDT, de Joe Villablanca, también ha lanzado a artistas extranjeros como el notable dúo Bow Ribbons.

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Navarro, radicado en los Estados Unidos desde hace más de una década, se ha convertido, poco a poco, en un verdadero catalizador, consolidando una activa red de colaboración que ha incorporado las más diversas expresiones y disciplinas. “Siempre me interesó la labor de coleccionista que encuentra objetos paradigmáticos y los clasifica para llevarlos a la luz pública”, cuenta Navarro desde su taller en Brooklyn.

Navarro fundó Hueso Records en 2006 para editar Roquerío de Nutria NN, un valioso proyecto de Christian Torres con influencias del folclore chileno combinado con una estética minimalista. “Yo llevaba un tiempo colaborando con músicos en mi trabajo artístico, especialmente con Nutria (Torres), a quien conozco desde el colegio”, recuerda. “El sello se inventó para editar música nueva o antigua que me interesa por diversos motivos. Además me dio la libertad de colaborar con músicos que estaban relacionados con mi trabajo artístico. Era importante crear una entidad nueva y que no se confundiera con mi trabajo solo como artista. El sello es como mi otro yo”.

-¿Es también una forma de ampliar las posibilidades y eliminar las barreras entre una y otra forma de expresión?

-El sello permite que el trabajo artístico ingrese a otros contextos de las artes, que puede ser el netamente musical de distribución-promoción. Abre infinitamente el campo de trabajo a los artistas. Y tiene mucho que ver con la falta de espacios artísticos en Chile. Es también una crítica a la institucionalidad artística nacional e internacional que muchas veces es extremadamente elitista y excluyente. ¡Es necesario salir de las galerías y museos para hacer arte! Yo veo al sello como un instrumento de subversión que los artistas aprovechan musicalmente.

-¿Cómo definirías la línea editorial del sello?

-Desde los 10 años que colecciono discos. El sello busca editar grabaciones que nunca han sido publicadas. Trabajo con artistas que recuperan tradiciones musicales del folclore ancestral y popular. También me interesa ayudar a entender la trayectoria de artistas que han pasado por distintas agrupaciones o proyectos solistas. Los artistas del sello hacen pintura, escultura, video, diseño, arquitectura y filosofía como parte de su práctica musical.

-La industria musical vive una tremenda crisis no sólo en los modelos de negocio sino en las maneras de relacionarse entre creadores y ejecutivos. ¿Cuál es el trato con los artistas que se han incorporado al sello? De partida estás en Nueva York y algunos de los artistas viven en Chile o en otros países. ¿Es posible una relación creativa a distancia?

-Se habla y se escribe mucho del trabajo a la distancia, pero también es posible encontrarse cara a cara en algún viaje donde se aclaran muchas cosas. Los tratos para producir un disco varían según las condiciones en que nos encontremos. Muchas veces un “master” me lo entregan listo. Otras veces hay que ayudar a producirlo desde el principio para convertirlo en un vinilo. Regularmente Hueso Records se preocupa de realizar las copias físicas o digitales… Pero todo puede variar.

-¿Cómo manejas el tema de la producción y el financiamiento? ¿Quiénes colaboran contigo en este trabajo editorial?

-La producción final se realiza en USA, entre mi taller de Brooklyn y algunas personas que me ayudan y aconsejan. El financiamiento viene de estas personas a las que les interesa apoyar y colaborar con el sello, auspicios y de las ventas de los discos. Los colaboradores son: Y Productions, Bart Higgins, Javiera Parada, Sokio, Amanda Dora, Osvaldo Sotomayor, Pablo Castro, Mateo Zlatar, Diego Fernández, Ian Szydlowski, Felipe Fernández y varios más… Que siempre corren la voz de los nuevos proyectos.

-Considerando el estado actual de la música, ¿cuál es la función que cumple o debería cumplir un sello como Hueso Records?

-Yo edito música que a ningún otro sello le interesa publicar, porque no saben lo valiosa que es. Descubrir y editar sonidos particulares es la labor de cualquier sello serio.

-¿Qué metas te has planteado, hacia dónde estás apuntando?

-Estoy trabajando arduamente en la distribución internacional de los discos. Creo en la importancia de las copias físicas de la música… en el vinilo. Las versiones digitales nunca suenan muy bien, esto ha bajado mucho los estándares de la calidad en el sonido y en las grabaciones.

-De la realidad chilena, ¿qué proyectos y sellos destacarías?

-Bym records, Flashback Discos, la Tienda Nacional y yellowmoonrecords.com realizan una excelente labor. •••