Por: Carla Sánchez M. Fotos: Verónica Ortíz Una impresión gigantesca tapada con un telón recibió a los cinco equipos finalistas del concurso público internacional para remodelar el eje Alameda-Providencia. Los nervios de los convocados a la Intendencia la mañana del 7 de octubre eran evidentes. El ganador sería el encargado de diseñar la mayor transformación […]

  • 29 octubre, 2015

Por: Carla Sánchez M.
Fotos: Verónica Ortíz

alameda

Una impresión gigantesca tapada con un telón recibió a los cinco equipos finalistas del concurso público internacional para remodelar el eje Alameda-Providencia. Los nervios de los convocados a la Intendencia la mañana del 7 de octubre eran evidentes. El ganador sería el encargado de diseñar la mayor transformación urbana de los últimos 50 años en la capital. Un proyecto de 230 millones de dólares que le cambiará la cara a la principal avenida del país.

Arturo Lyon y Danilo Martic no lo podían creer. Ante sus ojos estaba en tamaño casi real, la imagen del paradero que su equipo había diseñado. Un largo sombreadero –bajo el cual estarán las estaciones de transporte, con torniquetes de acceso, rampas y andenes, entre otras cosas– que reemplazará a los actuales paraderos del Transantiago, los que a su juicio, “han demostrado producir una contaminación visual innecesaria en el espacio público”.

Más de una treintena de equipos –tanto chilenos como extranjeros– participaron del concurso que se lanzó en abril de 2015 para rediseñar el eje que va desde Tobalaba a Pajaritos, recorrido que tiene casi 12 kilómetros de extensión. Entre ellos, uno compuesto por la oficina de Abraham Senerman y la angloiraquí Zaha Hadid, la primera mujer en recibir el Premio Pritzker de Arquitectura, cuya propuesta obtuvo una mención honrosa. Pero los ganadores indiscutidos fueron el consorcio formado por la firma Lyon-Bosch+Martic Arquitectos, la española IDOM ingeniería (que ha realizado líneas de metro en Barcelona, Sevilla, Ho Chi Minh City, entre otras cosas), la firma inglesa de urbanismo Groundlab y el experto inglés en transportes Sergio Chiquetto.

“La propuesta ganadora le da una visión homogénea a la Alameda en todos sus tramos, sitúa a lo público por sobre lo privado, les entrega mejores veredas y ciclovías a los peatones y también le da mucha importancia a la arborización de la avenida”, resume el intendente Claudio Orrego, quien se hizo cargo de coordinar la iniciativa –que partió hace dos años como un proyecto del Ministerio de Transportes– con la condición de que fuera una renovación urbana integral.

“En una ciudad tan fragmentada como Santiago, con 52 islas como son los municipios, con cada ministerio interviniendo en el territorio sin hablar con nadie, con enormes problemas de movilidad y deterioro del patrimonio urbano, este proyecto pasa a ser la oportunidad de hacer la ciudad bien”, explica el intendente Orrego.

 

Micros al centro

La propuesta titulada “Paseo Cívico Metropolitano: paisaje de agua, sombra y movilidad” no se basa en ninguna obra urbana en particular, pero recoge elementos de varios proyectos repartidos por el mundo y de la experiencia de sus creadores.

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Arturo Lyon, socio de la oficina Lyon Bosch, es arquitecto de la UC. Vivió más de tres años en Londres, donde primero cursó un Master en el Design Research Laboratory de la Architectural Association y luego trabajó en Zaha Hadid Architects. En esa oficina, participó en el diseño del Dubai Financial Market y del Soho Galaxy, en Beijing, un mega proyecto que incluye oficinas, retail y espacios de entretenimiento.

Danilo Martic, por su parte, es también arquitecto de la UC y Master in Landscape Architecture de la Universidad de Pennsylvania. En Estados Unidos, trabajó en la famosa oficina de arquitectura de paisaje James Corner Field Operations, con la que participó del desarrollo del parque High Line, proyecto que recuperó una línea de ferrocarril en desuso en Nueva York y la transformó en un espacio público que cruza varios distritos. En Chile ha trabajado con el premio nacional de Arquitectura Teodoro Fernández en el Parque Bicentenario y en la remodelación de la Quinta Normal, entre otros.

Pese a que en las bases de la licitación había un requerimiento para hacer una estación bajo tierra de buses en Plaza Baquedano, estos arquitectos –a diferencia de los cuatro finalistas– decidieron no hacerlo. “Nos pareció que era una intervención gigantesca del lugar, que iba a requerir rampas en tramos súper importantes de la Alameda y que concentraría mucho ruido y humo abajo”, explican. En vez de ello, plantearon estaciones de pago extravehicular a nivel, conectados directamente a la estación subterránea del metro y con sistemas de regulación de frecuencia. Además, para el resto de la Alameda proponen una original solución: que el transporte público circule por el centro, donde hoy existe un parque interrumpido que tiene difícil acceso. En medio de este corredor exclusivo de transporte se dispondrán los paraderos, a los cuales se podrá acceder desde las estaciones de metro por cruces peatonales. A los lados del corredor estarán las pistas para autos, una ciclovía de 12 kilómetros para circular sin interrupciones y veredas más amplias que las actuales.

“En algunos tramos, las veredas tienen un ancho que no supera el metro veinte. Vas con un coche en horario de alto tráfico peatonal y ¡es imposible andar!”, explican.
En Providencia, por ejemplo, plantean que las micros viajen en ambas direcciones por Nueva Providencia. Y que la calle Providencia sea un boulevar, con cafés en las veredas.
En Tobalaba, desde El Bosque hasta Vitacura, el consorcio plantea una audaz idea: tapar el canal San Carlos con un parque. “Con el Costanera Center, la llegada de la línea 4 del metro y una serie de nuevos desarrollos en esta zona, las veredas están absolutamente colapsadas”, explican.

 

Sigue la celebración

Después de un día de lluvia, Santiago muestra su mejor cara: cielos despejados con una que otra nube y un aire limpio. Una postal perfecta para el par de turistas que esa mañana de martes fotografía el monumento del general Baquedano, en la mal llamada Plaza Italia. ¿Qué cambios tendrá el epicentro de las celebraciones?

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“Será un espacio amplio que recoja múltiples usos, cotidianos y masivos, definida por un pavimento continuo en torno al cual se conectarán tres parques importantes de Santiago: el Forestal, el Bustamante y el Balmaceda”, explica Lyon. Martic complementa: “Teniendo estos tres grandes parques que convergen ahí, es fundamental que, como complemento, existan buenos espacios para peatones”.

Otra novedad será la incorporación de chorros de agua, los cuales se pueden apagar temporalmente para los eventos multitudinarios. Los juegos de agua también se utilizarán frente a la Biblioteca Nacional y permitirán que los niños se refresquen en verano. Los pavimentos serán permeables para resistir la infraestructura hídrica que se pretende implementar.

El recurso hídrico es un elemento clave del proyecto. De hecho, en sus orígenes la Alameda –conocida antiguamente como La Cañada– fue lecho de un brazo del río Mapocho. Eso explica por qué los álamos traídos desde Mendoza plantados en hileras crecieron tan bien.

“En un clima como el de Santiago, un elemento clave es la arborización. Por eso propusimos un sistema de drenaje: la idea es que las aguas lluvias y la proveniente del aseo de calles se puedan ir recolectando en unos canales y rieguen los árboles”, explican sobre el proyecto que pretende incorporar seis mil nuevos árboles, entre ellos roble americano –una especie utilizada en el paisaje chileno que puede alcanzar los 30 metros de altura, entrega una buena sombra y no produce alergia– además de 150 palmas chilenas.

Ante la dificultad de conseguir la cantidad de ejemplares necesarios, los ganadores del concurso proponen implementar un sistema de viveros, distribuidos en 10 pozos de extracción de áridos que existen en la periferia de Santiago. La idea es que los árboles vayan creciendo en el período que dure la remodelación completa de la Alameda, que, según el cronograma, finalizará en 2019.

 

¿Están los recursos?

Los expertos coinciden en que rediseñar la Alameda es un plan ambicioso y caro. De hecho, es primera vez que un proyecto de esta envergadura se realiza en el país y muchos se preguntan si, efectivamente, se completará el plan maestro y si estarán disponibles los recursos para completar todas las etapas.

“Aquí no hicimos un concurso de ideas. Al consorcio que ganó se le adjudican el diseño y la ingeniería para ejecutar esta obra. Tenemos un presupuesto de 230 millones de dólares para la construcción del proyecto, recursos que están comprometidos y son parte del plan maestro de transportes de Santiago”, asegura Orrego y agrega: “Hay presupuesto, hay voluntad política y están todos los actores en la mesa, nadie te puede decir ‘no sabía de esto y no te voy a entregar el permiso de construcción’”. En todo caso, el intendente reconoce que “probablemente, vamos a requerir más dinero para algunas ideas nuevas que surjan”.

De proyectos inconclusos en Chile hay varios ejemplos. Sin ir más lejos, el gobierno de Sebastián Piñera anunció en 2012 una inversión de 160 millones de dólares para la construcción de una gran explanada que uniría la Plaza de la Constitución, la de la Ciudadanía y el Paseo Bulnes. Hoy, ese proyecto está en suspenso. Y una de las razones fue la oposición de los vecinos.

Para evitar esos problemas, el plan maestro del nuevo eje incluirá un proceso de consulta ciudadana que incorporará a todos los grupos de interés, para prevenir conflictos antes de que empiece el más mínimo movimiento de tierras.
La primera etapa del proyecto, que comenzará su construcción en 2017, será el tramo Pajaritos-Estación Central, la puerta de entrada a la ciudad.

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“En este lugar hay una periferia anónima. Podríamos estar en Puente Alto, Maipú o La Florida. Por eso, nos parece relevante comenzar el proyecto por acá”, dicen los arquitectos mientras recorren la zona de Pajaritos, donde confluyen la ruta 68, los terminales de buses y la Alameda. Una de las ideas que están trabajando es un sistema de “Park & Ride”, como existe en varias ciudades europeas. Un lugar donde los conductores puedan estacionar sus autos y viajar a la ciudad en transporte público.

Otro de los planes es diseñar una plaza elevada circular que dé continuidad a los espacios verdes existentes y que conecte la estación intermodal de Pajaritos con la Nueva Alameda y los estacionamientos subterráneos propuestos. Al ser un anillo elevado, no interferirá con el tránsito y ofrece la posibilidad a los peatones de tener vistas icónicas desde y hacia la Alameda.

Un par de kilómetros hacia el oriente, el proyecto cruza Estación Central, la que con la entrada en operaciones del tren Rancagua Express y el Melitren aumentará su flujo en 70 mil pasajeros nuevos. “Aquí la idea es angostar la calle hacia el centro y desviar parte del flujo de vehículos privados en dirección a Pajaritos por la calle Ecuador, para lograr veredas más generosas”, comentan.

Lyon y Martic miran con detalle cada rincón. Este recorrido lo han hecho cientos de veces, pero quieren tener todo bien pensado para entrar en la ingeniería de detalles del proyecto y empezar con los levantamientos. Dentro de poco llegarán sus socios ingleses, que jamás han pisado la Alameda, pero “la conocen de memoria gracias a sus recorridos por Google Earth y Street View. A veces saben más que nosotros de algunos lugares”, bromean los arquitectos, los nuevos encargados de lograr que pasear por la Alameda sea nuevamente una delicia.•••