Es un tema que conoce y que ha concentrado su gestión. Y si bien reacciona inmutable cuando se menciona un supuesto lobby para posicionar a la energía nuclear, el embajador de Estados Unidos admite que su gobierno asesora en diversificación energética a Chile, al que ve como “una de las grandes estrellas en Latinoamérica” y con un sólido futuro, pese a los vaivenes de hoy.

  • 23 julio, 2008

Es un tema que conoce y que ha concentrado su gestión. Y si bien reacciona inmutable cuando se menciona un supuesto lobby para posicionar a la energía nuclear, el embajador de Estados Unidos admite que su gobierno asesora en diversificación energética a Chile, al que ve como “una de las grandes estrellas en Latinoamérica” y con un sólido futuro, pese a los vaivenes de hoy. Por Elena Martínez C. Fotos, Verónica Ortíz.

Cuesta imaginar al amable embajador norteamericano Paul Simons en tareas tan duras como combatir el narcotráfico. Sin embargo, entre las misiones que le ha tocado afrontar en el servicio exterior de su país figura la Subsecretaría para Asuntos Internacionales de Narcóticos del Departamento de Estado. Fue allí justamente donde tuvo una de sus pasadas más profundas por América latina, zona que a estas alturas conoce y ama. Cuenta que le tocó trabajar muy cerca del presidente Alvaro Uribe cuando éste recién asumió su cargo, lo que le permitió establecer nexos que conserva hasta hoy y apreciar el eficaz trabajo que está realizando Colombia.

Esa misma mirada esperanzadora tiene hacia el resto de Latinoamérica, fundamentada en lo que define como “un gran sentimiento a favor de la democracia, de la economía basada en el libre comercio y los instrumentos de mercado y de una gran conciencia de la justicia social”.

“Obviamente, esos son los tres temas que nos unen con Chile y con gran parte del hemisferio”, señala, mientras conversamos en su amplia oficina de la misión diplomática en Vitacura, desde donde se anima a hacer una proyección: “soy optimista. Cuando uno mira este hemisferio ve que en 10 años va a haber un desarrollo importante, tanto político como social”.

Ni siquiera la crisis que enfrenta Estados Unidos y el impacto o efecto “dominó” que ésta pueda tener en la región le desaniman. Admite que efectivamente su país “ha sido el gran motor para muchas naciones en las últimas dos décadas” y que las importaciones norteamericanas desde zonas en vías de desarrollo han ayudado a muchas de éstas a progresar.

También reconoce que si las tasas de crecimiento norteamericanas bajan habrá una repercusión en el intercambio comercial, pero cree que la creciente diversificación de las economías latinoamericanas jugará a favor de ellas. Y menciona a Chile como un ejemplo, con su estrategia focalizada no sólo hacia Estados Unidos sino, paralelamente, hacia Asia y Europa.

En el grupo de economías pujantes incluye a las de Perú y Brasil, naciones a las que junto con nuestro país, considera muy bien orientadas en materia de competitividad y con un interés permanente de los inversionistas extranjeros. Son, comenta, países “orientados hacia delante”, que no sólo miran a mercados lejanos, sino que simultáneamente fomentan el intercambio intrarregional.

-En Chile hoy existe preocupación porque, después de años de ir en línea ascendente en competitividad, estamos un poco estancados…

-Creo que Chile sigue siendo una de las grandes estrellas aquí en Latinoamérica. Me parece que es un país muy autocrítico, lo que hasta cierto punto es bueno, pero los chilenos siempre se están midiendo en comparación con los países vecinos.

En opinión de este bachiller de Yale, con un MBA con mención en finanzas de la Universidad de Nueva York, Chile tiene aspectos muy sólidos en comparación con otras naciones latinoamericanas. Entre ellos, “instituciones muy fuertes, una infraestructura muy buena y moderna, capacidad humana educada, una situación fiscal muy fuerte y una deuda externa muy baja, y tiene optimismo económico, también (…) No he hablado con un solo chileno que no crea que la futura generación va a tener mejor vida que la actual”, sostiene.

 

 

 

¿Lobby por energía nuclear?

Desde que llegó a comienzos de año, el embajador –con misiones previas en Israel, Malawi, Colombia y Ecuador– ha tenido una agenda intensa, no sólo con las autoridades sino también con numerosos empresarios y líderes de opinión, además de viajes a diversas regiones, lo que le ha permitido hacerse una idea de primera línea sobre la realidad chilena.

Una de las áreas claves en que ha centrado su gestión es la energía. El conoce el tema. Ex subsecretario de Estado adjunto para Energía del Departamento de Estado y ex presidente de la Comisión Política de Largo Plazo de Energía, le tocó encabezar iniciativas diplomáticas vinculadas a la energía en todo el mundo. Y desde que pisó suelo chileno no ha cesado de expresar su interés en colaborar con la solución para la crisis energética que enfrenta nuestro país ante la escasez de gas argentino.

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Si bien no lo reconoce explícitamente, hay quienes sostienen que una de sus tareas claves es liderar un lobby en los sectores influyentes para impulsar la energía nuclear. De acuerdo a estas mismas versiones, el objetivo sería –aprovechando las ventajas comparativas de nuestro país– colocar a Chile a la cabeza de la diversificación energética en la región, de modo de contrarrestar el poder que el petróleo otorga a Hugo Chávez y reducir la dependencia energética de las naciones que no apoyan la llamada “revolución bolivariana” del gobernante caribeño. Sin ir más lejos, la cooperación norteamericana con Brasil en la generación de biocombustibles iría por esta misma senda.

El embajador Simons es cauteloso al referirse a la energía nuclear, postura que ha mantenido desde sus primeros contactos con la prensa chilena. Sí admite que el gobierno norteamericano está asesorando a las autoridades nacionales en el tema. Justamente este mes, expertos de Estados Unidos viajaron a Santiago para participar en un seminario de la Cámara Chileno- Norteamericana de Comercio, Amcham, y del Instituto Libertad y Desarrollo, donde explicaron cómo funciona el sistema regulatorio de la energía nuclear.

“Eso requiere una gran inversión en todo lo que tiene que ver con regulación. Es una experiencia que estamos compartiendo”, sostiene el diplomático, que a renglón seguido afirma que esta colaboración se extiende igualmente a otras modernas tecnologías, como la energía solar, térmica, eólica y biocombustibles.

Lo concreto es que, coincidencia o no –o quizás producto de la coyuntura nacional, en que la definición de la matriz energética es apremiante–, desde su llegada la presencia de personeros y especialistas norteamericanos en energía se ha incrementado. Hace un par de meses, la directora del Departamento de Energía y Administración Nacional de Seguridad Nuclear de Estados Unidos, Nicole Nelson-Jean, viajó a Santiago para participar en un seminario especializado. También estuvieron en el país John Rice, vicepresidente general de General Electric, proveedora de tecnología para la nucleoelectricidad; y el directivo de la Comisión de Energía de California, John Wilson. Y versiones extraofi ¡ciales hablan de reuniones en la residencia con empresarios,
para tratar la materia.

Simons descarta absolutamente plantea alguna recomendación sobre cuál es la energía más recomendable para nuestro país. “Esa es una decisión que tienen que tomar los chilenos –responde, tajante–. No tengo ningún criterio personal en ese tema. Pero creo que la forma en que lo están analizando es muy buena. Viendo al futuro hasta el año 2030, cuáles son las posibilidades idóneas para el país, cuáles son las ventajas y desventajas de cada combustible… La forma en que se está haciendo el análisis que he visto aborda cuestiones de costos y de seguridad energética para determinar cuál sería la matriz apropiada. Entonces, se están haciendo bien las preguntas y nosotros, con mucho gusto, podemos compartir nuestra experiencia en todas esas tecnologías”.

Para él, “la energía y el medio ambiente son los temas claves para el siglo XXI” y el gran desafío para el mundo está en “acomodar el crecimiento económico con un uso apropiado de la energía… pero con una mirada también al medio ambiente”.

Menciona como una línea de esta tendencia el reciente acuerdo de los países industrializados que integran el G-8 para rebajar en un 50% las emisiones de CO2 para el año 2050, lo que es “una meta muy ambiciosa y muestra que todos los países se van a preocupar del calentamiento global”. Ahora, comenta, es el momento de encontrar las tecnologías energéticas para poder cumplir los objetivos fijados.

Respecto de si la postura de Estados Unidos –que rehusó por años firmar el Protocolo de Kyoto que termina en 2011– cambió con los recientes anuncios, lo descarta de plano. Y plantea que su país nunca estuvo de acuerdo con el mencionado protocolo debido a que “tenía fallas bastante graves, porque no incluía a los países en desarrollo” y “sus metas no eran factibles de alcanzar”.

Hay que incluir a la totalidad de los países en cualquier nuevo esquema, sostiene, añadiendo que en eso no hay modificaciones. “Lo que sí hemos hecho ahora es determinar que para el 2050 hay que mirar hacia un futuro energético que es descarbonizado en una forma muy clara”.


-Ahí se ve complicado el panorama, embajador, porque los países emergentes sostienen que tienen derecho a crece ry a emitir, tal como lo hicieron los actuales países desarrollados, y que las reglas se les deben aplicar una vez que estén en esa categoría.

-Correcto. Y ahora van a empezar las negociaciones sobre cómo se puede llegar a una meta tan ambiciosa y cómo se puede tener una sustitución de tecnologías que permitan esa clase de baja de emisiones. Claramente, esas conversaciones van a seguir los próximos años.

 

 

América latina, ¿prioridad para Estados Unidos?

El embajador Simons rechaza tajantemente que a los candidatos Barack Obama y John McCain no les importe América latina y que la región esté ausente de sus agendas y de sus propuestas de gobierno.

Incluso pierde algo de su serena sonrisa al refutar estos análisis: “no estoy de acuerdo”. Y recuerda que ambos aspirantes a la Casa Blanca han hablado públicamente de América latina e incluso cuentan con asesores nacidos en esta zona del mundo. Es más, dice, en Washington existe hoy un trabajo a cargo de organizaciones no gubernamentales para preparar una serie de recomendaciones a Obama y a McCain respecto de cómo se debe mirar a futuro la relación de Estados Unidos con América latina. Los 43 millones de hispano parlantes que viven en Estados Unidos no hacen sino reforzar el escenario de creciente importancia del tema, refuta.

Para él, resulta clave no medir el interés del gobierno norteamericano por los países de nuestro continente sólo considerando los espacios que ocupan en las primeras páginas de los periódicos norteamericanos. “Hay relaciones muy, muy estrechas a nivel personal, empresarial, de gobierno, educación, de nuestros servicios de seguridad. Esos nexos son y seguirán siendo muy importantes”, enfatiza el representante diplomático.