A medida que la inmigración en Chile va en crecimiento, el tema rápidamente ha ganado mayor prominencia política, de cara a las elecciones de 2017. Reformas menores a la permisiva ley de inmigración son probables en los próximos años. Sin embargo, éstas incluirían mayor recolección de datos y no restricciones sustanciales, pues el mercado laboral […]

  • 9 diciembre, 2016

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A medida que la inmigración en Chile va en crecimiento, el tema rápidamente ha ganado mayor prominencia política, de cara a las elecciones de 2017. Reformas menores a la permisiva ley de inmigración son probables en los próximos años.

Sin embargo, éstas incluirían mayor recolección de datos y no restricciones sustanciales, pues el mercado laboral necesitará más que nunca de la fuerza de trabajo joven y capacitada que hoy provee la inmigración intra-regional.

Cifras oficiales sugieren que la llegada de extranjeros a Chile está creciendo rápido. Según el Departamento de Extranjería, el número de residentes nacidos fuera del país aumentó de 83.805 en 1982 (equivalente a 0,7% de la población) a 410.998 en 2014 (2,3%). Aunque la proporción sigue siendo relativamente baja, el nivel de crecimiento es uno de los mayores del mundo.

La relativa estabilidad y prosperidad de Chile (el sueldo mínimo, de US$ 373 mensual, es el tercero más alto en América Latina) atrae a los extranjeros. Las leyes que regulan la migración, promulgadas en 1975, también son relativamente flexibles e indulgentes, dando a los funcionarios fronterizos la última palabra.

Quizá lo más destacable es que el carácter de la migración está cambiando. Chile promovió la llegada de europeos al sur a finales del siglo XIX y siguió dando la bienvenida a los refugiados de Europa y Palestina desde mediados del siglo XX. Migrantes económicos de Perú, Argentina y Bolivia también tienen su presencia en el país hace tiempo. Pero el reforzamiento de las restricciones en EEUU y las crisis humanitarias en otros lugares de la región han generado un aumento de la llegada desde otras naciones.

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