Karla Rubilar dice que en la crisis, “el presidente Piñera ha entendido que probablemente más que hablar, lo que se debe hacer es escuchar”. La vocera agrega que el mandatario le pidió ser la voz de los ciudadanos en el gobierno.
Por: Josefina Ríos
Fotos: Verónica Ortíz

  • 21 noviembre, 2019

Karla Rubilar tiene un modo suave, risueño, pero en ningún momento deja de ser directa y frontal. No rehúye ninguna pregunta y sin prisas ahonda en los temas sin rodeos. Su admiración por Sebastián Piñera es evidente: “El presidente es más que un amigo, ha sido un referente durante toda mi vida política, desde que partí en Renovación Nacional hace muchos años. A veces también me da consejos personales y yo también le comento cosas de su vida… Para mí es un papá político”, revela desde su oficina en el Palacio de La Moneda.

La vocera de gobierno cree que el pasado martes 12 de noviembre, cuando el mandatario anunció su propuesta de acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución, marcó un punto de inflexión en esta crisis. “La diferencia entre un estadista y un presidente se ve en las circunstancias adversas, cuando lo popular difiere de la opción que finalmente se debe tomar por el bien de Chile. Y, esa noche, la decisión fue difícil porque ambas opciones -la del acuerdo o la de reponer el estado de emergencia- eran legítimas y se entendía perfectamente bien la solicitud que hacían algunos sectores, pues evidentemente estábamos viviendo una jornada de violencia tremenda. Pero el presidente decidió finalmente darles una oportunidad a la paz y al diálogo”.

-Ministra, ¿siente que usted tiene un rol de contención especial dentro del comité político? Es la única mujer, es también doctora, acupunturista, tiene características que la hacen distinta al resto del círculo de hierro del presidente. ¿Influye esto en su relación con él?

-La formación de médico y obviamente también de acupunturista definen quién soy yo, más que la relación que tengo con el presidente. Mi trato con Sebastián Piñera tiene mucho más que ver con los muchos años de cariño que le tengo. Él tiene muy claro que yo lo quiero de verdad y que en ese cariño real siempre he sido extremadamente honesta con él. Ambos entendemos que una de las definiciones que guían nuestra relación tiene que ver con las lealtades y yo soy una convencida de que la lealtad tiene que ver con la posibilidad de poder decir siempre las cosas francamente. Finalmente, y como somos parte de un sistema presidencial, él siempre tendrá la última palabra, pero antes de que tome una decisión, yo le habré dicho todo lo que pienso.

-¿Y le ha tocado disentir mucho con él?

-Me ha tocado, pero no tanto como imaginé que lo haría cuando me llamó para este cargo. Mientras fui intendenta, tuve una relación extremadamente fluida con el presidente, me dejó realizar mi trabajo con mucha libertad. Teníamos nuestras bilaterales y definimos un marco de acción conjunto de lo que él quería y cómo quería que yo trabajara en la Región Metropolitana. Ahora, como ministra vocera en crisis tuvimos una conversación inicial, en la que yo le dije que él debía entender que yo siempre le diría lo que opino y él fue muy claro en asegurarme que era justamente eso lo que él necesitaba, pero que también necesitaba de mi capacidad de trabajar en equipo con lealtad. Yo respondí: “Por supuesto, presidente, de eso no tenga ninguna duda”.

-¿Siente que ha cambiado su relación con Sebastián Piñera desde que asumió como ministra?

-Estamos frente a una  nueva interacción, porque si bien nosotros siempre hemos sido cercanos y siempre he tenido línea directa con el presidente, antes no necesitaba hablar con él todo el tiempo, solo cuando era esencial lo llamaba por teléfono y lo mismo él conmigo. Ahora la conversación y coordinación es permanente, de forma personal, por teléfono, por WhatsApp y de todas las formas que se puede imaginar. La relación abarca todos los temas, todo lo conversamos, porque a mí me toca transmitir lo que el presidente y el gobierno en su conjunto quieren comunicar al ciudadano. Y, a su vez, el rol que me pidió el mandatario cuando asumí como vocera fue  poder ser también la voz de los ciudadanos hacia el gobierno. En ese sentido, no solo tengo que escuchar lo que el presidente opina y lo que quiere transmitir, sino que también mi tarea es decirle, “mire, presidente, yo creo que la ciudadanía está valorando de tal o cual manera lo que estamos diciendo o yo creo que lo que está pasando en la calle es tal o cual cosa”.

-Durante el pasado gobierno de Michelle Bachelet desde el Partido Comunista siempre decían que tenían una pata en la calle y otra en el gobierno. ¿Usted tiene un poco ese rol en esta administración?

-De todas maneras, si usted me pregunta a si voy a tener una pata, yo le digo que voy a tener las dos patas en la calle, pero voy a traer la voz de la calle al gobierno. El presidente siempre ha valorado mi conexión con la ciudadanía y eso para mí es muy importante hoy, porque cuando él dice que ha escuchado y que cambió, eso es real: puedo dar fe de que el presidente de hace un mes atrás, no es el mismo presidente que hoy día.

-Los ministros Gonzalo Blumel e Ignacio Briones son buenos para las vocerías. Además, ambos tienen gran sintonía personal y política. ¿Cómo se inserta usted ahí?

-Efectivamente ellos tienen una complicidad que ha sido útil para el gobierno y por lo tanto a mí no me genera ruido. Creo que lo que importa no es la vocera, es que el mensaje del gobierno llegue. Si el mensaje del gobierno llega mejor en un momento con el ministro Blumel o con el ministro Briones, está perfecto. Incluso en la última reunión que tuvimos junto al presidente y a todos los ministros y subsecretarios, yo podría haber salido después de la cita a comunicar que el Presidente se había reunido con nosotros para A, B y C. Sin embargo, en esa oportunidad, fui yo quien decidió que salieran dos ministros y una subsecretaria a entregar la vocería del encuentro. Y les dije a los presentes que esta va a ser la tónica de esta nueva etapa y que todos deben estar preparados para comunicar. Es el nuevo diseño que quiero para el gobierno.

-¿Por qué?

-Necesitamos mostrar que somos un gobierno, que no funcionamos solo individualmente, que somos más que la vocera, el ministro del Interior o el ministro de Hacienda. Una de las deficiencias que tuvimos como gobierno para enfrentar esta crisis tuvo que ver con el congelamiento de ciertas vocerías y que si no hablaban ciertas personas, parecía que el gobierno no existía o que no tenía nada que decir. Eso ahora cambió: les dije a todos los ministros que acá son todos voceros del gobierno, todos tienen que saber sus temas sectoriales y ahí nadie los puede reemplazar, pero también todos tienen un rol político. 

-Más allá del cambio generacional, ¿qué transformaciones ha tenido el comité político desde el cambio de gabinete?

-El mandato que se nos dio fue cambiar el tono y forma de relacionarnos, personalmente creo que eso es muy notorio en el estilo del ministro Blumel, en su forma de ser y de expresarse. Lo mismo pasa con el ministro Briones…

-¿Pero no tanto el nuevo ministro Segpres, Felipe Ward? Muchos creen que su rol está bastante desdibujado.

-El ministro Ward tuvo un mal inicio con una entrevista que dio en un diario. Eso lo marcó, porque en realidad él -y yo lo conocí en el Parlamento- es una persona bien dialogante.

-Pero la tarea del ministro Secretario General de la Presidencia, que es negociar con el Congreso, en la práctica la está realizando el ministro del Interior.

-Claro, todavía tiene un poquito de Segpres nuestro ministro del Interior, porque no es tan fácil, sobre todo en crisis, desligarse de lo que ya se había logrado. Pero esto es de a poco, y así como usted muy bien plantea que el ministro Blumel y el ministro Briones vocerean mucho, también es cierto que a veces el ministro del Interior todavía hace un poco de pega de Segpres y el subsecretario (Claudio) Alvarado, que ahora es subdere, sigue haciendo también un poco del trabajo que hacía antes. Pero ya se notará más fuerte la muñeca del ministro Ward, que existe y la conocí mientras fui parlamentaria, y de su subsecretario (Juan Francisco) Galli, que es extraordinario. Estamos en un período de transición y vamos de a poco acomodando las piezas. Lo que sí puedo asegurarle es que tenemos muy buenas relaciones entre nosotros, nos escuchamos, nos respetamos. Tenemos muchas reuniones con el presidente, pero también las propias y nos llamamos mucho por teléfono para coordinar. Hay una conversación fluida, más horizontal, distinto quizás a lo que podía suceder con el exministro Chadwick en su momento, por el poder y el tonelaje que tenía. Esto es un poco más horizontal, lo que no significa que no entendamos que el ministro del Interior es sin lugar a duda es el jefe de gabinete.

Las lecciones de la vocera

La crisis social que afecta al país estalló hace poco más de un mes, cambiando con ella radicalmente la vida de Karla Rubilar. Hasta ese 18 de octubre, la actual ministra Secretaria General de Gobierno se desempeñaba como intendenta de la Región Metropolitana y estaba ad portas de renunciar para poder competir en las próximas elecciones de gobernadores. “Estaba feliz en mi posición, el presidente lo sabe, pero uno no puede decir que no cuando tal vez puedes ser un aporte en otro lado. En fin, estoy aquí y trataré de hacerlo lo mejor posible”, revela.

Hoy, Rubilar se levanta todos los días antes de las 6:00 AM y duerme en promedio cinco horas. Atrás quedaron sus pasatiempos favoritos: no hay espacio para leer ni correr y la última vez que cantó karaoke fue hace dos semanas. Está contenta, eso sí, porque de a poco ha podido reestablecer su rutina familiar y hay veces que alcanza a llegar a su casa para hacer dormir a sus hijos.

-¿Qué lecciones personales saca usted de todo este proceso?

-Soy una optimista por esencia, me levanto todos los días con mucho ánimo, aunque hay algunas noches en que me acuesto un poco acongojada. Este es el puesto más difícil que he tenido, porque cada palabra, cada tono, cada expresión que uno utiliza puede ser un bálsamo o bencina. Y cuando uno tiene esa responsabilidad, el cargo es muy pesado. Me pesa, pero a la vez sé que tengo una oportunidad única para tratar de contribuir a mejorar esta política tradicional de los extremos, de los gritos, del no entenderse. Ojalá pueda yo aunar voluntades como lo hice en algún momento mientras fui intendenta, porque fue lo que me nació, de lo que conocía de la calle. Creo que los 12 años de diputada, el año y tanto de intendenta, la relación con los alcaldes, con los concejales, con los dirigentes sociales me permiten entender que hay muchas veces que uno debe morderse la lengua en pos del bien del país y eso lo veo como un privilegio.

-Luego de que se lograra el acuerdo para una nueva Constitución, hay analistas que sugieren que el papel del gobierno se desperfila y son otros los que asumen la conducción.

-Lo que pasó en estos días desde el martes en adelante se da por un llamado para lograr un acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución que hace el presidente de la República. Luego, él decide tomar una segunda línea para permitir el diálogo de los partidos políticos y del Congreso. Cuando a mí se me pregunta por qué Sebastián Piñera no estaba esa madrugada firmando ese acuerdo tan histórico, yo digo la verdad: “El presidente optó por dar espacio porque era el tiempo del Congreso”. Y lo cierto es que creo que esa posición permitió en muchos sentidos que se pudiera llegar a acuerdos.

-Carlos Peña, no obstante, escribió en su columna que con lo sucedido finalmente el presidente se transformó en una figura inútil.

-La libre expresión es uno de los derechos que nosotros defendemos con fuerza y por eso respetamos todas las opiniones. Ahora, personalmente, creo que es una columna bastante injusta. Aquí el presidente lo que hizo es todo lo contrario a lo que plantea Carlos Peña: con su actuar permitió los acuerdos y el diálogo, relegando incluso su figura para poder lograrlos. Y no es menor, porque hablamos de un presidente que ha sido siempre muy presente y activo, él no es una persona que acostumbre estar en la segunda línea, pero dada la relevancia del momento, finalmente él también transó. Así como los partidos cedieron en muchas de sus posturas ideológicas para llegar a este acuerdo, Sebastián Piñera también cedió en su forma de actuar habitualmente para permitir el protagonismo de aquellos que finalmente llegan al acuerdo. El mandatario tiene una visión de estadista, no de un presidente habitual, que quizás Carlos Peña no entiende. Pero sin dudas él estuvo a la altura de las circunstancias y de las dificultades de una crisis muy profunda como la que hemos vivido. Y mire los buenos resultados: hoy tenemos un acuerdo macizo desde la UDI al Frente Amplio y el gobierno debe actuar como garante.

-¿Nos vamos a tener que acostumbrar a un presidente más silente?

-Probablemente lo que vamos a tener es un presidente que va a hablar menos y que solo lo haga para los momentos cruciales. Creo que eso es muy relevante porque permite espacio a los ministros, al Parlamento y a la sociedad civil. El presidente ha entendido a lo largo de esta crisis, que probablemente más que hablar, lo que se debe hacer es escuchar y solo comunicar cuando efectivamente es necesario. Cuando el mandatario habló el domingo pasado y dijo que Chile, los chilenos y el gobierno cambiaron, señala que hay formas que se van a ir notando en la manera de enfrentar la contingencia por parte del presidente muy diferentes a las que estábamos acostumbrados.

-¿Cómo se recordará este gobierno?

-Es un poco precoz determinar eso ahora, pues no sabemos cómo va a terminar esta historia. Eso dependerá de lo que hagamos cada uno para tratar de concretar los acuerdos fundamentales que propuso el presidente. Yo aspiro a que este sea el gobierno que contribuya con su conducción a dejar los cimientos del Chile de los próximos 50 años.

-¿Cómo votará en el plebiscito?

-Cuando uno es parte de un gobierno debe abstenerse de dar posiciones personales, sobre todo cuando el gobierno debe ser garante de un proceso en particular.

-José Antonio Kast ha irrumpido como el generalísimo del “No”. ¿Cómo puede afectar esta situación al voto más duro de centroderecha y en especial a la UDI? Muchos dicen que esto podría destruir a ese partido.

-Soy una convencida de que la UDI tiene un rol súper relevante en el gobierno y en el país. Tiene un arraigo importante en muchos sectores, tiene grandes parlamentarios y alcaldes y yo dificulto que exista alguna posibilidad de que desaparezca. Sobre la presencia de José Antonio Kast, pienso que representa a una parte importante de lo que es el electorado de nuestro país, en particular del sector de derecha. Y aquí hablo en términos personales: soy una agradecida de la labor que él cumplió en la segunda vuelta presidencial, él fue fundamental cuando se puso a disposición del presidente para que lográramos ganar en segunda vuelta.

Las instituciones, la verdad y su romance

“Dios es guionista y de los mejores”, dice entre risas Karla Rubilar, mientras admite que su novio, el ex lector de noticias del canal 24 Horas, Christian Pino, ha sido muy importante en su nuevo rol como vocera: “Me ayuda mucho, él con su formación de periodista ha sido fundamental para mí en este cargo, porque claramente como doctora el tema de las comunicaciones no era mi fuerte”. También agradece su cercanía con la primera dama, Cecilia Morel, a quien reconoce como “el cable a tierra del presidente y una persona maravillosa en la cual uno se puede cobijar en momentos duros”.

-El presidente ahora pidió al Congreso un acuerdo en torno al tema de pensiones. ¿Existe piso político para lograrlo?

-María José Zaldívar, que es una ministra con gran capacidad técnica, política y humana, tiene todas las condiciones para llegar a un acuerdo. El presidente, al señalar que nuestro próximo acuerdo tiene que ser en materia de pensiones, entrega una hoja de ruta a la ministra y establece claramente nuestra segunda prioridad como gobierno. Por lo tanto, tiene que llegar a un acuerdo y deberá realizar todos los esfuerzos necesarios. Tenemos dos ejes, el primero apunta a la pensión básica solidaria propiamente tal, que se separó del cuerpo principal y se adhirió a la ley de presupuesto para poder dar un alivio rápido a nuestros adultos mayores que están en condiciones más vulnerables, y ahí se puso el piso del 20%. El segundo, busca cambios más estructurales en el sistema y ahí está el pilar contributivo y cuál será el porcentaje que finalmente ingresará a este sistema de capitalización individual-solidario que no estaba contemplado anteriormente. Ahí hay un esfuerzo estructural mayor que tiene bastante piso en sectores de la oposición.

-Pero en la Cámara de Diputados se aprobó un alza del 50% en la pensión básica solidaria, indicación que fue presentada por una diputada oficialista.

-Todos los parlamentarios saben que no tienen atribuciones sobre el gasto y que no puedan presentar indicaciones en este sentido, como es aumentar el pilar básico solidario de un 20% a un 50%, porque esto significa US$ 1.000 millones y eso es una cifra relevante. Por muy bien intencionada que sea esta indicación, no están los tiempos como para pasar por encima de nuestra Constitución. Al contrario, estamos en un período constituyente, donde debemos discutir respecto de la Constitución que nos tiene que regir y los cambios necesarios. Y en ese contexto, lo mínimo que les tenemos que pedir a nuestros parlamentarios, entendiendo que puede haber muy buenas intenciones detrás, es que respetemos las reglas del juego.

-¿Cómo piensa el gobierno manejar el tema de las expectativas generadas en esta crisis social? El gobierno ha tenido problemas en esa tarea anteriormente.

-Uno de los errores que cometimos en el pasado fue el bajo control de las altas expectativas. Si hay algo por lo que la gente votó por el presidente Piñera fue por el crecimiento económico, el empleo y la seguridad ciudadana. Estaba muy instalado que era un presidente que generaba empleo, crecimiento, que traería más oportunidades. Pero tuvimos que enfrentar una crisis internacional y una guerra comercial entre Estados Unidos y China que finalmente nos complicó. También condiciones económicas que probablemente no teníamos contempladas cuando se realizaron la campaña presidencial y el programa de gobierno. En ese entendido, ahora tenemos otra crisis encima y vamos a contar incluso con menores ingresos. El ministro Briones nos ha dicho que nuestra economía es sana, pero estamos en condiciones adversas y debemos hacer esfuerzos mayores. Creo que justamente se trata de esto: debemos decirle a la gente la verdad sobre lo que podemos y no podemos hacer. La gente está un poco cansada de que les digamos A y hagamos B. Creo que la fórmula mágica es hablar con la verdad. A veces la verdad puede incomodar, a veces puede no ser lo que la gente espera, pero lo cierto es que cuando uno habla con la verdad, las personas entienden.

-¿Ministra, usted cree que este gobierno antes no hablaba con la verdad?

-No, lo que pasa es que nosotros -y finalmente todos los gobiernos- tratamos de negociar, entonces ponemos un piso y vamos negociando en el camino y vemos hasta dónde nos da. Pero hoy día no estamos para jugar con cartas tapadas. Tanto los parlamentarios como el gobierno tenemos que mostrar el naipe y tratar de entender que este es el marco de la cancha y que nadie está tratando de pasarle un gol al otro para así poder explicar a la ciudadanía cuál es el máximo esfuerzo que podemos hacer ahora, transparentando que no está fácil la cosa.

-Tras el mensaje presidencial del domingo salieron voces desde la oposición criticando al gobierno. No duró mucho la tregua…

-Cada uno tiene su rol, y en su momento también hemos sido oposición y entendemos que hay algunas dinámicas partidarias que siempre existirán. Sin embargo, es importante entender que estamos todavía en una crisis, que no hemos salido y que para superarla necesitamos que estén todos empujando para que se concrete la estabilidad, porque finalmente lo que necesitamos es recuperar la confianza. Esta no es una crisis en la que en algún momento va a terminar la violencia y se habrá acabado, está tan resquebrajada la confianza en los políticos, en la Iglesia, en la policía, en la prensa, en el Poder Judicial, incluso en nuestros círculos más cercanos. Entonces, mi humilde llamado es que tratemos de ser gobierno y oposición pensando en el Chile que les queremos dejar a nuestros hijos y nietos, porque, de lo contrario, probablemente la oportunidad que se nos generó en esta crisis no la vamos a aprovechar.