Llega a Chile La novela luminosa, del uruguayo Mario Levrero, un autor de culto que dio vida a una obra inclasificable.

  • 23 enero, 2009

Llega a Chile La novela luminosa, del uruguayo Mario Levrero, un autor de culto que dio vida a una obra inclasificable. Por Marcelo Soto.

La novela luminosa, de Mario Levrero (1940-2004), parece destinada a convertirse en un referente de la narrativa latinoamericana reciente. Publicada en forma póstuma, el libro tuvo una primera edición uruguaya en 2005 y ahora llega a Chile y al mundo hispano en una versión de Mondadori, un verdadero acontecimiento literario.

Levrero, cuyo verdadero nombre era Jorge Varlotta, nació en Montevideo y tuvo innumerables rostros: fue guionista de cómics, creador de crucigramas, aficionado a los juegos de ingenio, humorista y librero, además de autor de una inclasificable obra literaria, que está ganando la atención que merece. En Chile hace un par de años conocimos Dejen todo en mis manos, una desopilante narración en clave de misterio sobre un novelista embarcado en la búsqueda de un autor secreto, que podría ser el nuevo García Márquez.

Con casi 600 páginas, La novela luminosa es de esos textos que sacan de quicio al lector, cuya paciencia, sin embargo, al final es recompensada. Los dos primeros tercios del relato son un Diario de Beca, donde el autor cuenta todas la minucias que se le vienen a la cabeza, todo las nimiedades que le pasan: la muerte de una paloma, las novelas que lee, sus sueños y terapias, sus enredos con mujeres, reflexiones sobre el amor y la literatura, su adicción al computador y a la pornografía, etc.

Varias veces dan ganas de dejar el libro y el mismo narrador-protagonista confiesa: “no estoy escribiendo nada que valga la pena, pero estoy escribiendo, y por lo menos muevo los dedos sobre el teclado y me preocupo un poco por hacer un discurso coherente, aunque no presto ninguna atención a la forma”.

Quien habla, obviamente, es el propio Levrero. Ha ganado una beca Guggenheim y trata de escribir “la novela luminosa”. Como cuenta en el prólogo, la idea nació a raíz de una conversación casual: “yo había narrado a este amigo una experiencia personal que para mí había sido de gran trascendencia, y le explicaba lo difícil que me resultaría hacer con ella un relato. De acuerdo con mi teoría, ciertas experiencias extraordinarias no pueden ser narradas sin que se desnaturalicen: es imposible llevarlas al papel. Mi amigo había insistido en que si la escribía tal como yo se la había contado esa noche, tendría un relato hermoso; y que yo no sólo podía escribirlo, sino que escribirlo era mi deber”.

En otras palabras, todo el Diario de Beca es un preludio para la verdadera novela que tiene poco más de 100 páginas, del mismo modo experimental con que Cortázar incluyó capítulos que podían leerse o no en Rayuela, armando un orden alternativo o las interminables descripciones de asesinatos en 2666, de Bolaño, que eran tanto un desafío como una preparación o una prueba de resistencia para el lector antes del desenlace.

Con ecos de Kafka, La novela luminosa es una narración tan disparatada como genial e indescriptible, donde los temas de Levrero alcanzan una síntesis, una especie de epifanía que deja en el lector un recuerdo imborrable.