No habían pasado 24 horas desde que los mineros salieran a la luz cuando el presidente Piñera planteó la necesidad de un nuevo trato laboral y sostuvo –en forma clara y contundente, diría él– que “los empresarios tienen que cuidar a los trabajadores”. En este clima, no hay dupla mejor para abordar la relación entre empresarios y trabajadores que la ministra del Trabajo, Camila Merino, y el presidente de la CUT, Arturo Martínez. Y por eso mismo, quisimos dejarlos solos: explorando una nueva veta, el líder sindical entrevistó a la secretaria de Estado. Capital registró el diálogo. Al principio algo tímidos, los dos. Pero al rato se largaron y hasta en off the record estuvieron conversando… ¿Nuevo trato? Por Arturo Martínez; fotos, Verónica Ortíz.

 

  • 19 octubre, 2010

 

No habían pasado 24 horas desde que los mineros salieran a la luz cuando el presidente Piñera planteó la necesidad de un nuevo trato laboral y sostuvo –en forma clara y contundente, diría él– que “los empresarios tienen que cuidar a los trabajadores”. En este clima, no hay dupla mejor para abordar la relación entre empresarios y trabajadores que la ministra del Trabajo, Camila Merino, y el presidente de la CUT, Arturo Martínez. Y por eso mismo, quisimos dejarlos solos: explorando una nueva veta, el líder sindical entrevistó a la secretaria de Estado. Capital registró el diálogo. Al principio algo tímidos, los dos. Pero al rato se largaron y hasta en off the record estuvieron conversando… ¿Nuevo trato? Por Arturo Martínez; fotos, Verónica Ortíz.

 

En la CUT mantenemos una disposición dialogante. Así es que nos resultó interesante el desafío de entrevistar –pero, sobre todo, dialogar– a la ministra del Trabajo, Camila Merino. No quisimos hacer algo rígido. Por eso hablamos de temas personales y fuimos, al final de cuentas, haciendo un intercambio fluido. No siempre estuvimos de acuerdo. Quizá lo más importante es que quedaron sobre la mesa los temas del mundo laboral que son fundamentales para que las cosas marchen mejor en el país, tanto para los trabajadores como para el gobierno y los empresarios. Esta fue una entrevista a la que estuvimos dispuestos y ojalá, a futuro, haya disposición a seguir dialogando.

-Arturo Martínez: a mí me toca hacer de periodista en esta oportunidad. Prefiero hacer una entrevista más amena, porque si entramos en los temas duros, capaz que periodista y entrevistado se peleen, ¿no?

-Camila Merino: Jajajá… Pero cuidado que yo también le voy a preguntar.

-Una primera interrogante es cómo a usted, que es una persona profesional, joven, casada, con hijos, se le ocurre aceptar un cargo tan importante como ministra del Trabajo. ¿Qué ha ocurrido en su vida, qué ha cambiado?

-Primero, gracias por lo de joven. Cuando a una la llama el presidente, no puede negarse. Si uno quiere que al país le vaya bien, y cree que puede aportar, obviamente que tiene que estar ahí, siempre lista. Yo llevo casi 20 años trabajando en empresas privadas y públicas…

-¿Cómo ha cambiado su vida en el hogar?

-Yo siempre he trabajado mucho, lo que pasa es que ahora lo que hago es más público y evaluado. Pero hay mucha gente que trabaja mucho y aquí se puede hacer tanto…

-Está entusiasmadísima, entonces…

-Sí, porque veo mucho campo en que aportar. Hay temas de capacitación, de incorporación de la mujer, de las relaciones entre trabajadores y empleadores, etc… Uno pasa tantas horas al día trabajando que tiene que pasarlo bien en el trabajo. Eso es lo que quiere la gente y eso pasa cuando se respetan los derechos, cuando a la gente la tratan bien.

-¿Y ahora se siente más sensibilizada con el tema de la mujer y el trabajo, y los problemas que eso conlleva?

-Nosotros, Arturo, tenemos un gran desafío en lo que es la incorporación de la mujer. Muchas trabajan en la casa, otras tienen trabajos no remunerados y quieren tener también otros espacios. Estamos muy atrasados respecto de otros países. Deberíamos incorporar 800 mil mujeres. Las mujeres hoy quieren oportunidades, quieren ganar lo mismo que los hombres, y además se llevan la tarea más dura en la casa, a pesar de que hoy los hombres están asumiendo bastante ese rol, también.

-Pero en las nuevas generaciones los hombres han asumido bastante más la responsabilidad en el hogar…

-Muchísimo más. Yo comparo lo que hacía mi papá en la casa con lo que hace mi marido, y es otro mundo… ¡Pero igual quería mucho a mi papá!

-Lo importante es que no se les pase la mano, porque hay mujeres que le están cargando demasiado la mano a los hombres jóvenes. Los veo haciendo más cosas en su hogar y a las mujeres dejando un poco eso…

-Pero es bueno y es sano para los niños que los padres se involucren, se preocupen de sus tareas, que los bañen. A ver, dígame: ¿cómo es para la CUT tener una ministra del Trabajo mujer?

-Bueno, tenemos experiencia en temas de igualdad de oportunidades. Con su antecesora, que también era mujer –la PS Claudia Serrano-, teníamos buenas relaciones, pero no hizo mucho. Espero que usted haga más…

-(Se ríe) En eso estamos.

“Somos mejores para difundir los conflictos”

-Yo siento que a lo mejor al gobierno le falta una mirada sobre cómo ser más efectivo en la aplicación de la ley laboral.

-Estamos plenamente de acuerdo en que tenemos que hacer cumplir la ley.

-Pero, ¿cómo?

-Creo que hay dos caminos: uno, mejorando el rol de la Dirección del Trabajo, y en eso creo que se puede avanzar mucho; y segundo, convenciendo a las empresas de la importancia que tiene cumplir las normas. Es ir un poco más allá: que las buenas prácticas estén en su primera línea.

-A veces las empresas no entienden la importancia de relacionarse bien con las organizaciones de trabajadores. Y cuando no hay una organización, la relación laboral es mucho más mala.

-Yo creo que muchas veces no difundimos las buenas relaciones laborales. Cuando hay buenos sindicatos, cuando se logran buenos acuerdos donde ganan todos, tenemos que saber difundirlos mejor. Somos mejores para difundir los conflictos.

-En eso tiene razón, porque la prensa vende más conflictos que soluciones. Pero hay hartas cosas malas, también. Yo conozco una empresa que despidió a un trabajador porque no quiso ser parte de un convenio colectivo. Entonces, hay una cantidad de malas prácticas y abuso de la autoridad laboral, que echan a perder el desarrollo de la empresa.

-Exactamente, y eso afecta al desarrollo de la confianza.

-¿Y cómo lo vamos a hacer, entonces, para que se desarrolle la confianza, para que se dé un cambio de clima cultural en las empresas? ¿Hay alguna iniciativa?

-Esto tiene que partir por la cabeza. Estoy convencida de la importancia que tiene que la administración superior –el gerente general, el directorio–, esté comprometida con los cambios y con darle preponderancia a que se respeten los derechos. Muchas veces pasa en empresas grandes que los mandos medios se pierden y generan problemas…

Creo que una buena experiencia fue la que vivimos para el terremoto, cuando hicimos un llamado a las grandes empresas a que no despidieran, a que llegaran a acuerdo, y se logró que muchas buscaran alternativas para conservar los puestos de trabajo. Eso se pudo gracias al esfuerzo y al diálogo de las empresas con sus trabajadores.

Pero en esto hay que ser persistente.

La ley…

-La percepción en el mundo del trabajo; no en todo, por supuesto, es que este es el gobierno de los empresarios. Y, de hecho, muchos empresarios se la creen y están seguros de que este es su gobierno. ¿No hay un mensaje para ellos, en términos de decirles “aunque sea su gobierno, yo quiero que cumplan la ley”?

-Eso se lo hemos dicho en forma reiterada y por eso es que estamos fortaleciendo la Dirección del Trabajo. Estamos insistiendo en las multas y verificando que las empresas cumplan. Antes muchas veces se las dejaba y no se chequeaba que cumplieran. Nosotros les insistimos que, al final, cuando una empresa cumple, le va mejor. Es bueno que las empresas se convenzan de que la responsabilidad social no vale si no estamos cumpliendo con lo primero, que es preocuparse de los trabajadores.

-Pero eso no es suficiente. ¿No será necesario tener una ley más equitativa en temas de relaciones laborales? El empleador tiene la facultad de dar y quitar trabajo, y tiene artículos en la ley que le permiten hacerlo por cualquier cosa. ¿No será necesario proteger más a los trabajadores, legalmente?

-Primero, y aunque tenemos mucho por avanzar, es clave hacer cumplir la ley… y para eso tenemos que fortalecer la Dirección del Trabajo, trabajar con los gremios y con los empresarios, para que entiendan que cuando se cumple con la ley a todos les va mejor.

-Pero ¿no serán necesarios cambios legislativos?

-Hay algunos temas que estamos trabajando, como el cambio del multiRut, para que no existan abusos, o el tema de la adaptabilidad pactada, en que se amplían las materias para negociar colectivamente, de manera que se llegue a acuerdos a los que no se puede llegar de manera individual.

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“Sindicalizarse es una opción, no una obligación”

-De acuerdo, pero ustedes hablan de adaptabilidad pactada y sin embargo insisten en los grupos negociadores. ¿Cómo pueden pactar adaptabilidad, si no lo hacen con una organización sindical sólida? ¿No es eso darle facilidades al empleador, ya que el grupo nunca va a tener capacidad para hacer cumplir lo que pactó?

-Estamos de acuerdo en que esta flexibilidad tiene que ser a nivel colectivo, pero tenemos que ver los detalles. Por eso tenemos que sentarnos a negociar.

-Pero tenemos una legislación con la que un trabajador nunca puede acercarse en igualdad al empleador. ¿Por qué no tener una legislación como en todos los países desarrollados, que ponga acento en las relaciones colectivas de trabajo? Esa simetría es la que crea buenas relaciones de trabajo…

-Está muy bien que haya discusiones a nivel colectivo y por eso queremos potenciar las mesas tripartitas. Tenemos la mesa agrícola, la del comercio, mesas sectoriales que nos permiten abordar muchos temas. Pero así como hay temas que se pueden ver a nivel colectivo, hay otros que tienen que ver las empresas con sus trabajadores, y eso debe quedar en ese ámbito. Hay diferentes niveles de discusión. Y, además, también está la libertad de la persona de elegir si quiere afiliarse a un sindicato o no.

-Pero esta ley no protege al trabajador, porque no fomenta la organización.

-Hay una Dirección del Trabajo que se preocupa de que se cumplan los derechos.

-Pero un trabajador organizado tiene más probabilidades de proteger sus derechos. El gobierno debiera promoverlo.

-Nosotros queremos que los trabajadores se organicen y, de hecho, estamos entregando recursos a escuelas sindicales, para tener buenos dirigentes sindicales. Pero esa es una opción, no una obligación, y esa es la gran diferencia que tenemos.

-Yo no he dicho que quiero obligación, lo que quiero es la verdadera libertad del trabajador, porque si llega a una empresa y pregunta dónde está el sindicato, no lo van a contratar…

-Estamos de acuerdo en que las prácticas antisindicales no están bien y en que hay que ir trabajando en legitimar los sindicatos, establecer relaciones de confianza entre trabajadores y empleadores, y en este plano se ha ido avanzando. Las empresas ven al sindicato como una manera de llegar a buenos acuerdos, de conocer qué es lo que pasa en ellas, detectar oportunidades, ¡hay muchas buenas experiencias!

– Y malas…

-También las hay y está bien que las controlemos. Pero tenemos que darle libertad a la gente…

Autocrítica… ¿y la política en los sindicatos?

-Chile tiene la menor tasa de sindicalización de Latinoamérica, y eso es justamente por la ausencia de una verdadera libertad sindical. Esa que ustedes conciben, que es que el trabajador pueda elegir si se afilia o no, no es real, porque el empleado lo primero que busca es cuidar su empleo y si se mete al sindicato, lo despiden.

A estas alturas, se produce un cambio de roles y la ministra se convierte en entrevistadora:

-Voy a hacerle una contrapregunta. ¿Qué autocrítica le hace a los dirigentes sindicales?

-La que yo haría es que hay muchos que al final terminan entregados a la empresa y pierden a los trabajadores.

-¿Esa es la única?

-Todo el mundo tiene dificultades. A lo mejor falta capacidad para conducir el sindicato por un camino en que los trabajadores entiendan la importancia de éste, pero aquí el problema de fondo es que han hecho creer a la sociedad chilena que los sindicalistas pueden dedicarse solamente a los temas sindical y laboral, y que no deben meterse en política. Todas las personas tienen derecho a tener militancia. La politización es positiva.

-Está bien, mientras los dirigentes se preocupen de sus trabajadores y no los utilicen para otro fin.

-¿Pero qué ejemplo puede haber respecto de eso? No hay dirigentes que no hagan su trabajo y tengan posición política. Ojalá todos la tuvieran. Otra cosa es la autonomía sindical: yo soy militante de un partido (PS), pero cuando soy sindicalista, me debo a los trabajadores y he movilizado contra Bachelet, contra Lagos, contra Frei, contra Aylwin y si tengo que hacerlo en este gobierno, con mayor razón. No tengo problemas en dialogar y conversar con cualquier gobierno.

-Estamos de acuerdo, entonces. El punto aquí es que los dirigentes trabajen en pro de sus trabajadores y que se elija dirigentes que vayan en esa dirección y que luchen, también, porque a la empresa le vaya mejor, porque eso es bueno para ellos.

-Claro, pero hay empresas a las que les va muy bien, pero no pasa lo mismo con sus trabajadores. Eso pasa en la minería, por ejemplo, o en la agricultura, donde a los temporeros no les va bien y sí a los exportadores de fruta.

También es importante que la empresa, cuando instale un negocio, incorpore los derechos del trabajador, porque siempre lo hacen a última hora.

-Pero hay muchas empresas que valoran los sindicatos. Los sindicatos son una forma de relacionarse, y si bien no en todas las empresas hay, es importante que se respeten los derechos de los trabajadores.

-Por eso es muy importante avanzar en el código de buenas prácticas. Tiene que haber una discusión sobre cómo queremos que sean las buenas relaciones laborales, cómo queremos ver la seguridad en el trabajo, que es clave y en donde hay mucho por avanzar…

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Martínez retoma su rol de entrevistador:

-Usted hace poco que está en el ministerio, pero esa es una idea que conversamos una vez: poner un sello de garantía que señalara que tal producto se hizo con buenas prácticas laborales y con protección del medioambiente. Eso sería muy bueno, porque el consumidor puede calificar a la empresa que generó el producto y ayudar a este cambio cultural de la sociedad chilena.

-Esa es una idea que tenemos que explorar…

“¿Y el multiRut, ministra?”


-Cambiando de tema, ¿cuándo va a presentar el proyecto del multiRut, ministra?

-Estamos trabajando en eso y están todos los laboralistas de cabeza. Estamos de acuerdo en las ideas, el punto es plasmar esto en una ley…

-¿Y cuándo vamos a conversar nosotros el tema? En el Senado se aprobó hace cuatro años el tema de los multiRut y los senadores Allamand y Longueira fueron al Tribunal Constitucional y dejaron nula la cosa. Hoy va a pasar lo mismo, si el gobierno no toma la iniciativa…

-Estamos tratando de lograr un acuerdo. En nuestro programa de gobierno, y lo dijo el presidente el 21 de mayo, está el compromiso de buscar la fórmula para no tener estos problemas de abusos. Tenemos el mismo objetivo y ahora tenemos que ver cómo lo materializamos en un proyecto de ley. Y en eso estamos.

-Podríamos abordar ese tema en la comisión técnica que instalamos…

-También.

-A mí me preocupa eso y también el tema de los convenios. Agrosuper, por ejemplo, tiene 152 convenios colectivos y no hemos hecho nada para regular esa situación, para terminar con los convenios donde ya hay un sindicato. ¿Va a hacer algo, o la estoy apurando mucho?

-Jajajá… un poco. Nosotros vemos que es una alternativa, ya que pueden estar los grupos negociadores y también los sindicatos.

-¿Pero por qué tiene que haber negociadores donde hay un sindicato? Eso es una práctica antisindical…

-Hay que ver si hay o no una práctica antisindical. Nosotros siempre estamos dispuestos revisar las distintas situaciones, porque no queremos que haya prácticas antisindicales.

-¿Pero cuál es la razón, que no sea ideológica, para que haya un grupo negociador donde hay sindicato?

-Todos estos temas se vieron en la Comisión Meller. Hay gente que quiere estar en un sindicato y hay otros que prefieren agruparse y negociar de otra manera.

-Yo creo que ese paralelismo es perjudicial y nosotros, este año, queremos hacer una presentación ante la OIT por ese tema, porque no nos parece. La otra práctica antisindical es la huelga. Si me voy a huelga y la empresa me puede reemplazar, ¿para qué voy a hacer la huelga?

-Pero de todas maneras la huelga tiene enormes costos para la empresa y es una forma de presión clara.

-Ministra, el presidente Piñera planteó ayer un nuevo trato laboral luego que los mineros salieron del fondo de la tierra. ¿En qué consiste? ¿Incluirá el derecho a paralizar si no se considera seguro el lugar de trabajo?

-Hoy día se puede paralizar una faena si no cumple los estándares de seguridad. Nosotros queremos que las empresas respetan las condiciones de higiene y seguridad y para eso tenemos que hacer muchas cosas, como mejorar la fiscalización y crear una cultura de responsabilidad, porque el primer valor debe ser el valor de la seguridad. Esto no tiene que ver sólo con el plano legal, sino que tiene que ver con la ética, y además a las empresas así les va mejor. Las que cumplen con sus trabajadores, las que tiene mejores relaciones laborales, tienen mejor productividad.

Ahora, cuando el presidente habla de un nuevo trato, quiere decir que queremos mejores relaciones entre empresas y los trabajadores, que vamos a fiscalizar e incentivar que haya una cultura de seguridad, un buen diálogo. Esto es importante, porque hay muchas condiciones anormales que pueden ser detectadas por los trabajadores y, en ese sentido, es importante desarrollar esta cultura en conjunto.

Todos estos puntos los estamos tratando en la comisión de seguridad laboral que instauramos después del accidente en la mina San José, cuyas propuestas abarcan tres ejes: mejorar los estándares, fortalecer la fiscalización y crear lo que llamamos cultura de seguridad.

Con respecto al primero, queremos adoptar estándares de países más avanzados en la materia y tener un mecanismo de adaptarlos para a los cambios en los riesgos de la industria.

En fiscalización tenemos que aumentar el número de fiscalizadores, su expertise y mejorar la coordinación entre los diferentes entidades responsables.

Y tercero, debemos trabajar para que la seguridad sea un valor intransable que esté siempre primero y esté presente no sólo en el trabajo, sino también en nuestro hogar.

Golborne boom: Ideas de la prensa…
-¿No cree, ministra, que el problema en la sociedad chilena es que los hechos coyunturales de repente levantan personajes y al tiro la prensa los quiere instalar como futuros presidentes o figuras? A mí me da la impresión de que es la prensa. ¿No cree que con el ministro Golborne esté pasando algo parecido?

-Se ha hecho una buena pega y eso es un premio. Fue una situación muy difícil y se ha reconocido a nivel mundial el logro que ha sido este rescate. Es un premio a hacer las cosas bien.

-Con los recursos del Estado se pueden hacer las cosas bien…

-No siempre eso ocurre. Y además él tuvo la perseverancia y el profesionalismo para seguir adelante con un plan y logró sacarlos. Se premia el trabajo bien hecho. Siempre.