Por Vivian Berdicheski Fotos: Verónica Ortíz Sin ninguna duda, Juan Grimm es el mejor paisajista chileno vivo. Más de 600 proyectos realizados entre jardines y parques, miles y miles de hectáreas de terrenos en Chile, Argentina, Perú y Uruguay lo confirman. Pero descifrar lo que pasa por la mente de este hombre, que algún día […]

  • 14 julio, 2014

Por Vivian Berdicheski
Fotos: Verónica Ortíz

Juan Grimm

Sin ninguna duda, Juan Grimm es el mejor paisajista chileno vivo. Más de 600 proyectos realizados entre jardines y parques, miles y miles de hectáreas de terrenos en Chile, Argentina, Perú y Uruguay lo confirman. Pero descifrar lo que pasa por la mente de este hombre, que algún día pensó en ser cura, no es fácil. Reservado, le preguntamos ¿qué es lo que nunca debe faltar en un jardín? Y sin mediar suspiro, responde: misterio.

Reconoce que no es fácil trabajar con él. La perfección no es algo que sólo se exige a sí mismo, sino a su entorno; admira la cultura japonesa por su preocupación por el detalle. Su equipo de trabajo lo acompaña hace más de dos décadas y conoce bien sus requerimientos. Tiene la misma oficina de siempre, en un primer piso, cerca de la calle El Bosque. Cómoda, sin grandes lujos, hace años se podría haber ampliado, pero ha desechado la idea en reiteradas ocasiones. Se conoce lo suficiente como para entender que no puede luchar contra su personalidad: “No puedo delegar. En los más de 600 jardines que he realizado, yo he puesto prácticamente todas las plantas, una por una. Por supuesto que no los cubresuelos, pero cada arbusto, por chico que sea, yo digo dónde ubicarlo”.

Parte de una familia tradicional compuesta por cinco hermanos hombres, a sus cortos 10 años cuenta que la gente lo encontraba raro, porque durante horas se quedaba observando la naturaleza, el ir y venir de las olas por la playa larga de Maitencillo donde veraneaba o bien ensimismado viendo el reflejo del sol sobre las conchitas. Quiso estudiar Arte, pero no entró. Optó por Arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso, en 1970, en la efervescencia de Amereida y la ciudad abierta de Ritoque. Fue en esos talleres donde desplegó con libertad sus ideas, trabajó con troncos construyendo plazas en vez de casas, bodegas y edificios. Estuvo dos años y luego se trasladó a la Universidad Católica en Santiago, donde terminó la carrera. Diseñó algunas casas y edificios, y en 1979 ganó la II Bienal de Arquitectura de Santiago. Después, el paisajismo consumió todo su tiempo, aunque nunca ha dejado de ser arquitecto en cada uno de sus proyectos: “Los arquitectos crean espacios con muros, yo construyo con la vegetación”, señala.

Juan Grimm se considera, sobre todo, un artista: “Artista es la persona que crea, y se dedica a eso. Yo creo jardines, es mi labor, mi trabajo. En los jardines está todo el desarrollo de tu sensibilidad y es un acto de creación para ser básicamente contemplado. Así como lo hacían Monet y los pintores impresionistas, que captaban y expresaban en sus lienzos el mismo lugar de distinta manera según la luz, conforme a la hora”.

El día de la entrevista salieron a relucir unas cuantas verdades, como por ejemplo, que nadie le había preguntado cuál era su estación del año favorita: otoño, por cómo los árboles caducos se van desojando. Que cuando diseña un jardín siempre se queda con la primera impresión. Que el 2014 cumple 30 años desde que realizó su primer jardín: se lo hizo a Domingo Castaño. Que ha realizado los jardines para las familias más importantes del país y les pide libertad para desarrollar su obra.

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De hecho, le ha tocado viajar mucho con ellos y conocerlos a fondo. Recuerda riendo un par de anécdotas: “No sabes la impresión que me llevé al ver a Jumbo, una horrorosa escultura del elefante, en la piscina que había diseñado para Horst Paulmann. O cuando Abraham Senerman utilizó unos desechos de una construcción para confeccionar unos detalles en su jardín”.

-Por lo visto, no tenemos buen gusto los chilenos para nuestros jardines y plazas.
-Por el contrario, creo que sí. La imagen que uno tiene de los parques es la influencia francesa, porque Guillermo Rennes, que fue el primer paisajista que llegó a Chile, en el siglo XIX, después de la Exposición Universal de París, intervino el Parque Forestal, el cerro San Cristóbal, el cerro Santa Lucía, las viñas Cousiño y Santa Rita, la Plaza de Armas, entre otros. Después tenemos una pequeña influencia inglesa de prados sueltos de la que queda hoy muy poco en nuestra memoria, y por supuesto, la intervención, de 1960, de Nakagawa, que hizo jardines japoneses, como el del actual Museo de la Moda. Más tarde, Oscar Prager dice que la vegetación chilena es maravillosa: empieza a plantar los árboles a un metro de distancia y chuecos, como crecen en las quebradas chilenas; utilizó quillayes y peumos, nuestra flora nativa. En resumen, tenemos mucha inspiración.

-¿Se puede hacer un jardín chileno con carácter propio?
-El jardín chileno no es el de la pila al centro; eso es de los moros. El jardín de nosotros es el de la dueña de casa que junta plantas en un macetero, en una bacinica, en neumáticos, en tarros de leche Nido, en un cuanto hay. Los más sofisticados colocan plantas en la tetera antigua que heredaron de la abuela. Esta característica la encontramos de norte a sur. Por ejemplo, en los cementerios del norte ves tarros carcomidos por el sol con flores de papel metálico que contrastan con los tonos ocres de la arena. En el sur, la exuberancia sólo permite juntar en palanganas algunas cosas exóticas. En el centro existen muchos jardines auténticos, donde el dueño de casa hace lo que quiere, mezcla plantas y junta todo tipo de cosas, lo encuentro maravilloso.

-¿Está siendo irónico?
-Hace un tiempo vino a Chile, Monty Don, autor del libro y conductor del programa de la BBC, 80 jardines alrededor del mundo. Hablamos y me preguntó acerca de lo mismo: le dije que el típico jardín chileno está hecho con neumáticos, con la bacinica, con tarros. Monty salió tras la búsqueda de ese jardín y al parecer no le costó mucho dar con él. En su libro hay un capítulo que se llama “El Jardín de Clara”, en el que se ve la fotografía de una señora junto a tarros y neumáticos con plantas. Imagínate que en ese libro aparecen los jardines de Burle Marx, paisajista de Brasilia, y de otros importantes paisajistas del mundo. También está mi casa en Los Vilos.

-Hablemos de Santiago, ¿cómo ha visto el crecimiento de la ciudad?
-Santiago no tiene un hilo conductor. Se cambian los municipios, los gobiernos y cada uno parte con un cuento propio, todo el mundo sabe que Santiago ha crecido en forma espontánea sin directrices claras. En el tema de los parques es aún peor. Lo que va ligado a cómo se va desarrollando el paisajismo. Christian De Groote, un gran arquitecto con quien trabajé mucho, siempre creyó que el río Mapocho podría haber sido el gran parque de Santiago, una columna que partiera en la cordillera hasta que se termina la ciudad. Imagínate irse en bicicleta desde El Arrayán hasta quién sabe dónde… se daban todas las condiciones, pero se fue destruyendo. Yo no voy a comer a BordeRío, por principio: es una aberración haber puesto eso ahí. No corre ni agua, nadie mira el río.

-¿Lo han invitado a participar en alguna comisión?
-No, he participado en varios concursos y no he ganado ninguno. Me invitaron a ver unos caminos que habían hecho para un parque urbano en Lo Barnechea, pero hay tan pocos recursos para hacer algo bueno. Lo que más lamento es que se hayan perdido lugares maravillosos, como la Quinta Normal con su invernadero que durante años estuvo botado y que se supone que el próximo año debería estar listo; el Parque Llano Subercaseaux podría ser una maravilla con algo de recursos.

-¿Y el Bicentenario?
-Le tengo una gran admiración y quiero mucho a Teo Fernández. El Bicentenario en todo lo que se refiere a suelo, urbanización y trama urbana es excelente. Dicho eso, este lugar tiene un problema muy serio. Un parque lo hacen sus árboles porque armas el paisaje con ellos, y los del Bicentenario los terminaron eligiendo y plantando la gente de la municipalidad al tun tun. Por ejemplo, tienes toda la vegetación chilena por atrás con el cerro San Cristóbal, pero lo que ves desde el restorán Mestizo son puras palmeras de Uruguay, en vez de peumos, bellotos y pataguas.

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-¿Le preocupa la conservación? ¿Qué piensa, por ejemplo, del rechazo a HidroAysén?
-Me interesa el tema, pero la política me puede volver loco. La naturaleza es lo único que tenemos, lo único que nos queda y la estamos consumiendo los seres humanos. Me han tildado de fundamentalista, pero desde pequeño que he visto que la naturaleza es lo importante. No sé qué es mejor para Chile, pero para el mundo sería mejor que la Patagonia se conservara. Por eso le prendo velas a Tompkins y lo que hace con la reserva de Pumalín.

-¿Usted conoce el parque de Tompkins o el de Sebastián Piñera, Tantauco?
-No, ninguno de los dos. Nunca he sido invitado. Conozco toda la zona valdiviana, Los Lagos y, por supuesto, la Patagonia argentina, ya que he realizado muchos trabajos allá.

-Si le dieran la posibilidad de realizar sin mediar gasto el proyecto de su vida, ¿qué lugar intervendría?
-De todas maneras sería en Chile, y haría del cerro San Cristóbal nuestro Central Park. Hay pocas ciudades en el mundo que tienen un cerro entero en medio de la ciudad. Ése sería un proyecto total.

-Me imagino que tiene hartos amigos financistas que podrían estar interesados en ayudar.
-Sabes, he hablado varias veces el tema con distintas personas; hace poco con Gerardo García, gerente de la Papelera, porque le gustaría echar mano y embellecer el San Cristóbal… pero una parte del cerro es de la Municipalidad, otro tanto lo administra no sé quién, otro pedazo no sé… es un lío mayor. Yo soy el paisajista y lo hago feliz. Empezaría reestructurándolo con especies nativas y sacaría todos esos eucaliptus. Un sueño para Chile. •••

 

DEFINICIONES

Jardines más bellos: los del Renacimiento en Florencia.
Jardín público más completo: central Park de Nueva York.
En un jardín no debe faltar: misterio.
El mejor espacio urbano de Santiago es: La Moneda con su explanada.
El mejor espacio urbano para caminar: sector Bellas Artes.
Edificio que demolería: todos los lustrines, que se hicieron con rasante en los 90.
La capital del mundo de los jardines: Londres.
Tres paisajistas: Burle Marx, Oscar Prager, Isamu Noguchi.
Tres arquitectos: Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe, Le Corbusier.
Arquitecto contemporáneo: Renzo Piano.
Tres plazas de Santiago: no queda nada.
Claves para ser un buen paisajista: ser arquitecto, ser artista y saber de plantas.