Chile ya no goza del aplauso latinoamericano, pero tiene una nueva oportunidad: demostrar que el camino que eligió y que otros abandonaron es el indicado para terminar con las desigualdades sociales. Valdés cree que ese rumbo la presidenta lo tiene claro. Pero concede que no ha sabido expresarlo con claridad ni dentro ni fuera del […]

  • 15 junio, 2007

 Chile ya no goza del aplauso latinoamericano, pero tiene una nueva oportunidad: demostrar que el camino que eligió y que otros abandonaron es el indicado para terminar con las desigualdades sociales. Valdés cree que ese rumbo la presidenta lo tiene claro. Pero concede que no ha sabido expresarlo con claridad ni dentro ni fuera del país. De alternancia prefiere ni hablar si eso significa que la actual derecha llegue al poder. El ya tiene su candidato: José Miguel Insulza. Por Cony Stipicic H.; fotos: Enrique Stindt

“Hoy es más difícil ser canciller”

Negoció tratados de libre comercio, trajo a Augusto Pinochet de Londres, le dijo NO a Estados Unidos en la ONU por Irak, enfrentó como embajador la primera crisis del gas argentino y encabezó –como jefe de la misión internacional– el proceso de reconstrucción en Haití. Juan Gabriel Valdés Soublette tiene la diplomacia en las venas, pero como en la casa del herreno el cuchillo es de palo, de vuelta en Chile está de espectador de la coyuntura local. Sus conocimientos sobre política exterior más bien los exporta al resto del continente, a través de proyectos regionales o reuniones con ex ministros.

Estuvo seis años afuera y sabe que eso tiene costos una vez en casa. “Pero bueno, la vida es así. Me hubiera gustado tener un rol más definido, pero la verdad es que no se ha dado. Ahora, yo he estado solo en cosas grandes y no tengo ningún interés en estar en cosas chicas”. Con lo de cosas grandes se refiere a proyectos de envergadura, rebosantes de adrenalina y riesgo, como Haití, donde se hizo cargo de una situación de cuasi guerra civil encabezando una misión de 10 mil personas. Dejó Puerto Príncipe tras las elecciones presidenciales del año pasado.

-¿Qué se hace con la adrenalina del poder?
-Eso ha sido lo más difícil. Echo de menos Haití, pero me pareció bien terminar la fase hasta donde llegué. La tarea principal de darle a ese país un gobierno legítimo, con un cierto grado de poder, se logró. Me llama mucho la atención cuando se dice que todo sigue igual, porque no es verdad. Haití era un país desecho que ahora está funcionando, la misión de Naciones Unidas es vista como ejemplo, la situación de emergencia y guerra civil se acabó. Sigue siendo, es cierto, una nación muy pobre, con una situación institucional débil, pero que hoy día tiene opciones de viabilidad.

Su diagnóstico respecto de la posición relativa de Chile en América latina es clara y clave: nuestro país ya no goza ni de la comprensión ni menos del aplauso unánime de antaño, porque buena parte del continente abandonó un camino que a comienzos de los 90 parecía sin retorno: la globalización. “Cuando Chile optó por insertarse en una economía que tendía a ser global, América latina era favorable a la idea, todos lo veían como un escenario inevitable y sentían, sin mayores contradicciones, que había que abrir las economías. Por eso Argentina y Brasil entendieron que negociáramos con Canadá y Estados Unidos y que solo nos integráramos como asociados el Mercosur. Nuestro camino propio era comprendido. Ahí surgió la frase de Fernando Henrique Cardoso sobre que Chile tenía un liderazgo conceptual. Pero de pronto este cuadro de orientación común se fragmentó de la manera más brutal y nuestro país, que sigue con su curso invariable, se encuentra con políticas que dudan de los beneficios de la globalización, que pueden confrontarla y que consideran que es más importante protegerse de las cosas malas, como Argentina. En ese cuadro, hoy es más difícil ser canciller que antes”, explica.

-¿Y en qué momento el camino se bifurca?
-Hay factores que tienen que ver con el desarrollo interno de cada país. Hugo Chávez es el resultado de la profunda corrupción y degradación de un sistema político que llegó al máximo nivel de pérdida de dignidad. Entonces, Chávez aparece a poner orden, al contrario de como es percibido afuera. Actualmente, los países están experimentando los límites posibles del desarrollo capitalista en una lógica de globalización sin control. Porque, al final, si la distribución del ingreso es cada vez peor, si el número de pobres aumenta y también lo hace la conciencia sobre ellos, es evidente que los problemas sociales se transforman en críticos. Las ideologías también se globalizan. Desde ese punto de vista, Chile debe mantener su curso y buscar una muy buena relación con América latina, pero además entender que vamos a ser mirados como ejemplo solo en la medida en que demostremos que podemos establecer una mejor distribución del ingreso. El liderato conceptual ya lo tiene mucha gente, lo que otros no han conseguido es descubrir cómo se logra más igualdad, cómo se disminuyen las diferencias sociales brutales.

PASEO FRONTERIZO
-Hagamos un recorrido. ¿Cómo ve el panorama con Perú?
-Me parece clarísima la postura de la cancillería. Alejandro Foxley ha sido muy preciso en afirmar que Chile no tiene problemas pendientes con Perú pero que, sin embargo, hay voluntad política de avanzar en un cuadro de colaboración e integración para aprovechar al máximo la potencialidad de los dos países. A mí me correspondió negociar en 1999 la entrega del muelle en Arica que establecía el Tratado de 1926. Y me acuerdo muy bien de que en sus discursos todas las autoridades peruanas destacaron que con la entrega del muelle se acababan los problemas pendientes. Hay en Chile una sensación fundada en orden a que no hay razones que avalen el planteamiento peruano sobrela delimitación marítima. Yo confío plenamente en que las autoridades van a encontrar un camino de integración que permita poner este tema donde debe estar: en la discusión jurídica.

-¿Debe Chile darle una salida al mar a Bolivia?
-La verdad, soy muy partidario de que Chile haga todos los esfuerzos necesarios para encontrar una solución histórica a la situación que nos ha alejado de Bolivia de manera centenaria. Hay que entrarle al tema a como dé lugar y tenemos que ser creativos, no podemos reaccionar con actitudes decimonónicas ante sus planteamientos. Bolivia hoy es un país que ha cambiado su estructura, hay polos de desarrollo extremadamente fuertes, pero no exporta gas porque no tiene cómo hacerlo y está en la situación absurda de tener que importar. Para Chile es un socio estratégico tremendamente importante.

-¿Gas por mar, entonces?
-Tenemos que darle una respuesta satisfactoria a Bolivia. El tema de la soberanía en el siglo XXI no es igual que en el siglo XIX y, por lo tanto, deberíamos ser capaces de encontrar fórmulas que garanticen los derechos históricos que Chile ha tenido por los tratados, pero que también otorguen a Bolivia un acceso al mar distinto del que hoy le concedemos a través de nuestros puertos. Y naturalmente que yo vería con enorme interés que volviera a producirse la posibilidad de que Bolivia exportara su gas a Estados Unidos a través de un puerto chileno.

-¿Ve las relaciones con Argentina irremediablemente “gasificadas”?
-Argentina es un país demasiado importante para nosotros como para gasificar las relaciones. Con ellos hay que tener muchas más reuniones de parlamentarios, empresarios, deportistas, artistas e intelectuales. Es surrealista que se provoque una discusión pasional porque un grupo de parlamentarios fue a Argentina… ¡Por qué no van más!, digo yo.

-O sea, para usted la diplomacia paralela sí sirve.
-Con una condición: que se entienda que la palabra oficial es la que da el gobierno, puntualmente el canciller siguiendo instrucciones de la presidenta de la República.

-Y sin criticar a la cancillería antes de bajarse del avión, como lo hizo Camilo Escalona.
-Eso no tiene ningún sentido y fue un error. El concepto equivocado es pensar que los parlamentarios viajan a resolver problemas puntuales de nivel técnico. Como embajador en Argentina fui el organizador de la primera visita de socialistas, y eso fue seis días antes de que nos cortaran por primera vez el gas. Y recuerdo bien que en la reunión con Cristina Kirchner ella pidió que le explicaran por qué un gobierno socialista privatizaba la salud y las pensiones. Luego, uno de los chilenos le pidió que nos explicara qué es el peronismo. Entonces, Cristina se rió y dijo: “Bueno, pero te quedas una semana”. De eso se trata, de que los países tengan mayor comprensión.

-¿Chile es importante para los argentinos?
-No, somos mucho menos que ellos para nosotros, pero eso es normal. En la relación de Francia con Alemania, se publica mucho más sobre Alemania en Francia que al revés, y eso fue siempre así.

-¿Cuál es su diagnóstico de la crisis del gas?
-Yo estaba en Buenos Aires durante el último corte y fue bastante impresionante que Néstor Kirchner decidiera mantener incólume la venta a Chile mientras tenía a los taxistas parados, a los colegios con los niñitos sin calefacción y en un año electoral. Yo creo que los chilenos no nos hemos dado cuenta de eso.

-¿Y qué explicación tiene usted?
-Yo creo que Argentina valora la relación con Chile y valora que su credibilidad se mantenga. Es lamentable el antiargentinismo de alguna gente en este país y ciertos discursos son francamente patéticos. Hay columnistas que son tan talentosos para tratar algunos temas y en otros se dan costalazos, porque por alguna razón pasional no pueden ver a la familia Kirchner. Yo personalmente creo que Kirchner ha sacado ese país del barro donde estaba y admiro ese esfuerzo.

-Enrique Silva Cimma volvió a colocar a Chile en el mundo. Usted e Insulza trajeron a Pinochet de vuelta a Chile. Soledad Alvear e Ignacio Walker consolidaron la apertura comercial que ya venía de antes. ¿Cuál debiera ser el sello de la cancillería de Alejandro Foxley?
-El desafío actual es enfrentar un mundo latinoamericano fragmentado y, por lo tanto, se debe tener la creatividad para, manteniendo una buena relación con todos, perseverar en el curso de la política exterior chilena de inserción global. La principal tarea actual es simplemente contar lo que Chile es, afirmar lo que ha construido.

COMPORTAMIENTOS ANOMALOS
-La dificultad de encontrar un rumbo parece estar en la base del gobierno. ¿Por qué ha sido tan complejo ese proceso?
-Percibo que este gobierno ha tenido dificultades y ha sido golpeado por factores que eran imprevisibles: la rebelión estudiantil y el Transantiago no se le pasaron por la cabeza a nadie. Pero además veo que hay una modificación en la actitud de la oposición que tiene una incidencia muy importante en la percepción global del desarrollo del proceso político. Esta es una derecha que llegó a la conclusión que su supervivencia depende de poder ganar la próxima elección presidencial. Ha habido una actitud de acoso sobre el gobierno que también ha tenido mucho eco de prensa y, por lo tanto, este es un gobierno que ha vivido una situación de crispación que no tuvieron ni Lagos ni Frei. Hay lengua suelta para dudar de la moralidad del otro y crear un clima de gran tensión política que llama profundamente la atención afuera. Cuando la economía va bien, los empresarios no están descontentos, la clase media siente que su situación ha mejorado sustantivamente. Sin embargo, la política se ha deteriorado y esto es responsabilidad no solo del gobierno, sino también de la oposición. Y eso me parece enormemente peligroso, porque los objetivos grandes que hay que perseguir se ven claramente amenazados.

-La Concertación también contribuye a ese clima…
-Hay un cansancio de materiales. Hay que volver más franca la política, hacerla más abierta, más leal. Y, honestamente, creo que hay personas que no tienen ninguna afinidad hoy en día con la Concertación, que tienen otros proyectos en mente pero siguen jugando a ser de la coalición. Algunos se pasaron de la raya, como Jorge Schaulsohn, pero hay otros que están muy cerca de también de hacerlo.

-¿Se refiere a Adolfo Zaldívar?
-Yo creo que Adolfo Zaldívar es un político con demasiada experiencia y me parecería una gran cosa que deje de jugar al misterio con sus apoyos al gobierno, especialmente
cuando su partido toma una decisión y la Concertación ya sabe como va a actuar. Ese tipo de juego político no le hace bien ni a la Concertación ni al país.

-¿Qué le falta a la Concertación para ordenarse?
-Yo creo que el clima está en mejores condiciones que hace un mes atrás. El discurso del 21 de Mayo tendió a ordenar el panorama y los presidentes de los partidos han recuperado el rol que deben tener. Yo espero que estemos ante un nuevo ejercicio de sensatez y racionalidad y que se vaya reconstruyendo la virtud pragmática de la Concertación, que nos dio tantas satisfacciones. Por pragmático me refiero a la capacidad de entender que no se pueden resolver todos los problemas en una semana y que lo que este gobierno requiere es apoyo. No aludo al otro pragmatismo que ante una situación de dificultad se refugia en su propio prestigio y se lanza con aventuras personales. Como dijo alguien muy bien: el pragmatismo es como el colesterol, hay del bueno y del malo.

-¿Qué imagen tiene del liderazgo presidencial?
-Michelle Bachelet tiene naturalmente un liderato que no es el de otros presidentes de la Republica.

-Pero se puede medir la efectividad del estilo…
-Sí, pero la presidenta ha enfrentado una situación en la Concertación que no le tocó a ninguno de los mandatarios anteriores. La demanda del Parlamento por tener un mayor rol no se ha traducido en una transformación institucional o en proyectos que cambien el sistema institucional, sino en comportamientos individuales anómalos.

-¿Cree que hubo tal vez un error de diagnóstico? ¿Se sobrevaloró el resultado del gobierno de Ricardo Lagos? ¿Se subvaloró a la gente?
-Mi sensación es que el gobierno de Lagos produjo una enorme tranquilidad sobre la capacidad de la Concertación de continuar como una coalición capaz de mantener el curso del país. Y, desde ese punto de vista, se llegó a la conclusión de que todo era posible y que se podían cambiar todos los cuadros del gobierno.

-Incluso elegir a una mujer…
-Yo no me pongo en esa lógica porque soy muy partidario de Michelle Bachelet y de que las mujeres tengan roles fundamentales en la sociedad. Tengo como motivo de orgullo el que se haya elegido a una mujer en la presidencia. Pero es evidente que los partidos y la Concertación, con mayoría en el Congreso, creyeron que podían darse los gustos que quisieran y eso evidentemente no es así. Particularmente en el mundo parlamentario ha habido esta tendencia de darse gustos. Ahora nos damos cuenta de que estamos poniendo en riesgo la capacidad de continuar conduciendo el país, y como muchos de nosotros pensamos que un gobierno de la derecha en este país generaría dificultades enormes para el desarrollo nacional, tenemos que hacer un esfuerzo por recuperar esto con todas las dificultades que implique.

-¿En qué plano este gobierno podría justificarse ante la historia?
-Pienso que si no se hace un esfuerzo colectivo por corregir las desigualdades patéticas y, al mismo tiempo, modernizar el Estado y asociarlo con el sector privado en un gran esfuerzo de transformación social, este país va a estar destinado a repetir la crisis política y social de los 70. Tenemos que tener mucho cuidado, porque no se puede sostener durante mucho tiempo un proceso de crecimiento económico importante con una enorme cantidad de chilenos que se sienten de alguna manera marginados del cuadro de éxitos.

-Entonces, ¿la presidenta no está equivocada en su sello de protección social?
-No, no está equivocada en poner un énfasis social en la transformación, pero hablemos de la pobreza, no solo de otros factores que son importantes pero que no resuelven estas cuestiones. Me preocupa que haya una especie de neomodernismo en que los derechos de los gays o las transformaciones en materia de género nos hacen esconder o dejar de lado una discusión social que sigue teniendo una importancia enorme.

-¿Y quién se desenfoca ahí, la propia presidenta?
-No, yo he podido conversar con ella tranquilamente por un par de horas y cuando plantea cuál es el relato del gobierno, me dan ganas de que lo que me está señalando pueda decirlo más fuerte. Porque hay una sensación de que el país no quiere escuchar el relato del gobierno, y eso tiene que ver con la crispación, con impedir la circulación de información porque distorsiona todo con el objetivo de destruir al otro. Yo tengo la impresión de que la presidenta tiene claro el norte, pero no ha sido clara en expresar cómo esto se transforma en prioridades para el conjunto del país. Este país ha crecido a un punto que no puede continuar manteniendo las diferencias sociales que tiene. El tipo de capitalismo que tenemos se transforma en ineficiente por las diferencias sociales, pierde legitimidad y provoca estallido social.

INSULZA, SU HOMBRE
-Usted no cree que la oposición esté preparada para ser gobierno. ¿Qué pasa con el valor democrático de la alternancia?
-La alternancia es muy importante y, naturalmente, si la presidencia de la Republica es ganada por la oposición, yo seré el primero en mantener la demanda de trabajo constructivo que nosotros le hicimos a ellos. Pero esta es una derecha con problemas mucho más profundos. Hoy día, el viejo acuerdo que expresó el corporativismo católico de Jaime Guzmán en asociación con el neoliberalismo comienza a dividirse de nuevo, y eso es evidente porque escucho a amigos empresarios que acusan a figuras importantes de la UDI de ser “populistas católicos”. Este tipo de peleas muestran una situación compleja con un candidato que es evidentemente de fuera de la derecha.

-Pero Sebastián Piñera ya demostró que es capaz de unir a la derecha y hacer que voten por él.
-La derecha está más unificada por la angustia de perder una quinta elección. Pero el punto es la complejidad social de este país y la capacidad de la Concertación de dar estabilidad, de garantizar el comportamiento y la responsabilidad de una parte muy importante de los actores sociales. Eso no lo da la derecha y me preocupa un cuadro de gobierno con la Alianza tal cual es hoy día. He sentido de nuevo el tipo de discurso arrogante y agresivo que caracterizó a la derecha en otros tiempos.

– Una vez usted dijo que el país se había perdido un presidente con su padre y que no le gustaría ver que se perdiera otro con Insulza.
-Es verdad. Es evidente que soy partidario de que José Miguel Insulza sea presidente. Creo que es la persona que tenemos hoy en mejores condiciones para asumir ese cargo, lo que no significa que no esté abierto a que las cosas se den de otra manera. Pero yo soy claramente alguien que quiere que Insulza sea Presidente de Chile.

-¿Y cree que por la supervivencia de la Concertación ese sea el mejor camino? La DC seguramente no va a estar de acuerdo con otro candidato socialista.
-Yo siento que Insulza puede ser alguien que la DC vea con enorme interés en un momento dado. Ahora, también creo que la DC es fundamental para la Concertación y que tiene derecho a tener un presidente, pero serán los mecanismos que históricamente hemos seguido los que van a determinar al candidato, no pueden estar predeterminados por la historia.

-¿Pero eso tiene que estar supeditado a la supervivencia o solo al buen resultado electoral?
-Es que no hay contradicción entre las dos cosas. Es evidente que un buen resultado electoral es fundamental para que la Concertación pueda seguir trabajando. El problema está en que el paso del tiempo nubla la vista y hay discursos que evidencian eso. Pero confío en que, a medida que nos vayamos acercando al momento, los candidatos que surjan reflejen la capacidad de la Concertación de ganar y de gobernar el país. Es en ese sentido que creo que Insulza es una excelente carta.