El ex ministro del Interior DC, Jorge Burgos, señala que le parece “inútil” haber presentado el proyecto de Constitución a última hora y que “en lo esencial, el gobierno de Bachelet fracasó”. “En administraciones cortas, el éxito se mide en la disponibilidad de la gente para renovar el mandato de una coalición o no. Y nos ganaron por 10 puntos”.
Por: Rocío Montes

  • 15 marzo, 2018
Foto: Verónica Ortíz

El domingo del cambio de mando, como cada vez el fin de semana, jugó tenis. Desde la llegada de la democracia, Jorge Burgos siempre cumplió algún papel en la ceremonia de traspaso de poder, pero esta vez fue la excepción: la siguió por televisión. “Por primera vez miré la ceremonia sentado desde mi cama y no en el Congreso”, relata Burgos, a primera hora de la mañana en una cafetería de Isidora Goyenechea, cerca de la oficina de abogados donde trabaja: el estudio Grasty, Quintana, Majlis & CIA. Desde que renunció como ministro del Interior de Michelle Bachelet, en junio de 2016, se dedica a la actividad privada, aunque no se siente jubilado de la política. Sin cargos ni en la DC ni en el Congreso –“no sé lo que pasará dentro de la DC en cuatro años”–, se reúne con amigos de su partido a hablar de contingencia, como con Edmundo Pérez. En ocasiones se arrepiente de no haber postulado al Parlamento, como le pidieron tanto en 2017. “A veces lo pienso, porque creo que podría haber contribuido más al futuro de la DC desde el Congreso que desde fuera”. Aunque aclara: “Estoy mucho más feliz ahora”.

Burgos mira con preocupación el futuro del partido, pero tiene la esperanza –aunque no la certeza– de que quienes lo conducen encontrarán un camino propio. “Más que hablar de irse al centro o a la centroizquierda, la DC ha perdido autonomía frente a la ciudadanía para decir lo que piensa, de establecer sus énfasis en materia de políticas públicas. Cuando fuimos gobierno en la primera versión de la coalición de centroizquierda cumplimos mucho mejor ese papel, que quedó deslavado en una única versión de la Nueva Mayoría”, dice.

-Hace dos meses, usted aseguró que había pensado renunciar a la DC y que incluso podría hacerlo si se concretaba un acercamiento con el PC y el Frente Amplio. Luego del acuerdo que alcanzaron todas las fuerzas de oposición para elegir presidente de la Cámara, ¿se lo sigue cuestionando o ya tomó una decisión?

-Soy de los DC que queremos seguir siendo DC, porque el partido ha sido nuestro mundo político. Pero obviamente lo pensamos y es un proceso que vivimos todos los días: puede terminar reafirmándose o al revés, pensando que no tiene sentido. Este acuerdo ha sido catalogado por los autores como “un acuerdo administrativo”, pero es más que eso: es un acuerdo político que no fue bueno.

-Malo no es: la DC, con 14 diputados, tendrá dos presidencias.

-Es probable que desde una mirada pragmática sea bueno, pero no sé si es bueno que a la DC la vean como un partido disponible para hacer buenos negocios políticos de conducción de la Cámara. Espero que no sea una señal para el futuro. Acuerdos políticos sucesivos de la DC con el Frente Amplio y el PC complicarán las cosas.

“Piñera es medio DC”

-¿Piñera terminó gobernando gracias a que se apropió de las ideas de centroizquierda? ¿De la Concertación, si se quiere?

-No sé si la palabra es apropiarse. Creo que el concepto es haber leído bien la sociedad. Lo increíble es que este país distinto que construyó esencialmente la Concertación desde el 90, en esta vuelta fue mejor leído por Piñera que por los propios autores. Lo leyó mucho mejor que la Nueva Mayoría y por eso ganó tan holgadamente. Ahora vamos a ver si Piñera sigue leyendo bien a Chile. ¿Qué va a hacer respecto de la derecha conservadora? ¿Cómo va a romper con la derecha que sigue añorando la dictadura? Tengo la impresión de que es un hombre inteligente y va a optar por un gobierno más omnicomprensivo por la gente que lo eligió.

-¿Es Piñera medio DC?

-En algunas cosas uno podría decir que Piñera es medio DC.

-¿El presidente podrá llegar a consensos?

-Yo creo que sí. No sé si en todo, pero él tiene una buena oportunidad de lograr consensos importantes en áreas en que es muy difícil oponerse, como la infancia y la seguridad pública.

-¿Con qué opinión se queda del gobierno de Bachelet? ¿Corrió el cerco o fracasó?

-Desde luego, hay una forma importante de mirar el éx ito de un gobierno, que es su capacidad de reproducirse. Y en eso fracasó. Intentar explicar lo contrario es un error y sería remalo iniciar cualquier análisis con ese error original. Probablemente, las causas del fracaso no son exclusivas de la presidenta y del propio gobierno, sino que también de los partidos, eso es cierto, pero en lo esencial el gobierno de Bachelet fracasó. ¿Cuál fue la gran gracia de la Concertación? ¿Por qué fue capaz de cambiar el país? Porque sus gobernantes fueron capaces de entregarle la banda en tres oportunidades a un sucesor de la misma coalición. Ahora, la gestión de gobierno tuvo puntos altos y puntos bajos.

-Demarcó la cancha, dicen, del partido que deberá jugar Piñera…

-Nadie puede negar que leyó mucho mejor el ambiente social y cultural del país al tomar decisiones como la despenalización del aborto en tres causales, avanzar en el matrimonio igualitario, la gratuidad…Dejó de lado la implementación, que en el caso de la reforma educacional podría haber sido mejor, pero la impronta no tiene vuelta. No conozco a nadie de derecha –salvo a José Antonio Kast– que diga que hay que derogar la ley de despenalización del aborto, por ejemplo. Existen otros puntos que son negativos: el tema económico no se manejó bien, más allá de los esfuerzos de Rodrigo Valdés. Pero reitero: en gobiernos cortos, el éxito se mide en la disponibilidad de la gente para renovar el mandato de una coalición o no. Y no estuvo disponible, porque nos ganaron por 10 puntos.

-¿Descarta una tercera postulación de Bachelet?

-Yo creo que lo descartó ella. Bachelet es una persona, como todo político, criticable. Y aunque prescinde mucho de los partidos, es súper recta. Profundamente honesta. Y creo que cuando dice que no vuelve, es absolutamente verdad y le encuentro toda la razón. Dos períodos es harto, los años no pasan en vano para nadie y fue un mandato durísimo.

Un error populista

-¿Qué opinión le merece que la presidenta Bachelet haya enviado el proyecto de nueva Constitución a pocos días de dejar su mandato?

-Lo encuentro inútil, más que nada. Estaba en su derecho, pero fue como decirles a sus sucesores: “Aquí está”. Dejar una especie de señal. Desde ese punto de vista, pudo haber sido mejor entregarle un texto al presidente Piñera.

-¿Qué opina sobre su contenido?

-La tesis de armar una Constitución llena de derechos y de acciones para exigir esos derechos sin pensar en las políticas públicas y su financiamiento, es un error y muy populista. Pero puede haber cosas interesantes, como lo que se propone con el Tribunal Constitucional.

-¿Qué le parece que en el proyecto de nuevo texto constitucional se amplíe la edad para asumir como presidente?

-No lo entiendo, porque es una norma que nunca ha tenido discusión. No sé cuál será el estudio sicológico o de rango etario que haga que haya que subir la edad a 40 años.

-¿Se aumentó la edad para bloquear las opciones de Boric y Jackson en la próxima elección?

-No creo que haya estado en la intención, porque la presidenta Bachelet más bien les tiene cariño a estos líderes. En consecuencia, no los dañaría jamás. Lo de la Constitución fue una cosa apurada, impensada, como muchas cosas. Como el mismo hecho de mandarla días antes del término del mandato.

-El ex ministro Campos se habría negado a firmar un decreto de Bachelet para clausurar el penal de Punta Peuco, en sus últimas horas de mandato. ¿Cree posible un boicot?

-Era extraño cerrar Punta Peuco en las últimas 48 horas, pues es una decisión que está en la competencia exclusiva del Ejecutivo, que perfectamente pudo implementar en los cuatro años de gobierno si era su decisión. Hacerlo a último minuto, no implementándolo, era forzado. Dejaba un lío al nuevo gobierno, que será ahora quien tendrá que decidir. No me consta, en cualquier caso, la actitud que tomó el ministro Campos.

-También a días de terminar el período, el gobierno saliente designó a Luis Toledo, ex fiscal a cargo de la investigación de Caval, como notario de San Fernando. ¿Qué opinión tiene sobre ese episodio?

-Yo habría hecho lo mismo que el nuevo ministro de Justicia, Hernán Larraín: retirar el decreto.

-¿Piensa que hay un pago de favor de por medio, como no formalizar a Dávalos, o simple torpeza?

-No tengo ningún antecedente y sería irresponsable decir que hay la devolución de un favor. Es una cosa muy delicada como para decirla sin ningún fundamento.

-Pero suena a eso…

-Claro, se presta para eso. Hay ciertas cuestiones en las que hay que ser súper cuidadoso. Es como si yo hubiera postulado a notario. Pero por lo que uno recuerda de la prensa, sostener que el fiscal Toledo fue débil en la investigación, sería injusto.

-Usted estuvo en Interior de mayo de 2015 a junio de 2016, coincidiendo con la investigación de Toledo en el caso Caval.

-En parte. Toledo está bien evaluado entre los abogados. Recuerdo que sacó una cachada de votos en la Corte Suprema y quedó en la quina como fiscal nacional.

-¿Le consta la imparcialidad de su trabajo?

-No me tocó trabajar con él, nunca me metí a hablar con él. Por lo que informaba la prensa, me parecía un tipo activo, imparcial, que incluso formalizó a Natalia Compagnon. Desde el punto de vista del país, sin embargo, me parece que fue un error su designación como notario. Y más error todavía retirar un nombramiento porque, según se insinúa, el ex ministro de Justicia, Jaime Campos, habría recibido el llamado de un superior.

-¿De dónde pudo provenir una orden así? ¿De la presidenta, de su círculo más cercano? Campos señaló haber recibido órdenes superiores para cambiar a última hora el nombramiento y no hay autoridades sobre un ministro, salvo Bachelet.

-Es todo raro. No sé qué será órdenes superiores para estos efectos, quizá alguien en representación de la presidenta. El gobierno de Piñera hace bien en retirarlo y lo sano sería nombrar al señor que sacaron (Alberto Ortega).

Operación Huracán: “Hubo un montaje”

-¿Cuáles son los efectos de la Operación Huracán llevada a cabo por Carabineros en la Araucanía y que la Fiscalía ha denunciado como un montaje?

-Este caso es muy malo para el funcionamiento de las instituciones y para el Estado. Huracán ha venido a complicar más las cosas en uno de los puntos más delicados que tiene el Estado de Chile: la violencia en la Araucanía. No tengo mayores antecedentes, pero tengo la impresión de que la fiscalía tiene razón.

-¿En qué hubo un montaje?

-Hubo un montaje, se implantaron pruebas y eso es delicadísimo. No sé hasta qué nivel se participó en el falseamiento, pero rompe uno de los temas esenciales de la fe en materia de la línea de investigación. Los agentes públicos colaboradores están para ayudar, no para hacer esto.

-Como ex ministro del Interior, ¿tenía la percepción de una excesiva autonomía de Carabineros?

-Carabineros tiene grados de autonomía que hay que revisar. En lo personal, en el año que estuve en Interior –de mayo de 2015 a junio de 2016– tuve muy buena relación con el ex director general, Bruno Villalobos. Sería feo de mi parte subirme al carro de la legítima crítica. Me llevé bien con él, parecía una persona activa en materia de seguridad, inteligente. Entonces, no sé cómo se terminó en esto. Cómo Carabineros llega a tener dependencia de un personaje tan extraño como este profesor.

-¿No se explica la existencia de Alex Smith?

-No me lo puedo explicar. Alguien podría decir que la desesperación por encontrar grupos operativos que quemaron en un mes 60 camiones llevó a actuar sin rigor en la búsqueda de antecedentes. Puede ser, pero es malo.

-¿Debería mejorarse el control financiero de las policías?

-El control financiero debería ser mucho más estricto.

-¿Qué opina de que el gobierno de Piñera le haya pedido la renuncia al general Villablobos en sus primeras 24 horas en el poder?

-Creo que el presidente hizo lo correcto y el general estuvo bien al facilitar las cosas, evitando la tramitación de un llamado a retiro que contempla la Constitución desde el año 2005.

-¿Por qué el gobierno de Bachelet no pudo dar ese paso?

-A lo mejor fue por prudencia. ¿Voy a cambiar a una persona para que esté cuatro años en la administración que entra?

-¿Usted le habría recomendado a Bachelet pedirle la renuncia?

-Es difícil la respuesta. Pero como me conozco, creo que si la presidenta me hubiera preguntado mi opinión cuando Villalobos se fue de vacaciones, habiendo estallado el conflicto, yo le habría dicho: “Basta”.

-A propósito de Huracán, se ha criticado a la Fiscalía. Mahmud Aleuy envió una carta al fiscal nacional denunciando irregularidades en la investigación y Jorge Abbott contestó en duros términos. ¿Qué le parece?

-Eso a mí no me gustó. Ni la carta de ida ni la carta de vuelta. Tengo la impresión de que las instituciones, como el Ministerio del Interior y la Fiscalía, no tienen que manifestar las críticas mediante cartas.

-¿Está de acuerdo con José Miguel Insulza, que criticó a los fiscales por su protagonismo y locuacidad?

-Estoy de acuerdo con Insulza. Hay fiscales, no todos, a los que les pasa lo mismo que a los políticos: no resisten una cámara.

-¿También lo tomó por sorpresa el escándalo de corrupción de Carabineros?

-Absolutamente. Si hubiera sabido algo y no lo hubiera denunciado, estaría metido en un lío. Era una red muy armada, con tentáculos en distintas partes.

-¿Considera que la corrupción está instalada en Carabineros?

-El denominado Paco-Gate refleja una instalación y creo que Villalobos, que más bien había sido criticado en Huracán –por ausencias, qué se yo–, en Paco-Gate hizo bien las cosas. No le tembló la mano.

El vagón de cola

-Volviendo a la DC, ¿qué debería hacer ahora el partido? ¿Correr con colores propios o aliarse a partidos más de centro?

-Autonomía propositiva, discursiva, de debate, para construir desde la autonomía, no un camino propio. En el país hay sectores mayoritarios que pueden reentusiasmarse con mundos que creen en el cambio. Pero en el cambio ponderado, en no descuidar la economía. Hay sectores del mundo socialdemócrata, más liberales de derecha o más hacia la derecha. Ahí es donde hay que realizar esfuerzos de coligarse.

-¿Qué le ocurrirá a la DC si se acerca al Frente Amplio?

-Si desde la conducción de la DC le dices a la gente que se sigue creyendo en una ampliación hacia la izquierda, es fatal. Si nos subimos al Frente Amplio nos van a recibir, pero vamos a terminar como un vagón de cola. Nos puede terminar pasando –con todo respeto– lo que le pasó al Partido Radical. Un partido modesto en votos, cuya única significación en la política es la capacidad de negociar con esos votos.

-¿La DC está al borde de desaparecer?

-La DC está en un punto de inflexión.

-¿Para qué tipo de oposición debería estar disponible?

-Desde luego, la DC debe instalarse en la oposición. Nosotros no somos ni de derecha ni de centroderecha y como partido no fue una buena noticia el triunfo de Piñera. Ahora, dicho eso, hay categorías de oposición.

-¿Cómo cuáles?

-La DC tiene que ser una oposición capaz de converger cuando la propuesta es interesante, no solo decir que no. Ser capaz de entregar ideas para consensuar propuestas. Esto requiere apertura de mente, entender que no es misión de los partidos que al gobernante le vaya mal. Si efectivamente Piñera habla de ejes de búsqueda de acuerdos, como en el discurso inaugural, nosotros debiéramos tener una buena disposición a alcanzarlos.